Inferno [Drabble]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Ya me cansé~
: Runaway train - Soul Asylum
: Mi cama ;3;

Título: Inferno
Autor: Satommy
Pareja: Okajima [oneside] Yamajima
Género: Angst
Extensión: Drabble [?]
Notas: LOL sí, yo sé que quienes me conocen van a saber mi campañana anti-Okajima[?????] XD ok no, algo así hahahahaha uwu pero bueno, no sé si lo entiendan o si siquiera les guste D': ya da igual, no me lean[?] *sufre* Este drabble... Está dedicado a dos persona, al Nene XD al idiota de siempre que alguna vez me hizo llorar y pasarla de perros y que ahora es un gran amigo, en lo que cabe[?] y a mi querida Haineken, gracias cosi, por ser tan buena amiga aunque muchas veces me quieras golpear y gritarme mil cosas para hacerme reaccionar, eres lo mejor♥ te quiero
P.D.: Inferno de Dante, es parte del libro de la "Divina Comedia" de Dante Alighieri, habla sobre los nueve círculos del infierno, en ellos se redacta como los pecadores pagan sus culpas... Digamos que el cántico -sí, es cántico- es la cosa más sádica, cruel y malvada del mundo XD alguna vez léanlo, aunque dudo que les llame la atención uwu♥ Valga la aclaración, lean[?]


Había pocas veces que Yuto se quebraba, de hecho, jamás lo hacía porque con el tiempo había aprendido que lo mejor era mantenerse firme y fuerte. Que su dolor era suyo y nadie tenía por qué conocerlo. Pero habían momentos inéditos donde aquel caparazón que tanto demoró en armar se partía, donde sus emociones contenidas salían a flote como almas escapando del purgatorio y él quedaba con la sensación de vacío, miedo y dolor combinándose en su corazón.

Y lloraba, aunque no quisiera, lloraba porque no sabía manejarlo, ni sabía a quién recurrir, ¿cómo superar un pasado que había marcado tanto?
Odiaba esa desazón del alma, le fastidiaba la existencia y dios, ¡Rogaba por una operación! Alguna ilógica intervención quirúrgica que pudiera arrancar de su ser la mala sensación, ¿si habían operaciones ya de alta gama para curar todas las enfermedades? ¿Por qué no había una para alivianar ese martirio?

Odiaba su desdicha, tanto como odiaba a la persona que se la entregaba… Siempre tan confusa, siempre tan imprevisible con sus palabras, ¿cómo negar lo innegable? Era claramente un acto de terquedad donde profesaba negro cuando era blanco. Era una inmadurez con la que él ya no podía pelear desde hace ya bastante tiempo y por eso, que prefería mantenerse al margen, era por eso que le había dejado ir.

Pero Keito era toda una vida para su existir, era esa parte de la memoria que se negaba a mezclarse con los otros recuerdos que había logrado pasar, los que en su día, habían hecho meollo en la herida de su crónica existencial. Keito estaba latente como una púa en su interior que hiciera lo que hiciera no salía, incluso en su desesperación, había destrozado su corazón pero él seguía clavado de una forma que no podía quitarlo… Y estaba harto, ¿no era por eso mejor mantenerse al margen? ¿No era por eso mejor, quedarse quieto y protegido del resto para no volver a pasarla igual? ¿Para ya no pasarla mal? ¿No era acaso mejor, jugar él con los demás para olvidarse de sí mismo y ese dolor fastidioso que ya lo tenía enfermo? Para que así, ¿ya nadie le hiciera mal?

Era insano, ese sentimiento que aun queriendo que fuera unilateral, era mutuo. Un sentimiento mutuo que debería estar vetado con todas las palabras extrañas que usó Dante para escribir Inferno. Porque para él, aquel sentimiento y esa estúpida pseudo relación no era más que sus 9 círculos del infierno, de su descendencia a lo más hondo de lo horrible. Para él era el castigo divino que estaba sufriendo por haber sido cruel toda su vida.

Era su karma y lo estaba pagando.

Por eso, ahí de pie observando y siendo consciente como una vez más aquella persona que se supone le quería, pero que NO lo quería en verdad, marchaba dándole su espalda amplia para dejarle en claro que ahora sí jamás volvería –una de sus tantas despedidas, ya–; sentía que su mundo volvía a deshacerse con la facilidad de la tierra arenisca, que su alma volvía a marcharse arrastrada por el agua del mar y le ahogaba, la inestabilidad que de pronto volvía a entregarle.

¿Por qué era tan fácil, dejarlo atrás?

-Maldición, Keito…

Estaba llorando pero como nunca, evitó secarse las lágrimas porque sería la última vez que lo hiciera. Estaba llorando pero ese día, juraba ser la última vez que lloraba por alguien –otra vez–. Si a Keito, no le importaba él, ¿Por qué él tenía que seguirse preocupando por lo inevitable?

“Es mutuo, pero el esfuerzo es sólo unilateral. El miedo puede más”

-Jamás… sabré qué decirte, Yuto – Ryosuke se acercó lentamente a él, posando una lata de cerveza en su frente con los ojos entrecerrados. Su mano temblaba y su voz era baja, casi con temor de ser escuchado – Pero no estás solo, estoy contigo – murmuró el mayor, tomando la mano del alto, apretándola con esa fuerza única que un amigo y gran amor podía hacer – Y sé que no podré arreglar nada, sé que es necesario que el tiempo pase, pero debes saber… Que el tiempo no es ingrato, que no hay mal que dure mil años y que las lágrimas se acaban. Lo vas a olvidar, no te preocupes, lo olvidarás y un día, ya no sabrás ni cómo es que se llama ni qué causó jamás en ti

El alto volvió a llorar, con su orgullo haciendo su parte para que no fuera tan descontrolado su llanto y giró el cuerpo con levedad, dejando caer la frente sobre su cabeza castaña para esconderse entre la mata de cabello, dejando que su aroma le consolara. Que su compañía sanara algo de aquel dolor inhumano.

-Gracias, Ryosuke…

¿Por qué, no se enamoró de él en primer lugar?

My Servant [5]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Hemoglobina ;_;
: Bubbly - Colbie Caillat
: Escritorio u3u


Notas: Hace mucho debí actualizar esto pero una serie de eventos me retrasó X'D no sé cómo ha quedado, no sé si tiene sentido y la bipolaridad mutua del Takachii me hace reír a mi pero seguro que a ustedes les ha de exasperar, pero es que no puedo... Takaki es tan raro LOL♥ Bueni u3u y lo prometido es deuda... Guns and Roses a todo dar ;_; asddas veré cómo alternaré los fics y los capítulos, pero será el principal en actualizar u_u los demás estarán medios en stand by X'D aunque bueno... siempre han estado en stand by orz -soytanmalaparaesto- ;___; díganme si está bien lo que escribo wn que sino no sé cómo voy y asdasdadasd ya, eso X'D les quiero♥

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Tenía las manos sudando de una manera que no creía posible, no pensaba que su cuerpo tuviese tanta cantidad de agua para desperdiciar como para que en ese momento estuviera explotando sus glándulas sudoríparas. Por enésima vez frotó las palmas contra sus muslos, dejando en muy mala presentación su pantalón bien planchado y trató de seguir el ritmo de los pasos del menor que parecía dar zancadas en vez de caminar. Su espalda pequeña estaba completamente erguida con orgullo, sabiendo quién era y qué poder tenía en ese internado; la confianza que emanaba Yuri era sobrecogedora y tal vez muy tarde, se daba cuenta que había sido un completo error meterse con él.

Bueno, no era del todo su culpa… Había sido de su cara de niña.

Sus pies sintieron el cambio de relieve cuando las suelas tocaron el gras perfectamente cortado del campus, confundido miró hacia los costados para obtener alguna pista de su destino pero no, tampoco es que se estuvieran dirigiendo al edificio de las habitaciones, sino que estaban yendo por el lado contrario, al camino que daba –tan a lo cliché- al bosque aledaño del instituto, a ese donde sabía se realizaban excursiones en las clases de biología y ciencias, o donde habían juegos de la búsqueda del tesoro en alguno de los tantos aburridos eventos que había en el festival cultural.

Y si se detenía a pensarlo, el lugar que estaba totalmente prohibido si no era para una actividad curricular.

-¿Quieres que nos suspendan?
-¿En verdad te interesa algo tan tonto como eso? – por fin lo oía hablar, pero el tono que empleó le hizo desear a Takaki no haber dicho nada. Yuri se detuvo sobre sus pasos con una sonrisa y giró hasta caminar dando la espalda al sendero, tranquilo de saber por dónde se dirigía – Bueno, tal vez a ti te importa – sonrió con suficiencia, una que insultó al mayor – Pero a mí, no me pueden hacer nada
-¿Te acuestas con el director? – ironizó, su voz haciéndose más afilada y pisando con mayor fuerza. Notó como frunció el ceño y sonrió de lado – Oh no, espera, ¿tal vez con toda la junta directiva? ¿Puedes con todo o alguien te ayuda? Tal vez tienes otro amigo así de putita como tú, o a lo mejor tu madre, ¿no enano?

Chinen Yuri podía soportar cualquier tipo de insultos, cualquier tipo de ataques físicos, verbales, mentales; todo lo que pudiera cruzarse en la mente de la persona con la que discutiera. Salvo una cosa. Jamás toleraba que se metieran con la persona que él consideraba, la más sagrada; que aún con una vida miserable y tan corta de facilidades o buenos momentos, había dado todo por su bienestar, incluso hasta algo como su dignidad. Solo por él. Solo porque quería lo mejor para su único hijo, porque quería que la luz de sus ojos fuera algo y alguien. Ella quería que llegara más allá de un departamento del tamaño de una caja de zapatos.

Su madre lo era todo y el cabeza de zanahoria, no tenía derecho a decir nada sobre ella.

Takaki fue lento para reaccionar, no se dio cuenta de qué iba la cosa hasta que la mitad de su cuerpo estaba tendido en un riachuelo que- felizmente- no era tan profundo. Sintió un dolor punzante por el codo y supo que su saco se había rasgado junto con la camisa cuando palpó y sintió algo de sangre resbalar. A su alrededor habían piedras de forma peculiar: algunas lisas de formas ovaladas pero otras que estaban rotas y tenían un pico a los lados, tan afilados que no dudaba que una de esas era la causante de su herida. Sus ojos volaron con furia hacia el cuerpo del pelinegro pero lo vio apoyado contra un árbol, fumando tranquilamente de algún cigarro salido de no-sabía-dónde y prendido con no-sabía-qué.

-Te lo diré por tu bien, jamás hables de mi madre

Yuya tuvo ganas de contestar, de hacer hincapié en alguna broma sarcástica con respecto a su situación de becado, mencionando de nuevo a su madre. Ganas no le faltaban, pero sí le faltaba valor. No era tan idiota como para no darse cuenta de que tenía todas las de perder ahí, aunque él fuera y dijera las mil verdades de Chinen Yuri en el instituto, no había ninguna prueba que corroborase sus palabras; en cambio el pelinegro tenía una grabación que lo ponía al borde del abismo, ¿a quién carajos le iba a importar una rencilla escolar cuando su futuro y el de su familia pendía de la mano de aquel enano?

No, definitivamente, no era tan idiota como aparentaba.

Pero al igual que sabía lo que tenía en contra, había algo con lo que Yuri no había terminado de contar y es que él, era consciente de lo que quería y buscaba. De lo que más disfrutaba. Takaki se puso de pie, sentía la ropa escurrirle de agua aumentando el peso sobre su cuerpo, algo que dejó pasar y dio un momento de atención a su codo. Una herida superficial.
Chinen lo observaba, acabando el cigarro que había estado fumando en todo ese momento mientras calmaba su rabia, no podía perder los estribos por ahora pues debía establecer las reglas del juego.

-Eres tan obvio, Yuyan

El mayor se quedó estático, haciendo un ademán de quitarse el saco del uniforme cuando sus palabras rompieron el ambiente extraño formado entre ambos. Observó al pelinegro tomar el móvil de su bolsillo y teclear varias veces hasta que sonrió tranquilo, ¿qué era lo que pretendía? Quiso preguntar pero se abstuvo. Tal vez el chico pensaba que estaba tramando algo para arrebatarle el celular y se estaba asegurando de tener una copia registrada en algún lado pero no era así, sus intenciones distaban mucho de acercarse a él de una forma violenta. No, claro que no; victorioso, se acercó un paso más al pelinegro que sacaba de su bolsillo interior otro cigarrillo y lo prendía con uno de esos encendedores caros –que uno de sus tantos fans le había obsequiado–, dando una larga calada mientras el mayor se acercaba aún más, cada paso que daba resonaba por las hojas debajo de la suela, un sonido que cobraba mayor fuerza según avanzaba pues la confianza en su ser iba a tope.

Chinen Yuri, no le iba a ganar.

Yuya dejó caer a un lado la prenda que sostenía y fue desabotonando uno a uno los botones de la camisa, esperando ansioso notar esos ojos de lujuria que el pelinegro siempre dibujaba a momentos porque su parte hormonal le llegaba a dominar, pero nada de eso ocurrió.
No hubo brillo en sus iris, no hubo lengua coqueta que lo invitara a besarlo –aun cuando no quisiera–, no hubieron manos estirándose para quitarse también las prendas. No hubo nada, nada de eso y Takaki temió de repente, porque a cambio de todas expresiones de deseo que esperaba encontrar, sólo obtuvo una sonrisa maliciosa combinada perfectamente con sus rasgos inocentes.

-¿Por qué, eres tan idiotamente previsible?
-¿Previsible? ¿Qué acabas de sacar alguna otra teoría con respecto a mi vida? – se forzó a ser fuerte y a no demostrar temor o arrepentimiento, aunque por dentro, el estómago había empezado a retorcerse por la ansiedad que vivía
-¿Crees en verdad, que voy a querer acostarme contigo? – Yuri sonrió más cuando su rostro se desencajó. Takaki se esforzó, por mantenerse serio, sus manos de pronto apretándose en unos puños – Está bien, sí… Si quiero

Y oh señor, ahí sí le había tomado desprevenido porque ciertamente él no quería estar en la lista de amigos follables del menor… ¡Ni siquiera era su amigo! ¿Cómo era que todo a su alrededor podía cambiar tan drásticamente de ambiente?
Chinen nuevamente hizo gala de sus movimientos ágiles y tomó por los costados la camisa del alto, tirando igual de fuerte y brusco que como lo había hecho el mayor aquel día que se presentó en su aula de clases.

No tardaron dos segundos en los que su cuerpo quedó a su disposición y Takaki, con su reacción peculiar, se cubrió con las manos el pecho, protegiéndose a su manera de la vista incrédula del menor que no sabía si reír o golpearlo, ¡¿estaba cubriéndose como si fuera una chica?!

-¡No me violes!
-¡¿Qué?! ¡IDIOTA! – le costó volver en sí y le golpeó en el hombro, haciendo retroceder al pelinaranja - ¡¿Por qué eres tan raro?! ¡Yo no quiero hacerte nada! ¡Compórtate como un ser normal y razonable por una vez en tu vida!
-¡Me has traído al bosque para violarme! ¡Entiende, soy heterosexual!
-Hasta que se pruebe lo contrario…

Una voz ajena a la de ambos se escuchó y Takaki se abrazó más a sí mismo, esperando alguna emboscada para que le amarraran las manos y él terminara siendo ultrajado por otros hombres. Su peor pesadilla. Y esperó, encontrarse con Yabu o alguno de los amigos enormes con los que alguna vez había visto cruzar palabras el más bajo pero en cambio delante suyo había sólo otro niño, uno un poco más alto que el pelinegro pero con una expresión incluso más dulce e inocente. Parpadeó varias veces, él lo reconocía.

-¿Arioka?
-Arioka Daiki – suspiró pesado el castaño al darse cuenta que hiciera lo que hiciera, seguía siendo conocido y su familia era la cruz de su vida, lamentablemente – Un gusto – ironizó claramente y se acercó a Chinen, tomándolo de la muñeca para hacerlo retroceder varios pasos lejos – Chii… Sus gritos se escuchan hasta fuera del bosque – susurró - ¿Qué ha pasado? ¿Por qué me has hecho venir acá?
-¿Qué? – Takaki parpadeó, el ceño lentamente marcándose con una arruga - ¿Tú también te acuestas con él?
-¡ASCO!

Ambos gritaron al mismo tiempo y Takaki se quedó en silencio. Bueno, era lógico, todos los chicos tenían sus características de ser el activo o el pasivo en una relación y si ellos dos eran un tipo de pareja extraña y antinatural, ¿quién sería el que…?

-Deja de pensar cochinadas, neandertal – el insulto de Yuri hizo reír a Daiki quien sólo se apoyó contra un árbol, sonriendo - ¿Ya te calmaste?
-¿No me vas a violar?
-¡Que no! – el pelinegro se exasperó, quería gritarle improperios o algo mas solo era alargar el tema – A lo que íbamos… Dai-chan, ¿puedes ser testigo?
-¿Hm? ¿Debo grabarlo o algo?
-Sí… sería bueno
-¿Qué? Esperen – Takaki se mostró más serio, mucho más varonil también – ¿Cómo que testigo? ¿Grabar qué?
-Oh, bueno… – y otra vez aparecía en sus labios esa sonrisa perturbadora que le quitaban las ganas de vivir del miedo que le recorría, había olvidado por un momento del poder que tenía en su contra y que él no podía contrarrestar – Takaki Yuya… de ahora en adelante, vas a ser mi sirviente
-Uh… - Daiki rió - ¿Estás preparado para el infierno?

¿Acaso había dicho su sirviente? ¿Él? Sintió que su sangre se evaporaba, haciéndole perder el equilibrio… ¿en qué demonios, acababa de meterse?

Senseless [Drabble]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Quiero montar bici♥
: You belong with me - Taylor Swift
: Mi rinconcito de perfección♥

Título: Senseless
Autor: Satommy
Parejas: Inoodai
Género: Slash[?]
Extensión: Drabble
Notas: ¡Hurra! No pasó de las mil palabras XD -faltaron 7 palabras para eso- Hahahaha pues, no sé... hace mucho no escribo Inoodai y supongo que los he echado en falta uwu no puedo conmigo y los amo demasiado :'D ¿Cómo está? ¿Esperando los serial? Yo también :'DDDD intento darle a mi word pero ahí se me rebela y además que ando super distraída con todo :c más que tengo bici nueva y asdasdasdadsad♥ *rueda* Espero que les guste :')♥ saluditos


Inoo cogió uno de los cigarrillos que tenía en su cajetilla y salió al balcón a fumar un poco, sintiendo como el humo que calaba subía junto con esa combinación extraña de químicos a su cerebro y le hacía divagar, calmar de alguna forma aquella extraña sensación que aparecía en su interior.
Estaba completamente desnudo, algo que no le importaba en lo más mínimo porque vivía en aquella hermosa penthouse que había comprado después de años de ahorro y de apoyo de sus padres como garantes. A veces le preguntaban por qué algo tan lujoso para una sola persona, ¿pero quién decía que estaba solo? Su interés en adquirir una residencia así era básicamente porque apreciaba la privacidad que le entregaba, pudiendo hacer o dejar de hacer lo que quisiera sin ojos curiosos observando.

-¿Kei-chan?

Una voz le hizo alzar la mirada, estaba fumando del pitillo del tabaco una vez más cuando su figura esbelta y pequeña se asomó por el pasillo de las habitaciones. Sus manos se tallaban los ojos y estaba bostezando continuamente como si fuera un niño pequeño. Su piel, tostada perfectamente pero sin perder su blancura, brillaba gracias a la luz de la luna que se asomaba por las ventanas; definitivamente, vivir en una penthouse tenía sus beneficios, ¿cómo sino estarían tan cerca del cielo para ver la imagen vivida de su ángel?
Sonrió levemente y golpeó la colilla del cigarro para que la ceniza volase hacia la ciudad, sin dejar de observarlo. La punta roja brilló en la oscuridad y vislumbró la sonrisa de su castaño aparecer.

-¿Te desperté, Daiki?

El menor rió, bostezando nuevamente mientras se acercaba con pasos lentos a él. Con sus manos delgadas y astutas le quitó el cigarrillo para darle una suave calada que no tardó en salir de sus labios apenas entreabiertos. El humo, chocando contra su rostro. Lo tomó de la cintura y lo atrajo hacia sí mismo, besando su cuello con pequeñas mordidas.

-Mañana tenemos una presentación… no dejes marca – su voz baja, de secretismo y vergüenza le hizo sonreír más y bajó con sus labios a la clavícula, dándole una larga lamida. Estaba saladito, a causa del sudor que había segregado hace tan solo una hora.
-¿Lo dices porque las maquillistas te van a regañar o porque Yuto se va a dar cuenta que lo engañas?
-Cállate – le dio un pequeño golpe y amenazó con alejarse pero lo sujetó con fuerza por la cintura, bajando los besos por ambos hombros – ¿Me recuerdas, qué hago acá?
-Estás enamorado de mí, pero me consideras un perro de la calle que se acuesta con todos y por eso, prefieres tan solo jugar conmigo
-Oh, cierto…

Inoo no lo vio, pero pudo sentir la sonrisa triste del castaño. Le acarició la espalda y la cintura, dándole calma en su corazón. Si es que tan solo supiera… si sus ojos pardos pudiesen ver más allá de los rumores y sus propias mentiras, ¿ambos estarían ahí, jugando a tener sexo cuando era algo más profundo que eso?

-¿Tienes otro cigarrillo?

Arioka preguntó en voz baja, dejando caer la colilla acabada de aquel cigarro a un lado de ambos, apagándose con el poco viento que corría esa noche. Era extraño si los veían, ambos desnudos, abrazados como dos amantes en la casa de uno de ellos pero que el otro conocía tan a la perfección como si fuera su propio hogar. Los dos, aferrados a sus almas como si no hubiera mañana.

-Deberías dejar de fumar, Dai-chan
-¿Me lo dice el que se levanta en madrugada a dar una pitada? – Kei rió, soltando su abrazo para suavemente tomarlo entre sus brazos, cargándolo peculiarmente como si fuera una “princesa” – Oie… ¿es necesario que me cargues así? – vio sonreír al mayor y volvió a reír, dejándose hacer con los ojos lentamente entrecerrándose - ¿Cuándo vas a cambiar, Kei-chan?
-El día que tú, dejes a Yuto

Y estaba ahí la charla de todos los días, de todos los momentos en los que estaban juntos porque así era su relación, porque ambos eran así de extraños.
Inoo, que se esforzaba por mantener una imagen de playboy rompecorazones y Daiki, que se esforzaba por fingir sentimientos y una relación con el baterista de su grupo.
Los dos, negados a dar un paso a la formalidad cuando era más que claro que había algo más entre ellos que una simple relación de sexo.
Pero Kei no quería dar su brazo a torcer, no quería pensar que apenas se declarara ambos se volvieran una pareja del montón que sólo vivía de momentos cursis y tontos –aunque la idea al lado del castaño, no pareciera mala– y estaba Daiki, que se negaba a terminar con el alto porque no quería ser cruel y porque, necesitaba un refugio en el cuál esconderse cada que recordaba que no era el único para el pianista.

Ambos idiotas, negados a aceptar algo que ya los consumía.

Kei lo dejó reposar encima de su cama con sábanas de seda, blancas y pacíficas entre las que Daiki combinaba a la perfección, su cuerpo desnudo deslizándose hasta enlazarse a ellas, dejando apenas una pierna y parte de las nalgas al aire libre. Sonrió ladino, ¿cómo no verlo en detalle si su cuerpo era perfecto? ¿Si su rostro de niño era básicamente, todo lo que quería y buscaba? Hace mucho tiempo que no buscaba más satisfacción que en su compañía, algo que no le compartiría, porque los labios de su castaño no le pertenecían, aunque sólo él fuera el dueño de su cuerpo.
Se acomodó a su lado, rodeando su cintura con los brazos y besó su hombro izquierdo antes de sumergir el rostro contra su cuello.

Una noche más que dormían juntos, una noche más donde sus corazones se unían y las palabras sólo eran mentiras que camuflaban su realidad.

Una noche más en la que se amaban en secreto y que sólo ellos, en su alma, eran capaces de aceptarlo.

Dovelike [OneShot]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Mi gata es fea♥
: Nada uwu
: Camita~~♥

Título: Dovelike
Autor: Satommy
Parejas: Inoodai
Género: Fluff[?]
Extensión: Oneshot[?]
Notas: Es oneshot porque pasó las mil palabras pero es un drabble en sí porque... porque es una redacción simple, tranquila y sin mayores complicaciones uwu eso es~♥ Espero que sea de su agrado, es especial para mí así que deben tenerle amor D':
P.D.: Hay... un reportaje que creo que deberían ver uwu a mi Haineken me dijo que lo viera y ciertamente vale la pena D: Como fan de los Johnny's o fan de algún grupo de la JE, realmente creo que se debe saber lo que los chicos atraviesan uwu y aunque yo me sabía algunas cosas, otras no estaba enterada D: Así que les sugiero que lo vean, está subtitulado al español :3♥ Acá lo pueden encontrar: Johnny's Jr no Shinjitsu


Había sido una larga semana de por sí, cada ensayo para el nuevo single les había tomado mucho más tiempo de lo que antes hubieran invertido y no era para menos pues los pasos de baile de Ride with me eran casi tan elaborados como los de alguna de esas bandas coreanas. Básicamente, los habían explotado hasta que la coordinación de todos los miembros del grupo fuera perfecta.
No es que se quejara del todo, le gustaba pasar con los miembros del grupo entre sus actividades y más que nada, apreciaba cada momento que el trabajo le pudiera brindar junto a su novio.
Pero esa semana se le había acumulado la actividad del “100byou hakase academy” en Hokkaido y había tenido que viajar al otro lado de Japón para estar encerrado en una cueva un promedio de 10 horas. Inoo rogó, con todas sus fuerzas, que por favor eliminaran ciertas escenas vergonzosas donde se tropezaba o decía cosas demasiado tontas, aunque de por sí el staff ya le había informado que su ocurrencia al buscar un baño iba a ser emitido.

Su vida se iba a ir al caño.

Suspiró con frustración todo el recorrido del bus al aeropuerto y los camarógrafos sólo pudieron reír por su comportamiento poco maduro, ¿quién podría actuar de una manera más normal si toda la nación vería algo tan humillante?
¿Cómo actuar tan normal si Daiki vería algo tan… estúpido en la televisión de su habitación?
Apenas subió a la aeronave sintió tranquilidad, eso le hacía recordarse que pronto volvería a la civilización, a su casa, a su cama y la deliciosa comida que había en la refri. Le hizo acordar, que pronto vería a su castaño.
Habían estado mandándose mensajes por las noches, ninguno de los dos había podido coordinar un horario lo suficientemente bueno para encontrarse y cuando eran libres era ya muy tarde. Si se encontraban a las 11 pm, por mucho que no quisieran ambos terminarían enlazados en una de sus sesiones necesitadas de amor y valgan verdades, el sueño era de lo que más estaban faltos por el trabajo, no podían darse el lujo de hacer el amor y quedarse dormidos.

No era mentira el mal humor de Daiki si es que no dormía lo que debía, de por sí sus mañanas eran cuestión de vida o muerte porque una palabra en falso y podían empezar a pelear porque simplemente, durmió al otro lado de la cama.

Su cuerpo se acomodó plácidamente en el asiento de primera clase, agradecido de los mimos especiales que le daban las aeromozas por ser un idol –y comportamiento que jamás comentaría con nadie o lo terminarían dejando por ser “coqueto” –. No tardó mucho, bastaron cinco minutos para que cayera rendido y durmiera todo el viaje a Tokio, horas largas y cómodas, revitalizándolo y adecuándolo al horario rutinal en la gran ciudad.
Despertó al rato con el sonido del altavoz, desperezándose con una sonrisa al darse cuenta de pronto que aquel día era cuando Arioka tenía libre en la tarde. No le había avisado sobre su hora de regreso así que iría volando a su casa, se asearía y cambiaría con ropa más presentable e iría a visitarlo.

Lo había echado demasiado en falta.

A momentos, Kei se preguntaba, ¿cómo es que se necesitaba tanto a una persona? No es que no lo viera o que no hablaran, pero es que simplemente deseaba por todos los medios estar a su lado todo el tiempo que fuera posible aunque no hicieran absolutamente nada más que ver el techo de su habitación, contándose incoherencias o haciéndose bromas estúpidas.

Su relación, era así de buena.

Se quedó de pie esperando por su maleta, buscando el móvil en su bolsillo para cambiarle el “modo avión” al “modo activo”, esperando encontrar algún mensaje perdido durante su momento de vuelo pero no hubo repiqueteo avisando la llegada de ninguno y la duda lo embargó, ¿le habría pasado algo a su castaño? No es que fuera algo tan extraño, porque a veces se quedaba dormido y le dejaba de responder hasta varias horas después pero era aún muy temprano para que durmiera. Apretó los labios y cogió la maleta con la que viajó, haciéndola caer al piso y tirando de ella para arrastrarla hasta afuera. Sus pasos eran pesados pero lentos, meditando con cada uno de ellos sobre si era aún buena idea en visitar al menor porque, ¿Qué tal si no estaba? ¿Qué tal si había salido con alguien más apenas ahora se ausentó y por eso no le mandaba ni un mísero mensaje?

Escuchó un silbido, agudo y alto, uno que podía reconocer en cualquier sitio porque era así la manera que tenían de llamarse en lugares abiertos en sus citas para no llamar la atención de las personas a su alredor.

Daiki imitaba bien, el sonido de un ave.

Sus ojos se enfocaron en la imagen delgada que tenía en la mano una pequeña cinta que sujetaba a un globo de corazón cargado de helio y en la otra, un peluche extraño que supuso sin lugar a dudas, el menor habría intentado hacerlo para él. Rió con fuerza y alegre, ¿había dudado?
Debía de admitirlo ya, Inoo era un completo idiota cuando la inseguridad lo embargaba, ¿Qué no era más que obvio que su novio lo amaba? Con pasos lentos se acercó a él y el menor se colocó unas gafas oscuras que no le quedaban para nada bien pero le entendía, no podían someterse a la vista del público.

-¿Qué haces acá?
-Recibo a mi novio, se fue mucho tiempo – Kei sonrió, soltando la maleta para deslizar los dedos sobre aquella línea recta que se dibujaba en la frente del menor
-¿Ah sí? ¿Por cuánto se ha ido? – bromeó, lentamente deslizando los dedos a sus mejillas
-Por tres largos días y dos largas noches, ¿no se te hace demasiado tiempo?
-¿La verdad? Me suena a una eternidad

Daiki le regaló esa sonrisa brillante que sólo podía entregarle a él, una que no dejaba a lugar a dudas sus emociones y sentimientos. Una que él respondía con igual de intensidad.
Lo tomó de la cintura con la mano libre y lo abrazó, los dedos que reposaban en su rostro tomándolo del mentón para besarle castamente en los labios. Un alivio le recorrió calmando su ansiedad.

-Te extrañé – dijo después de unos segundos de disfrutar de su respiración combinándose con la suya – Me hiciste falta
-Bobo… nos van a ver – el menor se alejó un poco, sin ocultar su sonrisa ni su rubor – Pero…

Se mordió el labio inferior y miró hacia el globo, Kei no perdió detalle de ninguna de sus expresiones así que sus ojos hicieron lo mismo, admirando el trayecto desde sus dedos hasta el globo que estaba por encima de sus cabezas y que tenía escrito, con unas enormes letras un “Bienvenido, mi amor”.
Inoo enarcó una ceja y optó por tomar el peluche, cogiéndolo junto con la maleta y tomando con su mano libre la del menor. A veces olvidaba, lo cursi que era, una característica que apreciaba y atesoraba porque sólo él la podía conocer.

-Dai-chan – el menor lo miró, caminando tranquilamente a su lado – Te amo

El castaño sonrió y apretó su sujeción, ese sentimiento, era tangiblemente mutuo.

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