My servant [2]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: ¿Qué pretendes~?
: Music sounds better with you - Big Time Rush
: Whateverland~


Notas: No tienen idea de cómo estoy de bloqueada la depre[?????] e_eUu siempre yo X'D por eso aprovecho cuando me da el atacaso inspirador o sino, jamás actualizaré... Hahaha eso y un buen cigarro al lado por si lo dudan, moriré de cáncer al pulmón, como dijo mi querida Alaska... "Ustedes fuman para gozarlo, yo fumo para morir" Por cierto... este capítulo está dedicado a mi cosi amada española que es adorable y lindísima, Haine♥ espero que te guste... me esforcé ;3;!


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Estaba caminando decididamente hacia el mayor pero apenas a dos pasos de distancia, se detuvo, dudando ciertamente si quería o no arruinar de buenas a primeras todo lo que había construido en eso seis meses porque, a fin de cuentas, era por ello por lo que tanto se había esforzado.

Su beca, su reputación, sus estudios…

La imagen que había construido e implantado frente a todo el alumnado había sido ganado con sudor, lágrimas y con mucho, mucho tiempo de deliberación de dónde pisar. Cada uno de sus “deslices” era primero estudiado antes de poder ser escogido como su próximo prospecto en la cama, un estudio que le requería por lo menos tres días enteros de observación y uno de conclusiones, incluso de pruebas de testeo donde probaba tácticas de acercamiento y preguntas que le dejaban en claro si eran potencialmente chismosos o se quedarían callados sin decir nada.
Por eso Okamoto había sido una buena noche, un heterosexual arraigado jamás podría admitir haberlo hecho con otro hombre y eso era lo que más le convenía al menor.

Takaki lo miraba confundido pero Yuri sólo negó de lado a lado y tan decidido como entró, se dio una media vuelta y caminó hacia la puerta de madera que ahora estaba decorada con un poster de una mujer en bikini. Hizo una mueca. Que desalentador era saber que un chico era tan vulgar como aquel, una buena cara no podía contrarrestar a su manera de ser tan salvaje e inadecuada.

-Deberías irte de éste instituto – susurró Chinen, echando la cabeza un poco hacia atrás, dejando que el flequillo le resbalara y le diera un aire “angelical”. Sabía que ese perfil le favorecía – No encajarás acá

Yuya estuvo por replicar, tal vez a nada de usar los argumentos más crueles y tontos que se le cruzaron por la mente pero se le bloqueó el cerebro y el sonido de la madera golpeando le avisó que ya se había marchado de ahí el pequeño joven. Suspiró, alborotándose el cabello con completa frustración y es que, no, él no había querido actuar así de imbécil, sólo se le había escapado de alguna manera el ser tan brusco pero es que era intimidante conocer a un chico que era prácticamente una chica, con pene y sin pechos. Se erizó. No podía pensar ninguna estupidez, menos cuando esa carita de goloso –porque lo reconocía quiera que no- era tan tentadoramente… tentador. Bah, ni siquiera ya podía razonar con certeza. Se dirigió a su maleta y siguió desempacando, revistas porno y más porno, miró con cierta vergüenza aquel material visual y recordó con nostalgia a sus novias, a aquellas hermosas jóvenes que había tenido que dejar atrás sólo porque su amada madre había determinado que él era un irresponsable, no era que no se cuidara, él les pagaba a cada chica con la que saliera, una de esas ampollas anticonceptivas, consideraba aquel mecanismo mucho más práctico y mucho más fácil de manejar. Odiaba los condones. Tal vez sí, era muy promiscuo y jamás lo negaría, pero descuidado no era. Sus hermanos habían sido los chicos de ensayo-prueba-fallo de su vida, viendo como cada uno tras otro era atrapado en las redes de una mala mujer –y para colmo, fea- con un embarazo que ellos tontamente no habían previsto y realmente no deseaban, luego pudo apreciar cómo sufrían y sufrían los niños y sufrían las esposas, la única idea de buena relación en pareja que tenía eran sus padres pero eran ellos contra sus cuatro hermanos mayores, las probabilidades estaban en contra.
Él no podía estar formalmente con una mujer –consideraba plenamente que para tener una relación habría que estar completamente enamorado y él nunca había sentido algo más que “tonteo por alguien-, no confiaba en ellas pero el estar físicamente con una era otro tema, un tema que cuando se lo dijo a sus padres –tal vez muy textual para lo que estaban acostumbrados- No dudaron ni un mísero segundo y movieron todos los cables que su posición económica tenía para darles y lo mandaron de Canadá a Japón, enclaustrado en un maldito internado de niños ricos, recalcando claro está, el “niños”, en aquel rincón del planeta no había mujeres de ninguna clase, no habrían buenas noches ni nada interesante por hacer salvo tal vez, estudiar. Estaba ya en el último año de instituto y tenía su fideicomiso como para largarse a otro lado pero por desgracia suya aún debía regirse por las reglas de sus apoderados. No podía reclamar ni mucho menos coger un dólar de esa cuenta bancaria tan hermosa y jugosa que tenía su nombre en Suiza.

-Hm… bah, lo sé, no pertenezco acá – dijo por último, tirándose a su cama mirando el techo de la habitación

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Chinen siguió caminando y pasó de largo por todos los pasillos vacíos de habitaciones de su ala de dormitorios y recorrió todo el camino hasta la salida sin voltear atrás, pasó por delante del segundo edificio, del tercero, hasta que por fin llegó al cuarto que era de algunos alumnos y asistentes de profesores que dictaban asesorías de recuperación para aquellos que tenían un nivel académico deplorable y que sufrían déficit de atención, una academia como esa debía asegurarse de mantener el promedio alto de sus egresados fuera como fuera, eso incluía el pagarle a jóvenes talentos con poco ingreso económico para que dictaran cursos base a los estudiantes. Suspiró al pensar que tal vez él de alguna manera pudiera terminar así pero la piel se le fue erizando al mentar la razón por la cual ahora se hallaba ahí de pie, sonrió un poco ladino y miró que no hubiera nadie cerca, se abrió un poco más la camisa rasgada dejando que su blanquecino pecho quedara al descubierto y a vista y paciencia de todo aquel que se le cruzara de por medio, caminó con ese paso que había adquirido de observar a Ryosuke, era como modelar pero tan descuidadamente que no se notaba premeditado, sino natural. No le tardó mucho el llegar a su destino y sin avisar, se metió dentro de la habitación, mirando al joven que estaba en su escritorio leyendo algún libro de física y tomando apuntes en el cuaderno que tenía reposado en la madera.

-¿No tienes más cosas que hacer? – susurró el menor un poco berrinchoso, sabía que si él estaba así, no le haría mucho caso
-Es mi trabajo, Chii…
-Deberías ser un poco más irresponsable, Kota – hizo una mueca, el otro ni siquiera se había girado a verlo – Hm, oie… Estaba pensando, no iré a las clases de la tarde

Se rió un poco, viendo el cabello castaño del otro balancearse de un lado al otro cuando sus palabras resonaron en sus oídos. Admiró satisfecho cuando los ojos de Yabu se lo comieron con la mirada y él, “inocentemente”, balanceó los pies, mirando despistadamente hacia un lado.

-Hoy, el heredero de los Takaki se quiso sobrepasar conmigo – sintió a Yabu fruncirse y moverse, acercándose a él – Sabes, es un idiota
-Y sí que lo es – el mayor volvió a comerlo con la mirada y dejó a un lado sus cosas, caminando tranquilo hasta llegar a la cama, tomando al pelinegro de la cintura para recostarlo con suma delicadeza al medio de ésta – Deberías dejar ya de ser tan lindo, Yuri
-Yo no hago nada – se abrazó a su cuello con lentitud, cerrando los ojos
-Nunca haces nada

Ambos se rieron, su relación era tan buena que a veces Chinen dudaba ciertamente si era novio suyo o de Ryosuke, pero Yabu era casi tan pésimo como él con respecto a las relaciones y a los sentimientos, era por ello que encajaban tan bien el uno al otro, además, que sus miras apuntaban aún más alto que las del mismo Chinen y una pareja no estaba entre sus planes.
Se besaron muy despacio, el más bajo dejando introducir la lengua del mayor desde un inicio a su boca, masajeando con la propia aquel músculo travieso que le conocía tan bien esa cavidad que no duró un segundo sin liberar un gemido por el roce que le daba en su interior, la mano delgada, con esos dedos más delgados aún, se deslizaron por su vientre desnudo hasta colarse debajo del pantalón, masajeando su hombría hasta que logró endurecérsela por completo, era tan placentero y tan endemoniadamente perfecto que no escucharon ninguno de los dos el sonido de la puerta abrirse y cerrarse hasta que un carraspeo los hizo separarse de golpe, el menor tan asustado estaba que tratando de cubrirse el cuerpo rodó por todo el colchón hasta caer de vientre al suelo, felizmente al otro lado que apuntaba a la pared.

-¿Qué deseas? – la voz de Yabu era tensa, se acomodaba la camisa y con el dorso de la manga se secaba la saliva restante de la comisura de los labios - ¿Quién eres?
-Oh, lo siento… - pero Takaki, realmente no lo sentía – Soy alumno transferido, Takaki Yuya, me mandaron acá porque dijeron que usted sería mi asesor con los cursos, no pensé que iba a interrumpirlo – sonrió victorioso y miró al castaño delante suyo – El director lo llama para darle mi horario, dijo que fuera cuanto antes

La piel blanca de Kota se volvió aún más pálida y sin dudarlo, salió corriendo sin importarle ya al otro chico que dejaba ahí a su suerte. Era un trato mutuo, cada uno salvaba su pellejo.

-No sabía que eras de ese tipo… - sonrió Takaki, cerrando la puerta detrás de él
-No me catalogues – frustrado y sin ya nada que perder, el menor se levantó, mirando retadoramente al mayor – No me conoces
-Puedo ver a un fácil e infiel cuando lo veo
-Desde ahora te digo, que no soy un espejo – sonrió al verlo tensarse al otro – Y a diferencia tuya, yo sí amo a mi novio
-¿Y por eso lo engañas?
-El cuerpo no va de acuerdo al corazón, el sexo es sexo – mentía con descaro, pero sin ningún problema, lo pintaba con matices de verdad, ¿qué llegaría a saber ese neandertal alguna vez? – Tú en cambio, combinas el cerebro con el sexo, me da lástima Kota, tener que trabajar con un cabezadura como tú…
-Ey, ey, ey… tranquilo – Yuya suspiró, tan fácil que era exasperarse con ese niño, miró de casualidad esa erección y sonrojado, tuvo que mirar hacia otro lado – Creo que no hemos empezado bien y… - titubeó y sus palabras, se vieron cortadas
-No, ni tampoco lo haremos

Yuri notó cada cambio en él, de ser imbécil a ser un tonto, que además de hacer pucheros ahora se ruborizaba y hablaba entrecortadamente. Bipolar, loco, sin sentido, tan torpe, tan diferente, tan desquiciante. Lo odiaba, aun cuando le causaba demasiada curiosidad y las ganas de saberse más que todo eso que ya tenía pensado el mayor de él -ideas erróneas si debía arriesgarse a apostar-, deseaba significarle más que un "fácil", pero su orgullo le podía. Siempre podría. Miró su erección, se abrió el pantalón y bajo la mirada pasmada del zanahoria, se acomodó el falo para que no estuviera aplastado por su ropa, lo miró a los ojos desafiantemente y empezó a caminar hacia la puerta.

-Sinceramente, Takaki Yuya… Tu vida acá, será una miseria

Él era Chinen Yuri, no cualquier niñato y ese joven estaba metiéndolo en un maldito carrito de montaña rusa que iba de subida y bajada, para nuevamente subir. Lo miró a los ojos. No soportaba que alguien no se decidiera con una maldita manera de ser, si quería fingir que era alguien “cool”, promiscuo e idiota, que lo hiciera, pero no podía luego ser un niño tonto con reacciones infantiles. No le parecía, no le gustaba.

-¿Por qué me odias? Ya me disculpé por…
-No te odio – aclaró rápidamente aunque era una medio mentira. Tomó la manija de la puerta con la mano derecha y se quedó ahí de pie antes de salir - No me agradan los de tu clase, ocultan tantas cosas que ya no saben ni quiénes son…

Takaki se sintió helar, su cuerpo quedándose tieso en el suelo.

Él no podía saber eso sin conocerlo.

Él en realidad, tampoco podía catalogarlo.

Pero lo que en verdad le molestaba, era que tenía razón.

Plead [Drabble]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Nostalgia~
: Nada :'D
: Silla...

Título: Plead
Autor: Satommy
Pareja: Inoodai
Género: Angst
Extensión: Drabble


De pie en la acera contraria a su casa, pudo vislumbrar desde la ventana de su habitación la figura del joven recostado contra el muro, fumando un cigarrillo que se distinguía cada vez que calaba un poco de él, provocando que el fuego en el tabaco iluminara un puntito rojo en la noche.
Soltó un suspiro y se volvió a sentar en la silla de su escritorio, jugando con el pequeño muñeco que ya hace un tiempo le había regalado aquel que ahora lo espiaba pensando que no se notaría su presencia.
Pero era imposible, se sentía como un perro porque podía sentirlo cerca aún cuando una gran distancia los separaba, era como un imán a su persona. Se mordió el labio inferior y contuvo las dolorosas ganas de llorar, apretando los ojos hasta que el ardorcito que lo recubría fue bajando, sólo quedando un poco roja su mirada.

-Quisiera... que vinieras por mi...

Dijo para sí mismo, ladeando el rostro hasta que logró girarlo por completo, apoyando la frente contra la mesa.

-Si tuvieras un poco menos de orgullo, Kei... ¿dirías que me extrañas? ¿que me quieres de vuelta?

Se mantuvo en silencio, aún sólo en esa enorme casa el ruido de sus recuerdos le alborotaban el corazón, amaba con todo su ser a aquella persona y sabía, que él también lo amaba pero fue él quien una vez ya lo hubo buscado, quitándose prejuicios y dignidad. Sentado ahí, llorando por la necesidad de tenerlo a su lado, siguió esperando. Era una noche más con él cerca, vigilándolo, cuidándolo. Alguna vez, esperaba Daiki, que fuera él quien le rogara para volver a estar juntos, para ambos ser nuevamente felices.

My servant [1]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Gomitas mientras me duermo~
: We can't stop - Miley Cyrus
: Camita uwu♥


Notas: Hurra con el Takachii X'D si les soy sincera, creí que me bloquearía :'D

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Chinen estaba nervioso, aún ahí de pie en la puerta principal del área de dormitorios sentía su corazón latir con fuerza y lo odiaba. Oh, ni siquiera había creído en algún momento que él pudiera experimentar algo así, ¿cuándo había sido la única vez que había pasado? Habría tenido unos cuatro años y su maestra de inicial –quien le dio su primer beso- era la mujer de su vida pero pronto aprendió que de ella no podría sacar ningún beneficio y menos de aquel sentimiento que te anonadaba. Sacudió el cabello, volviendo a su realidad.

¿Por qué se sentía tan humillado?

Recordó lo sucedido en su salón de clase y la tensión de aquel momento se le reflejó en cada vellito del brazo que se le erizó, volviendo su tersa piel en una extensión de relieve debido a todas esas malditas glándulas sudoríparas erectas y es que él –en un momento de descontrol- aún a riesgo que su movimiento fuera muy obvio, se giró bruscamente hacia su cuaderno para terminar de escribir esa cronología de guerra universal que nada le importaba. No estaba dispuesto a que nadie le viera ponerse nervioso por un desconocido niño rico, tenía ya mucho con el suyo –su bobo novio- y con el resto del montón que jamás había tenido que dar algo de sí por un pan en la boca. Pero nadie le dio importancia y por un segundo sintió el alivio recorrerle. En un campus donde había un promedio de 300 alumnos sería un poco difícil de no encontrárselo pero la próxima vez que lo hiciera estaría preparado.

O eso creyó.

Las voces poco a poco se dispersaron cuando cada quien volvía a su asiento, la profesora de historia terminando de copiar otra cronología en la pizarra, señalando los puntos clave para el próximo test oral que haría cuando la puerta del pasillo se abrió con suavidad, causando que todos los presentes alzaran la mirada al mismo tiempo como si fuera algo tan natural y normal entre sus compañeros, pero él aprovechó el sonido para nuevamente dirigir la mirada hacia la ventana, añorando a su madre y su compañía pues en verdad, no terminaba de acostumbrarse a aquella vida tan acomodada y el tan sólo pensar que ella ahora tenía que apañárselas sola, tal vez sin comer –porque era él quien cocinaba en casa-, le apretaba el pecho.

-Párate

La voz fue brusca y él giró desinteresado, creyendo que iba dirigido a alguien más pero estaba equivocado, junto a su pupitre estaba el chico zanahoria, con su uniforme impecablemente acomodado salvo el saco que estaba abierto, dejando ver esa camisa ligeramente abierta por el pecho. No pudo evitarlo y lo recorrió con la mirada, desviando pronto los ojos a Ryosuke a verificar que no lo hubiera visto pero su novio estaba atento a él, de hecho, todos en la clase lo estaban. Incluso la maestra que no se atrevió a mover.

-Te dije algo…

Ahora sonó mucho menos brusco y plasmó en su rostro la mirada más dócil y de súplica que pudo utilizar, no es que quisiera dejarse ver como un pobre tonto pero tampoco deseaba ganarse problemas. No quería saber cómo era que trataban a un becado por romperle el labio a un niño rico. Pero el chico lo ignoró y lo tomó del brazo, jalando de él hasta que lo puso de pie delante de él y frente a todos, rompió su camisa.

Cada botón salió volando.

El sonido de la tela rasgarse y el hilo romperse llenó el silencio.

Y ahí, Yuri supo que lo odiaba, lo odiaba demasiado.

Porque ahora sus manos frotaban con ¿desesperación? Su plano pecho.

-¡¿Qué te pasa?!

Gritó con las mejillas ardiéndole, golpeando al mayor en los brazos hasta que logró hacerlo alejar, pero el otro se veía confundido, hasta parecía un niño con aquella expresión desorientada en su rostro, no entendiendo lo que acababa de pasar. Chinen vio cómo se miraba las manos y luego miraba su cuerpo, tan “violado” se sintió con tan sólo eso que tiró de cada extremo de su ropa y se cubrió el cuerpo, al instante llegando Ryosuke con su propio saco para cubrirle, mirando al más alto a los ojos.

-Mi novio te ha preguntado qué te pasa
-Ryo-chan… No…

Aun cuando no le pareciera buen novio, o fuera pésimo en la cama, no podía dejar que le pegaran a aquel cachetón, a fin de cuentas, lo había llegado a querer siquiera un poco –no cualquiera soportaba tantos caprichos- Y ese poco bastaba para salvarlo de una muerte segura pero el alto zanahoria frunció el ceño e hizo un puchero.

¡Un puchero!

Un puchero y luego resopló, como si le acabaran de romper la ilusión de algo que tanto hubiera deseado, Yuri apretó la mano sobre la ropa del castaño de su novio y se sintió lleno de pudor. Por primera vez desde que hubo entrado ahí se sintió cohibido en mostrar su cuerpo frente a alguien, y no era que no quisiera que lo hicieran –sería más fácil así de convencerlos de tener sexo-, pero aquel chico que ahora se balanceaba incómodo de un pie sobre otro, lo tenía con los nervios de punta.

-Lo siento, pensé que eras una niña, de lejos parecías una

Y era por eso que ahí de pie, aún en la puerta de entrada del edificio de habitaciones, respiraba agobiado, tratando de abotonarse la camisa sin botones, tratando de recuperar el aliento que perdió cuando le llamó “niña” y buscó en su cuerpo como si tuviera “senos”. Una parte suya, aún muy por debajo de la humillación y el ego herido que tenía, se sentía decepcionado. Aquella manera de proceder, de actuar casi tan desesperado por alguien del sexo femenino le recordó a Yamada en su primera semana, sufriendo por la abstinencia sexual que concernía al no poder acostarse con alguna de las mucamas y pensó, muy en el fondo, por qué no podía aquel chico ser un maldito homosexual para enamorarlo en la cama.

Aunque el reto, de volverlo diferente no se le hacía del todo imposible. Sonrió de medio lado y con los pies girando suavemente sobre sus talones empezó a caminar, cada paso resonando entre los pasillos vacíos entre las habitaciones, siquiera ahora en el receso que tenían podía aprovechar e ir a cambiarse, nadie salvo él tenía el permiso de poder acercarse a su habitación.

Él y el recién llegado.

Takaki estaba en un pasillo paralelo al suyo, una casualidad de la vida tal vez, pero no dudó en aprovechar aquella oportunidad y se acercó sin arreglarse ni un poco la ropa, a tocar la puerta.
Esperó paciente y tomó aire, aún sus mejillas le peleaban por sonrojarse y su orgullo –el resto que le quedaba- se lo prohibía rotundamente el hacerlo. Tenía que deshacerse cuanto antes de aquella molesta sensación del pecho al recordar sus ojos, era tan tedioso vivir con ello que prefería dejarlo en un momento de sexo fortuito como con los otros.
La puerta se abrió de un chirrido y Takaki se apoyó en el marco con una pose tan malditamente sensual que tuvo que apretar las manos sobre la tela del pantalón, algo que tal vez el mayor malinterpretó con timidez porque prontamente cambió su posición, nuevamente a aquella tan descuidada y torpe, ¿qué acaso era un imbécil? Tenía todo aquel aire de macho galante pero al instante volvía a ser un adolescente tonto.

Le desesperaba.

-¿A qué has venido?
-Sé que debería ser al revés – respondió hosco el menor, mirando hacia dentro de la habitación del otro para inspeccionar unas cuantas cosas. El porno que había entre sus maletas confirmaba su orientación sexual – Pero creo que iniciamos con el pie izquierdo – le tendió la mano, concentrándose en no deslizarla por el brazo para incitarle a algo más – Chinen Yuri, primer puesto del instituto y…
-Bah, ¿la gente viene a estudiar acá? - empezó a reírse, encogiéndose de hombros – No, lo siento, no hablo en serio pero pensé que la mayoría que entraba era porque sus padres se preocupaban de que embarazara a alguna empleada de su mansión
-¿Qué…?
-Oh vamos, ¿nunca te has cogido a la de limpieza? ¿A la cocinera? ¿A tu nana? Apuesto a que por eso te conseguiste novio, por no poder poseer a ninguna señorita

Chinen se sonrojó de rabia, su madre era trabajadora del hogar en una mansión acomodada, que ese energúmeno hablara así sólo le hacía llenarlo de un mal sabor.

-No, soy becado…

Takaki abrió la boca y luego la cerró, su cabeza ladeándose unos centímetros, dejando que el cabello le bailara por encima de la frente y otra vez, otra vez sus malditos ojos le hicieron alterar el corazón, deshaciendo ese fastidio innato que le dio al escucharlo hablar.

-Vale, perdón y también disculpa por lo de hace unos momentos, no fue mi intención en ningún momento el…
-¿Eres gay? – Yuri se fue al grano del asunto, importándole nada sus disculpas
-No - lo vio indignarse, pero él también ya estaba indignado – Me gustan las mujeres, las vaginas
-Hm…

Asintió procesando su vulgarismo, acercándose un poco hasta que con delicadeza se adentró en la habitación, cerrando la puerta detrás de él.

-Sabes, ¿Takaki? Yo , soy gay

Genesis [3]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Me duermo ;_;
: Motita maullando uwu
: Cama :'D


Notas: LOLOLOLOLOLOLOLOL insisto u3u es porque luego sé que me ocuparé con miles de cosas así que mejor aprovecho :'D!

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Desde mi lugar, jamás había podido decir o pensar más de lo debido, no es que no pudiera pero era simplemente que no quería darle lugar a cosas como las mías, pensamientos tan fuera de lugar que podrían poner en lugar mi existencia no-deseada en la tierra. Solté un suspiro. Ahora más que nunca quería mantenerme ahí.
Observé a Daiki con disimulo mientras estábamos en la cocina, había insistido en acompañarlo dentro de ésta y es que, aún con la facilidad que tenía para entrar a una casa mortal, jamás me quedaba lo suficiente como para admirarla, ni siquiera había sido invitado alguna vez y por ello, quería aprovecharlo, quería sentirme “normal” por una vez y apreciar el decorado que ésta poseía por dentro.

-¿Le echo una o dos de azúcar?
-¿Azúcar? – me sentí otra vez confundido, parpadeando seguidamente porque no sabía qué decirle pero no deseaba hacerlo exasperar y por la manera en me veía, presentía que podría hacerlo hartarse de mi por ser tan despistado con cosas tan comunes para los de su especie - ¿Estudias?
-Trabajo – me respondió tranquilamente, meciendo esa pequeña cucharita circularmente, provocando un agradable tintineo en el aire – Soy ayudante de un estudio fotográfico y… - noté cómo su rostro palidecía de un momento a otro, así que no dudé y me acerqué a él unos pasos para asegurarme que no perdiera el equilibrio de sentirse mal – Oh no… Mañana Takaki tiene una sesión de fotos y…
-Tranquilo - intervine antes de que siquiera pudiera decir algo más, posando la palma de mi mano sobre su mejilla para adormecerlo con sutileza, aquello era uno de los poderes que teníamos los ángeles de nuestra clase para poder desempeñarnos bien en la labor de robar vida – Todo saldrá bien

Dije por decir y él lo noto pues su mirada cayó rendida hacia nuestros pies, haciendo que yo afianzara mi mano sobre su rostro, consiguiendo que se medio durmiera. Aproveché el momento y tomé las tazas de ambos, dirigiendo al joven Arioka hasta el sofá de su sala, haciéndolo sentar a un costado mío, entregándole con cuidado la caliente taza de café que se me había preparado a sí mismo.

-¿Y tú? ¿En qué trabajas? – bostezó y unas pequeñas lágrimas se asomaron por sus ojos, por otro momento sentí que el aire me faltaba así que ingerí de la bebida de mi taza, volviendo en mi.

-¿Yo? – me encogí de hombros, no sabiendo bien cómo explicarle lo mío, ¿era trabajo en sí? No era remunerado – Trabajo… Hm, soy alguien que ayuda a otros a encontrar su camino
-¿Cómo un orientador vocacional? – me quedé callado con su pregunta, ¿era algo así? – Sí, supongo que es algo así – mentí para no alargar más el tema.

Miré mi reloj, de repente hacía ese pitido especial que sólo yo y otros oscuros podíamos escuchar, era un aviso de la reunión que se realizaba a media noche cada cierto tiempo, no eran reuniones ya establecidas, simplemente ocurrían de un momento a otro en un llamado para conversar temas que nos concernían. Temía por el motivo de aquella reunión – Hm, Arioka, me debo ir por hoy – le dije con pesar, era tan obvio que deseaba pasar tiempo con él que se avergonzó de mi simpleza y sinceridad - ¿Puedo verte otro día?
-E-eh… - se mordió el labio inferior, dudando de aceptar o no mi propuesta pero seguí observándolo expectante, no queriendo recibir una negativa de su parte - ¿Me puedes dar tu móvil?
-¿Eh? – vi sus manos moverse hasta que me mostraron el aparato electrónico que era claro, sí sabía lo que era, pero eso no significaba que yo fuera poseedor de uno. Suspiré, negando despacio – Lo siento, lo perdí – volví a mentir con un suspiro alargándose más de lo que deseaba - ¿Me lo puedes escribir en un papel?

Me sonrió bonito, ésta vez sus ojos si demostrándome un vestigio de felicidad en los iris. Que agradable era ver una mirada llena de vida.

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Marcaban las campanadas de una iglesia cercana las doce de la noche y todos los ángeles negros de la ciudad de Tokio yacíamos alrededor de la fogata que ardía fervientemente, dejando que los trozos de madera carbonizados llenaran el aire, era un sonido hasta relajante, la manera en que ardían los troncos sin mayor problema que el seguir un destino perturbador de calentar a quienes no tenían frío. Miré de soslayo de lado a lado, cada uno peculiar a su manera. El siseo de la ropa moverse me mantuvo con el rostro ladeado, tratando de no observar nada más allá del cielo por seguridad, cuando la voz del líder se dejó resonar por encima de todos. Hideaki caminaba arrastrando los pies y con las alas completamente extendidas, la sola visión de aquella deplorable imagen me recordó el por qué yo no las dejaba a la vista. En nuestras “colonias”, los ángeles del ser supremo tenían alas blancas, tan hermosas como la nieve recién caída y brillaban, con un resplandor plateado tan claro que parecía blanco igualmente pero eran sólo matices, matices hermosos eso sí que resplandecían deslumbrantemente. Luego estaban los del señor del inframundo, sus ayudantes, los ángeles caídos tenían una hermosas alas negras, tan profundas en su color como una noche cerrada pero era el sol las que la iluminaban, brillando con tonalidades doradas en cada borde de cada pluma, haciéndolos imponentes de extremo a extremo y por último estábamos nosotros, la colonia rechazada, los paria de los ángeles. Los ángeles negros. En el mundo de los cielos y del subsuelo éramos conocidos así, pero también nos llamaban los ángeles de la muerte, nuestras alas cargaban muchas marcas que dejaban en claro quiénes éramos y a dónde pertenecíamos, lo que alguna vez fuimos tan sólo era un recuerdo lejano. Eran amplias, como de cualquier ángel pero se veían plomizas, sin vida, como si una manta de polvo se posara sobre ellas sin ninguna manera de poder sacarlo. Se veían demasiado frágiles. Nos faltaban plumas y la pomposidad que se podían ver a los ángeles de algún bando, hacían acto de presencia en nosotros. Era tanto así que incluso carecíamos de plumas suficientes para hacer dos mantos equitativos en nuestras alas, teníamos incluso agujeros en ellas. Yo tenía varias. Mi ala izquierda poseía tres agujeros por la parte más alta y la del medio, la de la derecha poseía dos pero estaba en mejor estado que la otra, aun así, no tenía el valor de mostrarme ni siquiera con mis hermanos. Por eso mantenía mis alas resguardadas en mi interior y sin embargo, era el único ahí presente que se avergonzaba de ello, el resto de los ahí presentes se mostraban orgullosos con ellas ahí extendidas, manchadas de sangre como recuerdos de souvenir de todas las vidas que habían arrebatado a sangre fría, me daba náuseas de tan sólo pensarlo.

Otro siseo me hizo reaccionar y miré hacia mi interlocutor que me miraba seriamente, con regaño palpable en sus ojos, yo sólo me quedé estático sin terminar de entender por qué me había hecho a mí aquel sonido.

-Señor – apoyé la rodilla derecha contra el suelo de tierra, sintiendo las piedritas ir incrustándose en mi rótula y descendí la cabeza en respeto al líder, pensando en lo que me diría
-¿Inoo Kei? – me sentí enfermo al escucharlo llamarme de aquella manera frente a todos, dejando al descubierto aquel evento peculiar de hace dos días en los que había podido conocer a Daiki, mas no me moví, sólo callado pues era así como mejor me defendía – No te acerques más de lo debido, él no entendería tu naturaleza

Mi naturaleza, ¿el ser la muerte?
Pero ¿por qué querer que me entienda? Yo sólo quería que me amara y para el amor, para eso no se necesita pensar ni siquiera un poquito.

My servant [Prólogo]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Random total X'D
: Soy soltera[?] - Las Vengadoras[?] -wtf-
: Balcón, con un cigarro al lado♥


Título: My servant
Autor: Satommy
Parejas: Takachii
Género: Drama[?]
Extensión: Miniserial
Summary: Cometió un pequeño error al dejar que un desliz quedara al descubierto, ahora se arrepentía pero su alma ya estaba comprada. Chinen Yuri no era una broma, por mucho que su rostro fuera inocente.
Notas: Quería que fuera serial pero X'D definitivamente no tengo mucha cabeza como para hacer capítulos largos. Ojo que les recuerdo que para mi un serial -como los que he tenido- Siempre un capítulo es de 12 hojas de word X'D los mini-serial sus capítulos van desde 2 hojas a 6 hojas, nada más~ es por ello, no en sí por la extensión de capítulos aunque supuestamente no deben de tener más de 6 -a mi percepción- Pero todo puede pasar... LOL igual, creo que ni importa hahaha
P.D.: Perdón Carol ;3; por no poner tu país, sí era de ese fic en inglés que está en livejournal que lo dije X'D! Me conoces tan bien♥ asdasd y a Lelo LOL! Me has hecho reír porque justo el fic que pensaba tenía -tiene- Yamachii y era con lacayo/sirviente el caso X'D que conste que lo pensé antes de leer lo comentado!


No era que Chinen Yuri tuviera todo lo que quisiera en la vida con sólo tronar los dedos, tampoco era que su familia fuera pudiente y tuviera todo el oro a su disposición para poder manejar a cuantos quisiera sólo con el tintinear de monedas en el bolsillo. No, no era nada de eso, pero aquel joven de pequeña estatura y cabello negro, tenía algo que no muchos tenían.

Tenía belleza.

Era un rostro angelical, dulce, su complexión era tan menuda que le daba un aire a niño de manera eterna y oh, sólo aquellos quienes habían sufrido en carne propia sus caprichos sabían que sabía manejarlo a su antojo. Podía dominar a quien quisiera con tan sólo una mirada, era más práctico que tener dinero, total, si lo quería sólo debía conseguirse a quien quisiera para poder obtenerlo.
El instituto donde estudiaba no era la excepción, para poder entrar ahí con una beca había hecho falta mucho sacrificio entre estudios y pestañas quemadas en noches sin dormir por aprender por su propia cuenta y a luz de la vela, como su madre lo veía –y la única persona con la cuál habitaba en aquel pequeño departamento- utilizar la luz eléctrica por tanto tiempo sólo incrementaba la factura a fin de mes y ellos no estaban para tales gastos, pero aun así no cogió una de las tres vacantes que se ofrecían, quedó en cuarto lugar y a llamada en lista de espera, pero ¿quién no iba a querer estudiar en el instituto masculino de jóvenes talentos con mejor reputación de todo Japón? Habría que estar loco el rechazar los cupos de la beca y ahí aprendió, con imagen de su madre, que el cuerpo y la belleza podían mover las influencias suficientes para alcanzar lo que se quería. Ya sabía él que con una sonrisita dulce, una sacudida de cabello y unos ojos que se llenaban de ternura fingida –que nadie notaba- podía conseguir la tarea sin hacerla –por pereza solamente, siempre había sido el primer puesto desde que inició el colegio-, conseguir dinero para el almuerzo, ropa gratis en establecimientos donde lo tomaban de modelo de conjuntos –fingiéndose perdido o cosas por el estilo- e incluso, comida, conocía ya cada rincón donde estaban aquellos viejos y viejas verdes que lo miraban como un apetecible bombón y se lo comían con la mirada, pero nunca se había dejado tocar hasta que pisó el suelo de aquel centro de estudios. Un hermoso internado con todo pago, su sueño hecho realidad –ya no tendría que ser amable con cada inútil de las tiendas por departamento, el uniforme era obligatorio ahí-, era una oportunidad que ni él ni su madre podían perder y por ello, la mujer que le dio a la luz se ofreció carnalmente a aquel decrépito viejo que regía la casa de estudios. Él sentado en la sala de espera escuchó los gemidos de su madre, gritando con cada embestida mientras la penetraban y le robaban la dignidad, pero Yuri entendía, entendía perfectamente el por qué lo hacía esa hermosa mujer que tenía el mismo bello rostro que él. Sabía que era por su bien y que era un gasto menos, sabía que ahora podría amanecerse estudiando no con una vela, sino con una lámpara; podría leer todos los libros que deseara sin ningún obstáculo, ya sea por no tener el carnet de biblioteca por no poder pagar la inscripción o no tener dinero para comprarse ni siquiera uno de segunda.
Cerró los ojos y escuchó en silencio todo el desenlace de su climax, mirando a los minutos salir a su madre con una sonrisa apenada pero con los papeles firmados dejándole el pase libre a estudiar en aquel lugar.
Tardó una semana el mudarse ahí, cada corazón que se había dedicado a robar en sus años de niñez y corta pubertad le habían dado todos los regalos posibles y ahora podía ir digno al instituto, con ropa de niño rico, con electrónicos de mimado, tenía su nuevo móvil, su nuevo iPod, una laptop e incluso una Tablet, todo tan sólo por unos besos y primera vez, porque lo tocaran. No había sido tan malo, el dueño de la tienda sólo había usado un dedo para abrirle las paredes de su virginal ano y no llegando a más porque justo su esposa entraba al local. Lo despachó rápidamente con todas esas cajas y el salió triunfal. Fue el único eso sí, que logró introducir algo en su cuerpo, o eso fue hasta que empezó a estudiar.

Soltó un pequeño suspiro y miró por sobre su hombro al chico que estaba sentado a tres asientos del suyo, risueño y escribiendo en su cuaderno como todo niño-idol-bueno que era. Un fastidio. Era en esa aburrida clase de historia donde recordaba uno a uno sus pasos por la vida, recordándose a sí mismo qué hacer y cómo hacerlo, como proseguir con sus planes para alcanzar la grandeza aunque ya la tuviera bien puesta. Sonrió para sí. Él podía decir con orgullo que tenía una corona sobre la cabeza –aunque no fuera física- y que incluso le armarían una religión en su honor –aunque deseara que le rezaran haciéndole un oral a como dé lugar-, pero todo ello había sido gracias a que supo mover sus cartas a su favor apenas ingresó al instituto. Se tomó la molestia de estudiarse a todos los alumnos de aquel lugar, a aquellos que pasaban a tercero, a segundo y los nuevos de primer año y fue ahí que aprendió que su, ahora novio sentado a poca distancia suya, era el más popular, llamativo, adinerado y apreciado alumno de toda la escuela y que incluso, otros institutos habían peleado por tenerlo dentro ofreciéndole becas y demases pero, santo dios, teniendo tanto dinero, ¿para qué el querría una beca? Yuri hizo una mueca cuando el pequeño flashback de un gemido le erizó la piel, recordando el cómo hubo él obtenido un maldito asiento ahí dentro. Volvió a suspirar y miró por la ventana, le había costado lo suyo conquistar a ese cachetón de la familia Yamada, en primer lugar porque el playboy era heterosexual y en segundo, porque cuando tuvieron sexo por primera vez el muy imbécil lo hizo sangrar al no penetrarlo adecuadamente. Su primera vez y había sido una mierda, pero lo dejó pasar, después de aquello le creó una adicción al chico y su relación se estableció formalmente, eran el dúo dorado de élite de toda la escuela a pesar de su corta edad y de ser nuevos, el más inteligente de todos, el más lindo y tierno junto con el más popular y apuesto. Hasta ahí y a su medio año de apenas haber ingresado a estudiar, podía decir con certeza que todo era absolutamente perfecto.

Porque tampoco le descubría nadie las infidelidades.

Después de su primera experiencia sexual había generado él también una necesidad asfixiante de que lo tocaran, de él tocar. De sentirse lleno y valgan verdades, Ryosuke era tan malo en la cama que no le satisfacía por lo que prontamente era alguien que moría por tener sexo gay pero sabía que podía conseguirlo sin ningún problema en un colegio masculino con tantos chicos apuestos, todos eran una lista probabilidad y él lo aprovechaba al máximo. Sonrió viendo adelante suyo a su compañero Okamoto, comprometido desde la dulce edad de 3 años con otra heredera y él había hecho que se lo follara como si fuera el último día de su vida, claro que sólo había sido una vez, el muy terco aún se afanaba ser heterosexual y desde que lo hicieron, el otro fingió no conocerlo más. Bah, un desperdicio de hombre, pero eran tantos que le daba igual y no lo tomaba en serio. No tomaba en serio a nadie.

-¿Eh, qué es eso?

La voz de la persona a su lado le llamó la atención, ladeando el rostro para ver nuevamente por la ventana, admirando aquello que ahora causaba revuelo en su salón de clase. La vista a la entrada principal del internado era un largo recorrido de graba muy estético, todo muy formal y elitista, algo que te dejaba en claro quiénes eran los que estaban ahí. Y verlo ser atravesado por una fila de tres limosinas lo hacían elevar más su nivel en el ranking.
Chinen apretó la mano alrededor de su pluma y se acercó disimuladamente a la ventana para observar quiénes llegaban. Pero sólo fue un quién. En la ostentosidad de su posición económica, cada largo carro se estacionó en el pequeño óvalo de la entrada, saliendo del primero un señor, del segundo una mujer y del último, un joven. El parecido entre los mayores con el otro dejaba por sobreentendido el lazo familiar que los unían y Yuri los odió por ser tan despilfarradores de medios, ¿qué diría su madre? No podía ver bien el rostro del chico pero los murmullos no se hicieron esperar, era algo que aún no podía solucionar con respecto a ser un plebeyo. Él no tenía nada de información sobre familias de alcurnia por mucho que buscara en internet, pero el nombre no tardó en llegar hasta sus oídos.

“Takaki Yuya”

Se acomodó mejor para ver otra vez y por un maldito momento,
uno sólo, un segundo.
Sintió su corazón detenerse.

El maldito gastador de cabello naranja lo había visto directamente a los ojos.

[ADMI] Random~

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Comida Q_Q
: Amy jugando uwu♥
: Mi cama :'3


Uuuuuuuuuuy anuncio random de la vida de su escritora no-favorita que sólo se dedica a tonterías en su vida diaria X'D bueno, como pocas sabrán soy universitaria juerguista con una vida no activa, pero feliz y entre todo, buena :'D con sus dramas como cualquier persona y montañas rusas emotivas, eso me afecta en todo pero bueno, no les he venido a hablar de mi, sólo de algunas cosas que quiero aclarar por ahora... Me quiero retirar de escribir y no, no quiero llamar la atención ni mendigar comentarios e_e no, tampoco es que les pondré condicional o algo X'D he pensado en volver el blog privado y sólo dejar que lo lean aquellas personas que sé que me leen y que me comentan (Mabe Q_Q♥), pero la cosa es que por el momento no lo haré, aún sigo pensándolo :'D *random* Entre otros pensamientos está el molesto de agobiar al mundo con Inoodai hahaha sí X'D escribo mucho de ellos pero no me pueden culpar, son mi OTP y mi pareja favorita por encima de toda la existencia del mundo,aparte que me jode mucho y me frustra que en habla inglesa no crean esa pareja :'D que apoyen más el Inoobu y crean que el Yabunoo domina a los JUMP o sea, no, se nota que Inoo está enamorado de Daiki y viceversa[?????], yo recuerdo que en su momento no dejé de escribir porque si dejaba de hacerlo, ¿cómo sino se propagaba el amor de esos dos? Y por eso seguí con ello e insistí y aún sigo pero... ayer pasó algo gracioso ._. Leí un Takachii... X'D y era, medianamente bueno, me hubiera gustado algo más pero lo que me shockeó fueron los comentarios diciendo que eran una pareja rara ._. que casi no habían fics de ellos y cosas así... o sea, otro WTF para mi X'D porque, será que yo que los conozco desde bebos, para mi Chinen ha sido propiedad de Takaki desde la era de los limones que no sé, así que ahí tuve mi otra resolución~~~
Por lo pronto, los fics Inoodai que hay acá, se quedan~ Genesis, Snowy Rainbow y GnR (éste último aún me conlleva mucho esfuerzo e imaginación y por eso no lo actualizo) se quedarán como únicos pendientes de Inoodai, los demás y de ahora en adelante las parejas que me esforzaré en hacer serán:

-Takachii
-YabuHika (porque hace mucho leí un fic de ellos que asdasasdas)
-Chiitaro (las mejores escritoras en inglés escribían de ellos pero desaparecieron después de lo de Ryutaro, pero a mi me siguen gustando y en honor a tantas noches bonitas llenas de buenos fics, los escribiré)
-Hikato (¡¿por qué ya nadie los recuerda?!)

Y por lo pronto serán ellos, aunque creo que más me centraré en el Takachii por que de verdad no me gustó lo de los comentarios ._. además que ya se me vino el trama de un fic para ellos uwu

En otras noticiaaaaaaaas~ los singles están ya en manos mías y de Sora -hace más de un mes- pero el problema es que aún no he podido hacer lo que quería :'D salvo los stickers así que creo que se enviarán antes de tiempo... Bueno, el de Sora porque al de Mabe debo hacerlo especial porque es más lejos uwu~ tomaría foto pero mi cámara anda muerta...
Sólo quería decirles eso y... decirles que hay una encuesta al lado, es para saber de qué países se frecuentan por acá :'3 saluditos a todas.

Satommy

Genesis [2]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Mis papis ;3;!
: Nada uwu
: Sigo en la cama de mis padres :'D



Notas: Supongo que quiero actualizar todo lo que pueda antes de terminar con mis responsabilidades de escritora :'D aunque éste fic es muy fail y tan anti-yo que realmente no sé si está bien u_u *sigh* Y sí D: estreno nuevos display que ya mucho tiempo tenían los otros uwu


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Estaba de pie frente a un escaparate de alguna tienda en la calle, mirándome de pies a cabeza con una duda latente en mi mente, ¿era atractivo? Jamás me había dedicado a verme físicamente, no lo requería porque mi vida sólo trataba de vivir a diario cumpliendo trabajos, jamás me había detenido para hacer algo más de lo que me correspondía a excepción de esa noche.
Recordé cómo acompañé a aquel joven a su casa, cómo era que en la puerta me preguntó mi nombre y a su vez el me dio el suyo. Yo dudé, no pude evitarlo, ¿cómo me llamaba? Mi nombre era tan extraño que era difícil de pronunciar por un mortal, así que me inventé uno cualquiera, recordando nombres de mandatos que anteriormente había cumplido.

“Inoo, Inoo Kei…”

Respondí un poco torpe, no era mi culpa, yo jamás conversaba con nadie salvo mis superiores y uno que otro compañero que me encontraba por las zonas que recorría.
Suspiré con pesadez al ver mi reflejo, tenía el cabello negro y una tez blanca, demasiado a comparación del joven Daiki, él era un poco tostado y con cabello teñido. Castaño. Pero me gustaba el cómo era pues era una persona que se distinguía del resto, no tenía un aura maliciosa aunque su color era diferente al del resto, pero mortal aún entre todo.
Sonó el decodificador de mi muñeca y miré hacia un lado, estaba ahí de quien debería haberme hecho cargo antes de irme ayer de ese bar pero, me lo perdonarían, darle un día más de vida a alguien tampoco era penado, lo penado era no arrebatársela cuando ya estaba escrito el hacerlo. Teníamos cerca de una semana para cumplir el plazo, 7 días exactamente como si fuera profético y basado en la biblia aunque el gran ser se burlaba de aquel libro terrenal, decía que era una ilusión verdadera de los seres humanos pero que todos ellos debían reposar su fe en algo. Volví en mí, dejando las divagaciones a un lado y seguí con la mirada al joven de cabello rubio, un color tan amarillo que su fantasía se volvía molesta, la vista se cansaba y provocaba náuseas de tan sólo observarlo, pero me concentré y recité una pequeña oración para iniciar con el rito, con la mano izquierda, mientras caminaba para alcanzarlo, saqué del bolsillo una pequeña esfera negra de cristal que brilló pálidamente en mi mano, emitiendo un silbido justo cuando a quien perseguía decidía cruzar la calle. Nunca era casualidad. Miré otra vez a la esfera brillar, de un color ahora verduzco antes de volver a su estado natural, pero era ya tan común que no me interesaba verlo, a cambio cerré los ojos y me concentré en no escuchar pero era tan claro el sonido del cuerpo destrozándose bajo las llantas de un carro que me descompuse, ¿quién dijo que era fácil poder cargar con las muertes? Bajé el rostro y contuve el aliento, no deseando más estar ahí y con un pequeño chasquido mi cuerpo logró desintegrarse, apareciendo a los segundos en aquella desierta calle que ayer también hube transitado.

-¿Qué haces acá?

Miré asustado a un lado, aún se podía apreciar el humo negro que mi aparición había hecho y me esforcé en difuminarlo con la mano, sin detenerme a mirar a mi interlocutor, me servía de paso para buscar también una excusa aunque realmente, me fuera mal mintiendo.

-Vivo cerca…
-¿Dónde?
-Yo… - solté un suspiro y me froté la mejilla con la bola de cristal, ésta brilló y se volvió rubí, el alma que ahora almacenaba estaba siendo condenada – Quise pasar a verte, por si estabas bien

Arioka me miró confundido, nuevamente pude percibir el miedo que le producían mis palabras pero supongo que mi manera de hablar, tan desligada y tan torpe, le quitaron la defensiva y se encogió de hombros, mirándome con una media sonrisa que seguía sin cargar felicidad.

-¿Quieres un café? Por la cara que traes de seguro estás con mucho frío
-¿Puedo hacerlo? – asintió, abriéndome la puerta con suavidad – Pasa
-Hm… gracias…

Guardé el cristal y caminé con cuidado dentro del lugar, amplio y cálido. Jamás había experimentado algo así. Mi vida era sólo un manojo de recuerdos tristes y muerte, nosotros no estábamos destinados a experimentar sensaciones agradables por el mismo entorno en el que nos desarrollábamos pero tampoco era que no pudiéramos sentir, debíamos hacerlo para “disfrutar” de lo que hacíamos pero a alguien se le había olvidado aquel detalle de eliminarnos los sentimientos agradables, aunque yo era entre todos, el que más defectuoso se hallaba, porque aun teniendo elevado el nivel del morbo y la crueldad, además del sadismo, no disfrutaba de llevarme una vida ajena, era agotador y mi mente no soportaba las imágenes de cada accidente.
El joven anfitrión me guió a su sala y yo caminé atrás suyo, admirando sin ser desagradable los pequeños arreglos florales que le daban un agradable aroma a su hogar.

-¿Vives solo?
-Con mamá - me respondió con una pequeña sonrisa - Papá trabaja en el extranjero
-Oh, ya veo - me miró y señaló el sofá - ¿Me siento?

Se vio confundido por lo lento que era al comprender y tuve que ir entre risas forzadas a sentarme, realmente no había prestado atención a convivencia humana en la orientación a principiantes , aunque dudo que le dijeran a un ángel de la muerte cómo era que se debía actuar cuando uno se enamoraba.

Sonreí con tristeza.

No sabía cuál era más agobiante, si el matar y robar almas o el de enamorarme a primera vista de un completo desconocido, que además, era un mortal.

Snowy Rainbow [5]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Frío ;_;
: Cuando te conocí - Andrés Calamaro
: La cama de mis padres u3u



Notas: Loli :3 vengo con ésta actualización a la volada, ni siquiera sé si sea de su agrado uwu Gracias por leer y si hay algún comentario, todos son bienvenidos X'D aunque sepa que tal vez no vale la pena D:! Aasdads


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Justo el día que más había deseado llegar a tiempo había terminado por hacerlo llegar una hora más tarde de lo normal, el tren que debía de tomar del hospital al antro había tenido un problema en una de las estaciones y toda la ruta se había comprometido, eso lo incluía a él y su horario. Su jefe iba a matarlo aun si tenía una justificación de la estación, eso a él no le interesaría ni un mínimo. Caminó presuroso por la calle hasta que llegó a la entrada del local, su mirada buscando un poco ansioso al gran guardián cuando se topó con que no estaba en su lugar, sino varios pasos más allá su imponente figura acorralando al cuerpo de otro y es que, no era para menos, podía apreciar como el gran brazo de Kyo empujaba el cuerpo de Takaki contra la pared, presionando tan fuerte que el otro pataleaba al no poder respirar y aun así, el otro se empecinaba en querer golpearlo teniendo erguido un puño justo a la altura misma del rostro ya herido del castaño alto.

-¡Alto!

Okamoto no dudó un solo segundo y corrió hasta el par, saltando con fuera sobre el gran brazo de aquel guardia de seguridad para forzarlo a bajarlo, cosa que le costó demasiado por esa gran fuerza y tozudez de la que era portador pero gracias al cielo y a su integridad, lo hizo, desatando maldiciones e insultos que se hacían más altos a medida que el diller empezaba a reír, seguramente, pensó el menor, estaba drogado.

-Deberías dejarme darle una paliza
-Causarías problemas a Daiki – sentenció con seriedad, esquivando al joven en el suelo y llevando a la gran masa de músculos lejos de él – Kyo, la culpa no sólo recae en él, sabes que el culpable también ha sido el mismo Arioka
-Bah, ¿piensas ahora cargarlo de toda responsabilidad?
-Nadie le puso un arma en la cabeza para hacerse consumidor – negó, apretando las manos. Jamás en su vida había hablado tan fríamente de aquel joven que tanto apreciaba – Pero no fue solamente él quien lo hizo – miró al guardia, observando cómo era que casi sus ojos se salían de sus órbitas al sobreentender lo que quería decir – Necesito las cartas Kyo, necesito buscarlo y decirle qué le ha hecho
-El destinatario es el único que lo recibirá, es una promesa que le hice
-Está en coma, podría jamás despertar, ¿crees que es justo que viva tan feliz alguien que destrozó la vida de otro?

Keito contuvo la respiración, hacía un gran esfuerzo para hablar y ser coherente con sus oraciones, no porque estuviera mostrándose sereno ante ello quería decir que realmente lo estaba, ¿Qué no era acaso todo una gran mentira? De inicio a fin, el ser su amigo, el no renunciar y seguir trabajando en un lugar de mal pago por tan sólo cuidarlo y ahora en ese momento, decirle a Kyo que era por justicia que le quería hacer a Daiki. Tremenda broma. Él necesitaba esas cartas para poder mandar al demonio a aquel idiota que no supo cuidarlo, quería hacerlo sentir culpable, ¿Qué no acaso sería un gran castigo el vivir sufriendo? O mejor aún, ¿llevarse a sí mismo a la muerte gracias a esa culpabilidad? Aquel Inoo Kei merecía lo peor que pudiera entregarse a sí mismo y él, se encargaría de eso.
Esperó en silencio, tal vez unos 10 minutos hasta que vio al hombre moverse no sin dudar, hasta su pequeño asiento, buscando entre sus cosas un paquete amarrado con un lazo rojo, por lo menos con unas 100 cartas en él, todas a mano en el mismo sobre de papel caro con pluma negra encima.

Que pesadas eran ahora sobre sus manos, ¿sería el peso del sufrimiento del mayor?

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“Si pudiera pedir un deseo, ¿cuál sería?”

Daiki se miró a sí mismo, sabía que era él y estaba de pie frente suyo. Su otro yo le preguntaba ello y él no entendía la pregunta, tampoco entendía qué hacían en un estacionamiento hablando, además… ¿desde cuándo había otro yo?

“¿Qué eres?”

“Soy tú”

“Yo soy yo”

“Y yo también”


Se frustró y apretó las manos, sus pies trataron de moverse pero no lo logró, era como estar clavado al suelo de cemento con otros bloques enormes de hierro que eran tan firmes e inamovibles que no le quedaba más que mirar a su cuerpo hablándole.

“¿Cuál sería mi deseo?”

Daiki se quedó callado, su mirada de pronto cayendo hacia el piso con el labio inferior temblándole. Tenía mucho frío.

“¿O-olvidarlo?”

“¿Crees que esa es nuestra respuesta?”

“No… no conocerlo… eso desearía”

“¿Por qué?”

“Si yo no lo hubiera conocido, podría ser feliz”

“La felicidad es relativa”

“¡¿Y tú qué sabes?!”

“Yo sé todo lo que tú, y siento lo mismo que también, tu sientes”

“Estás loco”

“Estamos…”

“¿Yo por qué?”

“¿Quién más querría matarse con la modalidad más cobarde?”

“Y-yo no me he querido matar…”

“¿Por eso te provocaste una sobredosis?”

“¡Yo no me provoqué una sobredosis! Pasó… pasó de casualidad…”


Todo a su alrededor se volvió un remolino y de pronto estuvo de pie, junto a aquel extraño yo, al lado de una cama de hospital donde había otro cuerpo suyo, pero éste estaba postrado y entubado a mil máquinas que por lo que pudo ver, eran lo único que lo mantenían con vida.

“¿Q-qué es… qué es esto?”

“Eres tú, soy yo”

“¡Cállate! ¿Qué pasó? Por qué… ¿por qué se ve tan blanco?”

“Porque estamos por morir…”

“Yo no quiero morir… Yo no… yo no quiero”


Sintió ganas de llorar, sintió incluso esa sensación de humedad pero al elevar sus manos para secarse el rostro humedecido no hubo nada de agua que la tela pudiera absorber, estaba seco. No podía generar gotas saladas.

“¿Qué soy? ¿Por qué… por qué estoy acá?”

“¿Cuál es nuestro deseo?”

“¡¿Qué soy?!”

“Los humanos te dirían alma… pero no eres sólo tú, soy yo. Ambos somos el compuesto de aquel cuerpo, pero eres tú el que predomina y siempre lo harás. Al nacer un alma es la que llena el contenido corpóreo pero en estados así, nos volvemos a reencontrar para ver quien prosigue con la vida”

“¿P-por qué?”

“No temas, somos uno pero si soy sincero… No quiero yo tomar responsabilidad de tu vida, pero quiero ser capaz de poder ayudarme a mí mismo, yo también sufro, aún sin sentirlo todo tan directamente”

“¿Sufres?”


“Sufrimos…"

"¿Es por mi culpa?"

"¿Cuál es nuestro deseo?”

“No quiero morir…”

“¿Ese es nuestro deseo?”

“¡No quiero morir! No quiero… jamás quise… sólo buscaba huir del dolor…”

“¿El deseo entonces no sería no sentir dolor?”

“Pero quiero vivir… y vivir significa sentir…”

“¿Estás seguro?”

“Yo… yo aún no me quiero rendir…”

“No mueras, entonces”


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Eran las dos de la mañana cuando salió del local, llevaba bajo la gabardina el paquete de cartas que habían sido entregadas por Kyo, no había tenido el valor de leer ninguna ni tampoco había tenido la fuerza para quemarlas. Tampoco podía. Las necesitaba aún en contra de su voluntad para llevar a cabo el plan nada elaborado que tenía, sus manos temblaban e incluso sudaban frío de pensar que conocería a la persona que tanto odiaba sin conocer, ¿qué de bueno tendría para que el castaño lo amara tanto? Necesitó hacer acopio de unas cuantas copas de vodka para darse la fuerza y salir de ahí determinado, era ahora o nunca y valía nada la hora que fuera. No podía esperar más para librarse de encima esa sensación de venganza que no terminaba de tragar con nada.
Tomó un taxi en la esquina misma de la cuadra de dónde trabajaba y entregó una dirección. Le había tomado exactamente media hora mover unos cuantos contactos para que le dieran la dirección del arquitecto Inoo, egresado de la universidad Meiji hace apenas unos cuantos meses. Qué ironía el que Daiki no quisiera regresar a estudiar cuando su razón de evasión ya había terminado la carrera sin obstáculos.
Se frotó con la yema de los dedos las sienes, amenizando el dolorcito punzante que le abatía el pensamiento, que le hacía dar vueltas la cabeza aunque tal vez ello fuera a causa de la bebida. Ser barman le hacía abstenerse mucho de beber y el hacerlo tan de golpe era una clara suposición de que ahora se sintiera mal.

El coche se detuvo a lo minutos frente a un bloque de departamentos de clase media que no le llamó la atención aunque, seguramente el joven viviera mejor de lo que él lo hacía aún en casa de sus padres. Pagó la carrera y bajó, caminando sin prisa y sin tomar el ascensor hasta el segundo piso, al departamento 209 del bloque C. De pie frente a esa puerta leyó tres nombres y una sonrisa ladina apareció dibujada, había un “Kota”, el nombre que Daiki había de la persona que llamó a Inoo como “amor”, si el castaño lo supiera, de seguro caería nuevamente en depresión. Tomó aire y esperó observando su reloj hasta que marcó exactamente las 2:30 de la mañana, tocando el timbre hasta cinco veces para cerciorarse que había sido escuchado, y deseando a su vez ser una molestia para los residentes, ¿qué mejor que empezar así? Torpes pasos resonaron de dentro del departamento y frente a él se irguió un joven alto, demasiado delgado que podía decir, era la mitad de su cuerpo. Keito admiró su rostro y frunció el ceño, definitivamente él no era Inoo porque a cómo lo pintaba su amor platónico, el joven debería siquiera ser un gran prospecto a modelo y él, bueno, dejaba mucho qué desear.

-¿Quién eres? ¿Qué quieres?
-¿Se encuentra Inoo?
-¿Quién me busca?

Su voz fue odiosa desde el inicio, asomó la cabeza ignorando al otro que le detenía el paso y miró con asco al cuerpo semi desnudo de un pelinegro caminar entre bostezos a la puerta. Lo admiró lo más objetivamente posible aunque le fue casi una odisea, debía admitir, no sin desgano, que era alguien “apuesto”, pero seguía sin comprender cómo Daiki con aquel rostro y aquella sonrisa se había enamorado de alguien tan simple, tan común. Él no lo merecía. Tomó aire y sintió un golpe en el estómago, pero nadie lo había tocado, era su presión que le jugaba en contra y de pronto toda la bebida y lo poco ingerido en la noche se le fue de subida contra la garganta, ignorando a los presentes y como si tuviera la confianza de una amistad de años, corrió dentro y buscó por lógica el pasillo encontrando a los minutos lo tan ansiado, encerrándose en él para desfogar el contenido de su cuerpo que ahora quería desechar a cómo de lugar.

Pero en el proceso dejó caer dos cosas, su celular y las cartas, uno que empezó a timbrar y otro que sin palabras decía con su mera letra lo que significaba.

Yabu preguntó a su amigo qué ocurría, si conocía a tal chico pero el rostro del joven había palidecido, sus manos temblorosas y desnudas se acercaron a medida que él caía de rodillas al suelo a tomar aquellos pergaminos redactados con su nombre, sabía qué eran, conocía esa letra tanto como conocía la suya, ¿no era así que habían empezado a salir? Por cartas, porque sólo por cartas se habían animado a hablar.

-Kota… - escuchó el mayor, cerrando la puerta detrás de su espalda - ¿Crees que es posible que Daiki… pudiera escribir tanto?

Yabu se quedó estático mirando al pelinegro derrumbarse con tanta facilidad que no dudó ni un poco en saber que no lo había superado aunque ello era algo que ya sabía y jamás había dejado de suponer. Se acercó y sentó a un lado, siendo él quien tomó la iniciativa de correr el lazo y tomar la carta que estaba en lo más alto, la abrió con cuidado y sin leer buscó la fecha y luego la firma.

-Es de hace una semana – susurró, entregándole el papel a un tembloroso y lloroso Inoo, quien sorbiendo su nariz con gran esfuerzo leyó los pequeños párrafos cargados de dolor que su castaño le había dirigido.

Una a una las cartas se siguieron abriendo, cada una rogando por presencia, cada una buscando por piedad. Kei Inoo se sentía una mierda. Más que ayudar había causado heridas con su ausencia, ¿no era él quien siempre había buscado evitarle ello? Le dolió y se hizo una herida enterarse que su hermoso cuerpo se había entregado por despecho a alguien más y él, tan inocente como era le rogaba perdón y le decía que sólo lo hacía para pagar su deuda… Una deuda que no comprendió hasta muchas cartas después, que en su fecha remontaban meses del presente.

-K-Kota… Daiki… Daiki…

A esas alturas su amigo ya había estado leyendo lo que el otro dejaba caer en un montón, entre palabras y lágrimas sabía lo que quería decirle, entendía el por qué ahora de su desesperación.

-Tú no lo forzaste a… - se mordió el labio inferior, frunciendo el ceño al tratar de decir la palabra aunque era extraño exteriorizarla – Tú no lo hiciste consumir, Kei, él se refugió en ello…
-Fue por mí, fue mi culpa… El que se acostara con otro… para poder pagar su consumo

El celular dio su timbrada nuevamente, era ya casi la décimo octava vez que lo hacía y ya con fastidio el pelinegro lo tomó para poder maldecir, para gritarle a quien fuera que dejara de llamar al insolente de su baño que seguía vomitando y muy probablemente, estuviera dormido sobre el inodoro pero el nombre que aparecía en la pantalla le heló, le hizo sudar frío y deseó con todas sus fuerzas el que fuera por cualquier motivo, que fuera por cualquier cosa y no por lo que le hacía presión en el vientre hasta hacerle doler.

-¿Okamoto-san? Le llamamos del Hospital Metropolitano Hiroo para informarle que el joven Arioka ha despertado de su coma, quisiéramos que venga para poder hacer estudios de memo-…

Yabu no preguntó, sólo observó el cuerpo del otro joven correr a su habitación y salir cambiado en tan sólo unos segundos y volar hacia la salida. Soltó un suspiro y cogió las cartas para guardarlas, tan sólo habían logrado leer un cuarto de todas pero eran suficientes como para hacerse una clara idea de cómo el joven Arioka había estado viviendo. Eran papeles llenos de dolor que seguramente reflejaban los sentimientos que su amigo también albergaba pero que jamás había encontrado manera de sacar, asfixiándose en estudios y trabajo para distraerse.

-Kou-chan, ¿qué pasa? Escuché ruido y…

La puerta del baño se abrió, saliendo el joven de cabello puntiagudo que había traído esas malas noticias.

-Hikaru, haz café… va a ser una larga noche

Okamoto observó al par, cerrando los ojos con fuerza pues de nuevo los mareos volvían y su cuerpo débil, volvía a encerrarse en el baño.

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“Sabes Kei… te amé demasiado, te amé más de lo que me amé a mí mismo y me perdí, me perdí queriendo encontrarte.
Sabes Kei, dudo que alguna vez logres entender el poder que tu ausencia tuvo en mí, dudo que puedas entender lo mucho que
me vi ahogado entre lágrimas y entre gritos mudos de dolor, corroyéndome por dentro, queriendo poder superarte.
Sabes Kei, aún ahora no puedo olvidarte y aún estás latente en mí, lo sé, soy patético y deplorable…
Keito jamás me lo perdonará, Kyo querrá nuevamente golpearme y Takaki seguramente, volverá a llevarme a la cama por esa debilidad,
pero, ¿sabes Kei? Keito ya no tendrá por qué pasarla mal por mí ni vivirá enojado para siempre,
Kyo por fin me verá sonreír y sonreirá conmigo, ya no me querrá golpear y ¿sabes qué es lo mejor?
Yo ya no volveré a ir con Takaki, yo ya no necesito una ausencia que llenar,
porque Kei, ahora yo… Quiero vivir, quiero vivir y no saber que tú alguna vez fuiste parte mía o de mi vida.
Yo ya no daré lástima, yo ya no me aferraré a un recuerdo y a alguien a quien no le importé.
Yo ya no esperaré por ti, ya no te buscaré.
Tú no me quieres más, así que… ¿sabes Kei?
Yo tampoco ya te querré a ti.”

Genesis [1]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Tarara~ tarea
: Mi enfermedad - Andrés Calamaro
: Mi bolsa de dormir ;3;!

Título: Genesis
Autor: Satommy
Parejas: Inoodai
Género: No sé ewe~
Extensión: Mini-serial
Notas: Ódienme... pero la inspiración me vino sola y de la nada y me hizo acordar de un libro que quiero leer y se me salió de las manos pero éste es mini-serial e incluso la extensión por capítulo es más corta que la de SR ._. así que u3u no creo que sus actualizaciones demoren y si demoran :'D PERDÓN hahahaha uwu está random, y feo porque por primera vez hago en primera persona Q_Q *fail* Perdón :C



Lo vi de pie junto a la columna de aquel bar, tenía el celular en la mano pero llamaba sin ver la pantalla, sus ojos estaban plasmados en la figura delante suya bailando de arriba hacia abajo con el cuerpo de un joven delgado, coqueto y sin ofenderlo, sexual. Se notaban las intenciones de ambos y al parecer, no sólo yo lo veía. Ese castaño de mirada parda que dejaba libre la delicadeza de su alma a vista y paciencia de quienes ahí estábamos, también lo notaba. De pronto el joven, el que danzaba tan pegado al otro cuerpo sacó de su bolsillo el celular, mirando con una mueca de fastidio a quien osaba interrumpirlo pero no atendió la llamada, sus manos guardaron rápidamente el aparato y tomaron de la cintura al otro chico, girándolo hasta que sus labios encontraron su camino, dándole paso a sus lenguas que con descaro, se dejaron ver ante su público: el castaño y yo. Pero ese chico, fui testigo de cómo se quebró y si alguien me preguntara, yo podía dar cuenta de que había escuchado algo romperse pues sus ojos ahora no brillaban. Tenía lágrimas, sí, pero ya no estaban vivos, parecía un cuerpo sin razón de ser y ahí comprendí tal vez lo que le acontecía, no era muy difícil de suponer.
Empujándome entre tantas personas alcancé aquel lugar a su lado, tomándolo por los hombros para cobijarlo contra mi pecho, sintiendo como es que el llanto salía despedido sin control alguno para refugiarse en mi cuerpo desconocido, queriendo comprenderlo, deseando hacer algo para poder sanar aquel diminuto ser que ahora se hallaba destrozado, ¿por qué había tanta crueldad con los humanos?
La pureza de las almas como la de aquel joven se ensuciaban a causa de eventos así, con éste tipo de incidentes era que siempre las personas se volvían malas y yo debía hacerme cargo cuando habían colmado el límite de cada una de estas.
En silencio, una vez sentí que la presión de sus manos sobre mí se hizo más suave, lo tomé por la cintura y lentamente lo llevé fuera de aquel establecimiento, por aquel día mi trabajo debería de esperar puesto que aquel chico me necesitaba y aunque yo no tuviera alma, poseía compasión y quería cuidarlo.

-L-lamento que me veas así… que pena, que un desconocido me deba consolar…

Su voz salió entrecortada y tuve que sostenerme yo de su cuerpo para no caer al suelo, a pesar de llorar aquel joven luchaba por mantenerse en pie y poder mirarme, hablándome forzadamente pero aún entonando cada sílaba tan armoniosamente que me asustó. La piel se me erizaba. Parpadeé confundido y negué, no había manera en que yo hablara, mi voz saldría tan grave que temía asustarlo.

-G-gracias… por sacarme de ahí… - me miró sonreír y me correspondió, nuevamente haciéndome sentir fuera de mis cabales – Supongo que soy muy tonto, ¿verdad? Cualquiera iría a reclamarle a su novio… por besarse con otro y yo… yo sólo me pongo a llorar
-No eres tonto… - agradecí que mi voz no saliera alterada, sino con un tono normal y para mi gusto, un poco aguda – No tienes que culparte de algo así
-No es así – susurró, soltándose de mi agarre con suavidad pero noté con el tacto de su fría mano, que temía que deseara aprovecharme de él – Pero lo dejaré… y-yo, yo terminaré con él aunque me duela

Mantuve silencio, en la poca experiencia adquirida había tenido la oportunidad de ver que la mayoría rogaba por mantenerse atada a la persona que le lastimaba, quedarse a su lado por mucho que fuera algo dañino y desgastante, yo no lo entendía y lo notó, sus ojos nuevamente me miraron, ésta vez con una gracia viva pero no era felicidad lo que me mostraba, era burla que le quemaba el cuerpo lacerado de heridas.

-Siempre me lo ha hecho pero nunca lo había visto… Él siempre me engaña, él… hace mucho que dejó de amarme…

¿Amor? Su término era basto y yo no le hallaba un significado tan corto como para enlazarlo a un alma, pero al verlo ahí de pie dudé de ello, incluso dudé de mi existencia y de mi propósito. Una vez leí en un libro: “¿Qué pasaba si el amor y la muerte se abrazaban? ¿Se muere el amor o se enamora la muerte? Tal vez la muerte moriría enamorada y el amor amaría hasta la muerte”.

Gracioso, e irónico… ¿Qué pasaba entonces si la muerte se enamoraba del amor de un humano?

Next [Drabble]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: LOL~
: Para no pensarte - Ykarus
: mi cama desordenada

Título: Next~
Autor: Satommy
Pareja: Ariokamoto-Inoodai
Género: Angst[?]
Extensión: Drabble
Notas: Está fome pero quería escribir algo u3u estoy ocupada un poco y la universidad comenzó, tengo tantos pendientes ;__;! Trataré de ponerle empeño uwu lo siento y si aún me leen, gracias♥ Déjenme saberlo~



Se quedó paralizado en su sitio cuando de repente unos labios tomaron delicadamente los suyos. Suave y con un peculiar sabor a limón. Daiki entrecerró los ojos y muy lentamente tomó entre sus manos pequeños retazos de la tela de la camisa que el menor llevaba entreabierta por haber estado cambiándose minutos antes. Todo era extraño, sus sentimientos ni siquiera eran claros pero, ¿cómo negarse a la dulzura que sentía? Okamoto lo rodeó delicadamente por la cintura y lo atrajo con un abrazo posesivo a su cuerpo, deslizando por debajo de su camiseta empapada de sudor, sus palmas para plasmarlas enteramente sobre su cuerpo, reclamándolo como suyo cosa a lo que el castaño no opuso resistencia. Había extrañado sentirse querido, sentirse importante, había añorado que alguien le hiciera sentir lo más especial en el mundo.

-Te amo Daiki, no estoy jugando

Abrió los labios para decir palabra alguna, pero justo uno de los miembros del staff llamaba a los miembros menores para salir al escenario, imposibilitándole la oportunidad de responder, de decirle algo.

-Ve… - Arioka apretó las manos sobre el vestuario un momento, liberándolo casi a los segundos para ayudarlo a abotonárselo – H-hablamos luego del concierto…

Keito sonrió, su rostro acercándose para depositar un beso en su frente y salir corriendo de ahí.

-Supongo… que era cuestión de tiempo, ¿verdad? – la voz de Inoo lo hizo volver sobre sus talones, acercándose a su propio despliegue de prendas, tomando la que seguía para salir ante el público - ¿Me vas a ignorar?
-Kei… Tú eres el novio de Chii, ¿por qué, me debes seguir molestando? – el mayor calló, dejando que el castaño respirara más tranquilo – Si Keito me ama… ¿por qué no puedo aprovechar y dejar que estos sentimientos florezcan?
-¿Crees que es lo correcto?
-Yo ya no sé lo que está bien o está mal - se sacudió un poco, ladeando el rostro para verlo – Pero, si yo te dejé libre para que fueras feliz… quiero que tú ya me dejes libre para que también pueda serlo…
-Daiki, no lo digas así que…
-Kei-chan! – le gritó, forzando una sonrisa – Nos llegamos a amar demasiado, pero… Ahora, yo quiero estar con Keito, ¿si? No necesito tu permiso…

El cabello negro del alto cayó despedido hacia abajo al agachar la cabeza, ocultando su rostro en un leve asentimiento.

-Esto, es lo mejor para ambos, es lo mejor para todos… Es lo mejor para ti, Kei

La otra llamada le salvó de acercarse a su ex novio, corriendo escaleras arriba para buscar con la mirada a aquel que le calmaba el alma, aquel que ahora era su ángel guardián, dejando atrás a lo que alguna vez su razón de ser.

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