INDEX DE FICS

Pues, compadeciéndome de que muchas se pierden con tantos tags que hay en el blog, decidí hacer un index entendible y fácil de seguir, así que provéchenlo y comenten♥:


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[Sorteo CERRADO: "Los regalos de Equizdé"]



Tercero en discordia [1]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Debo salir ya orz
: Imagine Dragons - It's Time
: Sala de estar D':

Título: Tercero en discodia
Autor: Satommy
Parejas: Inoodai
Género: Lemon~
Extensión: No sé e_e
Notas: PERDÓNAME CHANGO X'DDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD ok ya, lo siento, me demoré más de la cuenta orz le estoy poniendo 3 de setiembre como fecha de publicación pero la verdad es que está terminado de escribir el 5 de setiembre y ni siquiera está terminado orz Queridas lectoras ;___; créanme que lo quería hacer oneshot pero digamos que el trama se me alargó y ñeh, la cagué X'D no creo que pase de un two-shot o three-shot pero no me arriesgo a prometer nada[?] Igual ;3; ando haciendo mis serials pero la u y mi vida en general me llenan el tiempo libre eweUu Aadasdasd Les quiero y por favooooooooor X'D díganme qué tal les pareció este coso fail que hago siempre para esta fecha del mes orz
P.D.: Está enorme ;_; perdonen si no anda editado y si alguna falla ortográfica se me pasó Q_Q


La risa grácil que se hacía presente en la oficina le advirtió quienes eran las personas que estaban adentrándose en ella. Sus ojos, que estaban momentos antes pendientes del documento que estaba redactando en la computadora de última generación, se elevaron hasta admirar con descaro a la pareja que daba pasos acompasados y alegres. La joven era preciosa, el cabello castaño claro le caía por capas hasta la cintura y su piel, si bien no era de un blanco marfil, era de un tono de rosa tan suave que le hacía ver inocente y pura. Su figura no dejaba nada de envidiar aunque no fuera tan delgada y sus curvas no tan pronunciadas, cualquier mujer por pura envidia la criticaría al no considerarla a la altura de su prometido pero ciertamente era que ella, era hermosa y digna de su posición.
El joven que caminaba a su lado, no era de una talla mucho más alta que la de la joven pero a la vista y paciencia del resto, ello no tenía alguna importancia por lo hermosos que se veían juntos, eran la típica pareja de almanaque. Él también llevaba el cabello castaño, un tono que hacía que su piel se viera ligeramente bronceada, dándole un aspecto más agradable que el de una tonalidad pálida. Sus ojos irradiaban un brillo más intenso que el de cualquier otra persona con ese matiz pardo que poseían y su sonrisa, Inoo estaba seguro, su sonrisa opacaba incluso a la de su prometida.

El joven asistente contuvo el aliento y volvió a su trabajo, suficiente tendría que afrontar cuando la pareja decidiera acercarse a él a preguntar por su jefe y él, con la sonrisa digna de un Óscar por lo bien actuada que era, tendría que dejar su puesto de trabajo y acompañarlos a través del ascensor privado hasta el piso donde el magnate Arioka se encontraba.

Recordaba tranquilamente como había llegado a trabajar ahí mientras sus dedos tipeaban con delicadeza encima del teclado. Un acto de rebeldía frente a su propio imperio al negarse a obedecer a su propio padre, un hombre tan fiero y estricto que no aceptaba su manera de proceder en cuanto a negocios se trataba; Inoo lo recordaba con frecuencia, pero no lo recordaba porque lo echara en falta o por el deseo de querer volver a sus raíces sino que después de tres años de abandonar la mansión familiar, él estaba feliz ahí en ese asiento.

Porque entre esos tres años, en dos de ellos había estado albergando un tipo de obsesión insana por el heredero para el cuál ahora trabajaba y un odio irrefutable por su detestable prometida.

-Inoo-san, buenas tardes
-Buenas tardes, Arioka-san, Tachibana-san

La voz de Midori le alteró los nervios pero inmediatamente sonrió con amabilidad a la joven y a su pareja que la rodeaba por la cintura en un acto protector. Kei no era tonto y sabía perfectamente que Arioka creía que podía arrebatarle a su prometida al igual que había hecho con alguna que otra “señorita” de alguno de sus amigos, algo que le causaba gracia pues habían sido sus propios amigos los que le habían hecho ser el tercero en discordia.
Con un suspiro bien disimulado se inclinó con levedad al par y se separó del escritorio para tomar la tarjeta de identificación y así acercarse al ascensor que no tardó en abrirse.
Sus pasos fueron acompañados por el de los otros dos hasta entrar en el cubículo de cristal con vista a la calle.
Inoo se rió con disimulo al admirar como Daiki se removía incómodo por la vista a tantos miles de metros sobre el suelo, el rascacielos en el que ahora se encontraban no era por nada uno de los más conocidos a nivel mundial y entendía la sensación de vértigo que daba, mas él sabía disimularlo pero el otro joven era tan obvio al demostrar como el alma se le salía del cuerpo…

-¿Cómo has estado Inoo-san? ¿Has hablado recientemente con tu padre?

Uno de los motivos por los que odiaba con todo su ser a aquella mujer era por su impertinencia, porque no sabía mantenerse callada y evitar preguntar por temas que no eran de su incumbencia. Era estúpida e incapaz, ¿cómo podía ser una buena esposa así? Lamentablemente en su sociedad era tan juzgado aquel comportamiento y Arioka, no podía arriesgarse a tener una relación con alguien así pero nada podía hacer. Por ahora.

-No, Tachibana-san, mi padre está muy ocupado por lo que no he podido entablar una conversación con él desde navidad del año pasado. Gracias por su consternación con respecto al tema pero no debe preocuparse, usted ya debe cargar mucho estrés debido al planeamiento de la boda
-Oh no, eso no es problema alguno… Dai-chan, es de gran ayuda y se está encargando de todo, ¿verdad, querido?
-No es nada, Midorin…

Kei miró entretenido como a Daiki le costaba hablar al estar más concentrado en no demostrar miedo y tuvo que contener su sonrisa para no faltar el respeto a ninguno de los dos.
El pitido del ascensor sonó con crudeza, advirtiendo a los tres su llegada al piso destinado y con cuidado, el joven asistente pasó la tarjeta y digitó la clave para que se abrieran las puertas del cubículo. Con una sonrisa, el hombre bonachón que yacía sentado en un gran sillón detrás de un escritorio de cedro, les dio la bienvenida.

-Kei, veo que me has traído visita sin anunciar
-Discúlpeme Arioka-san, pero al ser su hijo con su joven prometida, he supuesto que la sorpresa le vendría bien, ¿es que acaso me he equivocado?
-Claro que no, muchacho, claro que no… - el hombre se levantó, caminando cerca de su asistente y dándole unas palmaditas en la espalda, además de unas pocas palabras que sólo él pudo escuchar - ¿Es que acaso tu sentido del humor es macabro? Te estás vengando de las horas extras que te mandé a hacer con las empresas de tu padre, ¿a qué no?
-Siempre tan perspicaz, señor – Kei le sonrió con amplitud y le dio una pequeña venia. Desde atrás la pareja los observó sin comprender bien el intercambio de palabras - ¿Me puedo retirar?
-No, no, claro que no – el señor sonrió con maldad al pelinegro – Prepárales unos cafés a mi hijo y su novia, a mí prepárame un vaso de Bourbon
-Lo que usted diga, señor

Daiki frunció el ceño con curiosidad, si bien no era el hijo perfecto y no había pasado tanto tiempo con su padre como para saber sus más oscuros secretos, sí sabía que no solía tomar porque no le gustaba y que solamente lo hacía cuando algo realmente le molestaba.

Una sonrisa se ensanchó en los labios, estaba alcanzando su objetivo.

Con caballerosidad, se acercó a los asientos delante del gran escritorio de jefe de familia y tiró de uno de ellos para ofrecerle el asiento a la joven mujer, sentándose luego a su lado y así conversar sobre los detalles de la futura fiesta que debían de celebrar en honor a su unión matrimonial.

Inoo en silencio, escuchaba con fastidio, definitivamente no estaba tan alegre como aquella joven pareja parecía estarlo.

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Estacionó su camioneta a la entrada de aquel lujoso complejo de departamentos en medio de la ciudad. Sus dedos acariciaron con delicadeza la mejilla de su prometida con tanta delicadeza que hizo sonrojar a la joven y además, la hizo sonreír. Con una pequeña inclinación de ambos, sellaron sus sentimientos con un beso lento y sutil, que buscaba llegar a más pero que ninguno de los dos se atrevía pues aún el intimar era raro.
No es que Midori no lo dejara o no es que él no la deseara, pero las veces que lo habían hecho habían estado tan fuera de lugar que no se atrevía otra vez a dar ese paso y además, quería esperar a que estuvieran casados para ambos tener más confianza en aquella relación.

Ya tenían algún tiempo saliendo, tal vez un año y medio, cuando le propuso matrimonio y entonces establecieron su alianza como comprometidos por unos dos años más. No tenía apuro en casarse pero sí había decidido que quería que fuera ella quien fuera la madre de sus hijos por lo fuerte y liberal que era, le encantaba cómo no tenía reparo en decir las cosas y cómo es que siempre luchaba por lo que quería. Le fascinaba cómo peleaba por sus empresas y cómo se había ganado el respeto de muchos grandes empresarios.

Aunque bueno, de todos menos de su padre.

Daiki le acomodó el flequillo que graciosamente caía por el costado de su rostro detrás de su oreja, besando su frente y luego su nariz con sutileza.

-Te amo
-También te amo, Daiki…

La joven lo abrazó con fuerza y luego se bajó del automóvil que seguía con el motor prendido. Era jueves y como cada única vez en la semana, su prometido se iría a reunir con sus amigos a aquella lujosa penthouse en una de las islas más caras del país. El viaje en helicóptero era seguro pero siempre le ponía de los nervios que fuera porque jamás se enteraba de lo que ocurría ahí.

-¿Te portarás bien? No confío en Nakajima…
-Midori-chan – el castaño rió – Es normal que quiera festejar, sigue dolido por su rompimiento
-Shida no lo merecía – susurró la joven – Aún no me puedo creer que Inoo-san hiciera algo así
-Las personas no siempre son lo que parecen – Arioka miró de soslayo hacia la calle y luego a ella – Tú nunca me harías algo así, ¿verdad, Midorin?
-Dai-chan – su largo cabello se agitó con el viento y ella se acercó hasta apoyar las manos en el asiento de copiloto, de aquella forma pudo inclinarse y volver a besarlo – Para mí, tú eres perfecto y al único que quiero conmigo… No tendría por qué engañarte o dejarte, somos uno, Dai-chan…

El joven rió ante su cursilería que le hizo apenar sin querer admitirlo, le devolvió el beso y antes de marchar, esperó a que su prometida se adentrara en aquel edificio oneroso que se alzaba impolutamente blanquecino ante él. Se quedó en silencio un segundo y luego quitó el freno para seguir con su camino.

Aquella noche, sería como todos los jueves y por fin, no vería a Inoo Kei en una reunión con sus amigos. Sonriendo complacido con aquel pensamiento, giró el volante del carro para encaminarse por la autopista al centro. Tendría que dirigirse a uno de los edificios que poseía su familia para poder hacer uso del helipuerto y así, dirigirse al balneario exclusivo donde la fiesta semanal se realizaba.

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-Sé que todos acá, somos unos caballeros pero podrías por favor Inoo, ¿darnos detalles de tu trabajo sucio?

Takaki mecía su copa en la mano derecha, dejando que el líquido ámbar se meneara sensualmente antes de seducir a sus labios y perder su completa esencia al ser tomado por él. La escena se repitió unas tres veces hasta que Kei rió entre dientes, tomando de su copa de vino mientras pasaba un brazo por los hombros de Yuto y le daba un pequeño apretón.

-Nuestro joven aprendiz se equivocó, Shida Mirai-chan no era virgen y… - le guiñó el ojo al menor – Sinceramente, ha sido de las peores experiencias sexuales que he tenido el poco placer de experimentar
-¿Cómo podría interesarte si es que a ti más te van los…?
-¿Tienes el descaro de venir acá y abrazarlo? ¿Qué acaso los Inoo no tienen una buena educación?

La voz de Daiki resonó en toda la sala de la residencia, haciendo que los asistentes giraran a verlo con una sorpresa inédita. Yuto no pudo terminar su frase pero contuvo una sonrisa insana, mirando a Yuya y ambos encogiéndose de hombros se decidieron por marchar.
Kei les lanzó una mirada asesina y luego se giró a observar al hijo de su jefe con tranquilidad fingida.

-Nakajima-kun es tan amigo mío como tuyo, no entiendo el por qué ofende a mi familia, a mi educación y a mi
-Vamos Inoo! No tienes que hacerte al decente conmigo, yo sé la clase de calaña que eres, sé lo bajo que te comportas sólo porque quieres lo prohibido. Lo hiciste con Mariya, la prometida de Yamada-kun y ahora con Shida, la prometida de Nakajima… ¿Quién más está en la lista? ¿La prometida de Takaki o la de Chinen-san?

“Chinen ya dejó a su novia… Pero le sigue pagando para mantener apariencias y tener una excusa mientras se va con Takaki”

Kei rió otra vez, entre todo aquel grupo que se reunía en aquella penthouse, solamente eran Okamoto, Yabu, Yaotome y Arioka los únicos heterosexuales hechos y derechos, todo el resto era simplemente unos hijos bien criados bajo el estándar de dar nietos a sus tan respetadas familias pero que disfrutaban más de las relaciones homosexuales.

El rompimiento de aquellos compromisos de los que el menor lo estaba acusando, a pesar de ser ciertos, cargaban con un trasfondo mucho más complejo que el sexo con una mujer fácil y codiciosa. En realidad, trataba de un contrato hecho con sus dos amigos para poder dar una excusa basada en la infidelidad para terminar con aquellas relaciones que ellos no deseaban y si algo le gustaba más a Inoo además de Arioka, era definitivamente el dinero.

Unos cuantos miles de dólares por encamarse a una y a la otra, dar pruebas y simplemente ayudar al otro par a librarse de sus ataduras para vivir sus locuras a escondidas de la sociedad, no sólo incrementaba su cuenta bancaria sino que también, le ayudaba a ganar fidelidad con dos de las más grandes empresas de Japón, la entereza de una fuerte amistad con el par y además el placer de que le deban favores. Simple y sencillo, él no tenía nada que perder.

El mayor se encogió de hombros ante su pregunta, no pudiendo decir nada porque creía que terminaría riéndose por la inocencia y torpeza del otro, ¿cómo es que si Kota y Hikaru podían decir sin lugar a dudas que Yuto y Ryosuke tenían un amorío, él que era mejor amigo de ambos no podía siquiera decir dónde se desaparecían cada jueves por la noche cuando la reunión llegaba a su climax?

-¿Qué? ¿No piensas responder?
-Arioka-kun – enfatizó el apelativo para recordarle que él seguía siendo mayor aunque trabajara para su padre – Fue el mismo Nakajima quien me ha invitado a la reunión, por lo que a mí respecta… No le debo alguna explicación a usted – sonrió al ver la sorpresa en sus pequeños ojos pardos – Con su debido respeto, me retiro

Daiki lo vio partir con un rostro de pocos amigos, aquel tipo le ponía los nervios de punta y no sólo era desde aquel evento que salió en las noticias sobre la infidelidad con dos mujeres conocidas por sus buenas familias, sino desde el mismo momento en que lo vio sentado en el escritorio donde siempre estaba el asistente favorito de su padre.
Suspiró rendido y tomó de la bandeja del mesero que pasaba por su lado, una larga copa de champagne. Si quería quedarse ahí hasta una hora prudente para no faltarle el deber a sus amigos, lo mejor sería embriagarse siquiera un poco.

-¿Sigues sin soportar a Inoo?
-Deberías dejar de aparecerte por detrás de las personas, Hikaru – susurró el menor que apretó los dedos alrededor del cristal al casi gritar del susto. Era patético ser tan infantil a su edad y más, al ser hombre - ¿Cómo estás? ¿Lograron cerrar el contrato con China?
-¿Es que acaso no piensas en nada más que en trabajo? – rió el joven a su lado – Sí, firmamos el contrato y el primer embarque de mercadería lo enviaremos este fin de mes, ¿cómo te va con Midori?
-No es que sólo piense en trabajo – “no sé qué más hablar con ustedes”. El pensamiento le cruzó la mente pero mantuvo sus labios sellados, entreabriéndolos apenas para tomar algo más del dulce líquido que le causaba cosquillas en el vientre – Muy bien, ya hemos seleccionado el local donde será la recepción… Tiene un enorme candelabro que le da un brillo especial al piso y…
-¿Tan animado estás por casarte, Dai-chan? – la voz de Ryosuke le cortó y pronto recibió en sus brazos a su mejor amigo que no dejaba de darle palmadas en la espalda – Deberías conocer a más personas antes de por fin querer ponerte el compromiso al dedo, ¿cuántos tienes, 26?
-Tengo 24 – tosió el joven, mirando a Hikaru que no dejaba de reír - ¿Qué tiene de malo que ya quiera casarme y tener una familia? Que yo sepa, tú también querías una con Mariya…
-No, no – el otro chico que también era tallas más bajas que Yaotome pero igual que Arioka, movió el dedo de lado a lado en una negación – Yo no quería ni casarme ni hijos, eso quería mi madre pero ahora que el abuelo ya me heredó el imperio no tengo por qué seguir sus estúpidos deseos.

Yaotome movió la cabeza en desaprobación pero seguía sonriendo, en cambio Daiki lo veía con asombro y hasta indignación. Eso era tan irreal y tan cliché que quería golpear a su mejor amigo del asco que estaba sintiendo.

Aunque bien podía ser que el asco se debiera a la copa que se había terminado sin darse cuenta. Buscó al mesero y cuando lo vio cogió una copa más, sólo que esta vez de un cóctel que al probar comprobó que contenía algo de vodka y un algo más que sabía a whiskey.

-¿Por qué nunca me lo comentaste? Creí que éramos mejores amigos
-Y lo somos, Dai-chan… Pero es que tú eres tan correcto, que era imposible confesarte algo así y más el cómo…
-Shhhhh - Yamada sintió un par de manos taparle los labios y miró hacia arriba para observar a Inoo que lo regañaba con sus ojos negros – Lo siento, lo siento… Después seguirán conversando pero por ahora, debo llevarme al joven Yamada

Arioka apretó los dedos en su copa nuevamente vacía y miró como el estúpido asistente de su padre, marchaba con toda confianza con el amigo que se supone había traicionado al acostarse con su prometida.

¿Es que acaso la humanidad se había vuelto loca?

Indignado como estaba, marchó con Yaotome al grupo de jóvenes que estaba cerca al bar y cerca de un escenario improvisado al centro de la sala. Su “mejor amigo” se había ido y no podía ir con él porque estaba con el detestable tipo que quería muerto, así que no le quedaba más que socializar con otros conocidos con los que apenas alguna vez en su vida había hablado.

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Yuto observaba desde el balcón del mezanine el cómo su reunión iba tomando fuerza, cómo es que las bailarinas que había contratado ya tenían cerca de dos horas bailando en sus sitios a vista y paciencia de sus demás invitados. Reía de ver como Keito derramaba el licor en la alfombra al entorpecerse tanto al nunca haber estado tan cerca de alguien con tan poca ropa y negaba divertido de cómo Yabu y Hikaru rechazaban a la mala a las mujeres, fingiendo que no les llamaba la atención sus danzas de vientre. En algún lado podía observar como Tamamori invitaba a una de las mujeres a irse a algún lugar, algo que suponía por el fajo de dinero que mostraba y la insistencia de sus ojos, le causaba gracia pero sabía que no surtiría efecto alguno, él les había pagado muy bien como para que no quisieran irse a manchar la reputación de alguno de sus “amigos”. Apoyó las manos en la madera pulida y se asomó para ver un poco más del espectáculo que le brindaban sus invitados: Chinen estaba a un lado, peleando con Takaki porque el joven había entregado un par de billetes a una de las damas y por ahí cerca, su novio estaba al lado de Arioka, el mayor entre el par llorando como una niña por lo ebrio que estaba.

¿Por qué lloraba? No sabía, ni quería saberlo. Le agradaba Daiki y le tenía un gran aprecio pero ciertamente prefería evitarse todos los dramas posibles, además en su relación el que tenía el corazón noble era Ryosuke.

-¿Admirando como siempre el teatro de la humanidad? La semana pasada trajiste un buffet, ¿por qué ahora strippers?
-Se me apetecía – rió de lado el menor hacia Inoo quien se acercaba hasta acomodarse a su lado - ¿Por qué sigues acá? Pensé que ya te habrías marchado a satisfacer tus bajos instintos con el vecino de abajo
-Que me guste el sexo con Kohei no significa que quiera algo serio, además – hizo un ademán con el rostro hacia abajo – Hoy esto se ha vuelto interesante, ¿no lo crees?

Yuto frunció el ceño al no entenderlo y siguió con sus ojos la trayectoria de la mirada de su acompañante, encontrándose pronto con Daiki que estaba ahora de pie, secándose las lágrimas y gritando improperios como cualquier borracho sin educación que habían en la calle.

-Definitivamente, está para un video de chantaje – confirmó el alto pelinegro, fastidiándose al notar que era Ryosuke quien seguía cuidando de Arioka – No entiendo qué le ves
-¿Y quién dice que yo le veo algo? – Inoo se tensó, girándose en su sitio para darle la espalda al primer piso y observar los sofás del mezanine. Por ahí ya había una que otra pareja heterosexual cometiendo adulterio – No entiendo cómo es que dejas pasar a las amantes de Yamashita y Akanishi para que hagan porquerías en tus muebles
-Alto ahí Inoo, no me cambies de tema – escuchó el suspiro del mayor pero él siguió hablando de todas formas – Se va a casar y tú te quedarás con las ganas
-Ahí va el error de todos ustedes, yo no le tengo ganas al hijo de mi jefe
-Por favor – se burló el más joven – Me dices aprendiz porque todavía no se mancharme las manos sin que nadie me descubra pero no soy idiota, se te va la mirada cuando está cerca y finges ser alguien tan correcto cuando no lo eres. Vamos Inoo, que si no te apuras pronto va a tener una alianza en el dedo y un niño en los brazos
-No Yuto, no le tengo ganas – por sobre el hombro, miró hacia el punto donde Yamada sostenía al pelicastaño para que no cayese y suspiró – Más o menos, creo que estoy enamorado de él o algo que podría llamarse más que sólo “tenerle ganas”, no lo sé

Nakajima que le daba un largo sorbo al vaso de ron que acababa de coger, escupió todo el licor hacia el suelo de mármol mientras estallaba en carcajadas, no creyéndose ni un poco lo que el otro le decía.

-Eres Inoo Kei, tú no te enamoras
-Exacto – contestó a su amigo con fastidio mientras miraba con desprecio a la pareja que se comía a besos delante suyo - ¿Ya me entiendes?
-Ciertamente, no. Pero supongo que es lo mismo que sucedió conmigo y Ryosuke
-No compares mis sentimientos puros con tus ganas de sexo salvaje con Yamada – el mayor puso sus manos encima del corazón y fingió su mejor cara de inocencia – Me dañas
-Cállate, imbécil – le dio un pequeño golpe en el hombro y rió – Pero si me preguntas, el sexo es la mejor forma de romper el hielo
-¿Habló la voz de la experiencia?
-Exactamente, amigo mío… - Yuto tamborileó los dedos sobre su vaso aún medio lleno y se separó del balcón unos pasos – Si no me hubiera acostado con él aquel día, ni él ni yo hubiéramos conocido lo que queríamos. No nos hubiéramos obsesionado mutuamente y finalmente, no nos hubiéramos… ¿cómo dijiste? “Algo así como enamorado” – le guiñó un ojo al mayor que mantenía una expresión seria en su rostro – Tú ya tienes la obsesión, ¿no te gustaría que fuera mutua?

Nakajima se marchó después de decir eso, bajando las escaleras hasta el lugar que tenía toda su atención desde aquel punto. Sus cejas se enarcaron sorprendidas al notar que el menor había acudido a buscar a su novio porque tal vez, los celos lo iban carcomiendo al verlo tan cerca de otro hombre y no evitó darse cuenta que ya se marchaban, como siempre, por aquella puerta lateral que daba a un cuarto privado para ambos. Ese cuarto donde se escondían todos los jueves y quién sabía qué otros días para hacer sus… Intimidades.

-¡Yama-chan!

La voz de Daiki atrajo toda su atención, el joven estaba apoyado contra una pared apenas y pudiendo ponerse en pie, tratando de mantenerse en equilibrio con tanta torpeza que daba pena y estaba empezando a llamar la atención de los demás invitados. Kei apretó la mano libre en un puño y enfiló sin miramientos hasta el primer piso, no es que le diera celos la idea que alguien más lo cuidara pero las palabras de Yuto estaban tan frescas en su mente ligeramente alcoholizada que no pudo controlarse. Era ahora o nunca.

Y a él, no le gustaba no probar lo prohibido.

Daiki tenía razón en eso.

Con una sonrisa de suficiencia y con un largo trago en seco y volteado de una copa de whiskey que encontró por ahí, dirigió su ansioso cuerpo hasta el menudo joven que seguía apoyado en una columna, sin entender bien dónde estaba ya y con la cabeza dándole vueltas.
El mayor hizo uso de sus mejores dones de galantería y lo cogió de la cintura justo cuando iba a caer al suelo, apoyándolo bien contra la pared para luego susurrarle muy despacio en el oído y que así el menor no perdiera detalle de sus palabras por culpa de la música estridente que salía del equipo de sonido.

-Acompáñame… -directo al grano y sin preámbulos. Tan ansioso estaba que sus palabras habían escapado de sus labios cuando menos lo esperaba – Arioka-kun, estás mal y necesitas descansar
-Nnooo yo te odio! – Daiki hipó y el mayor acarició sus caderas por sobre la ropa en respuesta - ¿Q-qué… haces? Suéltame, Inooooooo
-Shhhh no hagas tanto ruido – se separó un poco de él, mirándolo con una pequeña mueca - ¿Qué quieres a cambio porque me acompañes para hacerte recostar?
-¿Puedo pedir lo que sea?
-Sí, lo que sea

A Kei siempre le había gustado aquel juego del “Lo que sea”, porque era algo con trampa que siempre podía hacer admitir a una persona sus más oscuros deseos sin en verdad revelarlos como algo propio, pues eran con un juego y eran “cosas pedidas por pedir”. Se relamió los labios al observar el rostro aniñado del joven frente suyo dudar de lo que quería decir.

-Yyo… yoooo – se mordió el labio y sus ojos se humedecieron para sorpresa del otro – Dime por qué mi papá te quiere tanto

Un enorme “¡¿Qué?!” se dibujó imaginariamente en su cerebro y por poco se daba un golpe él mismo en la cara al no creerse la idiotez del heredero Arioka. Si bien era inteligente para algunas cosas, para otras no quedaba duda de lo tonto que era. Lo observó en silencio mientras el menor se secaba las lágrimas con el dorso de la camisa de seda que tenía puesta y sonrió segundos después al analizar sus opciones, tal vez podría usar su estupidez en su favor.

-No hay una razón en realidad, simplemente es porque soy útil en el trabajo
-Esso es mentiraaa, yo soy mejor para los negocios pero él sigue confiando más en ti, no es justo… Eress un commpleto idiotta!
-¿Por qué no puedes pensar que soy menos malo de lo que crees? ¿Eh?
-Se te nota en la cara!

Contuvo de reírse con malicia al verlo tan infantil con esas respuestas. Era todo un niño engreído y realmente le sacaba de quicio pero no había duda que le gustaba y en esos momentos, tampoco podía negar que moría por besar sus húmedos labios bañados en licor que se abrían y cerraban al respirar agitadamente por ellos.

-Daiki, ¿alguna vez has probado el sexo gay? – sabía que se estaba arriesgando, pero si Daiki era tan niño como lo aparentaba, la pregunta surtiría el efecto que buscaba
-¿Qué? – fue como si de pronto el lugar dejara de dar vueltas y él estuviera sobrio otra vez, sus ojos enfocaron al pelinegro y frunció el ceño - ¿Qué se supone que significa eso?
-Que todos en esta sala, lo han hecho con otro hombre y han comprobado su sexualidad menos tú – confesó una media mentira entre su embriaguez y sobriedad, sonriendo de lado y bajando el tono de voz para tentar a su presa. El castaño tenía los ojos bien abiertos y los labios entreabiertos sin saber qué decir – No te puedes casar sin antes haberlo probado, ¿verdad?
-Y-yo no… A mí no me gustan los hombres

El menor giró sobre sus talones para marcharse de ahí pero las manos del alto lo cogieron firmemente otra vez para que no cayera al ser tan imprudente y olvidarse su deplorable situación. Sólo que esta vez su toque le puso alerta, la sensación de sus dedos en su cuerpo le produjeron un tipo de corriente que le atravesó por el centro mismo del estómago y lo paralizó, asustado de lo que estaba sintiendo.

Era como un calor asfixiante que nacía ahí donde lo tocaba y se esparcía por cada centímetro de piel hasta acaparar sus poros y sumergirse en su sangre, llenándolo por todos lados con la rareza de aquel contacto. Le estaba quemando el cuerpo por dentro y no entendía el por qué, ni sabía cómo apagarlo.

-Vamos

Su cuerpo fue enviado con suavidad hacia delante y sus pasos empezaron a marcar un trayecto que desconocía. Inoo era quien tenía el control, era como si lo hubiese doblegado tan sólo con su cercanía y no podía retomar el poder sobre su propia consciencia, caminaba por caminar y su corazón latía con fuerza con cada segundo que pasaba. Estaba nervioso, porque tenía una idea de a dónde lo dirigía y estaba asustado.

Pero la curiosidad del hecho ya estaba instalada en su pobre mente frágil ahogada en alcohol.

Sabía de antemano que él era alguien que no encajaba en aquella reunión, lo sabía porque era sólo con Nakajima y el resto con quienes podía hablar más o menos, mas no con los demás asistentes que lo consideraban un aburrido bicho raro. Sabía que no lo invitaban a otras reuniones y sabía que si no hubiera nacido como un Arioka sino como alguien de menos status entre los ricos, ni siquiera se molestarían en hablarle.

Aun así, no pensaba que el detalle que los diferenciaba era que todos habían tenido una experiencia del otro tipo. O bueno, él nunca por lo menos había tenido curiosidad al respecto pero que los demás ya lo hubieran vivido… ¿Por qué él tenía que quedarse de último?
Parpadeó atontado cuando el sonido de una puerta abrirse le hizo volver a su presente, apareciendo ante él una hermosa cama de dosel con un cobertor rojo de terciopelo. El color le atrajo y sin ayuda del otro joven que caminaba tan pegado a él, se adentró en la habitación.

Inoo se apoyó contra el marco de la puerta, dudando una vez más sobre los actos que estaba a nada de cometer si juntaba el valor suficiente, ¿algo así se podía juzgar como algún tipo de violación si es que ambos estaban bebidos? Si Daiki se negaba, definitivamente no lo haría. Lo que menos quería era dañarlo o hacer que lo odiase, pero si había la remota posibilidad de poseerlo…

-¿Cómo sabes que los demás ya lo han hecho?

Kei miró a sus pies medio riendo, moviendo la cabeza unos centímetros hacia arriba para luego observar de reojo al menor que ahora yacía sentado en uno de los bordes de la cama, meciendo sus pies que no llegaban al suelo por su corta talla. Se quedó en silencio, analizando otra vez todas sus posibilidades y barajándolas para crear la combinación más óptima para sus fines.

Si quería tenerlo seguro, lo que debía hacer era embriagarlo un poco más como para dejarse hacer lo que fuera pero lo suficiente para que se mantuviera consciente y recordara lo ocurrido. Debía cuidar de darle la dosis exacta para que no vomitara por su nivel de alcohol en la sangre, pero también la mínima como para desinhibirlo.

Tal vez Inoo se fuera a ganar un gran problema con Yuto por utilizar su habitación para sus andadas pero sabía que al final, el menor lo perdonaría.

Cerró la puerta tras suyo y echó la llave, sintiendo sin necesidad de ver cómo es que era que el otro joven se tensaba en su sitio y se ponía otra vez la defensiva.

-Relájate, no te voy a hacer nada

Faltó un “por ahora” en su oración pero lo dejó al aire, Daiki podía ser tonto pero tampoco era tan iluso y si había llegado hasta ahí, ya debía tener alguna idea vaga sobre lo que podía suceder. Mientras caminaba se iba soltando la corbata de color platino que adornaba su cuello por sobre la camisa negra, estirándola un segundo luego para tirarla encima de uno de los sofás que adoraban la habitación en uno de sus rincones. Se acercó con paciencia hasta la mesita donde había unas cuantas botellas de licores y cogió la de cristal con un líquido de color turquesa.
El gin zafiro era uno de los favoritos de su amigo y para la ocasión, era perfecto. Cogió uno de los pequeños limones en trozos que estaban en una pequeña bandeja de plata y fue preparando dos bebidas, se demoraba a propósito, esperando a que el menor pudiera bajar un poco su ebriedad por cuenta propia.

-No respondes

Daiki hablaba con oraciones cortas y concisas, evitando pensar de más en cómo armar frases completas y enfocando a su mente en cómo mantenerse en una pieza y vestido en aquel lugar. Su sien le estaba palpitando por tanta bebida, arrepintiéndose ya de por si por haber tomado mucho y haber sido tan imbécil para dejarse llevar de manera tan fácil a aquella habitación. Era una completa víctima debido a su incapacidad de raciocinio en los momentos cruciales, era consciente de ello y aún así, no había tomado precaución alguna o siquiera, ideado alguna vaga excusa para librarse de eso, aunque si debía admitirlo, tampoco tenía tantas ganas de eludir el futuro encuentro.

-Digamos que algunos de ellos lo probaron conmigo y los otros, con conocidos – se encogió de hombros, otra vez medio mintiendo al responderle - ¿Quieres detalles acaso?
-¡¿Qué?! NO! ASCOOOOO

El pelinegro rió con ganas al verlo cubrirse el rostro con las manos, meneando la cabeza como si estuviera indignado de lo que acababa de decir. Divertido se acercó a él con uno de los vasos llenos de bebida, adornados en el borde con un poco de sal.

-Sonará impertinente, Arioka-kun, pero ¿tiene curiosidad sobre lo que se siente?

El silencio se deslizó coqueto entre ambos y Kei no dudó más, con confianza implantada en su comportamiento hasta ahora vacilante, se acercó al menor y le brindó la bebida, volviendo a alejarse del menor, que disimuladamente, lo observaba por el rabillo de los ojos. Evitó demostrar que podía leer el comportamiento del castaño y se dirigió a encender el equipo de sonido, conectando el cable AUX a su propio celular darle play a algún remix que tuviera y que pudiera ayudarlo en la ocasión; no por nada le decían “maestro” sus amigos, pues siempre estaba bien dotado de herramientas para lograr sus objetivos pero era consciente que nunca pensó obtener a su “amor platónico”. Y ahora que ese tan llamado “imposible” lo observaba desde la cama, definitivamente debería de echarle mano a todos esos años de práctica empresarial para ganar terreno y ganar el partido, aunque ahora debiera emplearlo en algo un poco peculiar.

La música sonó insinuante por los parlantes, llenando la habitación de una agradable armonía que erizaba la piel y le daba al cuerpo un calor indescriptible. Kei sorbió del licor al buscar un poco de paz y relajación para no arruinar el momento, moviéndose con lentitud en un intento de bailar. Lo admitía, era pésimo para tonterías así pero creía ciegamente en que esfuerzo –pseudo humillación– valdrían la pena. Sentía que Daiki se ponía más nervioso pero el sonido que sus dientes hacían al chocar contra el vaso de cristal al beber el gin, algo que no hacía más que darle ánimos y que sólo afianzaba su confianza, esa era su noche sin lugar a dudas.

Giró sobre sus talones con un movimiento perfecto, dirigiéndose a aquel punto en la cama donde el menor seguía sentado y con sus ojos clavados en su cuerpo. Con elegancia le tendió la mano derecha que era la que tenía libre y lo invitó a que lo acompañase, cuidando de no faltarle el respeto a esa masculinidad que el menor se esforzaba muchas veces en demostrar. El castaño dudó, pero al final Arioka lo hizo sin temor alguno aunque no hiciera más movimiento que el de sus pestañas al abrirse y cerrarse, esperando a que el otro le ensañara ello que tanto insinuaba pero el mayor sólo le sonreía, haciéndole confundir.

-Espera... espera – Arioka retrocedió unos pasos, recordando de pronto – Yo estoy con Midori-chan! Yo no puedo hacer nada raro
-¿Eh? Dai-chan, no estamos haciendo nada - sonrió al pensar que otra vez dejaba la frase sin concluir, pues un “aún” debía acompañar el final de su oración.

Con proeza y a pesar de la mirada acusante del menor, lo tomó de la cintura con una sola mano y lo hizo virar hasta que le diera la espalda y él se acercara a su cuerpo por detrás, pegando el pecho por entre sus hombros. Daiki dejó caer el vaso vacío de gin al suelo debido a la sorpresa y agradeció que no se rompiera gracias a aquella pomposa alfombra que recubría toda la extensión de esa superficie. Con un suspiro sutil se dejó hacer, su cuerpo reaccionando por mero impulso y su mente, nublada por la extraña situación.

No quería ser un cobarde, no quería quedarse atrás… No quería que Inoo Kei luego se burlara de él.

-¿Haces esto con todas y todos? – habló para amenizar el ambiente, queriendo que sus nervios no se acoplaran a sus palabras y así, pudiera distraerse siquiera unos segundos

Kei rió muy despacio, bebiendo lo último de su propia copa para que luego simplemente la dejara caer al lado de la del pelicastaño. Una vez tuvo ya ambas manos libres, lo tomó firmemente de la cintura para que su cuerpo estático fuera dirigido a su voluntad y así empezara a moverse rítmicamente.

-No, eres el primero
-Mientes
-Siempre miento – dijo tranquilo, rozando suavemente su entrepierna con la retaguardia del menor – Pero ahora, no tengo por qué
-¿Ah sí? ¿Y por qué no?
-Porque los demás son fáciles de poseer, y además, odio bailar

Daiki rió atontado por la bebida y divertido por la confesión, sus caderas lentamente cogiendo el ritmo del meneo sugestivo entre sus cuerpos y gustándole el poder moverse de una forma como nunca antes lo había hecho por su imagen pública. Se sentía libre de alguna forma.

Quería decir algo más pero las palabras no aparecieron, y justo en ese instante, el mayor se inclinó hacia delante para tomar con sus labios un pequeño tramo de su cuello que no tardó en besar con delicadeza, cuidando de no dejar alguna marca en aquella deliciosa piel tostada. Kei no se creía aún que estaba probando por primera vez al castaño. Sus manos lentamente pasaron de sujetar sus caderas a rodear su cintura con algo de fuerza, sus cuerpos seguían moviéndose lentos pero la distancia se había hecho nula y los roces podían sentirse con mayor plenitud, la ropa no ayudaba pero la fricción que se producía a causa de sus movimientos insistentes, le daban un efecto extra a la situación.
El joven que estaba adelante deslizó sus propios dedos por encima de aquellas manos que lo sujetaban, experimentando con placer algo que no había vivido antes. ¿Qué era eso? No podía darle un nombre pero la presión dura que podía sentir cerca de su trasero, era exasperante. Le llamaba, le incitaba a probarlo.
Kei lo dirigía, lo llevaba hacia delante y luego hacia atrás, empujando sus caderas contra su pequeño cuerpo para fingir una embestida lenta, tentándolo lo suficiente como para que perdiera la cabeza mientras sus labios seguían comiéndose a besos cada parte descubierta de su piel. La música se volvía más sensual con los segundos que pasaban y la bebida ya surtía efecto en su sangre.

Cuando Daiki gimió, Kei supo que podía reclamar el premio mayor.

Lo giró con cuidado hasta tenerlo frente a frente, el rostro sonrojado del más bajo podía verse con claridad gracias a la luz de la luna y de los reflectores de la penthouse que asomaban por las ventanas abiertas. Sabía que su cometido estaba cumplido y no tenía por qué cerciorarse de ello, pero lo vio tan vulnerable y disponible que simplemente se dejó llevar. Aún sujetándolo por la cintura, volvió a deslizar las palmas a sus caderas para mantenerlo firme y se inclinó hacia él, apoyando la frente sobre la ajena para que sus ojos no perdieran detalles el uno del otro.

-¿Daiki… quisieras probar?

Un asentimiento lento fue toda su respuesta, las palabras no salían de los labios del menor pero a él le bastaba su gesto, con ello ya podía dar rienda suelta a sus deseos.

La mano derecha bajó lenta hasta encontrarse con el botón del pantalón de sastre que llevaba puesto, soltándolo con mucha suavidad para finalmente deslizar la bragueta hasta lo último. El bulto que asomaba bajo la camisa y el bóxer, por poco y le hicieron perder los estribos por lo duro que estaba y por cómo había humedecido la tela que cubría la punta, pero respiró y se concentró en los ojos pardos que lo veían más brillantes que segundos antes. El menor, conteniendo la respiración en antelación a lo que iba a hacerle. Con una sonrisa satisfecha, deslizó los dedos a aquel punto húmedo que podía sentirla con la yema de los dedos y apretó con suavidad, obteniendo otro gemido de los labios del castaño, sólo que ahora mucho más entregado que como cuando estaban bailando.

Retrocedió apenas, llevando al menor con él aunque podía asegurar que este estaba tan absorbido por las pocas caricias que estaba recibiendo que lo hubiera seguido al fin del mundo con tal que lo siguiera tocando, y si era así, definitivamente Kei lo aprovecharía.
Se sentó en la cama cuando la logró alcanzar, dejando al menor en pie para que ahora la visión de su cuerpo fuera panorámica y más estrecha, eso sí, con su parte baja.

-Quédate quieto

Quería tomarse su tiempo y disfrutar, por lo que dejó de tocar su duro miembro y lentamente fue en subida, desabrochando los botones de la camisa rosa de seda que poseía el menor. Su piel bronceada fue asomando con cada nueva abertura que se abría, y él la tocaba con suma delicadeza, tratando de procesar su textura y memorizar cada lunar que había en su joven cuerpo. Al llegar al último botón, miró a Daiki quien no supo cómo entendió, pero dejó caer las prendas hacia el suelo, quedando desnudo de la cintura para arriba y a merced del mayor.

En algún rincón de su cerebro, había una vocecita que le gritaba que se detuviera pero todo se sentía tan bien, que no le importó ignorarla. Daiki quería sentir más de aquel prohibido placer.

Inoo se inclinó hasta que tomó el ombligo por el contorno y lo besó, tan sólo por el impulso y porque era el lugar más cercano a su rostro pero la respuesta a su acción le derritió. Arioka tembló de pies a cabeza y tuvo que apoyarse en sus hombros para no perder el equilibrio, su respiración ligeramente agitada ahora estaba acelerada drásticamente. Sonrió ladino y lo abrazó por las caderas, sumergiendo su lengua en el pequeño agujero de su vientre para robarle uno y otro gemido agudo al castaño, su cuerpo menudo temblando en segundos por el placer asfixiante que ahora estaba experimentando. Una zona sensible, al parecer.

-I-Inoo… detente… esto está mal, está mal… - decía, pero sus manos sujetaban su cabello, enredando los dedos en cada hebra ondeada del pelinegro – Maldición, si esto sigue así….
-¿No quieres sentirlo?

Daiki calló cuando las manos que lo sujetaban iban deslizando de a pocos las prendas que aún quedaban sujetas a su cuerpo. No las retiraba una por una, sino que quitaba de frente su ropa interior junto con el pantalón, liberando sin pena alguna su erección palpitante y roja, además de húmeda porque su líquido pre-seminal ya se había segregado por la excitación. Arioka mordió su labio inferior y miró hacia esos ojos negros que lo estaban devorando con la mirada, ¿qué es lo que hacía que Inoo lo deseaba? Siempre habían tenido una mala relación, siempre habían sido como perro y gato, siempre…

-¡MIERDA!

Sus pensamientos fueron cortados de golpe cuando la boca ajena tomó posesión de su pene y lo introdujo por completo en su cavidad. Chupando con pericia la extensión de su falo, lamiendo y succionando en las partes correctas y presionando en aquella abertura tan desquiciante que le hizo por poco correrse. Sus uñas se clavaron en su cuero cabelludo y tiró de su cabello, gritando entre sollozos de placer por lo delicioso que se sentía ello. Susurrando su nombre en reclamos inéditos porque quería más de aquella boca prodigiosa.

Midori nunca le había querido hacer un oral porque no era “normal”, eso no lo hacían las damas.

Midori… ¿Midori? Midori y un carajo, la amaba pero definitivamente, ese momento podía opacar con creces todos los momentos que había tenido con su novia.

Los labios de Kei apretaban la punta de su miembro y luego volvían a deslizarse hasta la base, asomando la lengua para lamer las gónadas debajo de éste, volviendo luego a retirarse para otra vez comenzar con su recorrido. Sus manos lo movían suave para que sus caderas tuvieran un ritmo perfectamente sincronizado, ambos gimiendo con sus respiraciones entrecortadas y el menor, aferrándose a la cordura para no volver a chillar de placer.

Entre sus destellos de consciencia, observó la ropa fina que el mayor seguía vistiendo, frunciendo el ceño por lo incorrecto que eso se sentía en su mente achispada por la bebida. Si él estaba desnudo, definitivamente el otro también debería de estarlo. Sin algún cuidado, fue tirando del saco que le cubría y Kei, mientras seguía con su felación, elevó los brazos para que la prenda desapareciera, no tardando en ir con ella la camisa que antes lo había estado cubriendo con algunos botones menos por la brusquedad en la que había sido arrancada de su cuerpo.

Cuando sintió que Daiki ya estaba al borde con su erección, se separó de él y lo invitó a sentarse a su lado, el menor sonrojado y con su rostro lleno de lujuria no tardó en obedecer y miró al mayor con curiosidad, no evitando deslizar su parda mirada al pantalón que aún le recubría.

-¿Te lo vas a quitar?
-¿No quieres quitarlo tú?

El menor elevó las manos unas tres veces pero las tres veces las dejó caer al sentirse incapaz de desvestirlo con tanta fiereza como había hecho con las otras prendas. Inoo lo entendió, y antes de que viera el arrepentimiento en esa mirada ansiosa, él mismo se quitó la ropa, dejando que se deslizara por sus piernas hasta caer al suelo y así quedarse igual de desnudo que su acompañante.
Observó como el castaño lo veía a su entrepierna sin ningún reparo y rió, entretenido porque aún en esos momentos seguía siendo tan torpe como siempre, incluso para mantener el recato de sus actos.
Inoo estiró la mano izquierda y acomodó la palma sobre la mejilla sonrojada del otro joven, acercándolo a su rostro para que sus palabras chocaran junto con su aliento sobre los labios del menor.

-¿Puedo besarte, Daiki?

Mas no logró a finalizar bien su cuestionamiento, pues fue el otro chico quien había sellado la distancia de sus rostros y sus labios, buscaron los suyos sin importarle lo más mínimo que tuviera un sabor extraño y salado por haber estado lamiendo su miembro. Arioka no tardó en enredar sus dedos nuevamente en el cabello del pelinegro, tirando de él para acercarlo más a su cuerpo caliente que explotó en éxtasis cuando sus entrepiernas rozaron al caer ambos sobre la cama. Inoo lo volvía a tomar de la cintura, nuevamente marcándole el vaivén de unos movimientos sensuales en los que ambos se rozaban tan exquisitamente y en los lugares adecuados que su mente se nublaba y lo único que podía hacer era actuar. No había raciocinio, todo era mero instinto y puro placer. El deseo y el sexo en todo su esplendor.

Daiki no sabía que tan bueno podía ser el deseo pecaminoso de poseer a alguien o que alguien te poseyera, no sabía que el experimentar con un tabú como el sexo homosexual podía ser sin reparos, la mejor experiencia de la vida y ahora, que los labios del asistente de su padre lo devoraban y robaban su aliento mientras aquella lengua jugueteaba y peleaba para dominarlo, podía asegurar que era un camino sin retorno.

Y mierda, que no quería volver atrás.

El mayor se separó del otro para poder respirar, el cuerpo del menor que estaba sobre el colchón tenía el pecho subiendo y bajando desmesuradamente por la agitación de sus impulsos, sus manos que las sentía apoyadas en sus hombros, eran pequeñas garras que no dudaba le habían arañado. Pero no le importaba, por él que lo arañara algo más.
Kei lo empujó con brusquedad hacia arriba para que sus miembros se apretaran y Daiki gritó, cerrando los ojos de puro placer por lo bien que se sentía su falo contra su cuerpo. El alto lo veía y no tenía dudas que en definitiva, el menor estaba listo para lo que se vendría.
Revitalizado con la visión del pelicastaño excitado, se separó de su menudo cuerpo para lentamente hacerlo girar, primero dejándolo recostado vientre abajo sobre la matriz y luego, como si fuera un pequeño muñeco, lo fue acomodando.

Lo sujetó primero por las caderas y lo hizo elevar el trasero en alto, dejando un pequeño beso en la nalga derecha bajo un bufido apenado de su amante, no acostumbrado a algo así. Después, al notar que la posición era incómoda y el otro estaba a nada de empezarse a quejar, posó las manos detrás de sus rodillas y las empujó hacia delante, logrando que su cuerpo se arrodillara aun cuando tenía el pecho sobre las sábanas, dándole una jugosa posición pero para Kei no estaba bien, si el otro se mantenía así, sus gemidos se verían aplacados por la cama y él deseaba escuchar el coro de su ángel sin ninguna interrupción y sin ningún impedimento. Observó la pequeña entrada virgen que se abría y cerraba según la respiración del menor, relamiéndose los labios al pensar que dentro de poco le daría una probada pero antes, seguiría con sus preparaciones.

Dejó la parte de atrás del joven en aquella posición y él fue gateando hasta acomodarse de rodillas delante de su rostro acurrucado en sus manos. Daiki observó al mayor sin moverse un milímetro, no entendiendo bien qué es lo que ahora quería que hiciera. El licor que recorría su sangre, lo había puesto un poco más tonto y había multiplicado su deseo mas no podía comprender el todo cómo es que era que lo iba a aplacar. Esta vez no distó mucho de cuando se besaron, pues Inoo lo había vuelto a tomar con delicadeza de la mejilla y había elevado su rostro hasta que estuvo en contacto directo con su largo falo erecto, dejando que su respiración se deslizara sobre la piel rugosa de su miembro.

-Prepárame, déjalo bien húmedo para que no te duela cuando te lo meta

Los ojos pardos del menor se abrieron enormes al darse cuenta de la obviedad del asunto, tan sorprendido estaba que por un momento estuvo a punto de echarse hacia atrás y más, por la brusquedad de esas palabras pero la caricia de aquella mano que seguía jugando con su rostro y que además ahora, jugaba con el pequeño mechón que caía por un lado, le hicieron olvidar lo extraño que era y del miedo que le producía lo desconocido. Mordiéndose primero el labio inferior, dejó un poco los párpados y se inclinó hasta darle un beso a su pene. Era salado, muy salado y la sensación del líquido espeso le desagradaba, no podía darle un nombre exacto pero en definitiva, no podía ser algo que pudiera gustarle hacer a cada rato.

Ah, ahora entendía a Midori… ¿Midori? Debería ya olvidarse de ella.

Tomando algo más de valor, se apoyó con las manos sobre la cama, y sólo con los labios sujetó su miembro, introduciéndolo en movimientos torpes y descuidados hasta dentro. No podían tener comparación sus actos con los que el mayor había cometido momentos antes pero no creía que lo estuviera haciendo mal, pues el rostro embelesado del que yacía arrodillado, era todo un poema de emociones y satisfacción. Era como si su lengua deslizándose por los contornos fueran su cielo y que cada succión en la punta, fuera el paraíso. Sus movimientos se hicieron más certeros después de los primeros minutos, dándose cuenta que no era tan molesto y que el sabor era algo a lo que te podías acostumbrar. El tamaño de su miembro era un problema, sí y podía decir que los contornos de sus labios se habían hecho daño de lo mucho que había mantenido la boca abierta pero el gusto del sexo oral lo tenía engatusado y no tenía muchas ganas de dejarlo marchar, mucho menos cuando fueron las manos del alto quienes lo sujetaron juntas por el cabello y le embistieron la boca con fuerza, haciendo que ambos gimieran con frenesí por lo glorioso que se sentía.

Arioka empezaba a creer, que era bueno para eso, pero realmente bueno.

Su lengua recorría y humedecía, trataba de marcar cada marcada y arruga que su falo daba cuando la pequeña piel se corría hacia abajo y dejaba a su merced el glande rojizo y húmedo, dándole apenas presiones con sus dientes al descubrir que ello ponía loco a Inoo.

-D-detente, Daiki… Basta

El menor se alejó, aún en su peculiar posición sobre la cama y lo observó sin comprender por qué lo detenía si es que era obvio que lo estaba disfrutando, pero no obtuvo alguna respuesta, mas sólo un beso dulce en la frente y un pequeño beso fugaz en los labios.

-Esto… tal vez duela un poco, pero dejará de hacerlo, lo prometo

Kei volvió a su lugar detrás del cuerpo del castaño, sus manos tomando las caderas del menor para observar como su trasero formaba un delicioso durazno a sus ojos, con el pequeño hoyuelo cerrado y tentador que pronto él abriría a su gusto. Deslizó el dedo pulgar por encima de aquel sitio sellado, incrustando la uña con malicia para hacerlo gemir y el ruido que escuchó proveniente de sus pulmones, le satisfizo lo suficiente por el momento. Cambió el pulgar por el índice ahora que su entrada parecía haber cobrado un poco de vida por lo ligeramente dilatada que se veía y sin preparación alguna, introdujo el dedo hasta el fondo, moviéndolo de lado a lado con tanta fuerza y velocidad que Daiki gritó tan alto que era imposible que no lo hubieran escuchado en la penthouse, pero no se detuvo, siguió haciendo aquel movimiento certero mientras la otra mano lo acompañaba acariciando los testículos del joven, verificando con cuidado que no estuviera por correrse y así arruinar todos los pasos de su ceremonia.

-I-Inoo… n-no, así… así no… - se mordió el labio y apretó las manos sobre las sábanas. Sus brazos estaban estirados igual que sus piernas, las cuatro extremidades temblando por el extraño placer que bajaba por su espina dorsal – Por favor… Y-yo…
-¿Quieres que me detenga? – sacó el dedo de su interior y posó las manos en sus tostadas piernas, se inclinó un poco y posicionó la punta de su miembro en su entrada - ¿Lo retiro?

Daiki apretó más fuerte las manos y se mordió más fuerte el labio. No quería que se detuviera, no quería ni siquiera que volviera a introducir alguno de sus dedos en su interior porque su cuerpo estaba clamando por aquel pedazo de carne que ahora amenazaba con penetrarlo. Lo quería a él, y lo quería ya.

-Métemela… - susurró a duras penas, cerrando los ojos
-No te escucho, ¿qué dices? – jugó con maldad, rozándolo más insistentemente
-Métemela… Inoo…
-No, no Dai-chan, más alto que desde acá, no puedo escuchar lo que dices
-¡Maldición! ¡Métemela Kei!
-Como tú ordenes

El menor había girado apenas el rostro para verlo con odio de tenerlo así de doblegado pero Kei le regaló una sonrisa y un guiño coqueto que le hicieron olvidarse de todo. Sintió como la punta caliente de su miembro se iba posicionando en aquella pequeña abertura que estaba en su trasero y cómo la tensión de aquel aro muscular iba en aumento cuando se le forzó por abrirse de manera anti-natural.

-A-ahh… mierda, mierda, mierda… Duele… - sus lágrimas cayeron cuando el pedazo de carne entró unos centímetros en él, haciéndole quebrarse de dolor – Sácala, me duele imbécil!
-Shhhhh, ahora pasa pero debes relajarte
-¡¿Cómo quieres que me relaje?!
-Shhhhh piensa… en lo bien que saben nuestros besos

Inoo se inclinó y besó sobre su espalda en pequeños rincones, enfocándose luego en sólo su espina dorsal y en bajada hasta su cintura. Quería distraerlo y antes de que perdiera la erección debido al dolor que ahora estaba viviendo, tomó el miembro desatendido del menor y empezó a masturbarlo al tiempo que él se introducía cada vez un poco más en pequeñas embestidas. Entrando y saliendo muy despacio para ir dilatándolo en el camino.
Arioka se tensaba más, sus palabras tan coquetas le habían enervado pero el mayor tenía razón por poco que le gustara, pues los labios de ambos enlazados como lo habían estado, definitivamente podrían calificarlo como el mejor beso que había compartido con nadie más y sí que había besado a muchas mujeres en su vida. No era un santo, pero tampoco un jugador. Su vasta experiencia le podía dar clara prueba que esa lengua tan incitante era una experta que podía llevar a la suya a contactos inexplorados.

-Bésame… - ordenó el menor mirando hacia atrás por sobre el hombro – Bésame ya

Kei lo tomó firme por las caderas y se inclinó con brusquedad hacia su rostro, penetrándolo todo lo que restaba de golpe y tomando sus labios con un beso realmente ansioso y necesitado. Era incómodo hacerlo así, era incómodo tenerlo en cuatro y tratar de besarlo pero la posición era la menos dolorosa para su primera vez pues lo tenía más abierto y no quería que el menor guardara un mal recuerdo de ello. No quería que después de ese día, lo odiara demasiado.

Las embestidas no se hicieron esperar después de aquel primer movimiento y ya con el beso roto por los gemidos que salían disparados en todas direcciones y sin ningún pudor, sus cuerpos se sincronizaron a la perfección para que la penetración llegara a lo más recóndito de aquel casto agujero que se abría a merced de aquel falo que lo proclamaba como enteramente suyo. Kei lo apretaba por las caderas para que se empujara con mayor fuerza hacia atrás mientras el empujaba adelante, creando un sonido peculiar de dos cuerpos húmedos chocando entre sí. El sudor que los bañaba como pequeñas perlas sobre la piel, brillaba hermosamente gracias a la luz externa y Kei se atontaba, mirando esa hermosa espalda y esa coqueta retaguardia que se unían a sí en movimientos fieros y gloriosos.

Daiki gemía, gemía como jamás lo había hecho y se preguntaba cómo es que el dolor podía conllevar a algo así de cegador, cómo es que su cuerpo podía asimilar tan rápido los movimientos para luego relajarse y darle libre albedrío a esos bajos instintos que rayaban tan sólo en el sexo puro. No entendía, cómo es que hasta ahora había odiado a aquel tipo que le estaba dando la mejor noche de su vida.

El éxtasis mutuo de los cuerpos en movimiento iba en subida de manera exponencial, alcanzando sus límites de manera increíble y cuando Kei ya no pudo más, cuando la presión en su miembro fue tal que estaba seguro se correría, apretó los dedos alrededor de los testículos del menor y luego lo masturbó hasta que el líquido caliente se salpicó con un grito sonoro del otro, manchando su mano y la cama y sus manos perdiendo la fuerza que lo hicieron caer sobre una almohada. Inoo lo sostuvo firme con la mano libre y cuando sus espasmos de placer lo contrajeron con sadismo, él gritó de puro deleite, gozando de la maravillosa sensación de llenar aquel cuerpo que tanto había deseado con su propio semen.

Respirando agitado aún, esperó a que su falo perdiera fuerza para irse separando del cuerpo del castaño, llevándose consigo rastros de semen que goteaban del interior de aquella pequeña entrada que ahora, estaba rojiza por la presión a la que había sido sometida. Con duda, se dejó caer al lado del cuerpo de su amante, acariciando con timidez inédita la espalda de aquel que acababa de poseer gracias al alcohol y la curiosidad.
Daiki lo miró adormilado y se acercó a él, abrazando con torpeza su cintura para luego lentamente, quedar dormido.

Después de mañana, Inoo sabía, las cosas cambiarían totalmente entre ellos.

Guns and Roses [10]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Una semana y contando uwu
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Notas: Uhhh~~ XD ya sé, es raro que yo actualice tan seguido ewe no, no estoy planeando nada malvado[?] sólo quiero actualizar y ser libre de este fic para enfocarme en los otros y... LA CULPA orz ugh, no sabía que ya lo tenía tanto tiempo... :'D Los comentario se aprecian, las palabras de ánimo también... No está editado, así que si ven algo :'D perdón, su escritora está colapsando porque su puta laptop no quiere correr rápido, creo que se me va a morir ;_; así que iré salvando todos mis archivos now ;3;


Después de despertar, no pasó mucho tiempo hasta que Daiki estuviera de nuevo solo en aquella habitación, Ohkura partió de ahí tan sólo diciendo que debía hacer algunos mandados para Nakajima, que después de todo era uno de los “señores” de la casa y debía atenderlo de igual forma como hacía con Inoo.

El castaño no entendía aún como es que eran familia y por mucho que Yuto dijera que no hablaban porque se odiaban, ni siquiera era algo que hubiera podido pensar, pero si estudiaban en el mismo lugar, tal vez era sólo por su torpeza nata que no supiera en realidad sobre su relación sanguínea. Tal vez sólo era él quien no lo tenía presente pues Yamada no parecía sorprendido.

Si lo pensaba, tampoco sabía que Yamada era tan amigo de Yuto.

Con sus pensamientos haciéndose un ovillo enorme en su cerebro, apretó los ojos y respiró profundo para disolver alguna duda que nacía a raíz de las palabras de Takaki, siendo casi lo único que recordaba del día anterior. Lo demás, estaba como en una nebulosa y no distinguía lo real de un sueño o creaciones de su propia paranoia, algo que le daba mala espina pero que no terminaba de cuadrar en la situación, ¿qué había pasado apenas llegaron a la mansión? ¿De verdad conoció al hermano de Inoo? ¿Inoo tenía acaso un hermano? Sus dedos jugaron nerviosos entre ellos, apretando a su vez las sábanas al querer enfocarse pero todo viéndose tan lejano en su mente que no lograba saber qué era qué. Lo único que recordaba, era lo había ocurrido en la universidad, las palabras de amenaza y las últimas de advertencia, pero no le cuadraba… en verdad, no le cuadraba ¿cómo es que Inoo, su amigo, podía ser un sicario? Habían estado muchas veces solos en el último tiempo como para que no pudiera aprovechar en matarlo, así que carecía de sentido lo que el otro castaño había dicho, aun así… Sentía que algo se le estaba escapando de las manos y no le estaba prestando la suficiente atención.

Se estremeció de pensarlo, de imaginar al otro con una pistola en mano y apuntándole a la cabeza, pero luego también recordó lo vergonzoso del día anterior. Un beso, su primer beso, ¿cómo era posible que su supuesto asesino, lo besara?

Oh, dios… Lo besó, se besaron… Su primer beso.

Daiki se sentía idiota, siempre había sido el chico que se quedaba retrasado en ese tipo de experiencias, el mojigato que vivía en una burbuja y que no quería experimentar sólo porque sí. No sabía si era por los traumas de su padre forzándolo a vivir más de la cuenta desde que estaba en la secundaria, o si era porque simplemente, su personalidad era todavía muy inmadura. A veces, tan sólo creía que era porque su sexualidad no estaba definida.

Toda su vida estudió en un internado para hombres, ¿cómo iba a saber si estaba atraído por una mujer? Sus mejillas se sonrojaron y luego se dio cuenta que hasta el momento, sólo le habían atraído personas de su mismo sexo y se lamentó, admitiendo algo que ya sabía pero que siempre era mejor vivir negando.

Era un Arioka, él no podía ser gay.

Si él fuese como cualquier joven de su edad, la situación sería ya lo suficientemente complicada, admitir que eres gay y besar a tu amigo, fijarte en hombres y sentir que los ojos de todos se vuelven hacia ti, juzgándote. La situación se tornaba peor, cuando tu familia era tan rica y los paparazzis te seguían y perseguían tal cuál fueras un famoso músico o un famoso actor. Él no tenía libertad ni por su familia ni por la prensa… ¿Cómo se supone que podía vivir en paz? ¿Cómo aceptar abiertamente que podía salir con un hombre? Jamás se había planteado en serio el salir con alguien de su género, su ideal era ir a Estados Unidos, viajar y conocer personas… enamorarse. Siempre creyó que de una mujer, pero nunca se prohibió del todo que fuera también un varón; siempre pensó que tendría una novia en algún futuro pero sus ojos siempre iban a parar en jóvenes rostros de chicos, no de chicas. La suficiente prueba que necesitaba para saber que su bando, era otro y no el tradicional.

-¡Arghhhhhhhh!

Sus manos alborotaron su cabello con fuerza, haciéndose otro mundo dentro de otro más. Que si Takaki, que si Inoo, que si su familia o su sexualidad. La gente esperaba tanto de él y él, sentía que no tenía nada para ofrecer, ¿cómo llenar expectativas?

Él no era hábil, no era inteligente…

Él estaba defectuoso.

La rabia en sus ojos era clara, las lágrimas amenazando con salir y él forzándose a parpadear hasta que la sensación de humedad se desvaneció lentamente, respirando tranquilo después de unos segundos. Tomó aire por segunda vez, ahora sí cerciorándose de que su cabeza quedara vacía y no con dudas existenciales ni tratando de darle sentido a su vida. Por el momento sólo debía llenar las expectativas de la universidad y sobrevivir hasta tomar el poder del imperio Arioka.

Fácil… comparado a pelear por sus derechos o pelear porque quería novio y no novia…
O pensar por qué demonios besó a otro hombre que sólo consideraba su amigo.

Sí, mucho más fácil, definitivamente.

Universidad, imperio, fin.

Entornó la mirada, recordando de pronto en dónde es que se encontraba sentado y admiró la habitación del pelinegro sólo que con mayor detenimiento que antes. La desazón en el vientre que de repente sintió le hizo cerrar los ojos otra vez, sólo que con mayor fuerza y en un intento de calmarse, se cubrió el rostro con las palmas, bufando con molestia y frustración.

El espacio tan amplio que lo rodeaba le hacía recordar a su pasado y a su propia vida, a la misma soledad a la que estaba confinado desde que había nacido bajo el apellido Arioka. La incomodidad de sentirse tan vulnerable que lo había descompensado, no tardó mucho en hacerlo salir de ahí, huyendo de los recuerdos ingratos y los momentos tristes de su niñez. No quería eso, suficiente tenía con su presente como ahora sumergirse en el pasado.

Bajó de la cama de un salto, pisando cuidadoso en el suelo alfombrado y buscando por algunas pantuflas que pudiera usar. Seguía vestido con aquel cómodo pijama de seda que le quedaba un poco grande, mirándola confundido porque apenas tenía lapsos donde entendía que era de Inoo y no de alguien más. Agradeció en su fuero intento, que las ropas le quedaran remotamente bien y no tan sueltas.
Sintió una palpitación en la sien apenas quiso avanzar, su cabeza le dolía como los mil demonios, como si tuviera una resaca o por lo menos, como pensaba que debía sentirse una porque jamás en su vida había tomado hasta perder la consciencia.

Si apenas una copa de vino, porque su apariencia y su imagen era lo que más debía pelear por mantener.

Sus pasos temblorosos y sus manos desconfiadas, giraron la manija de la puerta, saliendo casi más rápido que inmediatamente al sentir de pronto el aire intolerable en esa habitación. Odiaba las mansiones, las odiaba con todo su ser. Tuvo un deja vú de haber caminado por ahí ya antes, sólo que más oscuro y sin nada de ruido, como si por la noche se hubiera desplazado por esos pasillos pero era imposible, porque no era sonámbulo y no se había movido de la cama, lo sabía… Trató de pensar en el mayor y si es que lo había visto en la mañana, pero cuando despertó, lo único que observó fue al mayordomo dándole los buenos días y sirviéndole el desayuno, excusándose de no tener uno en el comedor porque ya la mayoría de los residentes habían marchado, o sabiendo si incluía o no a Inoo.

El peso en su pecho se acentuó cuando pensó que tal vez el mayor se había arrepentido de lo que había ocurrido entre ambos, inconscientemente, deslizando sus dedos por sus labios y apurando el paso, queriendo encontrar a alguien para poder preguntar por él.

Los nervios le dejaban el cuerpo erizado, mirando por los pasadizos algún ser vivo y sólo encontrándose con nada, recordando más y más, su propio “hogar”.

Extrañaba a Shige y su estúpido minidepartamento.

Cuando estaba por rendirse y gritar para llamar la atención de cualquier persona en el edificio, el sonido de unas teclas le hizo agudizar el oído, acercándose con recelo a la puerta entreabierta de lo que parecía un estudio. Sus ojos escudriñaron por la abertura y se llevó la sorpresa que había alguien que no había visto ahí hasta el momento, entrando sin cortesía o aviso alguno para observarlo con detenimiento. No pudo evitarlo, aquel hombre era… llamativo.

-Eh… ¿disculpe? – Daiki se quedó de hielo, arrepintiéndose de pronto de haber entrado cuando el sujeto alzó la mirada y sólo se quedó observándolo. Sin decir nada de nada – S-soy amigo de Inoo-chan y… y… bueno… ¿lo ha vi-?
-¿Arioka-kun? – el menor asintió, nervioso de pronto – No sabía que Inoo tenía de amigo al heredero Arioka

“Heredero Arioka”.

El castaño sintió sus manos temblar de pura rabia y las apretó en puños, mirando hacia otro lado para no faltarle el respeto a aquel desconocido. Ganas no le faltaban, pero definitivamente, no podía tampoco dejar mal a su familia. Lo habían educado, para ser un caballero en toda situación.

-¿Me conoce?
-Sería difícil no conocerte… Aunque definitivamente, tu hermano me interesaba más – el hombre sonrió con tranquilidad, ganándose la mirada confusa del otro - ¿Kei no te ha hablado de su familia, pequeño?
-No soy pequeño – carraspeó, aclarándose la garganta y mirando a sus pies, con incomodidad – Inoo-chan no habla mucho de sus familiares, habla más de…

De nada.

El castaño parpadeó sorprendido, pues recién se daba cuenta que no sabía absolutamente nada del pelinegro, salían y conversaban mucho pero si se quedaba pensando con detenimiento en todas esas conversaciones, sólo había sido él quien intervenía y decía algo al respecto. Sólo eran él y sus opiniones y Kei diciendo algo más, nunca… opinando, nunca desvelando quién era en realidad.

Las palabras de Takaki volvieron a resonar en su cabeza y se estremeció, negando rápidamente para volver a ver al hombre.

-¿Quién es usted? – cortó su respuesta anterior, tratando de pasar desapercibido - ¿Es su primo… su hermano?

Uchi sonrió con amabilidad, sin forzar absolutamente nada pues estaba curioso por conocer a la persona que podía doblegar el alma del Demonio de Hielo, no cualquiera podía ganarse la confianza de Inoo y mucho menos su afecto. Si Arioka tenía algo especial, él lo iba a saber. Tenía completa consciencia que su comportamiento estaba saliendo de lo permitido, que Ohkura le recriminaría por entrometerse en los asuntos de su protegido pero le era inevitable, además, con su rango como otro al mando, tenía todo el poder y el derecho de hacer y deshacer como le diera en gana.

Él actuaría como si fuera un dueño de casa, no como un simple empleado.

Suavemente se levantó del escritorio en el que estaba sentado, tomando de repente un portafolio de color rojo vivo y caminó despacio al castaño que lo veía sin comprender. El mayor notaba con tranquilidad como es que la vena de su cuello empezaba a palpitar con fuerza por su miedo, por sus nervios de no saber en dónde se estaba metiendo.

-Soy tío de Inoo, hermano de su fallecida madre – mintió a medias, caminando hacia el otro joven sorprendido – Soy su tutor legal, pero más que nada, soy reportero
-¿T-tutor legal? ¿Y su papá? ¿Él… también falleció?

De repente tenía la garganta seca y una parte de él se sintió fatal. Llevaba algún tiempo conociendo al mayor y aun así… No tenía ni idea, apretó las manos y bajó la cabeza, se sentía la peor persona del mundo, ¿qué clase de amigo se creía? Había sido él quien había forzado al mayor a ser cercanos, mas él no se había esforzado ni un poco en conocerlo.

-No te preocupes, no suele hablar de eso a menos que sea estrictamente necesario

El mayor se encogió de hombros y Daiki lo miró con ojos grandes y tristes, de un color marrón oscuro profundo, emanando una brillantez extraña en sus orbes. Era peculiar, no podía negarlo y mientras Uchi lo observaba pues el otro se negaba a desviar sus ojos, en su mente algo encajó, entendiendo por qué era que Arioka atraía tanto al dotado Inoo, y es que si uno se fijaba en esos pardos iris, se podía ver claramente la pureza de estos…

¡Por dios! Si hasta el niño quería llorar con tan solo la información recibida.

Kei no había tenido nunca la oportunidad de conocer a alguien que no tuviera maldad en su corazón, era obvia la razón de por qué este diminuto ser despertaba en él emociones.

Pero él, no lo dejaría. Rompería con esa pureza.

Destrozaría aquella pureza que derretía las capas que hacían fuerte al Demonio de Hielo, al siguiente al mando del Clan Nakajima.

-Arioka-kun, acabo de comentarte que soy reportero… ¿Te molestaría si te hago una entrevista? Quiero confirmar algunos datos con respecto a tu hermano. No te preocupes, todo será “off the record”

Daiki observó el folio rojo vivo y se encogió de hombros, su mente seguía pensando en Inoo y en su familia, en que tal vez si se quedaba algo más de tiempo con aquel sujeto, podría obtener más información personal del su “amigo”. No perdía nada, ello era mejor que estar solo y además, ¿qué otra cosa podrían preguntarle de lo que ya habían hecho los otros reporteros?

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Chinen no era malo, por lo menos no se consideraba una mala persona porque jamás le había hecho daño a nadie, simplemente… Estaba aburrido.

Aburrido de una vida monótona, de una vida donde ya sabía qué debía hacer y cómo hacerlo, que a donde quería llegar y de qué forma. Tenía todo planeado por sí mismo, no porque se lo impusieran pero era tan fácil y tan simple que sentía que no podía disfrutar de nada en realidad. Odiaba su vida normal, esa era su única verdad. Por lo que cuando Takaki llegó herido a su casa y después de confesarle todo en el camino al hospital, pudo ver delante de sí como las puertas a una nueva libertad se abrían para darle paso a otra más oscura pero que se veía de lejos, muchísimo más interesante de lo que era su actual camino. El menor no dudó en tomar su oportunidad, no dudó ni un segundo porque no dejaría que esa libertad negra se diluyera junto con el arrepentimiento del hombre que tenía delante.

Tal vez estaba usando a Takaki para su propio beneficio, pero ciertamente el otro, no tenía nada que perder.

Con sus pasos cortos a comparación del otro par que iba delante suyo, siguió directo por aquel pasillo silencioso, observando simplemente a una persona asomada en uno de los marcos de una de las tantas puertas el lugar, con una bata de vino tinto de seda puesta y sin nada más debajo. Podía ver su hombro desnudo y como con un abanico se echaba aire con simpleza.

La sonrisa de sus labios, era enfermiza.

Observó como Takaki lo miraba con repulsión y Chinen se preguntó, ¿qué se supone que pasaba en ese lugar como para que hubiera tanto rencor y tanta apatía entre sus habitantes? Quería preguntar, tenía muchas dudas sobre absolutamente todo pero sabía que si lo hacía podría estar cometiendo uno de los peores errores de su vida.

Posiblemente, podría morir…

“Morir”

La palabra le sonó tan emocionante, sintiendo como un viento revitalizador chocaba contra su cuerpo pequeño, llenándolo de una emoción sádica que jamás había experimentado. Él, Chinen Yuri, estaba por fin jugando en un rango digno de él. Por fin, jugaba con la realidad y no sólo con expectativas de perfección… Esto era distinto, era mejor.

YamaP se detuvo delante de ellos, captando de inmediato su atención y abrió una puerta diferente al resto, una puerta plana y de metal que dirigía al sótano de la residencia, escuchó un carraspeó y observó a Yuya, como movía las palmas contra su ropa, incómodo.

Tal vez algo nervioso.

Frunció el ceño, sus pies siguiendo el camino marcado por los mayores que conocían bien a dónde se dirigían y pronto entró a una sala oscura donde sólo había una silla y al otro lado, un enorme armario, las paredes eran blancas y se notaba que encima tenían una capa de barniz muy gruesa, tan gruesa que se volvía impermeable y de ensuciar, sólo bastaba echarle agua para limpiarla.

Yuri no era idiota, por algo tenía un nivel coeficiente superior y no por nada, era becado. Era básicamente, un genio entre todos esos tontos mortales que lo rodeaban así que la simpleza del lugar con su decorado le bastaban para hacerse una idea de lo que era: una sala de torturas, con una facilidad de limpieza digna de un asesino serial.

Sus ojos negros observaron atento como Yamashita indicaba al alto a sentarse en la silla con una sola mueca, siendo obedecido en el acto y sin algún signo de rebelión, ¿Qué tan fuerte era ese tipo como para que Yuya ni siquiera se atreviera a retarlo?
En silencio y con cuidado, el jefe del Clan fue rodeando con correas de cuero los antebrazos del castaño, inmovilizándolo de inmediato pero con una parsimonia digna de un profesional.

Yuri sintió su cuerpo helarse en anticipación a la sangre, sus ojos abriéndose aún más cuando las puertas del armario fueron abiertas, esperando con fanatismo insaciable alguna arma letal y sanguinaria pero nada de eso fue lo que obtuvo. El hombre había sacado algo, sí, pero más parecía un pequeño instrumento para romper nueces que algo letal.

De hecho, si lo veía atento, podía asegurar que sí era un cascanueces de metal y simple.

-Estira los dedos
-¿Sólo vas a hacer eso?

Takaki le lanzó una mirada asesina cuando no supo controlar su curiosidad morbosa pero le gustó la respuesta de su nuevo “líder”. Una carcajada limpia y letal, que hasta a él le erizaban los vellos de los brazos al darse cuenta lo mucho que disfrutaba el hacerle eso al castaño.

-Es un castigo simple – admitió Yamashita, encogiéndose de hombros mientras veía a Yuri que disfrutaba su espectáculo desde la primera fila. Por una vez, pensó el mayor, Takaki no se había confundido seleccionando a un candidato para pertenecer al clan - ¿Quisieras hacerlo tú?

Chinen se estremeció y miró a Yuya, definitivamente quería hacerlo pero no podía arriesgarse a ganarse su enemistad desde ya tan pronto. No era idiota, simplemente quería vivir más y vivir de la forma más divertida posible, no ser asesinado por un sociópata como lo era él. Con el fastidio de no poder hacer lo que quisiera, aún, negó despacio para declinar la oferta mas no obtuvo decepción de parte del mayor, su sonrisa ladina le decía que ya le estaba dando su aprobación y eso que tan sólo había pasado una hora desde que había pisado ese lugar.

Tal vez, después de todo, él había nacido para ser sicario.

Yuya carraspeó de manera brusca para borrarle la sonrisa y Yuri tan sólo se rió para sus adentros, no porque quisiera que le pasara algo malo sino porque imaginaba claramente cómo debía estarse sintiendo con todo el show que presenciaba. El orgullo del cuál tanto alarde hacía, estaba terminando de ser destrozado.
Yamashita miró al par con curiosidad vivida pero no se tomó la molestia de evaluarlo más allá de la cuenta, él simplemente tomó el cascanueces que tenía en la mano y se acercó al joven que yacía sentado, con labios casi hechos una línea de lo tensos que estaban y sus ojos, ardiendo de rabia.

-¿Zurdo o diestro?
-Sabes que diestro
-Correcto – el líder sólo sonrió, mirando al pelinegro que se había acercado unos pasos – Piensas que es simple, pero para romper los huesos es mejor pensar y no sólo actuar. Cuando rompes los dedos de una persona puedes hacerlo con la mano porque es más fácil pero en realidad, no le “rompes” el hueso, simplemente lo llegas a dislocar de una manera más sádica…– Tomohisa tomó el meñique de la mano izquierda de Takaki, este tan solo reaccionó desviando la mirada y apretando más los labios – En cambio si utilizas una herramienta, no estás separando los huesos de sus intersecciones… Estás rompiendo el hueso, justo por la mitad

La explicación fue técnica y el menor pudo entender el porqué de su accionar mas no llegó a razonar del todo, no cuando un sonido de algo rompiéndose le heló la sangre y su estómago reaccionó de tal forma que tuvo que ponerse las manos sobre la boca y evitar vomitar. Casi, se estaba atragantando cuando el jefe tomaba el siguiente dedo de la mano y repetía la acción. El sonido sonando más fuerte entre esas paredes pero jamás, escuchando un grito de Takaki, salvo por pequeños quejidos que podían pasar desapercibidos.

Chinen lo miró, completamente admirado de su inhumanidad y deseó con todas sus fuerzas ser como él. No sentir nada, no importarle nada… Disfrutar de lo que hacía, demostrando a todos que él era lo mejor de lo mejor.

Se relamió los labios una vez recobró la compostura, siguiendo el trayecto de la sangre que corría por la comisura de los labios del castaño, suponía que se había causado alguna herida interior al tratar de contener los gritos mordiéndose a sí mismo y ahora, la herida le pasaba factura con una pequeña hemorragia que se desbordaba hacia el exterior. El pelinegro no entendía, pero la sola imagen del otro siendo torturado, era extremadamente deliciosa, era… excitante y si a eso le sumaba la sangre…

Podría dejar que Takaki, follara ahí mismo.

Su sonrisa se hizo más sádica según los dedos se siguieron rompiendo hasta que toda la mano izquierda, quedó de una forma peculiar. El silencio fue cayendo lentamente y a medida que la respiración de Yuya se iba agitando, el mayor entre los tres guardó el cascanueces y se marchó con paso tranquilo, no diciendo nada con respecto al menor pero tampoco poniendo alguna objeción. Con sus pasos cortos, se fue acercando al joven que mantenía los ojos cerrados ahora, como concentrado en no gritar de dolor. Estaba embelesado admirando su mano destrozada, tentándose a tocar pero apenas pasando los dedos por el antebrazo y llegando a la muñeca antes de volver al codo, no del todo seguro de si quería o no quería tocar la piel rasgada y los huesos dañados… No sabía si se iba a abstener de hacer presión para ver algún gesto de dolor del otro.
La cabeza del castaño se movió y él se quedó viendo sus ojos negros, tan oscuros que sentía que su maldad y rabia lo podían absorber y Yuri supo con certeza, que él quería tener esa mirada… No había duda, jamás la hubo, él pertenecía ahí.

-Enano, por una puta vez, libérame!
-No quiero – sonrió ante la mirada cargada de odio del mayor – Siempre vienes con ganas de sexo a mí, ahora que somos compañeros…

Yuya no lo dejó seguir, en su arrebato de cólera le escupió al menor al rostro y quiso patearlo, mas Yuri retrocedió sin algún problema y con suavidad, se limpió la mejilla afectada.

-No me tientes Yuya… Que puede que no sepa manejar un arma, ni pueda pelear… Pero hay más formas de matar a alguien cuando tienes la suficiente inteligencia, como para pensar en un plan. ¿Pretendes acaso no dormir por el resto de tu vida? ¿O no comer? Porque créeme, si quiero puedo matar tantas personas como tú lo has hecho, en menos tiempo

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Su cabello castaño y ondeado caía graciosamente sobre sus hombros, ella no era del todo japonesa pues en su sangre corrían genes británicos pero sólo se hacían presentes en su cabellera y en sus ojos más grandes de lo normal y con un dulce color chocolate en estos. Su personalidad era calma, relajada casi y disfrutaba mucho de su profesión, no por nada la había elegido desde que era pequeña y siempre había tenido la seguridad de ser psicóloga el resto de su vida.

No sabía en qué momento fue que sus planes se combinaron con otros y ahora sentía como la felicidad tenía más perfiles, muchos más colores que los de un arcoiris y ella resbalaba feliz por ese tobogán, alborotando sus sentimientos y su sensatez.

Melissa no tenía nada personal en contra de Yuto, pero ciertamente tenía rabia contenida contra los Nakajima, ¿cómo perdonar a las personas que le habían arrebatado la vida? Cuando era pequeña jugaba en aquella mansión con alegría pura e inocente, Yuto era agradable, era su amigo y le gustaba demasiado. Desde pequeño el joven había sido apuesto, por lo que cuando los propusieron como prometidos para que en un futuro se casaran, no tuvo alguna queja… Por ella, se casaban ahí mismo y cuanto antes porque aquel chico pelinegro tenía toda su atención y quería que siguiera siendo así.

Pero pasaron los años, unos 6 tal vez y fue cuando la adolescencia los atrapó, Melissa sabía que Yuto no la quería y el niño que alguna vez conoció, fue convirtiéndose poco a poco en un ser detestable como lo era su padre, ¿cómo? Jamás lo supo, solamente veía de lejos como el muchacho se iba transformando… Cada vez más distante, más ausente, como si su mente fuera volando hacia otros lados y no se quedara con ella. Era obligatorio para ellos pasar un día a la semana juntos, era como el trato que sus padres habían hecho con los Nakajima para que pudieran irse acostumbrando el uno al otro para cuando se casaran, era tonto y lo sabía pero el solo pensar que lo vería un sábado o un domingo, su semana se volvía buena y daba todo de sí para que no tuviera algún percance y todo marchara perfecto.

Solo que lo último que era, era perfecto.

Yuto siempre aparecía, de eso no había duda pero llegaba oliendo a alguien más… A veces olía a alcohol y a tabaco de manera grotesca pero camuflado estaba el perfume ajeno de o una mujer o un hombre, siempre impregnado a su piel más que a su ropa y ella, no entendía… No entendía porque si la tenía a ella, ¿por qué prefería a alguien más? Yuto fue cambiando más con el tiempo, llegando al punto que sólo era un desconocido del cuál se sabía el nombre y sus caricaturas favoritas de los 5 años y más nada. No sabía qué hacía en la semana, no sabía dónde estudiaba. Sus guardaespaldas nunca la dejaban entrar ya a su habitación y cuando lo llamaba, siempre le decían que estaba ocupado, ¿ocupado con qué?

La respuesta llegó no poco después cuando ella terminaba el instituto, su diferencia de edades con el menor eran tan sólo de 3 años por lo que no había gran problema al momento de organizar la boda pero todo se vio en picada cuando el señor Nakajima murió.

El saber que había sido asesinado, le cambió la vida.

No es que no supiera que su futuro suegro estaba inmiscuido en mil cosas de mal vivir, pero tampoco había sabido que estaba educando a su hijo para ser un asesino a sueldo o que lo sometía a entrenamientos para poder aprender a manejar un arma de fuego o cómo actuar para no dejar huellas dactilares en la escena del crimen. Ella sabía que había sido ese hombre quien había arruinado a su prometido y era algo que no lo podía perdonar.
Sus deseos de poder estudiar psicología radicaban en su noble corazón de querer ayudar a los niños, siempre le habían gustado y era su punto débil imaginarse de madre, pero si quería poder llegar más lejos y poder ser de la “familia” para así lograr sus objetivos, debía de hacer algo para que la reconocieran y recordaran su nombre, no sólo como aquella niña prometida al heredero. Melissa decidió estudiar y trabajar para la familia a la que pronto pertenecería, al terminar su carrera de manera básica y adelantando todos los cursos posibles para acortarla, abrió su propio despacho con ayuda de su fideicomiso, teniendo dos líneas de trabajo: la normal, con pacientes aburridos y estúpidos y la de extra oficial, donde servía de equilibrio mental a asesinos para que pudieran hacer bien su trabajo.

Su idea principal era poder tener el despacho y así hacer que Yuto fuera a ella, que se abriera y le contara todos sus problemas, que pudiera así entenderlo un poco más y no sólo tuviera la sombra de su pasado que a estas alturas, ya nada quedaba.

Lo único que la joven quería, era poder estar cerca de su prometido.

Los ideales que cargaba en su alma fueron diluyéndose según los meses pasaban, porque nunca jamás se aparecía Yuto y porque sus otros subordinados, sí lo hacían. Inoo entró a trabajar poco después que ella también lo hiciera y fue de los pocos pacientes de la mansión que le cayó bien. El joven no le ocultaba nada y era agradable, tener un asesino con valores entre todo aquel saco pútrido de almas, mas no le ayudaba a su corazón cada que le escuchaba decir algo con respecto a las salidas de Yuto, que no entendía como el joven se podía dar el lujo de involucrarse en la cama de tantas personas cuando su trabajo trataba de mantenerse anónimo con todo quien te rodeaba, que así era lo mejor.

Nadie sabía, salvo los más antiguos de la mansión, que ella era su prometida… Una prometida que sólo tenía el título y nada más.

Era estúpido cómo le dolía que en aquella casa le dejaran hacer lo que quisiera, que los que trabajaban en el Clan Nakajima no le daban algún límite al menor porque simple y llanamente, era el que tenía en su sangre la herencia del líder anterior y debían darle toda la libertad que quisiera, porque nadie podía ni debía controlarlo. Él era uno más de esos estúpidos sicarios que se supone sabían lo que hacían.

Y lo odió, odió a todos pero más odió a su padre que fue quien había convertido al dulce niño de su infancia en un ogro y un asco de humano. Lo detestaba.
Mas nada de eso fue lo que influyó en su última decisión, la gota que rebalsó el vaso de paciencia tenía nombre y apellido, pero ninguno que comenzara con N.

Yamada Ryosuke, había sido una muy desagradable sorpresa para su persona.

No culpaba a su “ex” prometido –porque después de lo presenciado, oficialmente cortaría relación con él–, por estar prendido de él, ella también lo hubiera estado de no haber presenciado el acto morboso de su beso descarado, con las manos recorriéndose el uno al otro por el placer de hacerlo. De sólo recordarlo, le daban ganas de vomitar.
Su intención de colocar cámaras de seguridad en el ascensor era para poder vigilar a sus pacientes. Para saber de qué ánimos iban a la consulta y así, y sólo así, es que sabía cuándo Inoo llegaba de pocas pulgas o cuando Maruyama tenía ganas de acosarla. Podía así protegerse por si alguno de esos locos llegaba armado o podía escuchar conversaciones que luego le ayudarían en sus sesiones, era un recurso más en su trabajo. Nunca pensó, que con estas cámaras iba a ver de primera mano cómo era que su "ex" se la montaba sin importarle el lugar.

Yuto no iba nunca a su consultorio, el que acompañara a aquel nuevo miembro del clan era tan inusual que no pudo evitar que la sangre le hirviera de celos. Eso significa algo, no sabía si mucho o poco pero significa algo… Y ella, ya estaba harta. Cansada de ser siempre la última de la fila en aquel maldito grupo, la supuesta futura cabeza que se quedaba aislada porque a nadie le importaba, cogió la tarjeta que llevaba guardada ya algunos varios meses.

La tarjeta de un hombre que le asustó, pero que repentinamente en ese momento tenía mucho sentido llamarlo para ponerse en contacto. Recordaba sus palabras tal cual fuera ayer que se las dijo, contándole que trabaja para un servicio de inteligencia privado que investigaba al Clan Nakajima con el objetivo de estar al tanto de sus procedimientos para ver en un futuro la manera de detenerlos y disolverlos, terminando así con la profesión de sus integrantes.

Melissa marcó sin dudarlo y siguió al pie de la letra lo que el hombre le decía a la otra línea. Era simple lo que debía hacer, sólo mandar un email a una dirección en específico, detallando la información que tenía de sus sesiones privadas con Inoo y demás compañeros, además de los videos que tenía grabados de cada cita con ellos y alguna anotación que pudiera ser útil para su destinatario. Ella no sabía para quien iba dirigido el mensaje pero si de algo tenia certeza en su vida, es que a pesar de todo, Yuto amaba su profesión.

¿Por qué no arrebatarle y destruir lo que más le apasionaba?

Yamada ya se las había pagado en aquella sesión introductoria con preguntas hirientes y acusaciones disimuladas en pequeños comentarios que habían terminado con hacerlo llorar. La satisfacción de hacerle morder polvo a un pobre demonio era cautivante, aunque patético porque se supone que los de su categoría hace mucho habían borrado los sentimientos, ¿qué de bueno tenía alguien débil? Era un fastidio y le enervaba los nervios, por eso tenía decidido que lo torturaría en cada futura reunión que tuvieran, que lo haría sufrir cada poco que estuviera en el mullido sillón de su despacho, y mientras estaba en ello, terminaría con el último Nakajima y todo su basto legado, filtrando toda la información del Clan a sus peores enemigos.

“No hay nada peor que una mujer despechada”.

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Su cuerpo estaba temblando de manera sádica, sus manos frotaban sus antebrazos tratando de darse calor a sí mismo pero no había nada que hacer, sus pies también estaban en la misma situación y su cabeza estaba partiéndose en dos por la cantidad de información que había recibido.

No podía ser cierto, todo eso era mentira.

Sus lágrimas corrían rápidas y fieras por sus mejillas, derramando las gotas según daba los pasos torpes por aquella mansión, buscando la habitación de la que había salido hace lo que le parecía una eternidad para buscar su ropa. Necesitaba salir de ahí, necesitaba huir.

Tenía como una aguja clavada en el pecho que le decía que buscara a Inoo, que le contara lo que había pasado con aquel que decía ser su tutor legal y lo que le había contado sobre su hermano. Sentía como que debía de desquitarse todo con el mayor porque no tenía algún amigo más en quien pudiera recurrir y todo ello era demasiado para sus débiles hombros.

Él no quería eso, él no quería desconfiar.

Pero Daiki no tenía ya otra salida, ya no había algo que pudiera reparar la imagen de su hermano mayor y no es que hubieran sido unidos, jamás lo fueron y no se conocían pero no podía terminar de aceptar que Tatsuya fuera… tan mala persona…

Las fotografías se fueron deslizando en su mente como si una mano las mostrara una a una. El mayor de los Arioka en una fiesta, en otra imagen lamiendo algo que parecía “sal”, sólo que mucho más fina… En otra jugando con el polvo blanco, inhalándolo.

No sólo eran las drogas… Había fotos de orgías, fotos de cuerpos en posiciones extrañas, habían a momentos unas imágenes de hombres con una cadena ahorcando al mayor mientras…

Su hermano no podía, ¡No podía! Era un Arioka, el heredero al gran imperio. Respetado por todos los que lo conocían, admirado por quienes estudiaron con él. El que rompía corazones, el hijo pródigo y perfecto.

Simplemente, su hermano no podía… Él no podía haber sido así.

Apretó los ojos y volvió a llorar con más rabia, si no sabía ni siquiera quién era su hermano… ¿A quién podía decir que conocía de verdad? ¿Qué demonios era o no real en su vida? ¿Quién era real y quién no? ¿Takaki mentía, decía la verdad ¿Ayer lo atacaron dentro de esa mansión o era su imaginación? ¿Yuto era primo de Inoo? ¿Vivían juntos? ¿Por qué todos sabían todo suyo y él no sabía nada de ellos? ¿Por qué sentía que la confianza que había otorgado no era más que una mentira?

Con pasos torpes entró a aquella habitación tan amplia que le hacía ahogarse con más facilidad en su miseria y buscó sus prendas tiradas en el cesto de ropa sucia. Agradeció que ningún empleado pasara a recogerla y él tuviera que esperar a que estuvieran limpias, quería irse cuanto antes de ahí, quería huir como el lastimero cobarde que era y siempre sería. Con manos temblorosas marcó el número de su chofer privado una vez se hubo cambiado y le dio las indicaciones del caso para que lo fuera a recoger, con los pies pateó el pijama que momentos antes había estado usando y justo cuando estaba preparándose para salir de ahí, un cuerpo delgado se asomó en la habitación con las manos vendadas.

Daiki se preguntó, por qué Kei tenía el rostro de cansancio y por qué de pronto, aparecía tan herido delante de él.

-¿Te marchas ya? – preguntó el mayor, acercándose unos pasos hacia él. No supo por qué, pero su cuerpo le impulsó a retroceder - ¿Daiki?
-Aléjate… Aléjate de mi…

El castaño volvió a liberar nuevas lágrimas, dejando anonado al pelinegro que no entendía que de repente había cambiado entre ellos, ¿acaso era por lo de ayer? ¿Acaso había recordado? Pero era imposible, Ohkura le había dicho que el otro estaba tan aturdido que creía que todo había sido un sueño así que no había lógica. Kei se acercó con pasos rápidos al menor, ahuyentándolo cada que avanzaba pero logró capturarlo en sus brazos, apretándolo con fuerza cuando empezó a patalear y a dar golpes a su pecho, desesperado y con miedo.

-¡Suéltame, maldita sea! ¡SUÉLTAME!
-¡¿Qué te pasa?! ¡Yo no te he hecho nada!

Faltaba un “aún” a su defensa, pero el chico de rostro infantil logró liberarse en un segundo que bajó la guardia, estático y sin comprender, se quedó mirando como salía corriendo de su habitación, seguro con intención de salir de la mansión cuanto antes.

Kei quería ir tras él, quería preguntarle por qué de repente actuaba como si lo odiara y le tuviera miedo pero no lo hizo. Su orgullo le podía y era mejor así, cuanto más lejos el menor estuviera de su persona, más libre él sería para poder efectuar su trabajo.

Y aun sabiendo eso, aun siendo consciente de ello… ¿Por qué dolía tanto, pensar en eso bonitos ojos pardos viéndolo con tanto dolor?

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