Tercero en discordia [1]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Debo salir ya orz
: Imagine Dragons - It's Time
: Sala de estar D':

Título: Tercero en discodia
Autor: Satommy
Parejas: Inoodai
Género: Lemon~
Extensión: No sé e_e
Notas: PERDÓNAME CHANGO X'DDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD ok ya, lo siento, me demoré más de la cuenta orz le estoy poniendo 3 de setiembre como fecha de publicación pero la verdad es que está terminado de escribir el 5 de setiembre y ni siquiera está terminado orz Queridas lectoras ;___; créanme que lo quería hacer oneshot pero digamos que el trama se me alargó y ñeh, la cagué X'D no creo que pase de un two-shot o three-shot pero no me arriesgo a prometer nada[?] Igual ;3; ando haciendo mis serials pero la u y mi vida en general me llenan el tiempo libre eweUu Aadasdasd Les quiero y por favooooooooor X'D díganme qué tal les pareció este coso fail que hago siempre para esta fecha del mes orz
P.D.: Está enorme ;_; perdonen si no anda editado y si alguna falla ortográfica se me pasó Q_Q


La risa grácil que se hacía presente en la oficina le advirtió quienes eran las personas que estaban adentrándose en ella. Sus ojos, que estaban momentos antes pendientes del documento que estaba redactando en la computadora de última generación, se elevaron hasta admirar con descaro a la pareja que daba pasos acompasados y alegres. La joven era preciosa, el cabello castaño claro le caía por capas hasta la cintura y su piel, si bien no era de un blanco marfil, era de un tono de rosa tan suave que le hacía ver inocente y pura. Su figura no dejaba nada de envidiar aunque no fuera tan delgada y sus curvas no tan pronunciadas, cualquier mujer por pura envidia la criticaría al no considerarla a la altura de su prometido pero ciertamente era que ella, era hermosa y digna de su posición.
El joven que caminaba a su lado, no era de una talla mucho más alta que la de la joven pero a la vista y paciencia del resto, ello no tenía alguna importancia por lo hermosos que se veían juntos, eran la típica pareja de almanaque. Él también llevaba el cabello castaño, un tono que hacía que su piel se viera ligeramente bronceada, dándole un aspecto más agradable que el de una tonalidad pálida. Sus ojos irradiaban un brillo más intenso que el de cualquier otra persona con ese matiz pardo que poseían y su sonrisa, Inoo estaba seguro, su sonrisa opacaba incluso a la de su prometida.

El joven asistente contuvo el aliento y volvió a su trabajo, suficiente tendría que afrontar cuando la pareja decidiera acercarse a él a preguntar por su jefe y él, con la sonrisa digna de un Óscar por lo bien actuada que era, tendría que dejar su puesto de trabajo y acompañarlos a través del ascensor privado hasta el piso donde el magnate Arioka se encontraba.

Recordaba tranquilamente como había llegado a trabajar ahí mientras sus dedos tipeaban con delicadeza encima del teclado. Un acto de rebeldía frente a su propio imperio al negarse a obedecer a su propio padre, un hombre tan fiero y estricto que no aceptaba su manera de proceder en cuanto a negocios se trataba; Inoo lo recordaba con frecuencia, pero no lo recordaba porque lo echara en falta o por el deseo de querer volver a sus raíces sino que después de tres años de abandonar la mansión familiar, él estaba feliz ahí en ese asiento.

Porque entre esos tres años, en dos de ellos había estado albergando un tipo de obsesión insana por el heredero para el cuál ahora trabajaba y un odio irrefutable por su detestable prometida.

-Inoo-san, buenas tardes
-Buenas tardes, Arioka-san, Tachibana-san

La voz de Midori le alteró los nervios pero inmediatamente sonrió con amabilidad a la joven y a su pareja que la rodeaba por la cintura en un acto protector. Kei no era tonto y sabía perfectamente que Arioka creía que podía arrebatarle a su prometida al igual que había hecho con alguna que otra “señorita” de alguno de sus amigos, algo que le causaba gracia pues habían sido sus propios amigos los que le habían hecho ser el tercero en discordia.
Con un suspiro bien disimulado se inclinó con levedad al par y se separó del escritorio para tomar la tarjeta de identificación y así acercarse al ascensor que no tardó en abrirse.
Sus pasos fueron acompañados por el de los otros dos hasta entrar en el cubículo de cristal con vista a la calle.
Inoo se rió con disimulo al admirar como Daiki se removía incómodo por la vista a tantos miles de metros sobre el suelo, el rascacielos en el que ahora se encontraban no era por nada uno de los más conocidos a nivel mundial y entendía la sensación de vértigo que daba, mas él sabía disimularlo pero el otro joven era tan obvio al demostrar como el alma se le salía del cuerpo…

-¿Cómo has estado Inoo-san? ¿Has hablado recientemente con tu padre?

Uno de los motivos por los que odiaba con todo su ser a aquella mujer era por su impertinencia, porque no sabía mantenerse callada y evitar preguntar por temas que no eran de su incumbencia. Era estúpida e incapaz, ¿cómo podía ser una buena esposa así? Lamentablemente en su sociedad era tan juzgado aquel comportamiento y Arioka, no podía arriesgarse a tener una relación con alguien así pero nada podía hacer. Por ahora.

-No, Tachibana-san, mi padre está muy ocupado por lo que no he podido entablar una conversación con él desde navidad del año pasado. Gracias por su consternación con respecto al tema pero no debe preocuparse, usted ya debe cargar mucho estrés debido al planeamiento de la boda
-Oh no, eso no es problema alguno… Dai-chan, es de gran ayuda y se está encargando de todo, ¿verdad, querido?
-No es nada, Midorin…

Kei miró entretenido como a Daiki le costaba hablar al estar más concentrado en no demostrar miedo y tuvo que contener su sonrisa para no faltar el respeto a ninguno de los dos.
El pitido del ascensor sonó con crudeza, advirtiendo a los tres su llegada al piso destinado y con cuidado, el joven asistente pasó la tarjeta y digitó la clave para que se abrieran las puertas del cubículo. Con una sonrisa, el hombre bonachón que yacía sentado en un gran sillón detrás de un escritorio de cedro, les dio la bienvenida.

-Kei, veo que me has traído visita sin anunciar
-Discúlpeme Arioka-san, pero al ser su hijo con su joven prometida, he supuesto que la sorpresa le vendría bien, ¿es que acaso me he equivocado?
-Claro que no, muchacho, claro que no… - el hombre se levantó, caminando cerca de su asistente y dándole unas palmaditas en la espalda, además de unas pocas palabras que sólo él pudo escuchar - ¿Es que acaso tu sentido del humor es macabro? Te estás vengando de las horas extras que te mandé a hacer con las empresas de tu padre, ¿a qué no?
-Siempre tan perspicaz, señor – Kei le sonrió con amplitud y le dio una pequeña venia. Desde atrás la pareja los observó sin comprender bien el intercambio de palabras - ¿Me puedo retirar?
-No, no, claro que no – el señor sonrió con maldad al pelinegro – Prepárales unos cafés a mi hijo y su novia, a mí prepárame un vaso de Bourbon
-Lo que usted diga, señor

Daiki frunció el ceño con curiosidad, si bien no era el hijo perfecto y no había pasado tanto tiempo con su padre como para saber sus más oscuros secretos, sí sabía que no solía tomar porque no le gustaba y que solamente lo hacía cuando algo realmente le molestaba.

Una sonrisa se ensanchó en los labios, estaba alcanzando su objetivo.

Con caballerosidad, se acercó a los asientos delante del gran escritorio de jefe de familia y tiró de uno de ellos para ofrecerle el asiento a la joven mujer, sentándose luego a su lado y así conversar sobre los detalles de la futura fiesta que debían de celebrar en honor a su unión matrimonial.

Inoo en silencio, escuchaba con fastidio, definitivamente no estaba tan alegre como aquella joven pareja parecía estarlo.

----

Estacionó su camioneta a la entrada de aquel lujoso complejo de departamentos en medio de la ciudad. Sus dedos acariciaron con delicadeza la mejilla de su prometida con tanta delicadeza que hizo sonrojar a la joven y además, la hizo sonreír. Con una pequeña inclinación de ambos, sellaron sus sentimientos con un beso lento y sutil, que buscaba llegar a más pero que ninguno de los dos se atrevía pues aún el intimar era raro.
No es que Midori no lo dejara o no es que él no la deseara, pero las veces que lo habían hecho habían estado tan fuera de lugar que no se atrevía otra vez a dar ese paso y además, quería esperar a que estuvieran casados para ambos tener más confianza en aquella relación.

Ya tenían algún tiempo saliendo, tal vez un año y medio, cuando le propuso matrimonio y entonces establecieron su alianza como comprometidos por unos dos años más. No tenía apuro en casarse pero sí había decidido que quería que fuera ella quien fuera la madre de sus hijos por lo fuerte y liberal que era, le encantaba cómo no tenía reparo en decir las cosas y cómo es que siempre luchaba por lo que quería. Le fascinaba cómo peleaba por sus empresas y cómo se había ganado el respeto de muchos grandes empresarios.

Aunque bueno, de todos menos de su padre.

Daiki le acomodó el flequillo que graciosamente caía por el costado de su rostro detrás de su oreja, besando su frente y luego su nariz con sutileza.

-Te amo
-También te amo, Daiki…

La joven lo abrazó con fuerza y luego se bajó del automóvil que seguía con el motor prendido. Era jueves y como cada única vez en la semana, su prometido se iría a reunir con sus amigos a aquella lujosa penthouse en una de las islas más caras del país. El viaje en helicóptero era seguro pero siempre le ponía de los nervios que fuera porque jamás se enteraba de lo que ocurría ahí.

-¿Te portarás bien? No confío en Nakajima…
-Midori-chan – el castaño rió – Es normal que quiera festejar, sigue dolido por su rompimiento
-Shida no lo merecía – susurró la joven – Aún no me puedo creer que Inoo-san hiciera algo así
-Las personas no siempre son lo que parecen – Arioka miró de soslayo hacia la calle y luego a ella – Tú nunca me harías algo así, ¿verdad, Midorin?
-Dai-chan – su largo cabello se agitó con el viento y ella se acercó hasta apoyar las manos en el asiento de copiloto, de aquella forma pudo inclinarse y volver a besarlo – Para mí, tú eres perfecto y al único que quiero conmigo… No tendría por qué engañarte o dejarte, somos uno, Dai-chan…

El joven rió ante su cursilería que le hizo apenar sin querer admitirlo, le devolvió el beso y antes de marchar, esperó a que su prometida se adentrara en aquel edificio oneroso que se alzaba impolutamente blanquecino ante él. Se quedó en silencio un segundo y luego quitó el freno para seguir con su camino.

Aquella noche, sería como todos los jueves y por fin, no vería a Inoo Kei en una reunión con sus amigos. Sonriendo complacido con aquel pensamiento, giró el volante del carro para encaminarse por la autopista al centro. Tendría que dirigirse a uno de los edificios que poseía su familia para poder hacer uso del helipuerto y así, dirigirse al balneario exclusivo donde la fiesta semanal se realizaba.

----

-Sé que todos acá, somos unos caballeros pero podrías por favor Inoo, ¿darnos detalles de tu trabajo sucio?

Takaki mecía su copa en la mano derecha, dejando que el líquido ámbar se meneara sensualmente antes de seducir a sus labios y perder su completa esencia al ser tomado por él. La escena se repitió unas tres veces hasta que Kei rió entre dientes, tomando de su copa de vino mientras pasaba un brazo por los hombros de Yuto y le daba un pequeño apretón.

-Nuestro joven aprendiz se equivocó, Shida Mirai-chan no era virgen y… - le guiñó el ojo al menor – Sinceramente, ha sido de las peores experiencias sexuales que he tenido el poco placer de experimentar
-¿Cómo podría interesarte si es que a ti más te van los…?
-¿Tienes el descaro de venir acá y abrazarlo? ¿Qué acaso los Inoo no tienen una buena educación?

La voz de Daiki resonó en toda la sala de la residencia, haciendo que los asistentes giraran a verlo con una sorpresa inédita. Yuto no pudo terminar su frase pero contuvo una sonrisa insana, mirando a Yuya y ambos encogiéndose de hombros se decidieron por marchar.
Kei les lanzó una mirada asesina y luego se giró a observar al hijo de su jefe con tranquilidad fingida.

-Nakajima-kun es tan amigo mío como tuyo, no entiendo el por qué ofende a mi familia, a mi educación y a mi
-Vamos Inoo! No tienes que hacerte al decente conmigo, yo sé la clase de calaña que eres, sé lo bajo que te comportas sólo porque quieres lo prohibido. Lo hiciste con Mariya, la prometida de Yamada-kun y ahora con Shida, la prometida de Nakajima… ¿Quién más está en la lista? ¿La prometida de Takaki o la de Chinen-san?

“Chinen ya dejó a su novia… Pero le sigue pagando para mantener apariencias y tener una excusa mientras se va con Takaki”

Kei rió otra vez, entre todo aquel grupo que se reunía en aquella penthouse, solamente eran Okamoto, Yabu, Yaotome y Arioka los únicos heterosexuales hechos y derechos, todo el resto era simplemente unos hijos bien criados bajo el estándar de dar nietos a sus tan respetadas familias pero que disfrutaban más de las relaciones homosexuales.

El rompimiento de aquellos compromisos de los que el menor lo estaba acusando, a pesar de ser ciertos, cargaban con un trasfondo mucho más complejo que el sexo con una mujer fácil y codiciosa. En realidad, trataba de un contrato hecho con sus dos amigos para poder dar una excusa basada en la infidelidad para terminar con aquellas relaciones que ellos no deseaban y si algo le gustaba más a Inoo además de Arioka, era definitivamente el dinero.

Unos cuantos miles de dólares por encamarse a una y a la otra, dar pruebas y simplemente ayudar al otro par a librarse de sus ataduras para vivir sus locuras a escondidas de la sociedad, no sólo incrementaba su cuenta bancaria sino que también, le ayudaba a ganar fidelidad con dos de las más grandes empresas de Japón, la entereza de una fuerte amistad con el par y además el placer de que le deban favores. Simple y sencillo, él no tenía nada que perder.

El mayor se encogió de hombros ante su pregunta, no pudiendo decir nada porque creía que terminaría riéndose por la inocencia y torpeza del otro, ¿cómo es que si Kota y Hikaru podían decir sin lugar a dudas que Yuto y Ryosuke tenían un amorío, él que era mejor amigo de ambos no podía siquiera decir dónde se desaparecían cada jueves por la noche cuando la reunión llegaba a su climax?

-¿Qué? ¿No piensas responder?
-Arioka-kun – enfatizó el apelativo para recordarle que él seguía siendo mayor aunque trabajara para su padre – Fue el mismo Nakajima quien me ha invitado a la reunión, por lo que a mí respecta… No le debo alguna explicación a usted – sonrió al ver la sorpresa en sus pequeños ojos pardos – Con su debido respeto, me retiro

Daiki lo vio partir con un rostro de pocos amigos, aquel tipo le ponía los nervios de punta y no sólo era desde aquel evento que salió en las noticias sobre la infidelidad con dos mujeres conocidas por sus buenas familias, sino desde el mismo momento en que lo vio sentado en el escritorio donde siempre estaba el asistente favorito de su padre.
Suspiró rendido y tomó de la bandeja del mesero que pasaba por su lado, una larga copa de champagne. Si quería quedarse ahí hasta una hora prudente para no faltarle el deber a sus amigos, lo mejor sería embriagarse siquiera un poco.

-¿Sigues sin soportar a Inoo?
-Deberías dejar de aparecerte por detrás de las personas, Hikaru – susurró el menor que apretó los dedos alrededor del cristal al casi gritar del susto. Era patético ser tan infantil a su edad y más, al ser hombre - ¿Cómo estás? ¿Lograron cerrar el contrato con China?
-¿Es que acaso no piensas en nada más que en trabajo? – rió el joven a su lado – Sí, firmamos el contrato y el primer embarque de mercadería lo enviaremos este fin de mes, ¿cómo te va con Midori?
-No es que sólo piense en trabajo – “no sé qué más hablar con ustedes”. El pensamiento le cruzó la mente pero mantuvo sus labios sellados, entreabriéndolos apenas para tomar algo más del dulce líquido que le causaba cosquillas en el vientre – Muy bien, ya hemos seleccionado el local donde será la recepción… Tiene un enorme candelabro que le da un brillo especial al piso y…
-¿Tan animado estás por casarte, Dai-chan? – la voz de Ryosuke le cortó y pronto recibió en sus brazos a su mejor amigo que no dejaba de darle palmadas en la espalda – Deberías conocer a más personas antes de por fin querer ponerte el compromiso al dedo, ¿cuántos tienes, 26?
-Tengo 24 – tosió el joven, mirando a Hikaru que no dejaba de reír - ¿Qué tiene de malo que ya quiera casarme y tener una familia? Que yo sepa, tú también querías una con Mariya…
-No, no – el otro chico que también era tallas más bajas que Yaotome pero igual que Arioka, movió el dedo de lado a lado en una negación – Yo no quería ni casarme ni hijos, eso quería mi madre pero ahora que el abuelo ya me heredó el imperio no tengo por qué seguir sus estúpidos deseos.

Yaotome movió la cabeza en desaprobación pero seguía sonriendo, en cambio Daiki lo veía con asombro y hasta indignación. Eso era tan irreal y tan cliché que quería golpear a su mejor amigo del asco que estaba sintiendo.

Aunque bien podía ser que el asco se debiera a la copa que se había terminado sin darse cuenta. Buscó al mesero y cuando lo vio cogió una copa más, sólo que esta vez de un cóctel que al probar comprobó que contenía algo de vodka y un algo más que sabía a whiskey.

-¿Por qué nunca me lo comentaste? Creí que éramos mejores amigos
-Y lo somos, Dai-chan… Pero es que tú eres tan correcto, que era imposible confesarte algo así y más el cómo…
-Shhhhh - Yamada sintió un par de manos taparle los labios y miró hacia arriba para observar a Inoo que lo regañaba con sus ojos negros – Lo siento, lo siento… Después seguirán conversando pero por ahora, debo llevarme al joven Yamada

Arioka apretó los dedos en su copa nuevamente vacía y miró como el estúpido asistente de su padre, marchaba con toda confianza con el amigo que se supone había traicionado al acostarse con su prometida.

¿Es que acaso la humanidad se había vuelto loca?

Indignado como estaba, marchó con Yaotome al grupo de jóvenes que estaba cerca al bar y cerca de un escenario improvisado al centro de la sala. Su “mejor amigo” se había ido y no podía ir con él porque estaba con el detestable tipo que quería muerto, así que no le quedaba más que socializar con otros conocidos con los que apenas alguna vez en su vida había hablado.

----

Yuto observaba desde el balcón del mezanine el cómo su reunión iba tomando fuerza, cómo es que las bailarinas que había contratado ya tenían cerca de dos horas bailando en sus sitios a vista y paciencia de sus demás invitados. Reía de ver como Keito derramaba el licor en la alfombra al entorpecerse tanto al nunca haber estado tan cerca de alguien con tan poca ropa y negaba divertido de cómo Yabu y Hikaru rechazaban a la mala a las mujeres, fingiendo que no les llamaba la atención sus danzas de vientre. En algún lado podía observar como Tamamori invitaba a una de las mujeres a irse a algún lugar, algo que suponía por el fajo de dinero que mostraba y la insistencia de sus ojos, le causaba gracia pero sabía que no surtiría efecto alguno, él les había pagado muy bien como para que no quisieran irse a manchar la reputación de alguno de sus “amigos”. Apoyó las manos en la madera pulida y se asomó para ver un poco más del espectáculo que le brindaban sus invitados: Chinen estaba a un lado, peleando con Takaki porque el joven había entregado un par de billetes a una de las damas y por ahí cerca, su novio estaba al lado de Arioka, el mayor entre el par llorando como una niña por lo ebrio que estaba.

¿Por qué lloraba? No sabía, ni quería saberlo. Le agradaba Daiki y le tenía un gran aprecio pero ciertamente prefería evitarse todos los dramas posibles, además en su relación el que tenía el corazón noble era Ryosuke.

-¿Admirando como siempre el teatro de la humanidad? La semana pasada trajiste un buffet, ¿por qué ahora strippers?
-Se me apetecía – rió de lado el menor hacia Inoo quien se acercaba hasta acomodarse a su lado - ¿Por qué sigues acá? Pensé que ya te habrías marchado a satisfacer tus bajos instintos con el vecino de abajo
-Que me guste el sexo con Kohei no significa que quiera algo serio, además – hizo un ademán con el rostro hacia abajo – Hoy esto se ha vuelto interesante, ¿no lo crees?

Yuto frunció el ceño al no entenderlo y siguió con sus ojos la trayectoria de la mirada de su acompañante, encontrándose pronto con Daiki que estaba ahora de pie, secándose las lágrimas y gritando improperios como cualquier borracho sin educación que habían en la calle.

-Definitivamente, está para un video de chantaje – confirmó el alto pelinegro, fastidiándose al notar que era Ryosuke quien seguía cuidando de Arioka – No entiendo qué le ves
-¿Y quién dice que yo le veo algo? – Inoo se tensó, girándose en su sitio para darle la espalda al primer piso y observar los sofás del mezanine. Por ahí ya había una que otra pareja heterosexual cometiendo adulterio – No entiendo cómo es que dejas pasar a las amantes de Yamashita y Akanishi para que hagan porquerías en tus muebles
-Alto ahí Inoo, no me cambies de tema – escuchó el suspiro del mayor pero él siguió hablando de todas formas – Se va a casar y tú te quedarás con las ganas
-Ahí va el error de todos ustedes, yo no le tengo ganas al hijo de mi jefe
-Por favor – se burló el más joven – Me dices aprendiz porque todavía no se mancharme las manos sin que nadie me descubra pero no soy idiota, se te va la mirada cuando está cerca y finges ser alguien tan correcto cuando no lo eres. Vamos Inoo, que si no te apuras pronto va a tener una alianza en el dedo y un niño en los brazos
-No Yuto, no le tengo ganas – por sobre el hombro, miró hacia el punto donde Yamada sostenía al pelicastaño para que no cayese y suspiró – Más o menos, creo que estoy enamorado de él o algo que podría llamarse más que sólo “tenerle ganas”, no lo sé

Nakajima que le daba un largo sorbo al vaso de ron que acababa de coger, escupió todo el licor hacia el suelo de mármol mientras estallaba en carcajadas, no creyéndose ni un poco lo que el otro le decía.

-Eres Inoo Kei, tú no te enamoras
-Exacto – contestó a su amigo con fastidio mientras miraba con desprecio a la pareja que se comía a besos delante suyo - ¿Ya me entiendes?
-Ciertamente, no. Pero supongo que es lo mismo que sucedió conmigo y Ryosuke
-No compares mis sentimientos puros con tus ganas de sexo salvaje con Yamada – el mayor puso sus manos encima del corazón y fingió su mejor cara de inocencia – Me dañas
-Cállate, imbécil – le dio un pequeño golpe en el hombro y rió – Pero si me preguntas, el sexo es la mejor forma de romper el hielo
-¿Habló la voz de la experiencia?
-Exactamente, amigo mío… - Yuto tamborileó los dedos sobre su vaso aún medio lleno y se separó del balcón unos pasos – Si no me hubiera acostado con él aquel día, ni él ni yo hubiéramos conocido lo que queríamos. No nos hubiéramos obsesionado mutuamente y finalmente, no nos hubiéramos… ¿cómo dijiste? “Algo así como enamorado” – le guiñó un ojo al mayor que mantenía una expresión seria en su rostro – Tú ya tienes la obsesión, ¿no te gustaría que fuera mutua?

Nakajima se marchó después de decir eso, bajando las escaleras hasta el lugar que tenía toda su atención desde aquel punto. Sus cejas se enarcaron sorprendidas al notar que el menor había acudido a buscar a su novio porque tal vez, los celos lo iban carcomiendo al verlo tan cerca de otro hombre y no evitó darse cuenta que ya se marchaban, como siempre, por aquella puerta lateral que daba a un cuarto privado para ambos. Ese cuarto donde se escondían todos los jueves y quién sabía qué otros días para hacer sus… Intimidades.

-¡Yama-chan!

La voz de Daiki atrajo toda su atención, el joven estaba apoyado contra una pared apenas y pudiendo ponerse en pie, tratando de mantenerse en equilibrio con tanta torpeza que daba pena y estaba empezando a llamar la atención de los demás invitados. Kei apretó la mano libre en un puño y enfiló sin miramientos hasta el primer piso, no es que le diera celos la idea que alguien más lo cuidara pero las palabras de Yuto estaban tan frescas en su mente ligeramente alcoholizada que no pudo controlarse. Era ahora o nunca.

Y a él, no le gustaba no probar lo prohibido.

Daiki tenía razón en eso.

Con una sonrisa de suficiencia y con un largo trago en seco y volteado de una copa de whiskey que encontró por ahí, dirigió su ansioso cuerpo hasta el menudo joven que seguía apoyado en una columna, sin entender bien dónde estaba ya y con la cabeza dándole vueltas.
El mayor hizo uso de sus mejores dones de galantería y lo cogió de la cintura justo cuando iba a caer al suelo, apoyándolo bien contra la pared para luego susurrarle muy despacio en el oído y que así el menor no perdiera detalle de sus palabras por culpa de la música estridente que salía del equipo de sonido.

-Acompáñame… -directo al grano y sin preámbulos. Tan ansioso estaba que sus palabras habían escapado de sus labios cuando menos lo esperaba – Arioka-kun, estás mal y necesitas descansar
-Nnooo yo te odio! – Daiki hipó y el mayor acarició sus caderas por sobre la ropa en respuesta - ¿Q-qué… haces? Suéltame, Inooooooo
-Shhhh no hagas tanto ruido – se separó un poco de él, mirándolo con una pequeña mueca - ¿Qué quieres a cambio porque me acompañes para hacerte recostar?
-¿Puedo pedir lo que sea?
-Sí, lo que sea

A Kei siempre le había gustado aquel juego del “Lo que sea”, porque era algo con trampa que siempre podía hacer admitir a una persona sus más oscuros deseos sin en verdad revelarlos como algo propio, pues eran con un juego y eran “cosas pedidas por pedir”. Se relamió los labios al observar el rostro aniñado del joven frente suyo dudar de lo que quería decir.

-Yyo… yoooo – se mordió el labio y sus ojos se humedecieron para sorpresa del otro – Dime por qué mi papá te quiere tanto

Un enorme “¡¿Qué?!” se dibujó imaginariamente en su cerebro y por poco se daba un golpe él mismo en la cara al no creerse la idiotez del heredero Arioka. Si bien era inteligente para algunas cosas, para otras no quedaba duda de lo tonto que era. Lo observó en silencio mientras el menor se secaba las lágrimas con el dorso de la camisa de seda que tenía puesta y sonrió segundos después al analizar sus opciones, tal vez podría usar su estupidez en su favor.

-No hay una razón en realidad, simplemente es porque soy útil en el trabajo
-Esso es mentiraaa, yo soy mejor para los negocios pero él sigue confiando más en ti, no es justo… Eress un commpleto idiotta!
-¿Por qué no puedes pensar que soy menos malo de lo que crees? ¿Eh?
-Se te nota en la cara!

Contuvo de reírse con malicia al verlo tan infantil con esas respuestas. Era todo un niño engreído y realmente le sacaba de quicio pero no había duda que le gustaba y en esos momentos, tampoco podía negar que moría por besar sus húmedos labios bañados en licor que se abrían y cerraban al respirar agitadamente por ellos.

-Daiki, ¿alguna vez has probado el sexo gay? – sabía que se estaba arriesgando, pero si Daiki era tan niño como lo aparentaba, la pregunta surtiría el efecto que buscaba
-¿Qué? – fue como si de pronto el lugar dejara de dar vueltas y él estuviera sobrio otra vez, sus ojos enfocaron al pelinegro y frunció el ceño - ¿Qué se supone que significa eso?
-Que todos en esta sala, lo han hecho con otro hombre y han comprobado su sexualidad menos tú – confesó una media mentira entre su embriaguez y sobriedad, sonriendo de lado y bajando el tono de voz para tentar a su presa. El castaño tenía los ojos bien abiertos y los labios entreabiertos sin saber qué decir – No te puedes casar sin antes haberlo probado, ¿verdad?
-Y-yo no… A mí no me gustan los hombres

El menor giró sobre sus talones para marcharse de ahí pero las manos del alto lo cogieron firmemente otra vez para que no cayera al ser tan imprudente y olvidarse su deplorable situación. Sólo que esta vez su toque le puso alerta, la sensación de sus dedos en su cuerpo le produjeron un tipo de corriente que le atravesó por el centro mismo del estómago y lo paralizó, asustado de lo que estaba sintiendo.

Era como un calor asfixiante que nacía ahí donde lo tocaba y se esparcía por cada centímetro de piel hasta acaparar sus poros y sumergirse en su sangre, llenándolo por todos lados con la rareza de aquel contacto. Le estaba quemando el cuerpo por dentro y no entendía el por qué, ni sabía cómo apagarlo.

-Vamos

Su cuerpo fue enviado con suavidad hacia delante y sus pasos empezaron a marcar un trayecto que desconocía. Inoo era quien tenía el control, era como si lo hubiese doblegado tan sólo con su cercanía y no podía retomar el poder sobre su propia consciencia, caminaba por caminar y su corazón latía con fuerza con cada segundo que pasaba. Estaba nervioso, porque tenía una idea de a dónde lo dirigía y estaba asustado.

Pero la curiosidad del hecho ya estaba instalada en su pobre mente frágil ahogada en alcohol.

Sabía de antemano que él era alguien que no encajaba en aquella reunión, lo sabía porque era sólo con Nakajima y el resto con quienes podía hablar más o menos, mas no con los demás asistentes que lo consideraban un aburrido bicho raro. Sabía que no lo invitaban a otras reuniones y sabía que si no hubiera nacido como un Arioka sino como alguien de menos status entre los ricos, ni siquiera se molestarían en hablarle.

Aun así, no pensaba que el detalle que los diferenciaba era que todos habían tenido una experiencia del otro tipo. O bueno, él nunca por lo menos había tenido curiosidad al respecto pero que los demás ya lo hubieran vivido… ¿Por qué él tenía que quedarse de último?
Parpadeó atontado cuando el sonido de una puerta abrirse le hizo volver a su presente, apareciendo ante él una hermosa cama de dosel con un cobertor rojo de terciopelo. El color le atrajo y sin ayuda del otro joven que caminaba tan pegado a él, se adentró en la habitación.

Inoo se apoyó contra el marco de la puerta, dudando una vez más sobre los actos que estaba a nada de cometer si juntaba el valor suficiente, ¿algo así se podía juzgar como algún tipo de violación si es que ambos estaban bebidos? Si Daiki se negaba, definitivamente no lo haría. Lo que menos quería era dañarlo o hacer que lo odiase, pero si había la remota posibilidad de poseerlo…

-¿Cómo sabes que los demás ya lo han hecho?

Kei miró a sus pies medio riendo, moviendo la cabeza unos centímetros hacia arriba para luego observar de reojo al menor que ahora yacía sentado en uno de los bordes de la cama, meciendo sus pies que no llegaban al suelo por su corta talla. Se quedó en silencio, analizando otra vez todas sus posibilidades y barajándolas para crear la combinación más óptima para sus fines.

Si quería tenerlo seguro, lo que debía hacer era embriagarlo un poco más como para dejarse hacer lo que fuera pero lo suficiente para que se mantuviera consciente y recordara lo ocurrido. Debía cuidar de darle la dosis exacta para que no vomitara por su nivel de alcohol en la sangre, pero también la mínima como para desinhibirlo.

Tal vez Inoo se fuera a ganar un gran problema con Yuto por utilizar su habitación para sus andadas pero sabía que al final, el menor lo perdonaría.

Cerró la puerta tras suyo y echó la llave, sintiendo sin necesidad de ver cómo es que era que el otro joven se tensaba en su sitio y se ponía otra vez la defensiva.

-Relájate, no te voy a hacer nada

Faltó un “por ahora” en su oración pero lo dejó al aire, Daiki podía ser tonto pero tampoco era tan iluso y si había llegado hasta ahí, ya debía tener alguna idea vaga sobre lo que podía suceder. Mientras caminaba se iba soltando la corbata de color platino que adornaba su cuello por sobre la camisa negra, estirándola un segundo luego para tirarla encima de uno de los sofás que adoraban la habitación en uno de sus rincones. Se acercó con paciencia hasta la mesita donde había unas cuantas botellas de licores y cogió la de cristal con un líquido de color turquesa.
El gin zafiro era uno de los favoritos de su amigo y para la ocasión, era perfecto. Cogió uno de los pequeños limones en trozos que estaban en una pequeña bandeja de plata y fue preparando dos bebidas, se demoraba a propósito, esperando a que el menor pudiera bajar un poco su ebriedad por cuenta propia.

-No respondes

Daiki hablaba con oraciones cortas y concisas, evitando pensar de más en cómo armar frases completas y enfocando a su mente en cómo mantenerse en una pieza y vestido en aquel lugar. Su sien le estaba palpitando por tanta bebida, arrepintiéndose ya de por si por haber tomado mucho y haber sido tan imbécil para dejarse llevar de manera tan fácil a aquella habitación. Era una completa víctima debido a su incapacidad de raciocinio en los momentos cruciales, era consciente de ello y aún así, no había tomado precaución alguna o siquiera, ideado alguna vaga excusa para librarse de eso, aunque si debía admitirlo, tampoco tenía tantas ganas de eludir el futuro encuentro.

-Digamos que algunos de ellos lo probaron conmigo y los otros, con conocidos – se encogió de hombros, otra vez medio mintiendo al responderle - ¿Quieres detalles acaso?
-¡¿Qué?! NO! ASCOOOOO

El pelinegro rió con ganas al verlo cubrirse el rostro con las manos, meneando la cabeza como si estuviera indignado de lo que acababa de decir. Divertido se acercó a él con uno de los vasos llenos de bebida, adornados en el borde con un poco de sal.

-Sonará impertinente, Arioka-kun, pero ¿tiene curiosidad sobre lo que se siente?

El silencio se deslizó coqueto entre ambos y Kei no dudó más, con confianza implantada en su comportamiento hasta ahora vacilante, se acercó al menor y le brindó la bebida, volviendo a alejarse del menor, que disimuladamente, lo observaba por el rabillo de los ojos. Evitó demostrar que podía leer el comportamiento del castaño y se dirigió a encender el equipo de sonido, conectando el cable AUX a su propio celular darle play a algún remix que tuviera y que pudiera ayudarlo en la ocasión; no por nada le decían “maestro” sus amigos, pues siempre estaba bien dotado de herramientas para lograr sus objetivos pero era consciente que nunca pensó obtener a su “amor platónico”. Y ahora que ese tan llamado “imposible” lo observaba desde la cama, definitivamente debería de echarle mano a todos esos años de práctica empresarial para ganar terreno y ganar el partido, aunque ahora debiera emplearlo en algo un poco peculiar.

La música sonó insinuante por los parlantes, llenando la habitación de una agradable armonía que erizaba la piel y le daba al cuerpo un calor indescriptible. Kei sorbió del licor al buscar un poco de paz y relajación para no arruinar el momento, moviéndose con lentitud en un intento de bailar. Lo admitía, era pésimo para tonterías así pero creía ciegamente en que esfuerzo –pseudo humillación– valdrían la pena. Sentía que Daiki se ponía más nervioso pero el sonido que sus dientes hacían al chocar contra el vaso de cristal al beber el gin, algo que no hacía más que darle ánimos y que sólo afianzaba su confianza, esa era su noche sin lugar a dudas.

Giró sobre sus talones con un movimiento perfecto, dirigiéndose a aquel punto en la cama donde el menor seguía sentado y con sus ojos clavados en su cuerpo. Con elegancia le tendió la mano derecha que era la que tenía libre y lo invitó a que lo acompañase, cuidando de no faltarle el respeto a esa masculinidad que el menor se esforzaba muchas veces en demostrar. El castaño dudó, pero al final Arioka lo hizo sin temor alguno aunque no hiciera más movimiento que el de sus pestañas al abrirse y cerrarse, esperando a que el otro le ensañara ello que tanto insinuaba pero el mayor sólo le sonreía, haciéndole confundir.

-Espera... espera – Arioka retrocedió unos pasos, recordando de pronto – Yo estoy con Midori-chan! Yo no puedo hacer nada raro
-¿Eh? Dai-chan, no estamos haciendo nada - sonrió al pensar que otra vez dejaba la frase sin concluir, pues un “aún” debía acompañar el final de su oración.

Con proeza y a pesar de la mirada acusante del menor, lo tomó de la cintura con una sola mano y lo hizo virar hasta que le diera la espalda y él se acercara a su cuerpo por detrás, pegando el pecho por entre sus hombros. Daiki dejó caer el vaso vacío de gin al suelo debido a la sorpresa y agradeció que no se rompiera gracias a aquella pomposa alfombra que recubría toda la extensión de esa superficie. Con un suspiro sutil se dejó hacer, su cuerpo reaccionando por mero impulso y su mente, nublada por la extraña situación.

No quería ser un cobarde, no quería quedarse atrás… No quería que Inoo Kei luego se burlara de él.

-¿Haces esto con todas y todos? – habló para amenizar el ambiente, queriendo que sus nervios no se acoplaran a sus palabras y así, pudiera distraerse siquiera unos segundos

Kei rió muy despacio, bebiendo lo último de su propia copa para que luego simplemente la dejara caer al lado de la del pelicastaño. Una vez tuvo ya ambas manos libres, lo tomó firmemente de la cintura para que su cuerpo estático fuera dirigido a su voluntad y así empezara a moverse rítmicamente.

-No, eres el primero
-Mientes
-Siempre miento – dijo tranquilo, rozando suavemente su entrepierna con la retaguardia del menor – Pero ahora, no tengo por qué
-¿Ah sí? ¿Y por qué no?
-Porque los demás son fáciles de poseer, y además, odio bailar

Daiki rió atontado por la bebida y divertido por la confesión, sus caderas lentamente cogiendo el ritmo del meneo sugestivo entre sus cuerpos y gustándole el poder moverse de una forma como nunca antes lo había hecho por su imagen pública. Se sentía libre de alguna forma.

Quería decir algo más pero las palabras no aparecieron, y justo en ese instante, el mayor se inclinó hacia delante para tomar con sus labios un pequeño tramo de su cuello que no tardó en besar con delicadeza, cuidando de no dejar alguna marca en aquella deliciosa piel tostada. Kei no se creía aún que estaba probando por primera vez al castaño. Sus manos lentamente pasaron de sujetar sus caderas a rodear su cintura con algo de fuerza, sus cuerpos seguían moviéndose lentos pero la distancia se había hecho nula y los roces podían sentirse con mayor plenitud, la ropa no ayudaba pero la fricción que se producía a causa de sus movimientos insistentes, le daban un efecto extra a la situación.
El joven que estaba adelante deslizó sus propios dedos por encima de aquellas manos que lo sujetaban, experimentando con placer algo que no había vivido antes. ¿Qué era eso? No podía darle un nombre pero la presión dura que podía sentir cerca de su trasero, era exasperante. Le llamaba, le incitaba a probarlo.
Kei lo dirigía, lo llevaba hacia delante y luego hacia atrás, empujando sus caderas contra su pequeño cuerpo para fingir una embestida lenta, tentándolo lo suficiente como para que perdiera la cabeza mientras sus labios seguían comiéndose a besos cada parte descubierta de su piel. La música se volvía más sensual con los segundos que pasaban y la bebida ya surtía efecto en su sangre.

Cuando Daiki gimió, Kei supo que podía reclamar el premio mayor.

Lo giró con cuidado hasta tenerlo frente a frente, el rostro sonrojado del más bajo podía verse con claridad gracias a la luz de la luna y de los reflectores de la penthouse que asomaban por las ventanas abiertas. Sabía que su cometido estaba cumplido y no tenía por qué cerciorarse de ello, pero lo vio tan vulnerable y disponible que simplemente se dejó llevar. Aún sujetándolo por la cintura, volvió a deslizar las palmas a sus caderas para mantenerlo firme y se inclinó hacia él, apoyando la frente sobre la ajena para que sus ojos no perdieran detalles el uno del otro.

-¿Daiki… quisieras probar?

Un asentimiento lento fue toda su respuesta, las palabras no salían de los labios del menor pero a él le bastaba su gesto, con ello ya podía dar rienda suelta a sus deseos.

La mano derecha bajó lenta hasta encontrarse con el botón del pantalón de sastre que llevaba puesto, soltándolo con mucha suavidad para finalmente deslizar la bragueta hasta lo último. El bulto que asomaba bajo la camisa y el bóxer, por poco y le hicieron perder los estribos por lo duro que estaba y por cómo había humedecido la tela que cubría la punta, pero respiró y se concentró en los ojos pardos que lo veían más brillantes que segundos antes. El menor, conteniendo la respiración en antelación a lo que iba a hacerle. Con una sonrisa satisfecha, deslizó los dedos a aquel punto húmedo que podía sentirla con la yema de los dedos y apretó con suavidad, obteniendo otro gemido de los labios del castaño, sólo que ahora mucho más entregado que como cuando estaban bailando.

Retrocedió apenas, llevando al menor con él aunque podía asegurar que este estaba tan absorbido por las pocas caricias que estaba recibiendo que lo hubiera seguido al fin del mundo con tal que lo siguiera tocando, y si era así, definitivamente Kei lo aprovecharía.
Se sentó en la cama cuando la logró alcanzar, dejando al menor en pie para que ahora la visión de su cuerpo fuera panorámica y más estrecha, eso sí, con su parte baja.

-Quédate quieto

Quería tomarse su tiempo y disfrutar, por lo que dejó de tocar su duro miembro y lentamente fue en subida, desabrochando los botones de la camisa rosa de seda que poseía el menor. Su piel bronceada fue asomando con cada nueva abertura que se abría, y él la tocaba con suma delicadeza, tratando de procesar su textura y memorizar cada lunar que había en su joven cuerpo. Al llegar al último botón, miró a Daiki quien no supo cómo entendió, pero dejó caer las prendas hacia el suelo, quedando desnudo de la cintura para arriba y a merced del mayor.

En algún rincón de su cerebro, había una vocecita que le gritaba que se detuviera pero todo se sentía tan bien, que no le importó ignorarla. Daiki quería sentir más de aquel prohibido placer.

Inoo se inclinó hasta que tomó el ombligo por el contorno y lo besó, tan sólo por el impulso y porque era el lugar más cercano a su rostro pero la respuesta a su acción le derritió. Arioka tembló de pies a cabeza y tuvo que apoyarse en sus hombros para no perder el equilibrio, su respiración ligeramente agitada ahora estaba acelerada drásticamente. Sonrió ladino y lo abrazó por las caderas, sumergiendo su lengua en el pequeño agujero de su vientre para robarle uno y otro gemido agudo al castaño, su cuerpo menudo temblando en segundos por el placer asfixiante que ahora estaba experimentando. Una zona sensible, al parecer.

-I-Inoo… detente… esto está mal, está mal… - decía, pero sus manos sujetaban su cabello, enredando los dedos en cada hebra ondeada del pelinegro – Maldición, si esto sigue así….
-¿No quieres sentirlo?

Daiki calló cuando las manos que lo sujetaban iban deslizando de a pocos las prendas que aún quedaban sujetas a su cuerpo. No las retiraba una por una, sino que quitaba de frente su ropa interior junto con el pantalón, liberando sin pena alguna su erección palpitante y roja, además de húmeda porque su líquido pre-seminal ya se había segregado por la excitación. Arioka mordió su labio inferior y miró hacia esos ojos negros que lo estaban devorando con la mirada, ¿qué es lo que hacía que Inoo lo deseaba? Siempre habían tenido una mala relación, siempre habían sido como perro y gato, siempre…

-¡MIERDA!

Sus pensamientos fueron cortados de golpe cuando la boca ajena tomó posesión de su pene y lo introdujo por completo en su cavidad. Chupando con pericia la extensión de su falo, lamiendo y succionando en las partes correctas y presionando en aquella abertura tan desquiciante que le hizo por poco correrse. Sus uñas se clavaron en su cuero cabelludo y tiró de su cabello, gritando entre sollozos de placer por lo delicioso que se sentía ello. Susurrando su nombre en reclamos inéditos porque quería más de aquella boca prodigiosa.

Midori nunca le había querido hacer un oral porque no era “normal”, eso no lo hacían las damas.

Midori… ¿Midori? Midori y un carajo, la amaba pero definitivamente, ese momento podía opacar con creces todos los momentos que había tenido con su novia.

Los labios de Kei apretaban la punta de su miembro y luego volvían a deslizarse hasta la base, asomando la lengua para lamer las gónadas debajo de éste, volviendo luego a retirarse para otra vez comenzar con su recorrido. Sus manos lo movían suave para que sus caderas tuvieran un ritmo perfectamente sincronizado, ambos gimiendo con sus respiraciones entrecortadas y el menor, aferrándose a la cordura para no volver a chillar de placer.

Entre sus destellos de consciencia, observó la ropa fina que el mayor seguía vistiendo, frunciendo el ceño por lo incorrecto que eso se sentía en su mente achispada por la bebida. Si él estaba desnudo, definitivamente el otro también debería de estarlo. Sin algún cuidado, fue tirando del saco que le cubría y Kei, mientras seguía con su felación, elevó los brazos para que la prenda desapareciera, no tardando en ir con ella la camisa que antes lo había estado cubriendo con algunos botones menos por la brusquedad en la que había sido arrancada de su cuerpo.

Cuando sintió que Daiki ya estaba al borde con su erección, se separó de él y lo invitó a sentarse a su lado, el menor sonrojado y con su rostro lleno de lujuria no tardó en obedecer y miró al mayor con curiosidad, no evitando deslizar su parda mirada al pantalón que aún le recubría.

-¿Te lo vas a quitar?
-¿No quieres quitarlo tú?

El menor elevó las manos unas tres veces pero las tres veces las dejó caer al sentirse incapaz de desvestirlo con tanta fiereza como había hecho con las otras prendas. Inoo lo entendió, y antes de que viera el arrepentimiento en esa mirada ansiosa, él mismo se quitó la ropa, dejando que se deslizara por sus piernas hasta caer al suelo y así quedarse igual de desnudo que su acompañante.
Observó como el castaño lo veía a su entrepierna sin ningún reparo y rió, entretenido porque aún en esos momentos seguía siendo tan torpe como siempre, incluso para mantener el recato de sus actos.
Inoo estiró la mano izquierda y acomodó la palma sobre la mejilla sonrojada del otro joven, acercándolo a su rostro para que sus palabras chocaran junto con su aliento sobre los labios del menor.

-¿Puedo besarte, Daiki?

Mas no logró a finalizar bien su cuestionamiento, pues fue el otro chico quien había sellado la distancia de sus rostros y sus labios, buscaron los suyos sin importarle lo más mínimo que tuviera un sabor extraño y salado por haber estado lamiendo su miembro. Arioka no tardó en enredar sus dedos nuevamente en el cabello del pelinegro, tirando de él para acercarlo más a su cuerpo caliente que explotó en éxtasis cuando sus entrepiernas rozaron al caer ambos sobre la cama. Inoo lo volvía a tomar de la cintura, nuevamente marcándole el vaivén de unos movimientos sensuales en los que ambos se rozaban tan exquisitamente y en los lugares adecuados que su mente se nublaba y lo único que podía hacer era actuar. No había raciocinio, todo era mero instinto y puro placer. El deseo y el sexo en todo su esplendor.

Daiki no sabía que tan bueno podía ser el deseo pecaminoso de poseer a alguien o que alguien te poseyera, no sabía que el experimentar con un tabú como el sexo homosexual podía ser sin reparos, la mejor experiencia de la vida y ahora, que los labios del asistente de su padre lo devoraban y robaban su aliento mientras aquella lengua jugueteaba y peleaba para dominarlo, podía asegurar que era un camino sin retorno.

Y mierda, que no quería volver atrás.

El mayor se separó del otro para poder respirar, el cuerpo del menor que estaba sobre el colchón tenía el pecho subiendo y bajando desmesuradamente por la agitación de sus impulsos, sus manos que las sentía apoyadas en sus hombros, eran pequeñas garras que no dudaba le habían arañado. Pero no le importaba, por él que lo arañara algo más.
Kei lo empujó con brusquedad hacia arriba para que sus miembros se apretaran y Daiki gritó, cerrando los ojos de puro placer por lo bien que se sentía su falo contra su cuerpo. El alto lo veía y no tenía dudas que en definitiva, el menor estaba listo para lo que se vendría.
Revitalizado con la visión del pelicastaño excitado, se separó de su menudo cuerpo para lentamente hacerlo girar, primero dejándolo recostado vientre abajo sobre la matriz y luego, como si fuera un pequeño muñeco, lo fue acomodando.

Lo sujetó primero por las caderas y lo hizo elevar el trasero en alto, dejando un pequeño beso en la nalga derecha bajo un bufido apenado de su amante, no acostumbrado a algo así. Después, al notar que la posición era incómoda y el otro estaba a nada de empezarse a quejar, posó las manos detrás de sus rodillas y las empujó hacia delante, logrando que su cuerpo se arrodillara aun cuando tenía el pecho sobre las sábanas, dándole una jugosa posición pero para Kei no estaba bien, si el otro se mantenía así, sus gemidos se verían aplacados por la cama y él deseaba escuchar el coro de su ángel sin ninguna interrupción y sin ningún impedimento. Observó la pequeña entrada virgen que se abría y cerraba según la respiración del menor, relamiéndose los labios al pensar que dentro de poco le daría una probada pero antes, seguiría con sus preparaciones.

Dejó la parte de atrás del joven en aquella posición y él fue gateando hasta acomodarse de rodillas delante de su rostro acurrucado en sus manos. Daiki observó al mayor sin moverse un milímetro, no entendiendo bien qué es lo que ahora quería que hiciera. El licor que recorría su sangre, lo había puesto un poco más tonto y había multiplicado su deseo mas no podía comprender el todo cómo es que era que lo iba a aplacar. Esta vez no distó mucho de cuando se besaron, pues Inoo lo había vuelto a tomar con delicadeza de la mejilla y había elevado su rostro hasta que estuvo en contacto directo con su largo falo erecto, dejando que su respiración se deslizara sobre la piel rugosa de su miembro.

-Prepárame, déjalo bien húmedo para que no te duela cuando te lo meta

Los ojos pardos del menor se abrieron enormes al darse cuenta de la obviedad del asunto, tan sorprendido estaba que por un momento estuvo a punto de echarse hacia atrás y más, por la brusquedad de esas palabras pero la caricia de aquella mano que seguía jugando con su rostro y que además ahora, jugaba con el pequeño mechón que caía por un lado, le hicieron olvidar lo extraño que era y del miedo que le producía lo desconocido. Mordiéndose primero el labio inferior, dejó un poco los párpados y se inclinó hasta darle un beso a su pene. Era salado, muy salado y la sensación del líquido espeso le desagradaba, no podía darle un nombre exacto pero en definitiva, no podía ser algo que pudiera gustarle hacer a cada rato.

Ah, ahora entendía a Midori… ¿Midori? Debería ya olvidarse de ella.

Tomando algo más de valor, se apoyó con las manos sobre la cama, y sólo con los labios sujetó su miembro, introduciéndolo en movimientos torpes y descuidados hasta dentro. No podían tener comparación sus actos con los que el mayor había cometido momentos antes pero no creía que lo estuviera haciendo mal, pues el rostro embelesado del que yacía arrodillado, era todo un poema de emociones y satisfacción. Era como si su lengua deslizándose por los contornos fueran su cielo y que cada succión en la punta, fuera el paraíso. Sus movimientos se hicieron más certeros después de los primeros minutos, dándose cuenta que no era tan molesto y que el sabor era algo a lo que te podías acostumbrar. El tamaño de su miembro era un problema, sí y podía decir que los contornos de sus labios se habían hecho daño de lo mucho que había mantenido la boca abierta pero el gusto del sexo oral lo tenía engatusado y no tenía muchas ganas de dejarlo marchar, mucho menos cuando fueron las manos del alto quienes lo sujetaron juntas por el cabello y le embistieron la boca con fuerza, haciendo que ambos gimieran con frenesí por lo glorioso que se sentía.

Arioka empezaba a creer, que era bueno para eso, pero realmente bueno.

Su lengua recorría y humedecía, trataba de marcar cada marcada y arruga que su falo daba cuando la pequeña piel se corría hacia abajo y dejaba a su merced el glande rojizo y húmedo, dándole apenas presiones con sus dientes al descubrir que ello ponía loco a Inoo.

-D-detente, Daiki… Basta

El menor se alejó, aún en su peculiar posición sobre la cama y lo observó sin comprender por qué lo detenía si es que era obvio que lo estaba disfrutando, pero no obtuvo alguna respuesta, mas sólo un beso dulce en la frente y un pequeño beso fugaz en los labios.

-Esto… tal vez duela un poco, pero dejará de hacerlo, lo prometo

Kei volvió a su lugar detrás del cuerpo del castaño, sus manos tomando las caderas del menor para observar como su trasero formaba un delicioso durazno a sus ojos, con el pequeño hoyuelo cerrado y tentador que pronto él abriría a su gusto. Deslizó el dedo pulgar por encima de aquel sitio sellado, incrustando la uña con malicia para hacerlo gemir y el ruido que escuchó proveniente de sus pulmones, le satisfizo lo suficiente por el momento. Cambió el pulgar por el índice ahora que su entrada parecía haber cobrado un poco de vida por lo ligeramente dilatada que se veía y sin preparación alguna, introdujo el dedo hasta el fondo, moviéndolo de lado a lado con tanta fuerza y velocidad que Daiki gritó tan alto que era imposible que no lo hubieran escuchado en la penthouse, pero no se detuvo, siguió haciendo aquel movimiento certero mientras la otra mano lo acompañaba acariciando los testículos del joven, verificando con cuidado que no estuviera por correrse y así arruinar todos los pasos de su ceremonia.

-I-Inoo… n-no, así… así no… - se mordió el labio y apretó las manos sobre las sábanas. Sus brazos estaban estirados igual que sus piernas, las cuatro extremidades temblando por el extraño placer que bajaba por su espina dorsal – Por favor… Y-yo…
-¿Quieres que me detenga? – sacó el dedo de su interior y posó las manos en sus tostadas piernas, se inclinó un poco y posicionó la punta de su miembro en su entrada - ¿Lo retiro?

Daiki apretó más fuerte las manos y se mordió más fuerte el labio. No quería que se detuviera, no quería ni siquiera que volviera a introducir alguno de sus dedos en su interior porque su cuerpo estaba clamando por aquel pedazo de carne que ahora amenazaba con penetrarlo. Lo quería a él, y lo quería ya.

-Métemela… - susurró a duras penas, cerrando los ojos
-No te escucho, ¿qué dices? – jugó con maldad, rozándolo más insistentemente
-Métemela… Inoo…
-No, no Dai-chan, más alto que desde acá, no puedo escuchar lo que dices
-¡Maldición! ¡Métemela Kei!
-Como tú ordenes

El menor había girado apenas el rostro para verlo con odio de tenerlo así de doblegado pero Kei le regaló una sonrisa y un guiño coqueto que le hicieron olvidarse de todo. Sintió como la punta caliente de su miembro se iba posicionando en aquella pequeña abertura que estaba en su trasero y cómo la tensión de aquel aro muscular iba en aumento cuando se le forzó por abrirse de manera anti-natural.

-A-ahh… mierda, mierda, mierda… Duele… - sus lágrimas cayeron cuando el pedazo de carne entró unos centímetros en él, haciéndole quebrarse de dolor – Sácala, me duele imbécil!
-Shhhhh, ahora pasa pero debes relajarte
-¡¿Cómo quieres que me relaje?!
-Shhhhh piensa… en lo bien que saben nuestros besos

Inoo se inclinó y besó sobre su espalda en pequeños rincones, enfocándose luego en sólo su espina dorsal y en bajada hasta su cintura. Quería distraerlo y antes de que perdiera la erección debido al dolor que ahora estaba viviendo, tomó el miembro desatendido del menor y empezó a masturbarlo al tiempo que él se introducía cada vez un poco más en pequeñas embestidas. Entrando y saliendo muy despacio para ir dilatándolo en el camino.
Arioka se tensaba más, sus palabras tan coquetas le habían enervado pero el mayor tenía razón por poco que le gustara, pues los labios de ambos enlazados como lo habían estado, definitivamente podrían calificarlo como el mejor beso que había compartido con nadie más y sí que había besado a muchas mujeres en su vida. No era un santo, pero tampoco un jugador. Su vasta experiencia le podía dar clara prueba que esa lengua tan incitante era una experta que podía llevar a la suya a contactos inexplorados.

-Bésame… - ordenó el menor mirando hacia atrás por sobre el hombro – Bésame ya

Kei lo tomó firme por las caderas y se inclinó con brusquedad hacia su rostro, penetrándolo todo lo que restaba de golpe y tomando sus labios con un beso realmente ansioso y necesitado. Era incómodo hacerlo así, era incómodo tenerlo en cuatro y tratar de besarlo pero la posición era la menos dolorosa para su primera vez pues lo tenía más abierto y no quería que el menor guardara un mal recuerdo de ello. No quería que después de ese día, lo odiara demasiado.

Las embestidas no se hicieron esperar después de aquel primer movimiento y ya con el beso roto por los gemidos que salían disparados en todas direcciones y sin ningún pudor, sus cuerpos se sincronizaron a la perfección para que la penetración llegara a lo más recóndito de aquel casto agujero que se abría a merced de aquel falo que lo proclamaba como enteramente suyo. Kei lo apretaba por las caderas para que se empujara con mayor fuerza hacia atrás mientras el empujaba adelante, creando un sonido peculiar de dos cuerpos húmedos chocando entre sí. El sudor que los bañaba como pequeñas perlas sobre la piel, brillaba hermosamente gracias a la luz externa y Kei se atontaba, mirando esa hermosa espalda y esa coqueta retaguardia que se unían a sí en movimientos fieros y gloriosos.

Daiki gemía, gemía como jamás lo había hecho y se preguntaba cómo es que el dolor podía conllevar a algo así de cegador, cómo es que su cuerpo podía asimilar tan rápido los movimientos para luego relajarse y darle libre albedrío a esos bajos instintos que rayaban tan sólo en el sexo puro. No entendía, cómo es que hasta ahora había odiado a aquel tipo que le estaba dando la mejor noche de su vida.

El éxtasis mutuo de los cuerpos en movimiento iba en subida de manera exponencial, alcanzando sus límites de manera increíble y cuando Kei ya no pudo más, cuando la presión en su miembro fue tal que estaba seguro se correría, apretó los dedos alrededor de los testículos del menor y luego lo masturbó hasta que el líquido caliente se salpicó con un grito sonoro del otro, manchando su mano y la cama y sus manos perdiendo la fuerza que lo hicieron caer sobre una almohada. Inoo lo sostuvo firme con la mano libre y cuando sus espasmos de placer lo contrajeron con sadismo, él gritó de puro deleite, gozando de la maravillosa sensación de llenar aquel cuerpo que tanto había deseado con su propio semen.

Respirando agitado aún, esperó a que su falo perdiera fuerza para irse separando del cuerpo del castaño, llevándose consigo rastros de semen que goteaban del interior de aquella pequeña entrada que ahora, estaba rojiza por la presión a la que había sido sometida. Con duda, se dejó caer al lado del cuerpo de su amante, acariciando con timidez inédita la espalda de aquel que acababa de poseer gracias al alcohol y la curiosidad.
Daiki lo miró adormilado y se acercó a él, abrazando con torpeza su cintura para luego lentamente, quedar dormido.

Después de mañana, Inoo sabía, las cosas cambiarían totalmente entre ellos.

up