INDEX DE FICS

Pues, compadeciéndome de que muchas se pierden con tantos tags que hay en el blog, decidí hacer un index entendible y fácil de seguir, así que provéchenlo y comenten♥:


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[Sorteo CERRADO: "Los regalos de Equizdé"]



Guns and Roses [10]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Una semana y contando uwu
: It's time - Imagine Dragons
: SF Resident Club♥

Notas: Uhhh~~ XD ya sé, es raro que yo actualice tan seguido ewe no, no estoy planeando nada malvado[?] sólo quiero actualizar y ser libre de este fic para enfocarme en los otros y... LA CULPA orz ugh, no sabía que ya lo tenía tanto tiempo... :'D Los comentario se aprecian, las palabras de ánimo también... No está editado, así que si ven algo :'D perdón, su escritora está colapsando porque su puta laptop no quiere correr rápido, creo que se me va a morir ;_; así que iré salvando todos mis archivos now ;3;


Después de despertar, no pasó mucho tiempo hasta que Daiki estuviera de nuevo solo en aquella habitación, Ohkura partió de ahí tan sólo diciendo que debía hacer algunos mandados para Nakajima, que después de todo era uno de los “señores” de la casa y debía atenderlo de igual forma como hacía con Inoo.

El castaño no entendía aún como es que eran familia y por mucho que Yuto dijera que no hablaban porque se odiaban, ni siquiera era algo que hubiera podido pensar, pero si estudiaban en el mismo lugar, tal vez era sólo por su torpeza nata que no supiera en realidad sobre su relación sanguínea. Tal vez sólo era él quien no lo tenía presente pues Yamada no parecía sorprendido.

Si lo pensaba, tampoco sabía que Yamada era tan amigo de Yuto.

Con sus pensamientos haciéndose un ovillo enorme en su cerebro, apretó los ojos y respiró profundo para disolver alguna duda que nacía a raíz de las palabras de Takaki, siendo casi lo único que recordaba del día anterior. Lo demás, estaba como en una nebulosa y no distinguía lo real de un sueño o creaciones de su propia paranoia, algo que le daba mala espina pero que no terminaba de cuadrar en la situación, ¿qué había pasado apenas llegaron a la mansión? ¿De verdad conoció al hermano de Inoo? ¿Inoo tenía acaso un hermano? Sus dedos jugaron nerviosos entre ellos, apretando a su vez las sábanas al querer enfocarse pero todo viéndose tan lejano en su mente que no lograba saber qué era qué. Lo único que recordaba, era lo había ocurrido en la universidad, las palabras de amenaza y las últimas de advertencia, pero no le cuadraba… en verdad, no le cuadraba ¿cómo es que Inoo, su amigo, podía ser un sicario? Habían estado muchas veces solos en el último tiempo como para que no pudiera aprovechar en matarlo, así que carecía de sentido lo que el otro castaño había dicho, aun así… Sentía que algo se le estaba escapando de las manos y no le estaba prestando la suficiente atención.

Se estremeció de pensarlo, de imaginar al otro con una pistola en mano y apuntándole a la cabeza, pero luego también recordó lo vergonzoso del día anterior. Un beso, su primer beso, ¿cómo era posible que su supuesto asesino, lo besara?

Oh, dios… Lo besó, se besaron… Su primer beso.

Daiki se sentía idiota, siempre había sido el chico que se quedaba retrasado en ese tipo de experiencias, el mojigato que vivía en una burbuja y que no quería experimentar sólo porque sí. No sabía si era por los traumas de su padre forzándolo a vivir más de la cuenta desde que estaba en la secundaria, o si era porque simplemente, su personalidad era todavía muy inmadura. A veces, tan sólo creía que era porque su sexualidad no estaba definida.

Toda su vida estudió en un internado para hombres, ¿cómo iba a saber si estaba atraído por una mujer? Sus mejillas se sonrojaron y luego se dio cuenta que hasta el momento, sólo le habían atraído personas de su mismo sexo y se lamentó, admitiendo algo que ya sabía pero que siempre era mejor vivir negando.

Era un Arioka, él no podía ser gay.

Si él fuese como cualquier joven de su edad, la situación sería ya lo suficientemente complicada, admitir que eres gay y besar a tu amigo, fijarte en hombres y sentir que los ojos de todos se vuelven hacia ti, juzgándote. La situación se tornaba peor, cuando tu familia era tan rica y los paparazzis te seguían y perseguían tal cuál fueras un famoso músico o un famoso actor. Él no tenía libertad ni por su familia ni por la prensa… ¿Cómo se supone que podía vivir en paz? ¿Cómo aceptar abiertamente que podía salir con un hombre? Jamás se había planteado en serio el salir con alguien de su género, su ideal era ir a Estados Unidos, viajar y conocer personas… enamorarse. Siempre creyó que de una mujer, pero nunca se prohibió del todo que fuera también un varón; siempre pensó que tendría una novia en algún futuro pero sus ojos siempre iban a parar en jóvenes rostros de chicos, no de chicas. La suficiente prueba que necesitaba para saber que su bando, era otro y no el tradicional.

-¡Arghhhhhhhh!

Sus manos alborotaron su cabello con fuerza, haciéndose otro mundo dentro de otro más. Que si Takaki, que si Inoo, que si su familia o su sexualidad. La gente esperaba tanto de él y él, sentía que no tenía nada para ofrecer, ¿cómo llenar expectativas?

Él no era hábil, no era inteligente…

Él estaba defectuoso.

La rabia en sus ojos era clara, las lágrimas amenazando con salir y él forzándose a parpadear hasta que la sensación de humedad se desvaneció lentamente, respirando tranquilo después de unos segundos. Tomó aire por segunda vez, ahora sí cerciorándose de que su cabeza quedara vacía y no con dudas existenciales ni tratando de darle sentido a su vida. Por el momento sólo debía llenar las expectativas de la universidad y sobrevivir hasta tomar el poder del imperio Arioka.

Fácil… comparado a pelear por sus derechos o pelear porque quería novio y no novia…
O pensar por qué demonios besó a otro hombre que sólo consideraba su amigo.

Sí, mucho más fácil, definitivamente.

Universidad, imperio, fin.

Entornó la mirada, recordando de pronto en dónde es que se encontraba sentado y admiró la habitación del pelinegro sólo que con mayor detenimiento que antes. La desazón en el vientre que de repente sintió le hizo cerrar los ojos otra vez, sólo que con mayor fuerza y en un intento de calmarse, se cubrió el rostro con las palmas, bufando con molestia y frustración.

El espacio tan amplio que lo rodeaba le hacía recordar a su pasado y a su propia vida, a la misma soledad a la que estaba confinado desde que había nacido bajo el apellido Arioka. La incomodidad de sentirse tan vulnerable que lo había descompensado, no tardó mucho en hacerlo salir de ahí, huyendo de los recuerdos ingratos y los momentos tristes de su niñez. No quería eso, suficiente tenía con su presente como ahora sumergirse en el pasado.

Bajó de la cama de un salto, pisando cuidadoso en el suelo alfombrado y buscando por algunas pantuflas que pudiera usar. Seguía vestido con aquel cómodo pijama de seda que le quedaba un poco grande, mirándola confundido porque apenas tenía lapsos donde entendía que era de Inoo y no de alguien más. Agradeció en su fuero intento, que las ropas le quedaran remotamente bien y no tan sueltas.
Sintió una palpitación en la sien apenas quiso avanzar, su cabeza le dolía como los mil demonios, como si tuviera una resaca o por lo menos, como pensaba que debía sentirse una porque jamás en su vida había tomado hasta perder la consciencia.

Si apenas una copa de vino, porque su apariencia y su imagen era lo que más debía pelear por mantener.

Sus pasos temblorosos y sus manos desconfiadas, giraron la manija de la puerta, saliendo casi más rápido que inmediatamente al sentir de pronto el aire intolerable en esa habitación. Odiaba las mansiones, las odiaba con todo su ser. Tuvo un deja vú de haber caminado por ahí ya antes, sólo que más oscuro y sin nada de ruido, como si por la noche se hubiera desplazado por esos pasillos pero era imposible, porque no era sonámbulo y no se había movido de la cama, lo sabía… Trató de pensar en el mayor y si es que lo había visto en la mañana, pero cuando despertó, lo único que observó fue al mayordomo dándole los buenos días y sirviéndole el desayuno, excusándose de no tener uno en el comedor porque ya la mayoría de los residentes habían marchado, o sabiendo si incluía o no a Inoo.

El peso en su pecho se acentuó cuando pensó que tal vez el mayor se había arrepentido de lo que había ocurrido entre ambos, inconscientemente, deslizando sus dedos por sus labios y apurando el paso, queriendo encontrar a alguien para poder preguntar por él.

Los nervios le dejaban el cuerpo erizado, mirando por los pasadizos algún ser vivo y sólo encontrándose con nada, recordando más y más, su propio “hogar”.

Extrañaba a Shige y su estúpido minidepartamento.

Cuando estaba por rendirse y gritar para llamar la atención de cualquier persona en el edificio, el sonido de unas teclas le hizo agudizar el oído, acercándose con recelo a la puerta entreabierta de lo que parecía un estudio. Sus ojos escudriñaron por la abertura y se llevó la sorpresa que había alguien que no había visto ahí hasta el momento, entrando sin cortesía o aviso alguno para observarlo con detenimiento. No pudo evitarlo, aquel hombre era… llamativo.

-Eh… ¿disculpe? – Daiki se quedó de hielo, arrepintiéndose de pronto de haber entrado cuando el sujeto alzó la mirada y sólo se quedó observándolo. Sin decir nada de nada – S-soy amigo de Inoo-chan y… y… bueno… ¿lo ha vi-?
-¿Arioka-kun? – el menor asintió, nervioso de pronto – No sabía que Inoo tenía de amigo al heredero Arioka

“Heredero Arioka”.

El castaño sintió sus manos temblar de pura rabia y las apretó en puños, mirando hacia otro lado para no faltarle el respeto a aquel desconocido. Ganas no le faltaban, pero definitivamente, no podía tampoco dejar mal a su familia. Lo habían educado, para ser un caballero en toda situación.

-¿Me conoce?
-Sería difícil no conocerte… Aunque definitivamente, tu hermano me interesaba más – el hombre sonrió con tranquilidad, ganándose la mirada confusa del otro - ¿Kei no te ha hablado de su familia, pequeño?
-No soy pequeño – carraspeó, aclarándose la garganta y mirando a sus pies, con incomodidad – Inoo-chan no habla mucho de sus familiares, habla más de…

De nada.

El castaño parpadeó sorprendido, pues recién se daba cuenta que no sabía absolutamente nada del pelinegro, salían y conversaban mucho pero si se quedaba pensando con detenimiento en todas esas conversaciones, sólo había sido él quien intervenía y decía algo al respecto. Sólo eran él y sus opiniones y Kei diciendo algo más, nunca… opinando, nunca desvelando quién era en realidad.

Las palabras de Takaki volvieron a resonar en su cabeza y se estremeció, negando rápidamente para volver a ver al hombre.

-¿Quién es usted? – cortó su respuesta anterior, tratando de pasar desapercibido - ¿Es su primo… su hermano?

Uchi sonrió con amabilidad, sin forzar absolutamente nada pues estaba curioso por conocer a la persona que podía doblegar el alma del Demonio de Hielo, no cualquiera podía ganarse la confianza de Inoo y mucho menos su afecto. Si Arioka tenía algo especial, él lo iba a saber. Tenía completa consciencia que su comportamiento estaba saliendo de lo permitido, que Ohkura le recriminaría por entrometerse en los asuntos de su protegido pero le era inevitable, además, con su rango como otro al mando, tenía todo el poder y el derecho de hacer y deshacer como le diera en gana.

Él actuaría como si fuera un dueño de casa, no como un simple empleado.

Suavemente se levantó del escritorio en el que estaba sentado, tomando de repente un portafolio de color rojo vivo y caminó despacio al castaño que lo veía sin comprender. El mayor notaba con tranquilidad como es que la vena de su cuello empezaba a palpitar con fuerza por su miedo, por sus nervios de no saber en dónde se estaba metiendo.

-Soy tío de Inoo, hermano de su fallecida madre – mintió a medias, caminando hacia el otro joven sorprendido – Soy su tutor legal, pero más que nada, soy reportero
-¿T-tutor legal? ¿Y su papá? ¿Él… también falleció?

De repente tenía la garganta seca y una parte de él se sintió fatal. Llevaba algún tiempo conociendo al mayor y aun así… No tenía ni idea, apretó las manos y bajó la cabeza, se sentía la peor persona del mundo, ¿qué clase de amigo se creía? Había sido él quien había forzado al mayor a ser cercanos, mas él no se había esforzado ni un poco en conocerlo.

-No te preocupes, no suele hablar de eso a menos que sea estrictamente necesario

El mayor se encogió de hombros y Daiki lo miró con ojos grandes y tristes, de un color marrón oscuro profundo, emanando una brillantez extraña en sus orbes. Era peculiar, no podía negarlo y mientras Uchi lo observaba pues el otro se negaba a desviar sus ojos, en su mente algo encajó, entendiendo por qué era que Arioka atraía tanto al dotado Inoo, y es que si uno se fijaba en esos pardos iris, se podía ver claramente la pureza de estos…

¡Por dios! Si hasta el niño quería llorar con tan solo la información recibida.

Kei no había tenido nunca la oportunidad de conocer a alguien que no tuviera maldad en su corazón, era obvia la razón de por qué este diminuto ser despertaba en él emociones.

Pero él, no lo dejaría. Rompería con esa pureza.

Destrozaría aquella pureza que derretía las capas que hacían fuerte al Demonio de Hielo, al siguiente al mando del Clan Nakajima.

-Arioka-kun, acabo de comentarte que soy reportero… ¿Te molestaría si te hago una entrevista? Quiero confirmar algunos datos con respecto a tu hermano. No te preocupes, todo será “off the record”

Daiki observó el folio rojo vivo y se encogió de hombros, su mente seguía pensando en Inoo y en su familia, en que tal vez si se quedaba algo más de tiempo con aquel sujeto, podría obtener más información personal del su “amigo”. No perdía nada, ello era mejor que estar solo y además, ¿qué otra cosa podrían preguntarle de lo que ya habían hecho los otros reporteros?

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Chinen no era malo, por lo menos no se consideraba una mala persona porque jamás le había hecho daño a nadie, simplemente… Estaba aburrido.

Aburrido de una vida monótona, de una vida donde ya sabía qué debía hacer y cómo hacerlo, que a donde quería llegar y de qué forma. Tenía todo planeado por sí mismo, no porque se lo impusieran pero era tan fácil y tan simple que sentía que no podía disfrutar de nada en realidad. Odiaba su vida normal, esa era su única verdad. Por lo que cuando Takaki llegó herido a su casa y después de confesarle todo en el camino al hospital, pudo ver delante de sí como las puertas a una nueva libertad se abrían para darle paso a otra más oscura pero que se veía de lejos, muchísimo más interesante de lo que era su actual camino. El menor no dudó en tomar su oportunidad, no dudó ni un segundo porque no dejaría que esa libertad negra se diluyera junto con el arrepentimiento del hombre que tenía delante.

Tal vez estaba usando a Takaki para su propio beneficio, pero ciertamente el otro, no tenía nada que perder.

Con sus pasos cortos a comparación del otro par que iba delante suyo, siguió directo por aquel pasillo silencioso, observando simplemente a una persona asomada en uno de los marcos de una de las tantas puertas el lugar, con una bata de vino tinto de seda puesta y sin nada más debajo. Podía ver su hombro desnudo y como con un abanico se echaba aire con simpleza.

La sonrisa de sus labios, era enfermiza.

Observó como Takaki lo miraba con repulsión y Chinen se preguntó, ¿qué se supone que pasaba en ese lugar como para que hubiera tanto rencor y tanta apatía entre sus habitantes? Quería preguntar, tenía muchas dudas sobre absolutamente todo pero sabía que si lo hacía podría estar cometiendo uno de los peores errores de su vida.

Posiblemente, podría morir…

“Morir”

La palabra le sonó tan emocionante, sintiendo como un viento revitalizador chocaba contra su cuerpo pequeño, llenándolo de una emoción sádica que jamás había experimentado. Él, Chinen Yuri, estaba por fin jugando en un rango digno de él. Por fin, jugaba con la realidad y no sólo con expectativas de perfección… Esto era distinto, era mejor.

YamaP se detuvo delante de ellos, captando de inmediato su atención y abrió una puerta diferente al resto, una puerta plana y de metal que dirigía al sótano de la residencia, escuchó un carraspeó y observó a Yuya, como movía las palmas contra su ropa, incómodo.

Tal vez algo nervioso.

Frunció el ceño, sus pies siguiendo el camino marcado por los mayores que conocían bien a dónde se dirigían y pronto entró a una sala oscura donde sólo había una silla y al otro lado, un enorme armario, las paredes eran blancas y se notaba que encima tenían una capa de barniz muy gruesa, tan gruesa que se volvía impermeable y de ensuciar, sólo bastaba echarle agua para limpiarla.

Yuri no era idiota, por algo tenía un nivel coeficiente superior y no por nada, era becado. Era básicamente, un genio entre todos esos tontos mortales que lo rodeaban así que la simpleza del lugar con su decorado le bastaban para hacerse una idea de lo que era: una sala de torturas, con una facilidad de limpieza digna de un asesino serial.

Sus ojos negros observaron atento como Yamashita indicaba al alto a sentarse en la silla con una sola mueca, siendo obedecido en el acto y sin algún signo de rebelión, ¿Qué tan fuerte era ese tipo como para que Yuya ni siquiera se atreviera a retarlo?
En silencio y con cuidado, el jefe del Clan fue rodeando con correas de cuero los antebrazos del castaño, inmovilizándolo de inmediato pero con una parsimonia digna de un profesional.

Yuri sintió su cuerpo helarse en anticipación a la sangre, sus ojos abriéndose aún más cuando las puertas del armario fueron abiertas, esperando con fanatismo insaciable alguna arma letal y sanguinaria pero nada de eso fue lo que obtuvo. El hombre había sacado algo, sí, pero más parecía un pequeño instrumento para romper nueces que algo letal.

De hecho, si lo veía atento, podía asegurar que sí era un cascanueces de metal y simple.

-Estira los dedos
-¿Sólo vas a hacer eso?

Takaki le lanzó una mirada asesina cuando no supo controlar su curiosidad morbosa pero le gustó la respuesta de su nuevo “líder”. Una carcajada limpia y letal, que hasta a él le erizaban los vellos de los brazos al darse cuenta lo mucho que disfrutaba el hacerle eso al castaño.

-Es un castigo simple – admitió Yamashita, encogiéndose de hombros mientras veía a Yuri que disfrutaba su espectáculo desde la primera fila. Por una vez, pensó el mayor, Takaki no se había confundido seleccionando a un candidato para pertenecer al clan - ¿Quisieras hacerlo tú?

Chinen se estremeció y miró a Yuya, definitivamente quería hacerlo pero no podía arriesgarse a ganarse su enemistad desde ya tan pronto. No era idiota, simplemente quería vivir más y vivir de la forma más divertida posible, no ser asesinado por un sociópata como lo era él. Con el fastidio de no poder hacer lo que quisiera, aún, negó despacio para declinar la oferta mas no obtuvo decepción de parte del mayor, su sonrisa ladina le decía que ya le estaba dando su aprobación y eso que tan sólo había pasado una hora desde que había pisado ese lugar.

Tal vez, después de todo, él había nacido para ser sicario.

Yuya carraspeó de manera brusca para borrarle la sonrisa y Yuri tan sólo se rió para sus adentros, no porque quisiera que le pasara algo malo sino porque imaginaba claramente cómo debía estarse sintiendo con todo el show que presenciaba. El orgullo del cuál tanto alarde hacía, estaba terminando de ser destrozado.
Yamashita miró al par con curiosidad vivida pero no se tomó la molestia de evaluarlo más allá de la cuenta, él simplemente tomó el cascanueces que tenía en la mano y se acercó al joven que yacía sentado, con labios casi hechos una línea de lo tensos que estaban y sus ojos, ardiendo de rabia.

-¿Zurdo o diestro?
-Sabes que diestro
-Correcto – el líder sólo sonrió, mirando al pelinegro que se había acercado unos pasos – Piensas que es simple, pero para romper los huesos es mejor pensar y no sólo actuar. Cuando rompes los dedos de una persona puedes hacerlo con la mano porque es más fácil pero en realidad, no le “rompes” el hueso, simplemente lo llegas a dislocar de una manera más sádica…– Tomohisa tomó el meñique de la mano izquierda de Takaki, este tan solo reaccionó desviando la mirada y apretando más los labios – En cambio si utilizas una herramienta, no estás separando los huesos de sus intersecciones… Estás rompiendo el hueso, justo por la mitad

La explicación fue técnica y el menor pudo entender el porqué de su accionar mas no llegó a razonar del todo, no cuando un sonido de algo rompiéndose le heló la sangre y su estómago reaccionó de tal forma que tuvo que ponerse las manos sobre la boca y evitar vomitar. Casi, se estaba atragantando cuando el jefe tomaba el siguiente dedo de la mano y repetía la acción. El sonido sonando más fuerte entre esas paredes pero jamás, escuchando un grito de Takaki, salvo por pequeños quejidos que podían pasar desapercibidos.

Chinen lo miró, completamente admirado de su inhumanidad y deseó con todas sus fuerzas ser como él. No sentir nada, no importarle nada… Disfrutar de lo que hacía, demostrando a todos que él era lo mejor de lo mejor.

Se relamió los labios una vez recobró la compostura, siguiendo el trayecto de la sangre que corría por la comisura de los labios del castaño, suponía que se había causado alguna herida interior al tratar de contener los gritos mordiéndose a sí mismo y ahora, la herida le pasaba factura con una pequeña hemorragia que se desbordaba hacia el exterior. El pelinegro no entendía, pero la sola imagen del otro siendo torturado, era extremadamente deliciosa, era… excitante y si a eso le sumaba la sangre…

Podría dejar que Takaki, follara ahí mismo.

Su sonrisa se hizo más sádica según los dedos se siguieron rompiendo hasta que toda la mano izquierda, quedó de una forma peculiar. El silencio fue cayendo lentamente y a medida que la respiración de Yuya se iba agitando, el mayor entre los tres guardó el cascanueces y se marchó con paso tranquilo, no diciendo nada con respecto al menor pero tampoco poniendo alguna objeción. Con sus pasos cortos, se fue acercando al joven que mantenía los ojos cerrados ahora, como concentrado en no gritar de dolor. Estaba embelesado admirando su mano destrozada, tentándose a tocar pero apenas pasando los dedos por el antebrazo y llegando a la muñeca antes de volver al codo, no del todo seguro de si quería o no quería tocar la piel rasgada y los huesos dañados… No sabía si se iba a abstener de hacer presión para ver algún gesto de dolor del otro.
La cabeza del castaño se movió y él se quedó viendo sus ojos negros, tan oscuros que sentía que su maldad y rabia lo podían absorber y Yuri supo con certeza, que él quería tener esa mirada… No había duda, jamás la hubo, él pertenecía ahí.

-Enano, por una puta vez, libérame!
-No quiero – sonrió ante la mirada cargada de odio del mayor – Siempre vienes con ganas de sexo a mí, ahora que somos compañeros…

Yuya no lo dejó seguir, en su arrebato de cólera le escupió al menor al rostro y quiso patearlo, mas Yuri retrocedió sin algún problema y con suavidad, se limpió la mejilla afectada.

-No me tientes Yuya… Que puede que no sepa manejar un arma, ni pueda pelear… Pero hay más formas de matar a alguien cuando tienes la suficiente inteligencia, como para pensar en un plan. ¿Pretendes acaso no dormir por el resto de tu vida? ¿O no comer? Porque créeme, si quiero puedo matar tantas personas como tú lo has hecho, en menos tiempo

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Su cabello castaño y ondeado caía graciosamente sobre sus hombros, ella no era del todo japonesa pues en su sangre corrían genes británicos pero sólo se hacían presentes en su cabellera y en sus ojos más grandes de lo normal y con un dulce color chocolate en estos. Su personalidad era calma, relajada casi y disfrutaba mucho de su profesión, no por nada la había elegido desde que era pequeña y siempre había tenido la seguridad de ser psicóloga el resto de su vida.

No sabía en qué momento fue que sus planes se combinaron con otros y ahora sentía como la felicidad tenía más perfiles, muchos más colores que los de un arcoiris y ella resbalaba feliz por ese tobogán, alborotando sus sentimientos y su sensatez.

Melissa no tenía nada personal en contra de Yuto, pero ciertamente tenía rabia contenida contra los Nakajima, ¿cómo perdonar a las personas que le habían arrebatado la vida? Cuando era pequeña jugaba en aquella mansión con alegría pura e inocente, Yuto era agradable, era su amigo y le gustaba demasiado. Desde pequeño el joven había sido apuesto, por lo que cuando los propusieron como prometidos para que en un futuro se casaran, no tuvo alguna queja… Por ella, se casaban ahí mismo y cuanto antes porque aquel chico pelinegro tenía toda su atención y quería que siguiera siendo así.

Pero pasaron los años, unos 6 tal vez y fue cuando la adolescencia los atrapó, Melissa sabía que Yuto no la quería y el niño que alguna vez conoció, fue convirtiéndose poco a poco en un ser detestable como lo era su padre, ¿cómo? Jamás lo supo, solamente veía de lejos como el muchacho se iba transformando… Cada vez más distante, más ausente, como si su mente fuera volando hacia otros lados y no se quedara con ella. Era obligatorio para ellos pasar un día a la semana juntos, era como el trato que sus padres habían hecho con los Nakajima para que pudieran irse acostumbrando el uno al otro para cuando se casaran, era tonto y lo sabía pero el solo pensar que lo vería un sábado o un domingo, su semana se volvía buena y daba todo de sí para que no tuviera algún percance y todo marchara perfecto.

Solo que lo último que era, era perfecto.

Yuto siempre aparecía, de eso no había duda pero llegaba oliendo a alguien más… A veces olía a alcohol y a tabaco de manera grotesca pero camuflado estaba el perfume ajeno de o una mujer o un hombre, siempre impregnado a su piel más que a su ropa y ella, no entendía… No entendía porque si la tenía a ella, ¿por qué prefería a alguien más? Yuto fue cambiando más con el tiempo, llegando al punto que sólo era un desconocido del cuál se sabía el nombre y sus caricaturas favoritas de los 5 años y más nada. No sabía qué hacía en la semana, no sabía dónde estudiaba. Sus guardaespaldas nunca la dejaban entrar ya a su habitación y cuando lo llamaba, siempre le decían que estaba ocupado, ¿ocupado con qué?

La respuesta llegó no poco después cuando ella terminaba el instituto, su diferencia de edades con el menor eran tan sólo de 3 años por lo que no había gran problema al momento de organizar la boda pero todo se vio en picada cuando el señor Nakajima murió.

El saber que había sido asesinado, le cambió la vida.

No es que no supiera que su futuro suegro estaba inmiscuido en mil cosas de mal vivir, pero tampoco había sabido que estaba educando a su hijo para ser un asesino a sueldo o que lo sometía a entrenamientos para poder aprender a manejar un arma de fuego o cómo actuar para no dejar huellas dactilares en la escena del crimen. Ella sabía que había sido ese hombre quien había arruinado a su prometido y era algo que no lo podía perdonar.
Sus deseos de poder estudiar psicología radicaban en su noble corazón de querer ayudar a los niños, siempre le habían gustado y era su punto débil imaginarse de madre, pero si quería poder llegar más lejos y poder ser de la “familia” para así lograr sus objetivos, debía de hacer algo para que la reconocieran y recordaran su nombre, no sólo como aquella niña prometida al heredero. Melissa decidió estudiar y trabajar para la familia a la que pronto pertenecería, al terminar su carrera de manera básica y adelantando todos los cursos posibles para acortarla, abrió su propio despacho con ayuda de su fideicomiso, teniendo dos líneas de trabajo: la normal, con pacientes aburridos y estúpidos y la de extra oficial, donde servía de equilibrio mental a asesinos para que pudieran hacer bien su trabajo.

Su idea principal era poder tener el despacho y así hacer que Yuto fuera a ella, que se abriera y le contara todos sus problemas, que pudiera así entenderlo un poco más y no sólo tuviera la sombra de su pasado que a estas alturas, ya nada quedaba.

Lo único que la joven quería, era poder estar cerca de su prometido.

Los ideales que cargaba en su alma fueron diluyéndose según los meses pasaban, porque nunca jamás se aparecía Yuto y porque sus otros subordinados, sí lo hacían. Inoo entró a trabajar poco después que ella también lo hiciera y fue de los pocos pacientes de la mansión que le cayó bien. El joven no le ocultaba nada y era agradable, tener un asesino con valores entre todo aquel saco pútrido de almas, mas no le ayudaba a su corazón cada que le escuchaba decir algo con respecto a las salidas de Yuto, que no entendía como el joven se podía dar el lujo de involucrarse en la cama de tantas personas cuando su trabajo trataba de mantenerse anónimo con todo quien te rodeaba, que así era lo mejor.

Nadie sabía, salvo los más antiguos de la mansión, que ella era su prometida… Una prometida que sólo tenía el título y nada más.

Era estúpido cómo le dolía que en aquella casa le dejaran hacer lo que quisiera, que los que trabajaban en el Clan Nakajima no le daban algún límite al menor porque simple y llanamente, era el que tenía en su sangre la herencia del líder anterior y debían darle toda la libertad que quisiera, porque nadie podía ni debía controlarlo. Él era uno más de esos estúpidos sicarios que se supone sabían lo que hacían.

Y lo odió, odió a todos pero más odió a su padre que fue quien había convertido al dulce niño de su infancia en un ogro y un asco de humano. Lo detestaba.
Mas nada de eso fue lo que influyó en su última decisión, la gota que rebalsó el vaso de paciencia tenía nombre y apellido, pero ninguno que comenzara con N.

Yamada Ryosuke, había sido una muy desagradable sorpresa para su persona.

No culpaba a su “ex” prometido –porque después de lo presenciado, oficialmente cortaría relación con él–, por estar prendido de él, ella también lo hubiera estado de no haber presenciado el acto morboso de su beso descarado, con las manos recorriéndose el uno al otro por el placer de hacerlo. De sólo recordarlo, le daban ganas de vomitar.
Su intención de colocar cámaras de seguridad en el ascensor era para poder vigilar a sus pacientes. Para saber de qué ánimos iban a la consulta y así, y sólo así, es que sabía cuándo Inoo llegaba de pocas pulgas o cuando Maruyama tenía ganas de acosarla. Podía así protegerse por si alguno de esos locos llegaba armado o podía escuchar conversaciones que luego le ayudarían en sus sesiones, era un recurso más en su trabajo. Nunca pensó, que con estas cámaras iba a ver de primera mano cómo era que su "ex" se la montaba sin importarle el lugar.

Yuto no iba nunca a su consultorio, el que acompañara a aquel nuevo miembro del clan era tan inusual que no pudo evitar que la sangre le hirviera de celos. Eso significa algo, no sabía si mucho o poco pero significa algo… Y ella, ya estaba harta. Cansada de ser siempre la última de la fila en aquel maldito grupo, la supuesta futura cabeza que se quedaba aislada porque a nadie le importaba, cogió la tarjeta que llevaba guardada ya algunos varios meses.

La tarjeta de un hombre que le asustó, pero que repentinamente en ese momento tenía mucho sentido llamarlo para ponerse en contacto. Recordaba sus palabras tal cual fuera ayer que se las dijo, contándole que trabaja para un servicio de inteligencia privado que investigaba al Clan Nakajima con el objetivo de estar al tanto de sus procedimientos para ver en un futuro la manera de detenerlos y disolverlos, terminando así con la profesión de sus integrantes.

Melissa marcó sin dudarlo y siguió al pie de la letra lo que el hombre le decía a la otra línea. Era simple lo que debía hacer, sólo mandar un email a una dirección en específico, detallando la información que tenía de sus sesiones privadas con Inoo y demás compañeros, además de los videos que tenía grabados de cada cita con ellos y alguna anotación que pudiera ser útil para su destinatario. Ella no sabía para quien iba dirigido el mensaje pero si de algo tenia certeza en su vida, es que a pesar de todo, Yuto amaba su profesión.

¿Por qué no arrebatarle y destruir lo que más le apasionaba?

Yamada ya se las había pagado en aquella sesión introductoria con preguntas hirientes y acusaciones disimuladas en pequeños comentarios que habían terminado con hacerlo llorar. La satisfacción de hacerle morder polvo a un pobre demonio era cautivante, aunque patético porque se supone que los de su categoría hace mucho habían borrado los sentimientos, ¿qué de bueno tenía alguien débil? Era un fastidio y le enervaba los nervios, por eso tenía decidido que lo torturaría en cada futura reunión que tuvieran, que lo haría sufrir cada poco que estuviera en el mullido sillón de su despacho, y mientras estaba en ello, terminaría con el último Nakajima y todo su basto legado, filtrando toda la información del Clan a sus peores enemigos.

“No hay nada peor que una mujer despechada”.

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Su cuerpo estaba temblando de manera sádica, sus manos frotaban sus antebrazos tratando de darse calor a sí mismo pero no había nada que hacer, sus pies también estaban en la misma situación y su cabeza estaba partiéndose en dos por la cantidad de información que había recibido.

No podía ser cierto, todo eso era mentira.

Sus lágrimas corrían rápidas y fieras por sus mejillas, derramando las gotas según daba los pasos torpes por aquella mansión, buscando la habitación de la que había salido hace lo que le parecía una eternidad para buscar su ropa. Necesitaba salir de ahí, necesitaba huir.

Tenía como una aguja clavada en el pecho que le decía que buscara a Inoo, que le contara lo que había pasado con aquel que decía ser su tutor legal y lo que le había contado sobre su hermano. Sentía como que debía de desquitarse todo con el mayor porque no tenía algún amigo más en quien pudiera recurrir y todo ello era demasiado para sus débiles hombros.

Él no quería eso, él no quería desconfiar.

Pero Daiki no tenía ya otra salida, ya no había algo que pudiera reparar la imagen de su hermano mayor y no es que hubieran sido unidos, jamás lo fueron y no se conocían pero no podía terminar de aceptar que Tatsuya fuera… tan mala persona…

Las fotografías se fueron deslizando en su mente como si una mano las mostrara una a una. El mayor de los Arioka en una fiesta, en otra imagen lamiendo algo que parecía “sal”, sólo que mucho más fina… En otra jugando con el polvo blanco, inhalándolo.

No sólo eran las drogas… Había fotos de orgías, fotos de cuerpos en posiciones extrañas, habían a momentos unas imágenes de hombres con una cadena ahorcando al mayor mientras…

Su hermano no podía, ¡No podía! Era un Arioka, el heredero al gran imperio. Respetado por todos los que lo conocían, admirado por quienes estudiaron con él. El que rompía corazones, el hijo pródigo y perfecto.

Simplemente, su hermano no podía… Él no podía haber sido así.

Apretó los ojos y volvió a llorar con más rabia, si no sabía ni siquiera quién era su hermano… ¿A quién podía decir que conocía de verdad? ¿Qué demonios era o no real en su vida? ¿Quién era real y quién no? ¿Takaki mentía, decía la verdad ¿Ayer lo atacaron dentro de esa mansión o era su imaginación? ¿Yuto era primo de Inoo? ¿Vivían juntos? ¿Por qué todos sabían todo suyo y él no sabía nada de ellos? ¿Por qué sentía que la confianza que había otorgado no era más que una mentira?

Con pasos torpes entró a aquella habitación tan amplia que le hacía ahogarse con más facilidad en su miseria y buscó sus prendas tiradas en el cesto de ropa sucia. Agradeció que ningún empleado pasara a recogerla y él tuviera que esperar a que estuvieran limpias, quería irse cuanto antes de ahí, quería huir como el lastimero cobarde que era y siempre sería. Con manos temblorosas marcó el número de su chofer privado una vez se hubo cambiado y le dio las indicaciones del caso para que lo fuera a recoger, con los pies pateó el pijama que momentos antes había estado usando y justo cuando estaba preparándose para salir de ahí, un cuerpo delgado se asomó en la habitación con las manos vendadas.

Daiki se preguntó, por qué Kei tenía el rostro de cansancio y por qué de pronto, aparecía tan herido delante de él.

-¿Te marchas ya? – preguntó el mayor, acercándose unos pasos hacia él. No supo por qué, pero su cuerpo le impulsó a retroceder - ¿Daiki?
-Aléjate… Aléjate de mi…

El castaño volvió a liberar nuevas lágrimas, dejando anonado al pelinegro que no entendía que de repente había cambiado entre ellos, ¿acaso era por lo de ayer? ¿Acaso había recordado? Pero era imposible, Ohkura le había dicho que el otro estaba tan aturdido que creía que todo había sido un sueño así que no había lógica. Kei se acercó con pasos rápidos al menor, ahuyentándolo cada que avanzaba pero logró capturarlo en sus brazos, apretándolo con fuerza cuando empezó a patalear y a dar golpes a su pecho, desesperado y con miedo.

-¡Suéltame, maldita sea! ¡SUÉLTAME!
-¡¿Qué te pasa?! ¡Yo no te he hecho nada!

Faltaba un “aún” a su defensa, pero el chico de rostro infantil logró liberarse en un segundo que bajó la guardia, estático y sin comprender, se quedó mirando como salía corriendo de su habitación, seguro con intención de salir de la mansión cuanto antes.

Kei quería ir tras él, quería preguntarle por qué de repente actuaba como si lo odiara y le tuviera miedo pero no lo hizo. Su orgullo le podía y era mejor así, cuanto más lejos el menor estuviera de su persona, más libre él sería para poder efectuar su trabajo.

Y aun sabiendo eso, aun siendo consciente de ello… ¿Por qué dolía tanto, pensar en eso bonitos ojos pardos viéndolo con tanto dolor?

Guns and Roses [9]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Hace frío u3u
: Demons - Imagine Dragons
: SF Resident Club♥

Notas: Ya sé, me demoré la vida -otra vez- Pero XD asdadsasd aish, ya... al igual que con todos mis fics pasados, tuve mi etapa emo pe :C pero ya salí, ya me superé y ugh, creo que lo llevo repitiendo mil veces lo mismo... No sé u3u si se acuerden de este fic, pero si lo hacen X'D gracias♥ Ya saben, cualquier crítica y/o sugerencia, es bien recibida :'3


Ya había perdido la noción del tiempo que llevaba trabajando en ello, tal vez un año o tal vez dos. Tal vez era menos y él tan sólo estaba exagerando. Pero fuera como fuera, Hikaru disfrutaba de su doble, hasta triple vida: era barman, era policía y bueno… Era él.

Su turno de noche en el bar empezaba recién en unas cuatro horas y sus ojos ya miraban las manecillas del reloj que estaban en su muñeca izquierda, coordinando mentalmente cada uno de los pasos que daría ese día. Tomó un suspiro y se colocó los zapatos en la entrada de su departamento antes de salir, miró de lado a lado y volvió a enfocarse en el aparato. Cambió el formato de presentación con la presión de un solo botón para que la pantalla dejara de ser analógica y se volviera computarizada de inmediato, otro botón y la cuenta regresiva empezó a contar hacia atrás; le quedaban 240 -239, 238- minutos libres y necesitaba ir al Cuartel General a marcar su tarjeta para confirmar que seguía estando dentro de la operación y a hacer algunos informes de algunos trámites ilegales de baja monta, de los cuáles había sido testigo y de los cuáles estaba pasando el cable para que sus otros compañeros de trabajo se hicieran cargo.

Él no tenía tiempo para eso, por eso no los investigaba.

Después de quince minutos de viajar en tren, bajó en una estación poca concurrida. Su forma de vestir era muy informal y desinteresada, un joven más del montón, por lo que no llamaba ni un poco la atención, algo que solía jugarle a favor en esos días en los que tenía que presentarse en su centro laboral real. Miró su reloj – otra vez – y habían pasado exactamente 25 minutos desde que había salido de su casa así que todavía tenía tiempo de hacer lo que debía. Miró de reojo hacia las personas del andén y en vez de salir por la puerta que daba a la calle –como cualquier otro transeúnte y usuario– se fue hacia la izquierda, palpando por el rincón detrás de una máquina dispensadora de bebidas y, sin sorpresa alguna, tomó la manija de una puerta bien disimulada contra la pared.

Tiró de ella y se abrió el paso hacia unas escaleras.

El descenso era lo suficientemente tenebroso como para que cualquier persona ajena al personal quisiera involucrarse, nadie fuera del equipo seleccionado a aquella área era capaz de dar más de cinco pasos antes de volverse por donde habían venido y en caso de que tuvieran el valor para hacerlo, al final del camino había otra puerta a la que sólo se podía ingresar con el carnet de identificación de agente policial y el código de seguridad.
Hikaru miró hacia arriba, a la puerta por la que acababa de entrar cuando ésta se cerró con un suave “click” a sus espaldas, ¿hace cuánto no venía a estas instalaciones? Tal vez eran ya algo de dos semanas pero el caso Arioka estaba turbiándose más de lo que hubiera esperado, teniendo sus peores momentos en esos últimos días en los que ni siquiera Okamoto iba al bar. Sin él, no tenía una pista que seguir.

Algo estaba ocurriendo, estaba seguro de ello, pero no entendía bien el qué. A sus oídos tampoco había llegado información alguna sobre los movimientos del clan Nakajima y eso era todavía, más exasperante. Conocía bien la reputación de Inoo Kei dentro de los sicarios más conocidos por su sangre fría y el que estuviera demorando en completar la misión, abría tantas incógnitas que no era posible sacar una hipótesis al respecto. Pero más que causarle dudas, le causaba un temor propio de su profesión: No ser capaz de detenerlos.
No tuvo ni siquiera una posibilidad cuando ocurrió el asesinato del hermano mayor, por lo que si ahora no tenía suceso protegiendo al menor de los Arioka, empezaría a creer que se había equivocado al querer ser policía y eso era un lujo que no se quería permitir. Le gustaba lo que hacía… a pesar de todo.
Un suspiro salió de sus labios, mientras tecleaba el código de acceso a las oficinas. Era verdad que en esos días no había sabido nada del clan Nakajima, pero de quienes sí había escuchado era sobre los Yamashita y la reciente rebelión de uno de sus asesinos estrella, Yamada. Ello no era lo que más lo tenía en sobre aviso, sino que ya habían encontrado un nuevo mercenario para sustituir su baja, un reemplazo sugerido ni más ni menos que por el mismo Takaki Yuya. Ello definitivamente no tenía buena pinta. Aquel castaño llevaba por algo el extraño apodo de “Bloody", su disfrute al desangrar víctimas era enfermizo –recordaba bien todas aquellas fotos de las escenas de crimines perpetrados por él– así que no podía hacerse una imagen de aquel que había encontrado para llenar filas en el clan, estaba casi seguro que debía de ser otro homicida sociópata, hablando por lo mínimo de sus características.

Suspiró con pesar de tan solo pensar a lo que ahora la oficina tenía que enfrentarse, el gobierno les metía presión para atraparlos pero el retraso no era su culpa. Apenas llevaba ahí 3 años, hace dos que trabajaba de encubierto y ninguno con alguna facilidad de pruebas para detener a los implicados. Todo siempre era circunstancial.

-Es bueno verte la cara de vez en cuando, Hikaru
-Sé que me extrañas, Tama-chan

Su compañero de equipo asomó la cabeza por una de las puertas de las pocas oficinas que había en el recinto, los demás eran tan sólo cubículos donde los empleados hacían sus papeleos y sus seguimientos correspondientes. Verlo ahí, en un lugar tan apartado con un grado de relevancia muy por encima del resto, le recordó lo vital de su trabajo y la importancia del mismo para sus jefes.

La mitad del cuerpo de Tamamori Yuta desapareció detrás del marco de la puerta recién abierta, invitándolo a pasar y seguro, invitándolo a informarse de todo aquello de lo que era ignorante debido a su trabajo de campo. No tardó mucho en seguir sus pasos silenciosos, quería poder ampliar más su perspectiva antes de presentar los informes adquiridos recientemente a su superior inmediato.

La computadora que yacía sobre el escritorio del joven detective constaba de tres pantallas, cada una con algo distinto para mostrar: fotos, documentos y un mapa gps. Un teclado bastante completo se abría paso como un abanico que ocupaba casi toda la parte libre, además de una impresora de última generación, la cual estaba terminando de imprimir quién-sabía-qué. Hikaru jaló hacia sí la única silla que había además de la que usaba el mismo Yuta, sentándose con el respaldar hacia delante para tener un lugar donde pudiera apoyar los brazos y la cabeza. Ni siquiera empezaba a informarle de las cosas que habían ocurrido pero de por sí, ya tenía jaqueca al pensar todo lo que había de más y él no estaba ni remotamente enterado.

-Por cierto, cayó otro más de la lista de comandantes corruptos – Tamamori revisó en lo más abajo de una pila de papeles y le brindó un folder de manila al otro detective quién fruncía el ceño con frustración – Akanishi, al parecer está metido hasta el cuello con el tráfico de armas. No le digas al jefe pero estoy seguro que está a nada de vender a Kamenashi con tal de que le reduzcan la pena por traición
-No sé ni por qué me sorprende, ellos siempre estuvieron más del otro lado que del nuestro
-¿Lo dices por su pasado?
-Por eso y más – Hikaru carraspeó, ojeando el informe por un segundo y luego dejándolo de lado para mirar a su compañero - ¿Tienes algo sobre la autopsia de Arioka Tatsuya? – miró su compañero enarcar las cejas, sorprendido por su desinterés en el tema – No pienso seguir evaluando a los gusanos que no nos dejan hacer bien nuestro trabajo, pretendo sólo enfocarme en lo que nos va a ayudar a poder cerrar el caso de una vez
-¿Y en qué nos ayuda investigar al mayor de los Arioka? Ya está muerto
-Muerto o no, su cuerpo nos va a decir lo que queremos saber, ¿has revisado acaso la autopsia?
-Te estaba esperando para analizarla juntos – el mayor palpó en los bolsillos de atrás de su pantalón hasta que sacó una pequeña llave, se inclinó en el escritorio y abrió el último cajón que tenía una gran cantidad de archivos. Todos en carpetas negras y sin alguna clasificación aparente – Éste es – dijo después de revisar tan sólo por encima los documentos – Pero antes de dártelo… - hizo el ademán de acercarle la documentación a su compañero, pero arrebatándoselo antes de que pudiera tocarlo – Estoy seguro que ya sabes lo que vamos a encontrar, hazme un resumen
-La última vez que fue Okamoto al bar, me contó sobre la curiosa muerte de Tatsuya. Si es que los análisis muestran un alto consumo de cocaína y éxtasis, la hipótesis que se lanzó sobre que fue asesinado por ser heredero de los Arioka, carece de sentido
-Hmm, digamos que tiene sentido lo que dices, ¿pero cómo lo corroboras? Estás pasando por alto que todos esos malditos malnacidos de los ricos se meten en la sangre toda una fiesta para estar en los cielos y vivir su vida como más les gusta
-MoriTake fue asesinado hace nada… Un ajuste de cuentas no tiene sentido si sólo hablas de un drogadicto que debe dinero, ¿pero qué si le debes dinero a la competencia más grande de tu propio padre? Y además, ¿qué si el padre necesita erradicar la deuda además de borrar del mapa a la competencia? Al final es Arioka el que está moviendo los hilos para que el clan Yamashita sea el que mate a los de la familia MoriTake, y en revancha, es MoriTake quien está moviendo los hilos para matar al último heredero de los Arioka

Tamamori silbó con los abiertos en impresión, tendiéndole el archivo a su compañero, acercándose por detrás para poder ver con él los resultados que de todas maneras, ya sabían que encontrarían.

-Por cierto, ¿te sigues acostando con tu informante?

Hikaru sólo se rió, pasando la hoja del primer informe de la autopsia.

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Sus pasos resonaban con fuerza sobre aquel piso de mármol negro que recubría el lobby del hotel, sus zapatos, del mismo color, pasaban desapercibidos y le ganaban una imagen en la cual su cuerpo parecía flotar sobre la superficie lisa y fina. Su traje de seda negro le caía a la perfección con la corbata plateada y el pendiente de platino en la oreja izquierda, brillaba gracias a la luz de los candelabros que pendían del techo en una visión de ensueño. El lugar era el cielo que se adquiere con el dinero, mas él era el ángel de la muerte quien se paseaba por ahí en traje y bien parecido.

Todos en aquel lugar ya sabían de quién se trataba, ¿quién más sino que aquel famoso asesino que nadie se atrevía a acusar? Sus vidas siempre dependiendo de un hilo y nadie con el valor suficiente como para querer enfrentarlo. Los ojos de todos le rehuían, ni siquiera se atrevían a mirarlo a los pies, cada que pasaba se inclinaban como si recibieran al mismo emperador. Alguien sagrado, al cual no podían ni debían perturbar. Nishikido caminaba por el pasillo con las manos en los bolsillos, dejando que el hermosos Rolex asomara en la muñeca, brillando gracias a los diamantas y zafiros que tenía incrustados en el borde y en el mismo lienzo de los números. Una exquisitez que no le importaba darse el lujo de pagar, ¿para qué más sino trabajaba? ¿Para qué más sino había vendido su maldita alma al mismo satán? Con pasos confiados y seguros que resonaban con frialdad cruel, se dirigió al bar del lugar, absorto en sus pensamientos y problemas.

Sonrió sin emoción alguna, resistiendo al impulso de empuñar su pistola y matar a todos los que se cruzaran por su camino. Ellos no tenían la culpa que por mucho que lo negara, seguía siendo humano. Porque sí, porque Nishikido Ryo también tenía sus propios fantasmas del pasado solo que odiaba admitirlo ya que ni siquiera, se atrevía a enfrentarlos.

Las puertas del restaurant de cinco tenedores se abrieron de par en par ante él, tratándolo como el noble que no era. La sangre de la realeza que fingía tener no era más que sólo la mezcla de sangre de personas de rangos de alto poder: cada vida tomada le daba un rango más en aquella escala llamada sociedad. Una azafata metida en su uniforme bien entallado lo dirigió hacia el fondo de la amplia sala, aquel punto dónde se encontraba su tan afamada taberna con estilo renacentista: Grandes acabados y candelabros más hermosos que los que se podía admirar en el lobby, detalles que simplemente te dejaban con la boca abierta apenas tus ojos admiraban semejante belleza. Una belleza que a él, no le provocaba absolutamente nada, el estilo de vida que llevaba era de los grandes multimillonarios, pagando por lujos que jamás llegaban a satisfacerle, viviendo experiencias que nunca le llegaban a llenar, ya sea de dicha o de malestar. Era irreal el cómo sobrevivía al día a día, en sus emociones no llegaba a experimentar la culpa y jamás vivió de nuevo una incomodidad. Matar era tan monótono que simplemente lo hacía, tan sólo había un cambio en su accionar cuando veía a su víctima rogar. La furia hervía en sus venas, cuando las súplicas salían de los labios ajenos o, por lo contrario, cuando la arrogancia se vislumbraba por el iris de estos, el sadismo contenido de su tan pútrida alma salía a flote hasta que destrozaba cada poco de aquel nefasto ser humano que hubo caído en sus redes, eliminando cada rastro de existencia de él.

Odiaba a los débiles, tanto como odiaba a aquellos que se creían superiores.

El zapato de tacón aguja de la joven que lo guiaba a través de las mesas, tintineaba en su cerebro como marcando los segundos a su propio ritmo, llevándolo a momentos a un pasado que bloqueaba con imágenes de la muerte misma, porque sólo así se veía capaz de olvidar lo que alguna vez fue. Un humano con sentimientos, un joven que alguna vez, supo amar.
La visión de un rostro se volvió omnipresente cuando hubo llegado a su lugar reservado en un rincón del bar, incapaz de dejarlo de lado, su cuerpo tan sólo se dejó caer en la silla más cercana y pidió a la mesera una botella de whisky más caro de la lista de licores, esperando impaciente a que su sed y su nostalgia pronto se vieran aplacadas con la nebulosidad que la bebida le daría.

Odiaba a los débiles, odiaba a los arrogantes.

Los odiaba porque le hacían recordar a aquel maldito malparido que al ser tan débil se llenó de vanidad y se convirtió en un condenado lameculos.

----(FLASHBACK)----

-Ryo, acá no

La voz de su compañero de clase le enervó, controlándose por no perder los papeles ante su negativa de ser tocado en los baños de la escuela. Eran los únicos ahí en ese momento, todos los demás estaban en sus respectivas clases, atendiendo a sus profesores. Por eso no entendía, jamás lograba comprender por qué Shige le rehuía, por qué nunca quería demostrar sus verdaderos sentimientos en público o en lugares públicos donde sólo era él el único testigo de la verdad.

-No hay nadie acá, nadie va a enterarse…
-Puede entrar un profesor – sus manos lo empujaron suavemente, haciéndolo a un lado para salir del cubículo al que se habían metido – Sabes que no me gusta que hagamos estas cosas en la escuela
-Shige – frunció el ceño, caminando tras suyo hasta que lo abrazó por la cintura - ¿Te avergüenzas de mí?
-¡No! No es eso – se aclaró la garganta y giró ante el pelinegro, mirando sus ojos tristes que le movían hasta lo más recóndito del alma – Ryo, somos hombres… está mal
-¡¿Por qué está mal?! – la poca paciencia que tenía se evaporó, alejándose de su susodicho novio para golpear el borde del lavamanos – No hay nada de malo en amarse Shige, la mitad del instituto es gay… ¡¿Por qué te importa tanto el qué dirán?!
-¡Porque la vida no acaba en el instituto! Deseo llegar hasta lo más alto después de terminar la universidad… Lo he visto en las estadísticas, Ryo, el ser homosexual es repudiado por los altos mandos

----(FIN FLASHBACK)----

Aquellas veces no habían sido las únicas en su vida donde el otro había actuado de manera fría y cruel, evitándolo y dejándolo de lado para que no quisiera hablarle. Ryo era testarudo, toda su vida se había encaprichado en lograr lo que quería y no se dejaba vencer por la negativa del otro. Siempre volvía, siempre decía algo más pero los silencios eran lo único que lograba obtener, a veces, pero muy pocas, lograba captar una mirada de disculpa pero no más allá… Para Shigeaki, él era simplemente un error en su gran y magnífico camino.

Una piedra que debía de quitar.

Tomó un sorbo largo de whisky, sirviéndose algo más de bebida y combinándola con el hielo que recién le habían traído. Colocando un par de cubos en el vaso, miró nostálgico cómo el líquido se volvía pálido al combinarse con el agua congelada.

Era consciente, que nada era lo completamente irrompible o alterable.

Ni siquiera él, no lo era antes, tampoco ahora.

El sabor amargo pasó por su garganta, cerrando los ojos y recordando más cosas que peleaba por mantener al margen en su nueva vida, pero tercamente, los recuerdos seguían circulando, haciéndole más amarga la sensación de vivir.

----(FLASHBACK)----

Nishikido yacía en su habitación, jugando videojuegos y entretenido en su propio mundo post-relación. No habían pasado ni siquiera tres días desde que hubiera terminado con Shigeaki y sus ánimos estaban por los suelos –hasta podría decir que por debajo– y daba lo mejor de sí mismo para mantenerse fuerte, por eso, antes de salir a algún lado con sus amigos, prefería quedarse en casa y abstraerse, esperando a que el dolor que apretaba en su pecho fuera desapareciendo lentamente. Si sus pies tocaban la calle, no estaba seguro que sus cambios emotivos bruscos tuvieran un buen resultado y lo último que buscaba, era pelear o hacer alguna estupidez.

No es que hubiera creído en un “para siempre” entre ellos, pero tampoco imaginó que su relación fuera a acabar por el miedo e inseguridad que el menor tenía para aceptar que era gay.

Le gustaban los penes, ¿y qué?

A Ryo también le gustaban, aunque también le gustaban las mujeres… Eran distintos, de ello no había duda lo mirara por donde lo mirara, haciéndose más marcada la diferencia ya que él no vivía acomplejado y cuando empezaron a salir, siempre tuvo la esperanza de que Kato con el tiempo, dejara ir toda la mierda esa de que la sociedad lo juzgaba. Pero no fue así y poco a poco el terror en los ojos del joven se hacían más presentes, temiendo los besos que compartían escondidos en sus habitaciones, las veces que se tomaban de las manos o aquellos días en los que su pasión podía más y se entregaban.

Ryo peleó contra ello pero perdió, humillado por la cobardía del otro.

Cuando sus ojos se dieron cuenta que en la pantalla rezaba un “GAME OVER”, se levantó del suelo para reiniciar el aparato nuevamente, deteniendo sus intenciones cuando unos toques tímidos tocaron a su puerta.

-¿Quién? – llamó en un bufido, acercándose a abrir y encontrándose con su reciente ex, ahí de pie - ¿Mi mamá te dejó entrar?
-Le dije que tenía que enseñarte la tarea de física – el pelinegro bufó pero lo dejó pasar a su habitación, caminando hasta donde estaba segundos antes – Escucha, Ryo… Debemos hablar
-Ya terminamos, Shige – contestó fríamente, volviendo a su juego como si jamás hubiera sido interrumpido – Ni siquiera sé que te trae acá si según tú, tener novio es un gran error y un problema para tu grandioso futuro
-Deja de ser egoísta, maldición – Kato apretó las manos en puños tensos, cerrando la puerta detrás de él - ¿Por qué no entiendes que lo nuestro sólo va a traer complicaciones? ¿Acaso tú no quieres trabajar y tener un buen puesto? ¿No quieres vivir cómodamente con todo el dinero que busques?
-¿Dinero? – Nishikido rió, pausando el juego y tirando el control de lado – Si yo quiero Shige, puedo ser el hombre más poderoso de Japón, con todo el dinero que quiera – su voz fue baja y amenazadora – Y eso, no me impediría de seguir amándote, esa no sería mi excusa para negarme a vivir enamorado de un hombre
-¡Tenemos 17 años! ¡¿Cómo puedes asegurar que me amas?!
-¡¿Cómo puedes tú decir que no lo haces cuando estás acá en mi habitación queriendo arreglar las cosas ya terminadas?!

----(FIN FLASHBACK)----

Esa día, esa noche lo hicieron como dos locos enamorados imposibilitados de negar lo que sentían el uno por el otro, pero al terminar la tarde del domingo, después de haber pasado toda la mañana acurrucados, sujetándose mutuamente en un abrazo bien estrecho, el menor partió con tan sólo un adiós.

El lunes de esa semana, Ryo se enteró que Shige había pedido traslado a una escuela en Tokyo, a prepararse para sus exámenes de ingreso a la universidad.

Jamás había entendido, jamás lo había perdonado. Porque fue él quien volvió a buscarlo para luego nuevamente dejarlo en el olvido, ¿quién hacía eso? Y juró, ese mismo día, que él sería el ser más respetado de todo el continente nipón y llegaría el día en que tuviera a su ex amante, de rodillas ante él, rogando por su perdón.

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Ohkura miró por el espejo retrovisor a sus dos acompañantes que permanecían en la parte de atrás, sentados en los asientos de cuero de la camioneta; tenía el ceño ligeramente fruncido y los labios torciéndose hacia abajo demostrando claramente su molestia con respecto a lo que era testigo. Sus ojos captando retazos de acciones que no entraban en su comprensión. Pensaba en cómo era que siempre terminaba envuelto en problemas así de triviales – y estúpidos – con personas que parecían más unos adolescentes recién terminando su inservible pubertad, que unos jóvenes de la edad que ellos, se supone, tenían.

No es que pensara que a los 20 años se pudiera actuar de una manera completamente madura, ni siquiera él a esa edad lo había hecho, pero tenía la perspectiva que por lo menos, aquellos que trabajaban como asesinos a sueldo tal cual como ellos lo hacían, tenían que tener una mentalidad mucho más… Centrada, más cuerda. En otras palabras, más controlada. Pero viéndolos ahí, ignorándose de esa forma como si acabaran de tener una pelea marital, le estaba poniendo los nervios de punta. No podía creer en el infantilismo de dos de los sicarios más recomendados del bajo mundo, ni qué decir del heredero directo del Clan Nakajima y potencial líder de pandilla. Era tan bizarro que no terminaba de aceptarlo.

En sus más absurdas esperanzas, creía que sólo Inoo era capaz de actuar así de impulsivo e insensato al tener sentimientos encontrados con cosas que no entendía o jamás había experimentado porque no se le había permitido en la vida. Entre todos los seres humanos rastreros, los que llevaban su oficio, no podían albergar nada de humanidad, y ciertamente, ellos estaban teniendo un brote de sentimentalismo, ¿cómo iba a manejarlo? No era niñero de nadie, pero actuaba como tal.

Tadayoshi también era humano y se preocupaba… lamentablemente.

Exasperado, se aclaró la garganta y tamborileó los dedos sobre el timón, esperando algo más que jamás llegó mientras la luz del semáforo cambiaba a verde, dejándolo pasar en la vía. Lo que más le molestaba de la situación, sin lugar a dudas, es que había pensado que sólo con Inoo tendría que actuar de chofer pero ante la situación de estar en la mansión con Arioka y Kei, prefería mil veces acompañar a aquel par a visitar a Melissa que quedarse bajo la tensión sexual que se manejaban los otros dos.

Visto desde su perspectiva, era el mal menor, algo que no cambiaba el hecho que le había delegado la responsabilidad a Uchi, y a él, no le iba a agradar manejar la actitud cambiante de Kei ni la estupidez de Arioka.

Definitivamente, estaba mejor ahí con el par de la pelea marital.

-¿Cuánto falta?
-Poco

La voz del castaño le hizo mirar de reojo nuevamente por el espejo retrovisor, observando cómo es que Ryosuke se removía incómodo en su sitio, mirando por la ventana mientras sus manos jugaban con un minúsculo hilo de la chaqueta que tenía puesta. La respuesta de Yuto había sido tan cortante que incluso a él, se le iba en subida el estrés de tolerarlo.
Con algo más de prisa, presionó el acelerador para acortar el tiempo de recorrido, llevándose una mueca de parte de Nakajima que no podía ocultar sus pocas ganas de ir al consultorio de su prometida.

-No es mi problema que nunca la visites – el mayor de los tres cortó el pesado silencio, acentuando aún más la tensión del par pero negándose a doblegarse. Futuro jefe o no, él seguía siendo mayor y seguía teniendo un rango más alto, por ahora – Melissa no te va a hacer nada, simplemente actúa con cortesía y ya

La última frase fue tan ambigua que ninguno de los dos tripulantes supo a quién se refería, pasándolo por alto cuando una calle abarrotada de edificios se alzó ante ellos y el carro se estacionó justo en un espacio delante de uno de los más elegantes.

-Acá los espero, diviértanse

Yuto bajó sin siquiera mirarlo, azotando la puerta al salir y caminar con pasos firmes a la entrada de aquel maldito lugar. Ryosuke no demoró mucho en seguirlo, inseguro y sin tener una idea concisa de lo que se debía hacer ahí, ¿una psicóloga? ¿Para qué? Ohkura los vio marchar con una media sonrisa.

Pagaría lo que fuera por poder estar en primera fila cuando todo el espectáculo se desatara.

Las puertas de cristal cerrándose detrás de sí mismo fue lo último que observó Yamada, sus ojos no habían dejado solo al tal Ohkura ni un solo segundo y ahora estaba más confundido que antes. El mayor estaba sonriendo, divertido… ¿Es que había algo que no le estaban diciendo? Sus ojos evaluaron atento el lugar, copiando cuidadosamente los pasos de Nakajima al tener la certeza que el alto evadía a propósito las cámaras de seguridad del recinto.

Debía recordarse a sí mismo volver un día por la noche y evaluar el equipo de vigilancia que tenían ahí, pues si de verdad debía asistir a la psicóloga del Clan Nakajima, dudaba que tuviera suerte y sólo debiera ir ahí una vez en toda su vida.
Ryosuke tuvo un pequeño temblor que se deslizó por su cuerpo cuando una mano lo tomó por la espalda, a la altura de la cintura y lo empujó contra el ascensor abierto ante él. Momentos antes se había estado dirigiendo a las escaleras, pero la reacción de su acompañante había sido por lo mucho, exagerada.

-Estás siendo muy permisivo, si nos tienden una emboscada acá dentro, debes darte muerto
-¿Ah sí? ¿Y acaso a ti no te pasaría nada?
-El primero en dispararte, sería yo – el mayor le sonrió con una mueca, mirando al pelinegro que ni siquiera se inmutó - ¿Hace cuánto estás comprometido con ella?

Se había esforzado por mantener a raya su curiosidad y la maldita obsesión de enterarse todo de la mujer que era… La futura esposa de Nakajima. No es que le interesara más allá de lo debido, era solamente que no entendía cómo alguien teniendo ya una pareja predestinada, no le era fiel de ninguna forma. Porque no dudaba que el joven a su lado no sólo se acostaba con él, sino con muchas otras personas, hombres y mujeres, mayores o menores; un hecho que le perturbaba la mente y no lo dejaba en paz, aunque jamás fuera a admitirlo.

Muy en lo profundo, también pensaba que podía ser el morbo, ¿ver a la prometida del tipo que te llevas tirando un tiempo? Sonaba agradable.

Sonaba cruel.

-Desde los 10 años – sonrió el alto, mirando al castaño apretar los puños - ¿Celoso, Yamada? ¿Acaso el niño necesitado de afecto se ha enamorado de mí?
-Ni en un millón de años, Nakajima – chasqueó la lengua contra sus dientes, cruzando los brazos sobre el pecho y recostándose sobre el metal del elevador – Que no se te suban los humos, si sigo acá es porque es mi única salida del Clan Yamashita. Prefiero mil veces soportar tu estúpido ego a soportar a la mierda humana que es Takaki

Su cuerpo bien equilibrado pronto dio una sacudida, mirando asustado hacia arriba por si es que en algún momento algún enemigo pudiera bajar a atacarlos pero nada sucedió, sus ojos volaron a posarse al menor con la interrogante bien plantada en su mirada, encontrándose con que uno de sus largos dedos tenía presionado el botón de “STOP”. Yamada carraspeó, tensando su posición con los ojos desafiantes.

-No empieces a dártelas de gallito de pelea, Ryosuke – sus pasos fueron lentos, sus manos aún más. Lo acorraló contra una esquina, sus brazos apretando la cintura del más bajo y sus palmas, acariciando de manera fría la piel debajo de la camisa que traía - ¿Tu única salida? ¿A quién quieres engañar?

Ryosuke parpadeó, estaba cerca… Estaba demasiado cerca. Podía sentir su respiración chocar contra sus labios, podía sentir cómo estaba a milímetros de él, odiándose por la creciente sensación de anticipación que se almacenaba en su vientre, desatando todas sus malditas hormonas y haciéndole sentir débil… Dócil.

-Así me gusta

Yuto estuvo por dar unos pasos para alejarse, pero fue sujeto por la solapa de la remera que traía y atraído nuevamente a aquel menudo cuerpo que le gustaba poseer. Unos labios fieros reclamaron los suyos y no se hizo de rogar por una respuesta, sujetando al pelicastaño por las piernas y elevándolo con su propia fuerza hasta que éste lo rodeó por la cintura con las pantorrillas, apretándose el uno al otro con una ansiedad contenida por tantas horas. Sus manos subieron y bajaron por sus piernas, correspondiendo al beso con mayor intensidad, ambos fundiéndose en un contacto rabioso y testarudo, peleando por la dominancia de sus lenguas en la cavidad del otro.

Fueron segundos largos y exquisitos, Yamada enredando los dedos en ese cabello bien cuidado que estaba completamente alborotado ya, perdiendo su elegancia con los pequeños tirones que daba al contener suspiros.

La ropa molestaba, estaba estorbando a sus instintos pero el ruido del ascensor, como una alarma, los hizo volver a sus cabales, separándose inmediatamente el uno del otro como si nada de ello hubiera ocurrido. Yamada se sacudió el pantalón arrugado, tratando de desaparecer las dobladuras por haber tenido las piernas flexionadas de forma tan extraña y se acomodó la camisa, poniéndola en su lugar y no por encima de la cintura como había quedado. Yuto lo miró de reojo mientras presionaba el botón para desbloquear el cubo de metal, apoyándose en la pared contraria para esta vez sí ver con descaro al mayor.

-¿Qué fue eso?
-¿Qué fue qué? – reiteró el otro, ignorando sus palabras – Péinate, tu cabello es un desastre
-¿Y eso es gracias a quién? – se pasó los dedos por el flequillo, tratando de darle más forma. Por cómo iban contando los pisos, faltaba poco para llegar a su destino - ¿Qué se supone que significa?
-¿Tiene que significar algo? – el mayor lo miró con fastidio, peleando contra sí mismo para mantener el rostro sin alguna expresión – Tenemos sexo Yuto, no necesito una excusa para besarte cuando siempre te tengo entre las piernas… - la puerta se abrió, dándole un respiro y algo más de seguridad – Además, quería divertirte un poco antes de recordarte que pronto, serás hombre casado y quién sabe… Tal vez de familia

Nakajima se quedó de pie, sin responder y con el rostro desprovisto de alguna emoción. Con pasos cortos se acercó al mayor y lo tomó del mentón, elevándolo sobre la punta de sus pies con algo de fuerza por donde lo tenía sujeto, apretando más de la cuenta y causando que la piel entorno a sus dedos se tornase rojizo. Ryosuke carraspeó pero no se movió un centímetro, mirándolo retadoramente a sus iris negros profundos.

-¿Te di en el ego, Nakajima? - susurró, sonriendo con tranquilidad fingida - ¿Miedo a saber que no tienes futuro en este mundo?
-¿Qué se siente Ryosuke, fingir que no te importa que yo tenga una vida aparte? ¿Qué se siente que yo sí tenga a alguien que me vaya a esperar todos los días de mi vida en una casa cálida y con unos niños correteando alrededor? ¿Qué se siente, sólo ser la puta de todo aquel que te toca?

Empujó al castaño contra una puerta, dándole la espalda y presionando el botón del elevador nuevamente. Éste no se tardó en abrir, entrando como un tornado y presionando impaciente el botón para cerrar las puertas.

Yamada aguantó hasta ya no ver su perfil, dejando que las lágrimas amargas cayeran por sus mejillas hasta perderse en el borde rojizo de su mentón cuando el menor desapareció.

----

Ni Yabu ni Morimoto se molestaban en ver por la ventanilla del tren, la velocidad con la que viajaban era tal que apenas y se distinguían manchas en el paisaje, todo pasando sin siquiera molestarse en mostrar su forma concreta.

Era una danza de figuras abstractas y sin sentido, que si las mirabas de más, terminabas mareado y con la desazón en el estómago, con todo revoloteado.

Ryutaro jugaba con su Nintendo DS, el único lujo que su madre le había dado permiso de llevarse de la casa antes de que el mayor lo sacara de ahí como medida de seguridad, no tenía su teléfono móvil ni una computadora portátil, el aparato que estaba en su poder, si quería seguir usándolo, debía tener todas las antenas apagadas y sólo jugar lo disponible sin alguna conexión. A esas alturas, el menor la entendía el rango de protección al que estaba sometido y se preguntaba, cada que mataba a un personaje, ¿cómo estaría su hermano? Y si su madre, todavía se encontraba bien. Con los ojos humedeciéndose, cerró la pequeña máquina y la tiró a su mochila en los asientos de adelante, estaban solos en un compartimiento por lo que el acto, no tuvo mayor repercusión más que una mirada sorprendida de Kota.

-¿Pasó algo? ¿Perdiste?
-¿Por qué debo ser yo el que pase por esto? ¿Por qué no puedo ser como la gente normal que sólo se preocupa por si llegará tarde al instituto o si su perro se comió la tarea? Ni siquiera me han dejado tener un maldito perro, Kota… ¿qué se supone que debo pensar? He perdido, por lo menos en la vida, he perdido…
-Ryutaro… - el mayor suspiró, tenía sobre el regazo su computadora portátil, revisando uno que otro archivo pero en esos momentos, le quitó importancia y dejó la laptop de lado – No has perdido en la vida, aún tienes a tu familia
-¿Con un padre asesinado, mi madre maltratada y mi hermano también desaparecido en algún lado de Japón? – sonrió con sarcasmo al alto - ¿De verdad pretendes que me trague toda esa porquería cursi?
-Yo estoy acá – afirmó el otro con tranquilidad, mirando los ojos llenos de dolor del joven. Sus manos cobijaron sus mejillas con suavidad entre sus palmas y frotó con cariño sus pulgares contra su piel – Yo no te voy a dejar, juré protegerte con mi vida y eso es lo que haré. Confía en mí
-¿Qué eres Kota…? ¿Eres sólo mi guardaespaldas? ¿Eres más que un espía? ¿Qué eres?

La voz se le fue apagando y el silencio se acomodó entre ellos. Los ojos negros cuestionantes y los ojos negros dubitativos, ninguno sabiendo cómo seguir a la pregunta planteada, si continuar e insistir, o si retirar lo cuestionado.

El mayor optó por la salida más fácil, pensando en la buena oportunidad que era para llenarle la cabeza al menor con más pensamientos más de los que involucraban sus problemas familiares y también, teniendo en cuenta que era la salida que más la convenía y más quería experimentar, aun cuando ello conllevara a tener problemas directos con sus superiores y sus jefes máximos.

-¿Qué piensas que soy?
-Eres… como uno de los que acabó con mi padre, ¿verdad?

Kota sonrió sin que la felicidad de sus labios llegara a sus ojos, pasando desapercibido para el niño que cobijaba en sus palmas cuando selló sus labios en un pequeño beso que apenas fue un roce, robándole un rubor de rostro entero al pequeño pelinegro. Ryutaro se quedó estático, mirando al mayor con otra duda mayor dibujada en su rostro pero no se atrevió a contestar, menos cuando el pitido de un email entrante rompió con la extraña burbuja de calma que los tenía absorbidos.

Yabu se acomodó y volvió a tener la computadora sobre sus piernas, revisando el nuevo mensaje que había recibido, preguntándose quién podía ser si es que no había recibido información de la base sobre si lo mantendrían o no informado de algo más o si es que le iban a mandar algo nuevo de contacto tan pronto. Sus órdenes eran claras, era mantener protegido a Ryutaro a costa de cualquier cosa y con mayor empeño ahora que sabían que el Clan Nakajima iba tras él. Ya tenía la información de Inoo Kei y la de Nakajima Yuto, los de la élite especial del grupo y no veía razón a recibir algo más detallado si con lo que tenía bastaba.

Además, la Agencia era cuidadosa con la cantidad de emails que enviaban, no queriendo sobrecargar a los agentes con mensajes para que no estuvieran pendientes de ellos.

-¿Quién es? – preguntó incómodo Ryutaro, viendo que Yabu se había quedado divagando - ¿Es de tu trabajo?

Yabu sólo asintió, abriendo la carpeta de archivos.

Sus ojos se dilataron al ver el emisor del email. Era un nombre que había leído entre los datos del clan del cual ahora escapaban pero no pensó que el contacto se hiciera tan pronto. Con el corazón latiéndole con fuerza ante la emoción de tener más poder sobre el enemigo, abrió un programa especial y copió el archivo adjunto en él, automáticamente leyéndose miles de códigos de mil formas mientras una a una, las letras del mensaje iban apareciendo en una hoja en blanco.

“Melissa, definitivamente era una viuda negra en la telaraña Nakajima”.

Little revenge [Drabble]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Perdón...
: La ciudad♥
: SF - Resident Club

Título: Little revenge
Autor: Satommy
Parejas: Inoodai
Género: Fluff[?]
Extensión: Drabble
Notas: Ugh, por algunas cosas... pues se me pasó la actualización del 3 de cada mes orz asdasdasd en un punto estaba como "Ñeh ._. ya no debería hacerlo nunca más", pero mi lado pollo ganó XD así que ahí... va lol sorry~ va fail, lo sé


Era el segundo día del concierto, definitivamente Daiki no estaba feliz con todo el coqueteo que Inoo había estado haciendo con Takaki y Hikaru, y definitivamente, no había nada que pudiera hacer. Sabía bien de lo que iba el fanservice pero también creía en el límite de jugar y complacer a las fans y otra muy diferente, a coquetear públicamente.

Para él, Kei había hecho exactamente lo segundo.

El pensamiento de su novio con tal comportamiento lo estresaba, tirado como estaba en la cama, sólo podía deslizar los dedos uno y otra y otra vez en su cabello, tratando de quitarse las imágenes de la cabeza, tratando de menguar los celos pero le era imposible. Su inseguridad y molestia, no se lo permitían. En un intento de distraerse, cogió el celular y empezó a teclear la entrada para el siguiente JUMPaper que estaba a su cargo, era el último día antes de volver a Tokyo así que debía escribir algo referente al concierto y su estadía en el hotel, algo interesante que entretuviera a las fans y las hiciera sonreír.

De repente, una idea brilló en su mente, haciéndole sonreír con malicia.

Definitivamente, había encontrado la manera de vengarse del pelinegro de la manera más perfecta que podía y es que… Si había algo que lograba romper con la pacificad de “su amor”, era lo mismo que a él ese momento no lo dejaba dormir: Los celos.

Su querido novio, iba a echar fuego.

Con la sonrisa en los labios, envió el mensaje y se tiró a dormir, definitivamente, mañana lo iba a disfrutar.

*6:00 a.m.*

Sus ojos miraron ensoñados el reloj, vislumbrando la hora de lo que para él era madrugada y bufó, completamente molesto. Odiaba las mañanas, pero más odiaba que lo levantaran a una hora imprudente cuando bien podía quedarse durmiendo hasta tarde, mas el sonido de la puerta siguió sonando insistente, haciéndolo gruñir bajo su almohada que ahora aplastaba contra su rostro.

-¡VETE! ¡QUIERO DORMIR!

Gritó a todo pulmón, obviamente sin mover ni un solo músculo de su aposento, bien acurrucado bajo las sábanas mientras que el aire acondicionado creaba un ambiente fresco en ese clima cálido de verano. Solo que la persona al otro lado, no paró y más aún, sus manos siguieron golpeando con ferocidad.

Daiki gritó mil blasfemias mientras se paraba, abriendo la puerta con una cara de pocos amigos mientras veía a un no muy feliz Inoo Kei en su puerta, mostrándole la pantalla de un iPhone completamente… rajado. Definitivamente, ayer cuando jugó con él aparato no estaba así.

-Yo no lo hice caer… - refunfuñó, dándose la vuelta y caminando de vuelta a su cama - ¿Me despiertas para eso?
-Lo rompí yo – carraspeó el mayor, acercándose a él. La puerta cerrándose detrás de ambos – Me puedes explicar, ¿por qué te tomaste la molestia de hacerle un mensaje especial a Takaki en el blog para las fans?

El menor tuvo recién la realización, pensando en que los del staff de sistemas habían subido su entrada demasiado temprano y rió a penas, maldiciendo en sus adentros haber tenido que madrugar sólo para disfrutar su venganza.

-Si tanto te molesta que juegue con él… - su voz se hizo algo más afilada, mirando de reojo a su novio – Deberías ser tú, el que primero se aleje de él

Kei se quedó en silencio, evaluando el tierno perfil del menor. Dulce, bonito, infantil… Pero cuando sentía celos, definitivamente, era un pequeño demonio.
El mayor suspiró y depositó un beso en su frente, recostándose de pronto en la cama y cubriéndolo con las mantas además de sus brazos.

-Está bien, me alejo de él pero tú, no vuelves a mencionarlo más
-No puedo prometerlo – sonrió travieso, acurrucándose contra su pecho en un gesto infantil – Pero te prometo, verte más a ti
-¡Me tienes que ver siempre más a mí!

Daiki rió, mordiéndole despacito el hombro y cerrando sus ojos con parsimonia.

-Mi corazón late por ti… eso es más que sólo mirarte, Kei-chan

Se sonrojó sin que el otro se diera cuenta y lo abrazó más fuerte, ¿cómo no celarlo? Si era lo más perfecto para él. Si era un ángel, en aquel mundo de locos.

Stubborn and Proud [OneShot]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Mañana es el día 0!
: Wherever you are - 5 Seconds of Summer♥
: SF - Resident Club

Título: Stubborn and Proud
Autor: Satommy
Parejas: Yamajima
Género: Lemon[?]
Extensión: Oneshot
Notas: Ok, sinceramente XD hace mucho no escribía así y hubiera terminado antes pero ugh,que me distraje con absolutamente todo y luego que HSJ sacó sus goodies para el concierto y que luego todo tenía Inoodai y yo chillando y asdasdads todo se me juntó XD pero chan! Lo terminé u3u♥ Desde hace mucho que quería hacerle un fic a mi yerno (Perro) y a Haine :3 porque los amo y porque son geniales y porque sí, porque quería~~! Y ñeh... eso uwu espero les guste... Y si no e_e mueran, escribo porque quiero darles alguito de diversión y ustedes no me pelan :c denme amor[?] Por cierto... XD por ahí anda mi ask (al ladito, donde dice ask[?]) y mi twitter es @satommy1 e3e últimamente ando con... stalkers, así que sumarle un poco más a la lista, me ayudará a apaciguar mi rabia XD eso es todo... CHAI, LAS QUIERO Y SI MUERO, HAGAN QUE INOO SE CASE CON DAIKI QUE ES MI ÚLTIMO DESEO *huye*
P.D.: Si ven errores ortográficos, no me digan nada e_e está sin editar... Teniendo en cuenta que quería que fuera drabble y terminó siendo esto, no me pueden culpar[?] orz



Había algo que Yamada y Nakajima odiaban el uno del otro, era algo que no habían podido superar en esos años, ni siquiera el día que habían hablado y dejado atrás todo aquel extraño resentimiento que sin querer, habían almacenado en sus corazones.

Su rivalidad, era detestable sin lugar a dudas.

No es que Yuto quisiera siempre estar por encima del mayor, tampoco era que el castaño lo hiciera por mantener su puesto como pieza central del grupo, era simplemente una característica de ambos que salía a relucir cuando se trataba de trabajo, les gustaba esforzarse por ser los mejores y eso era todo.

Aunque “todo”, no pudiera arreglar los roces que tenían cada cierto tiempo.

La verdad del asunto es que habían sido novios en su tierna pubertad, pero pronto los celos, la envidia y el poco tiempo que tenían para verse los llevó a terminar con los peores términos habidos y por haber, uno no sabía manejar el despegue de popularidad que pronto había ni la diferenciación y preferencia que las cámaras empezaban a mostrar, ni el otro sabía cómo reaccionar frente a la frialdad e indiferencia que se mostraba ante él, haciéndolo sentir más solo que nunca antes y preguntándose, qué demonios había hecho mal para merecer algo así. Sus palabras primero indirectas, pronto eran cuchillos afilados que se lanzaban el uno al otro para herirse, para poder causar todo el daño posible porque no sabían cómo enfrentarse. No sabían cómo tomar al toro por los cuernos y ponerlo en su lugar.
Ryosuke y Yuto no se soportaban, no podían estar en el mismo lugar más de 10 minutos juntos sin que luego uno quisiera golpear al otro o que todos los que se encontraban a su alrededor, enfermaran de la tensión que el mal humor de los menores causaban.

Hikaru había intervenido, sin ningún éxito; Yabu los había regañado, causando que la pelea entre ambos se hiciera más grande. Takaki habló con Ryosuke, haciéndolo llorar y tan sólo causando que sus sentimientos de resentimiento a Yuto por dejarlo, se multiplicaran y su odio se volviera más agresivo. Si es que no llegaban a los golpes, era simple y sencillamente porque ninguno podía hacerse alguna herida en el rostro, después de todo, les pagaban por tener la piel bien cuidada.

Fue gracias a Chinen y el maldito –o bendito vino– que trajo de Italia que las cosas se solucionaron. Tal vez el alcohol no era la mejor respuesta para el mal de amores ni de la envidia, pero definitivamente soltaba la lengua y lograba que la sinceridad escondida saliera a flote con toda naturalidad, sin miedo ni vergüenza, algo que los dos jóvenes no habían tenido el valor de hacer desde hace ya mucho tiempo y que tan sólo aquella noche de amigos, pudieron llevar a cabo.

Lo malo de todo es que de aquella noche al presente, había pasado ya algo de tiempo y su rivalidad seguía en pie, sólo que los problemas que se daban eran distintos.

Había sido otro día de promoción para el nuevo dorama de Yuto, y no es que no estuviera feliz con que su recién-adquirido-regresado-perfecto-de-nuevo novio sea por primera vez protagonista de una producción tan llamativa como la que era Suikyuu Yankees, sino que no entendía porque Nakajima y no él… Sí, entendía claramente que él estaba en contrato con la grabación de Kindaichi pero no podía no sentirse más que ofendido que el trabajo ofrecido hubiera sido para el menor sólo por su físico y talla. Yuto se esforzaba actuando, pero siendo realistas, todavía estaba en un nivel muy por lo bajo de lo que se necesitaba para ser el principal en una producción tan ambiciosa como lo era esa.
Y no le cabía, simplemente no le cabía en el cerebro la idea que alguien con ninguna cualidad ante las cámaras pudiera tener su estelar con tanta simpleza. Era egoísta, lo sabía, pero no podía controlarse y aunque el menor no hubiera hecho nada malo, cuando se le acercó a dejarle un beso en la mejilla, éstas se hincharon de aire y bufó con ese gesto tan infantil que tenía, desviando la mirada hacia sus pies mientras murmuraba incoherencias con el aliento agitado.

-¿Ahora qué te pasa?

El pelinegro había estado pasando de largo al entrar al departamento, tan sólo saludando al mayor por lo superficial pues quería cambiarse con el pijama antes de siquiera acercarse a algo más, pero su respuesta tan frívola y enfurruñada no lo dejó. Caminando de vuelta, lo tomó por la cintura con el brazo y lo hizo girar a verlo, no obteniendo más que otro pequeño bufido y otro movimiento de su rostro, siempre evitando mantener contacto visual. A veces Yuto se quedaba pensando si es que Ryosuke se había quedado estancado en su adolescencia o justo en la etapa en que hubieron terminado ya hace tantos años pues sus reacciones y sus niñerías, no habían cambiado un poco. Su rostro era más maduro, pero su comportamiento, seguía siendo de cuando tenía 10 años. Sonrió de lado, enarcando una ceja y acercándolo más a su cuerpo.

-¿Qué? ¿Pretendes quedarte callado?
-No tengo por qué decirte las cosas siempre que me lo ordenas, Yuto

La acusación lo descolocó porque lo último que estaba haciendo, era ciertamente, darle órdenes. Frunciendo el ceño con molestia, soltó el agarre para volver a lo suyo, había tenido un día demasiado pesado como para tener que soportar el mal genio que-nunca-jamás-entendía del mayor. Con pasos firmes y algo más tensos de los que en un inicio había dado en el departamento, se dirigió a la habitación que compartía con el castaño, quitándose de inmediato las prendas y dejándolas caer a un lado de la cama, no pasó mucho tiempo hasta que unos pasos presurosos se acercaron y otro bufido resonó entre las paredes.

-¡No dejes tus cosas todas tiradas! ¡Luego soy yo quien tiene que limpiar!
-Nadie te dice que lo hagas, si eres un obsesionado de la limpieza es tu propio problema – Yuto lo miró, sus cejas casi juntas por la expresión de fastidio que le provocaba el mayor – Oh bueno, si tanto te incomoda también, me puedo mudar de una vez para ya no…
-No te vayas

Touché.

Yuto no podía entender a su amargado-insensible-bipolar novio, pero sabía a la perfección que entre todo, había algo que era la debilidad del más bajo y tal vez, sólo tal vez, era malvado de su parte siempre cogerse de aquel talón de Aquiles para hacerlo sucumbir y derrotar aquella intolerante máscara de mal humor que se pagaba con él cada que algo lo molestaba. Casi siempre sabía el motivo de su actitud, o podía suponerlo, pero aquel día no creía haber hecho nada más que trabajar en la promoción del nuevo dorama y… Oh. Sus ojos se entrecerraron, sus manos dejando caer la camiseta que tenía todavía sujeta al lado del suéter azul y la chaqueta que tanto le gustaban. Miró al mayor de manera analítica y con una simpleza propia de alguien más fuerte, lo empujó contra la cama, mirando los ojos de sorpresa de Ryosuke que no terminaba de procesar nada.

-¿Por qué te molesta tanto que tenga igual cantidad de trabajo que tú? – resopló tranquilo, el aire expelido de sus labios chocando contra el flequillo del mayor, haciéndolo revolotear un poco - ¿Qué? ¿Acaso te dan celos o simplemente no te crees que pueda tener oportunidades igual de buenas que tú?
-¡No tengo celos! ¡¿Por qué estaría celoso?! – Yamada sintió el peso extra sobre sus caderas y con los ojos bien abiertos, se sonrojó violentamente. Sí, el día de la “reconciliación” se había acostado con Yuto, pero desde que oficialmente habían regresado, el uno ni el otro habían intentado algo más. De alguna forma, era vergonzoso ahora que no estaba ebrio y era consciente de todo – Bájate…
-Odio que mientas y simplemente te quedes con tu mal humor para ti, teniendo que soportarte yo

El menor ni siquiera escuchó sus palabras. Sentado sobre las caderas del castaño, se quitó el cinturón que mantenía en su lugar el pantalón, buscando primero una y luego la otra mano de su novio para sujetarlas ambas con la correa, teniendo cuidado de enlazarla a uno de los pequeños barrotes del respaldar de la cama y así imposibilitar al mayor de poder hacer nada. A Yuto le gustaba ciertamente, los estados de sorpresa del más bajo pues su tiempo de reacción era tan lento que cuando quería tomar revancha, ya le había llevado la delantera por mucho.

Mucho.

-Deberías, madurar un poco más
-¡Yuto! – forcejeó cuando el valor volvió a su cuerpo, pataleando y moviéndose con rapidez pero el menor sólo se reía y disfrutaba de su ansiedad y grititos infantiles, haciéndolo sonrojar aún más - ¡¿Qué haces?!
-Shhh, que si haces mucha bulla, los vecinos te van a escuchar

Ryosuke se mordió el labio inferior, mirando con real odio al más alto, temblándole de a pocos el cuerpo cuando esas manos que tan bien conocía, iban lentamente a posicionarse sobre los botones de su camisa, liberando uno a uno del ojal hasta que pudo abrir completamente la prenda, dejando expuesta la camiseta interior que llevaba. Sonrió algo más tranquilo, no había forma que pudiera quitarle la ropa si es que lo tenía amarrado, obligatoriamente, tendría que soltarlo si quería llegar a más.

-Entonces… - sin apresurarse y evitando las patadas que el mayor daba a diestra y siniestra, se bajó de su cuerpo, caminando cerca de su mesa para buscar algo que el otro no pudo ver - ¿Son celos que trabaje con tantas personas en ropa de baño o simplemente, no soportas que tenga más atención ahora?
-Ni uno ni lo otro – bufó en respuesta, jalando hacia abajo las manos hasta que sintió un dolor punzante en las muñecas, sabiendo que el cuero del cinturón le había marcado un corte superficial – A-ah… Yuto, maldita sea! Suéltame…
-No

Giró su rostro hasta que la mejilla se apoyó por completo contra la cama, mirando al más alto acercarse otra vez a él, dejando a un costado de la cama algunos objetos que causaron que todo el aire de sus pulmones, se escapara en un pequeño grito de miedo.

Había una tijera y un lubricante, definitivamente, nada bueno podía salir de eso.

Nada de nada.

Yuto soltó una sonora carcajada por su reacción cobarde, volviendo a sentarse sobre sus caderas y tomando con precaución el utensilio filudo para luego tomar el extremo inferior de esa molesta camiseta. Yamada chilló de pura rabia, porque su querido novio estaba osando cortar un Calvin Klein original, edición limitada.
El mayor entre ambos escuchó el sonido característico de la tela rasgada, apretando los labios y conteniéndose de moverse más salvajemente por miedo a que el pelinegro de casualidad lo cortara, pero era imposible mantenerse tan quieto cuando las cuchillas llegaron a la parte más alta de la prenda, dado por concluido el recorrido.

Arruinando por completo y de por vida, su hermosa ropa interior.

Esperó paciente a que el otro se deshiciera de aquella molesta “arma” y hasta que no la vio lejos, no empezó a moverse y a sacudirse como si tuviera un maldito ataque de epilepsia, pero a Yuto no le interesaba, riendo sólo se movía y afianzaba a las caderas del castaño, moviéndose a su ritmo impasible hasta que las fuerzas se le agotaron y su rostro, rojo de cansancio, le dijo que ya no había energía más para desperdiciar.

Nakajima pronto abrió como cortinas las prendas de la parte superior de su pecho, dejando a su merced la blanquecina piel del mayor, recorriendo con sus largos dedos por encima de aquellos pezones de color oscuro que a su tacto, se irguieron con descaro. El rubor en Yamada se multiplicó, maldiciendo su sensibilidad. Evitando verlo a los ojos, controló el aire de sus pulmones contando hasta diez, teniendo efectividad hasta que llegó al cinco cuando fue que su amante, sin qué ni por qué, había descendido hasta tomar con los labios uno de esos pequeños botones rosa, succionándolo y mordiéndolo. Presionando con su lengua, chupando y volviéndolo a soltar para soplarle encima, causándole una cantidad de sensaciones atravesarle la espina dorsal, combinarse en su próstata y erguir su miembro.

Rendido, seducido, expuesto.

Yuto, jugueteó con la otra tetilla con su mano libre, sus labios trazando el borde de la aureola para finalmente ir descendiendo, marcando un camino húmedo de pequeños besos que dejaban una textura ligeramente roja en su recorrido. Sus toques no pararon hasta que alcanzó el borde de su pantalón, observando divertido como el cinturón apretaba sus caderas y el bulto de su entrepierna se marcaba con mayor énfasis al pasar los segundos. Dejó de tocarlo y a cambio apoyó las manos a cada lado de la cintura, haciendo algo de fuerza para luego simplemente empujarse hacia atrás y dejar que ahora su cuerpo reposara sobre sus piernas que ya hace mucho habían dejado de moverse. Fácilmente y sin problemas, sus dedos desabrocharon el cinturón, dejando el sonido metálico de la hebilla fuera lo único que llenara el silencio de la habitación, junto con la respiración agitada de su castaño que ahora lo veía con los ojos entrecerrados y sus ojos, negros de lujuria.

Sus labios entreabiertos eran una tentación tan grande que no resistió, buscando en segundos unirlos a los suyos en un beso que iba más allá de la pasión o la entrega. Era verdad que tenían muy mala relación, parecían gato y perro peleando mañana, tarde y noche pero la realidad era que de igual se necesitaban, que ya muchos años habían desperdiciado con su incapacidad de razonar o conversar. Ya no más, y aunque Yuto nunca lo terminara de entender y aunque Ryosuke le buscara los 3 pies al gato, ambos se obstinaban en no dejar que todo volviera a terminar –o que el uno dejara al otro–.

La lengua de Nakajima se adentró con total confianza en aquella cavidad que lo recibió ansiosa, los gemidos de Ryosuke amortiguándose entre los labios que se sellaban y separaban en segundos, tan sólo para volver a juntarse con completa necesidad. A momentos sus mentes se perdían en el sabor de la saliva del otro, despertando cuando sus dientes chocaban por su torpeza al sumergirse en sus pensamientos errantes, divagando en más allá de lo que se podía decir con palabras porque era demasiado sucio. Ellos no tenían una adicción sexual mutua, pero definitivamente, sus cuerpos se necesitaban más de lo que alguno pudiera controlar.

Las manos del menor terminaron por desvestir al joven que estaba debajo suyo, abriendo el pantalón y bajando el cierre en pocos segundos, segundos en los que Yamada gimió más agudo contra esa lengua que ahora acariciaba los bordes de sus encías, erizándose en cada centímetro de piel que tenía. Yuto no se detuvo ahí y jalando con más ansiedad, tiró de la ropa interior del castaño hasta que logró deslizar las prendas a la mitad de sus muslos, acariciando con delicadeza pero detenimiento, su firme y tersa superficie. Le gustaba cómo se sentía estar encima suyo, le gustaba sentirlo gemir por sus toques.

Aquella noche en la que hablaron de más, bebiendo el vino de Italia que Chinen les regaló, Yuto no tuvo reserva alguna y aprovechando el momento de debilidad que Yamada mostró, llorando porque lo suyo había terminado tan mal, lo poseyó con fiereza, reclamando como propia su alma que nunca, había dejado libre en verdad.

Y ahora, en ese momento, volvía a hacerlo.

Si bien odiaba muchas cosas de su comportamiento y muchas más de sus caprichos, no había ni un solo pelo o actitud que quisiera cambiarle, porque tal cual era, testarudo y fastidioso, él lo amaba.

Con fastidio y poca voluntad se separó de los labios rojos e hinchados del más bajo, mirando como movía las manos para intentar liberarse pero haciéndolo sin ninguna fuerza, no pasó por alto la pequeña herida que se había hecho pero era tarde ya como para detener todo y curarlo. Lo haría después. Alejándose un poco más, se levantó de la cama tan sólo para hacer más fácil el proceso de desvestirse, dejando que sus propias prendas cayeran con libertad a sus tobillos, acompañados de su bóxer negro; unos segundos se quedó de pie, admirando el cuerpo perlado de sudor que estaba a total disposición suyo y tomó la ropa que seguía en las piernas de Yamada, tirando de estas para luego dejarlas resbalar a un lado junto a donde él, había puesto su propia vestimenta.

Tomó con delicadeza las piernas blancas como la leche que su novio tanto ejercitaba, elevándolas hasta colocarlas sobre los hombros y palpando, tomó el lubricante que yacía aún en ese lado de la cama donde minutos antes lo había colocado. Sin que el castaño viera, embarró sus dedos índice y anular con el gel, untando con ligereza el contorno de aquella pequeña entrada rosada, masajeando y haciendo pequeñas presiones que le robaban suspiros al mayor, sus ojos puestos en el miembro erecto del pelinegro, su mente acelerándose y anticipando con emoción lo que pronto ocurriría.

-¡AH!

Un grito feroz y su cuerpo se arqueó de placer, Yuto lo había penetrado con aquellos dedos con los que previamente lo estuvo torturando y ahora, lo embestía con ambos, tratando de chocar con la próstata, tratando de rozar el punto de locura sumergido en aquella cueva de músculo tan estrecha y sin experiencia plena. Su cuerpo sujeto e imposibilitado de hacer mayor cosa, empezó a estremecerse con violencia, su corazón latiendo con locura contra su pecho y su propia hombría, salpicando gotitas de líquido preseminal por la pequeña abertura de la punta.
La mano libre del menor deslizó sus caricias hasta el miembro desatendido, pulseando en un movimiento suave de arriba hacia abajo, haciendo pequeños apretones cada que llegaba al glande, conteniendo sus propios jadeos de éxtasis al ver cómo el otro casi lloraba por el placer que lo invadía con sus roces.
Al sentir que las paredes dejaban de hacer presión, Yuto tomó ambas caderas de su amante y se posicionó con precisión detrás, sin darse el trabajo de ponerse algún preservativo o de echarse él mismo algo de lubricante porque, ni mantenía relación con nadie más, ni deseaba que Ryosuke no lo sintiera como debía de verdad. Inclinó su cuerpo hasta que tomó con delicadeza los labios de su novio, besándolo sutil y delicado al tiempo que empujaba con brusquedad sus caderas, penetrándolo de una sola estocada, toda la extensión de su falo siendo recibido por la calidez de aquella profunda cueva, desapareciendo por completo en su interior.

Sus movimientos eran coordinados, ni muy rápidos ni muy lentos, pero completamente profundos para que ambos pudieran sentir el desliz de su sus pieles en aquella unión carnal. Tan perfecta y exquisita. Yuto se abrazó con firmeza a la cintura pequeña de su novio, presionando sus piernas hasta que chocaban las rodillas con sus hombros mientras él apoyaba el pecho contra el suyo, sus cuerpos completamente fundidos, gimiendo al unísono, Yamada no dudando ni una fracción de segundo en abrazarse a su cuello con los pies cruzados detrás de este, acercándolo si es que se podía más. El vientre de Nakajima hacía presión contra la dureza del castaño, sus gónadas chocando con un sonido curioso y satisfactorio al golpear contra las nalgas de su sometido, ambos gritando incoherencias de a pocos, jadeando y respirando agitado al hacerse el oxígeno nulo en su interior.
Yamada no podía tocarlo, pero entre todo el cóctel de emociones se daba el lujo de verlo mientras lo besaba, irguiéndose de orgullo al saber que sólo él ponía así de mal al pelinegro, que sólo él, era capaz de despertarle aquellos bajos instintos tan escondidos que tenía.

El vaivén marcado por las caderas del menor pronto se hizo más violento, siendo tan rápido que Ryosuke no tenía siquiera tiempo de poder gemir con propiedad. Apenas y su voz podía liberarse y su garganta se forzaba a dejar fluir más sonidos de placer, pero no fue después de mucho que inevitablemente liberó su semilla entre sus cuerpos, contrayendo todo a su paso, incluido su pequeño ano que prácticamente estrujó el falo que lo poseía, forzándolo a liberar el semen caliente dentro de su rugosidad.

Dos gritos agudos y muy altos por el nivel de lo normal se escucharon en todo el complejo de departamentos, dos respiraciones ahogadas tratando de apaciguarse fue lo que continuó en esa habitación. Los segundos pasaron y cuando Yuto puto volver a respirar con tranquilidad, no tardó en soltar la correa con la que tenía sujeta al mayor, dejando caer sus piernas con suavidad a la cama y él, retirándose de su interior para ir al baño.
El mayor se quedó confundido, ni siquiera le había dado un beso antes de irse a bañar y la sensación de pesar ya se estaba acentuando en su vientre cuando lo vio venir nuevamente, con un pequeño botiquín de primeros auxilios en la mano izquierda y una toalla en la derecha.
Su novio le guiñó el ojo y le lanzó el paño con el que se limpió avergonzado la parte de atrás antes, dándose cuenta que había manchado las sábanas con la esencia del más alto. Con un suspiro apenado, arregló todo lo que pudo hasta que el ardor en sus muñecas le hizo acordarse de que estaba “lesionado” y frunció los labios, haciendo un pequeño puchero porque si bien había disfrutado el haber tenido relaciones, no le gustaba cuando Yuto se volvía tan dominante.

-¿Duele mucho?

Pero dominante o no, luego volvía a él aquel joven cálido y amable, dispuesto a hacer todo por él y simplemente, no podía resistirse a sus encantos. Con una negación lenta, estiró sus manos y el menor lo tomó con cuidado, buscando el algodón y el alcohol para limpiarle lenta y parsimoniosamente los rasguños, mirando de reojo por si había alguna mueca o queja de su paciente. Con una sonrisa y al saber que no le dolía, le puso en cada mano una pequeña venda de pandas y lo abrazó por la cintura, besándolo en los labios para lentamente, recostarlo en la cama.

-Deberías dejar de pensar tanto en el trabajo que tengo, vas a enfermarte de lo mucho que reniegas
-A mí no me importa si tienes o no trabajo – susurró el mayor, rodeando con dulzura los hombros bien formados del alto – Es solo… Yuto, actúas mal! Te han dado el trabajo sólo porque tienes… buen cuerpo y una cara bonita, no porque sepas actuar
-Vale, ¿y me puedes decir qué de raro hay en eso? El negocio es así

Se encogió de hombros e ignoró los bufidos suaves que empezaron a salir del más bajo, apretándolo más contra sí mismo y cubriendo a ambos con las sábanas.

Yamada era terco, testarudo y molesto, pero así lo amaba.
Yuto era egocéntrico y orgulloso, pero era perfecto como era y el castaño lo adoraba.

Eran tan para cual, y aunque recién volvieran a retomar su relación, la importancia y valor de esta, era casi sagrado.

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