Shiny Rain [Prólogo]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Voy a joder el ciclo :l
: Katy Perry - The One That Got Away
: Cuarto~~~

Título: Shiny Rain
Autor: Satommy
Parejas: Inoodai
Género: Angst [?]
Extensión: Mini-serial
Notas: Este fic, es la continuación de este~: Snowy Rainbow asdasdasdasd no sé cómo está, y no sé la verdad cómo les parezca uwu es la introducción y ya saben que las actualizaciones son lentas porque escribo lentooooooooo aunque X'D esto lo hice hoy solamente HAHAHAHA tengo que hacer los otros y sí, ya sé, GnR antes que My Servant X'D♥ se las quiere uwu ¿aún me leen?
P.D.: Carol X'D perdóname la vida, están los de SHINee asdsadads y... y... dios mío, muchos personajes Q_Q pero es necesario[?]
P.D.1: Acepto puteos y todo lo demás[?]



¿Y puedes recordar, Kei, cómo era sentir que caía al vacío pero tus manos me sostenían 
y yo me sentía tranquilo?

Siempre supe y era consciente que no debía depender de ti,
 que al perderte, me perdería a mí mismo…
Pero dime, Kei…
¿Por qué está mal confiar?
¿Por qué está mal querer que te quieran?
Dime Kei… ahora que no te quiero, ¿realmente, ya no te importa?


Sus pies arribando a suelo japonés no era lo que se hubiera imaginado para él después de todo el teatro que armó para marchar lejos –muy lejos- de ahí. Su mente divagaba en las sombras de recuerdos y malos momentos mientras estaba de pie, observando sin mirar la cinta transportadora que hacía girar las maletas una y otra y otra vez. La morada, la negra, la azul. No quería verlo nuevamente. Otra negra, una de patrones, tres con cintas de colores para ser reconocidas y una roja. Si lo veía, se echaría a correr. Una verde, otra negra y otra azul.
Soltó un suspiro y apretó las manos, le estaba dando vértigo y el miedo creciente en su vientre iba subiendo hasta conjeturar un nudo en su garganta. Oh no, si seguía así, iba a vomitar. Se puso de cuclillas y se abrazó a sus rodillas, inhalando, exhalando, volviendo a inhalar para terminar con un suspiro que se llevaba su alma en partículas de dióxido de carbono.

¿Por qué tenía que regresar?

-¿Te sientes bien?

La voz de Jinki le hizo alzar la cabeza con los ojos inevitablemente vidriosos; en su grupo de amigos, si había alguien en quien podía confiar era en él. Tan seguro, tan bueno. Tan no-fan-de-su-novio. Tomó con cuidado la mano que Onew le brindaba y tal cual fuera un niño, se acunó en su pecho en busca de resguardo, como si aquel joven fuera capaz de bloquearle con su presencia los recuerdos furtivos y crueles que estaban haciendo meollo en su existir, ¿no lo había superado ya? Había pasado tanto tiempo, habían sido tantos meses, tantas semanas, tantos días, tantas horas… Por primera vez no contaba a exactitud el tiempo, se sentía orgulloso de sí mismo pero ¿por qué se sentía así? ¿Por qué quería llorar?

-Ey, ey, ¿qué pasa acá?

La voz posesiva de Minho le hizo tragarse todo su desazón de un solo golpe, sintiendo como el peso de su angustia volvía a su panza y le hacía doler como si le tirasen golpe tras golpe. Atormentándolo, haciéndole pisar sobre huevos.

Todo se le iba a desmoronar.

Y oh por dios, en verdad iba a vomitar.

-¿Dai-chan?
-Lo siento

El castaño le susurró despacio a su novio, incapaz de verlo a los ojos porque no sabía qué sentir y menos sabía, qué hacer.
Hace mucho tiempo que había decidido pasar la página, ¿tal vez dos años? Dos años que se decidió a dejar ir ese maldito amor, enfermizo y dañino que sólo lo desgastaba y mandaba al demonio cada que algo salía mal. Cada que sentía frío de parte de la persona que amaba.
Llegó a sufrir tanto que se había hecho daño a sí mismo, llegó… a casi morir, ¿cómo siquiera pensar en un tal vez? En ese tiempo trascurrido, había guardado tanto odio por Inoo, por su comportamiento, por sus palabras. Por su crueldad. Por su lejanía, por no darle seguridad.

Por volver cuando fue demasiado tarde.

Por buscarlo cuando él ya había tocado fondo.

Lo odiaba tanto a veces, lo odiaba tanto pero tanto que empezaba a llorar porque ni siquiera podía borrar del todo lo que había pasado. Y se odiaba a sí mismo porque su “pasar la página”, era tan ambiguo como decir un “no sé” cada que le preguntaban qué le pasaba y decir un “lo siento”, sólo lo llenaba de culpabilidad. Pero no entendía por qué, si es que su corazón se sentía lleno y curado cada que Minho lo tomaba en sus brazos, si cada que le daba un beso sus latidos aumentaban su ritmo, ¿por qué entonces, se sentía tan mal?

-No nos quedaremos mucho tiempo acá, Dai-chan, ánimo

Taeminnie se acercó al trío, Key y Jonghyun siguiéndolo detrás, como si fueran sus padres o sus guardaespaldas. Daiki sonrió, en realidad eran una combinación exacta de los dos. Miró al menor del grupo y sonrió con agrado pues su intervención había diluido la tensión creciente entre Choi y él, no era un secreto ya entre ellos que su pasado en Japón era tortuoso, en una de sus noches de copas se le había escapado y su ahora novio, no dejaba de verlo con creciente inseguridad.
Y no era que Minho desconfiara de su novio –su carita tierna no le daba espacio a eso-, pero ya desde hace algún tiempo que actuaba de aquella manera tan extraña, como si de repente se estuviera ahogando o como si un fantasma le hubiera pasado por encima y le bajase toda la presión del cuerpo hasta dejarlo pálido. Sin vida. Siempre estaba preocupado por la situación, desde el mismo momento en que la facultad de la universidad les entregó el premio de su proyecto aplicativo del semestre, hasta el momento que les dieron los pasajes de avión, ¿a dónde podía llegar la ironía de la vida? Se habían metido al concurso porque Daiki había exigido que dejaran de ser tan vagos –una palabra que se quedaba corta para ellos-, eso y que necesitaban los créditos extra para no ser suspendidos –todos excepto Jinki y su bonito novio-. La insistencia fue tal que los tuvo trabajando por dos meses desde el amanecer hasta que volvía a amanecer, puliendo hasta la perfección todo el proyecto, con datos bien investigados y una redacción tan envidiable como si fuera el mismo proyecto de tesis.
Lo entregaron el último día de inscripción y al mes siguiente, les informaron que habían ganado, ¿el qué? No lo sabían, ni siquiera sabían que había un premio.

Aún recordaba la sonrisa radiante de su castaño, la última sincera y real que tuvo hasta que los invitaron a la premiación. Ahí fue que se enteraron que el primer lugar era un intercambio por un año a Japón, a Tokyo, para aprender el idioma y tener prácticas profesionales en las mejores empresas de entretenimiento. Aún recordaba, cómo el mayor palideció y se tambaleó sobre sus pies, en plena ceremonia, cogiéndose del brazo de Onew para hallar estabilidad. Para no caer.
Desde ese momento la tensión había ido en aumento, porque entendió sin necesidad de explicación lo que pasaba por su cerrada mente y vio sin querer, como el brillo de sus ojos se iban apagando. Su rostro era tal cual lo había conocido hace tanto tiempo, un lugar de oscuridad en su pensamiento al que jamás había logrado entrar pero del cuál le había ayudado a salir.

Pero ahora, estaba en una encrucijada.

Ahora estaban de vuelta a aquel lugar que según él, le había robado tantos sueños a la persona que amaba y no estaba en sus manos el poder hacer algo, porque su Daiki, SU pequeño, no le daba paso a nadie a saber más allá de lo superficial. Salvo Jinki, que era su soporte y que él tanto envidiaba porque moría por poder tener detalles.

Moría por darle seguridad y protección, de recordarle que él ya no estaba solo, que lo tenía a él para que su corazón parchado no sufriera ningún otro desperfecto.

-Ahí están!

La voz de Jjong le llamó la atención, sus ojos de repente enfocando a los de Daiki que se había quedado en silencio absoluto de repente, casi resguardado por el cuerpo de Onew que de pronto se había interpuesto entre ellos de manera disimulada, como si quiera evitar que el pelinegro viese algo de más de la persona que era su pareja. Omitió algún ruido –bufido- y caminó hasta coger su maleta, sus amigos le imitaron y pronto los seis se encontraban caminando con un coro de ruedas por todo aquel enlozado pulcro del aeropuerto de Narita.

-¿Tu amigo vendrá a recogernos?

La pregunta incomodó al único japonés del grupo, mirando de soslayo a Key que se notaba, no se había percatado de su estado de ánimo pero sólo asintió. Pensaba que si hablaba, otra vez la pesadez que estaba dentro de su cuerpo se acentuaría y ahora sí, terminaría vomitando.

-Deja la tensión, no estás solo Dai-chan – la voz de Onew resonó amable cerca de su hombro y solo pudo sonreír a medias, tratando de ser cortés – Si lo ves, prometo que te llevaré lejos de él

Pero no supo si quería o no eso, ¿lo quería? ¿quería huir apenas lo viera? Su mente colapsó y sus ojos se humedecieron. Sentía que de a pocos estaba perdiendo la cordura y su poca estabilidad emocional lograda con esfuerzo se estaba yendo al caño. El no debería haber vuelto, el jamás debió de volver.

-¡DAIKI!

Todos voltearon de inmediato al escuchar el nombre del joven de una voz ajena a la de ellos, dicha con tanta confianza y tanta emoción que el cuerpo de Minho se erizó en anticipación, adelantándose como un gato a punto de atacar. Pero su molestia no duró mucho, ¿cómo hacerlo? El susodicho estaba acompañado de alguien que parecía ser su novio y su defensiva de repente desapareció.

-Keito…

El pelicastaño ni siquiera hubo observado al barman, tenía la visión tapada por tantas personas que salían del aeropuerto y caminó apresurado al lado de Choi para evitar cualquier malentendido pero se quedó de pie.

Idiota.

Anonado.

Lleno de miedo.

¿Qué carajos hacía Okamoto al lado de aquel tipo que era amigo de su ex?

Stand by [Drabble]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Dubida~♥
: Nada :D
: En mi cama en Concepción uwu

Título: Stand by
Autor: Satommy
Parejas: Inoodai
Género: Fluff
Extensión: Drabble
Notas: Aasdasdasdasd necesitaba Inoodai uwu ¿se nota? Bueni Q_Q trataré de hacer más drabbles para no dejar el blog abandonado ;3;


Apoyó la cabeza en su frente y se le quedó mirando, Inoo rió despacio y Daiki desvió la mirada apenado por cómo es que lo veía pero sus ojos volvieron a dirigirse a él, imposibilitado de perderse un solo segundo de su rostro hermoso que le dejaba sin aliento. Suavemente se inclinó y besó sus labios, dejando una pequeña mordida en el inferior que le causó otra sonrisa más al mayor.

-No te rías – murmuró, haciendo un ademán de alejarse
-No lo hago
-Sí lo haces

Entre susurros que simulaban ser una pelea desinteresada, Kei volvió a inclinarse, tomando sus labios con delicadeza para lentamente, profundizar aquel dulce roce. Se tomaron de las manos y entrelazaron los dedos, ambos sabiendo que morirían por detener el tiempo en aquel fragmento de perfección que sus vidas le daban la oportunidad de experimentar.

Relaxing [Drabble]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Mi garganta Q_Q
: La tv de al lado[?]
: En cama blanca :'D

Título: Relaxing
Autor: Satommy
Parejas: Yamajima
Género: Fluff
Extensión: Drabble
Notas: Estoy desaparecida 8D ¿a que no se dieron cuenta? HAHAHAHA bueni u3u acá les traigo un pequeño drabble hecho con amor para mi trucho uwu♥ asdasdasd espero les guste :c que mi redacción anda bien fail Q_Q


Yuto entró en la habitación del hotel con los ojos cerrados, estaba completamente agotado por la grabación que habían tenido hace nada y la sesión de fotos que le siguió. Su cuerpo pedía a gritos un poco de agua caliente para relajar sus músculos y luego buscar refugio entre sus sábanas, era algo necesario si deseaba quitarse el cansancio agotador para tan solo meterse adormilado a la cama.

-¿Yuto?

Ryosuke lo llamó saliendo de la ducha, secándose con la toalla el cabello húmedo. Sus ojos se encontraron con los ajenos y sonrió de lado. Al demonio todo, el solo necesitaba a su novio para dormir. Lo tomó de la cintura y lo hizo caer a la cama más cercana, se acurrucó con el rostro apoyado en su cuello y las piernas apresándolo por las caderas. Yamada se quejaba apenas pero cuando un suave ronquido llegó a sus oídos, suspiró. Lo dejaría dormir, a fin de cuentas, le gustaba cuando el menor lo tomaba como lo único necesario para poder estar en calma.


¿El primero o el último? [OneShot]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Baile del tubo[?]
: Rompe la cintura - Alexis y Fido
: Cama u3u


Título: ¿El primero o el último?
Autor: Satommy
Parejas: Inoodai
Género: Angst[?]
Extensión: OneShot
Notas: Este fanfic lo escribí hace mucho en el grupo Inoodai de facebook u3u originalmente se iba a quedar ahí pero hoy es 3 de Marzo! Y debo publicar algo, el tiempo no es bueno para mi y por eso no he podido actualizar u3u de cualquier forma, espero que les agrade♥ y los comentarios son bien recibidos uwu perdón si hay algún error ortográfico ;_;



Su mirada estaba fija en la persona delante suyo, atravesando el andén de trenes y todas aquellas rieles que parecían llenas de fuego para mantenerlo a una distancia prudente, ¿cuánto tiempo ya de su separación? ¿Por qué habían terminado? Ya ni siquiera recordaba aquellos motivos y dudaba, por el latido acelerado que su corazón tenía en aquellos segundos que realmente importase, o que en algún momento hubiera importado.

-¡DAIKI!

Gritó desde su posición, la mata de cabellos castaño claro giró de lado a lado con desesperación, sabía sin siquiera ser un genio lo que le producía al menor, ¿cómo no reconocerlo? Esa expresión, esa alteración rápida de sus facciones al reconocer algo que había significado tanto en poco tiempo.

-¡DAIKI!

Volvió a gritar y sus pequeños hermosos ojos pardos volvieron volando a la exacta posición que el mayor tenía, ese punto en el otro lado de la vía. Con una sonrisa hizo un ademán con su cabeza, cuidando a propósito de que su flequillo se moviese en un movimiento un tanto coqueto. Alguna vez su ex novio le había confesado que esa era una de sus peculiaridades que más le encantaban.

-¡BOBO!

Escuchó su voz, su grito y percibió con orgullo el rubor que hacía ahora aparición en sus mejillas ligeramente redondeadas por el aire que se había atrevido a almacenar dentro de estas, dándole un toque infantil a su expresión pero nada más lejos que la verdad. Era un joven, de 21 años, hermosamente perfecto en su cuerpo y rostro.

Su cuerpo. Oh, cómo lo extrañaba.

Tenía aún a su disposición aquella mirada exasperada, aún distanciados como diez metros podía percibir la ansiedad del menor así que volvió a tentarlo, lo tenía como más le gustaba, así como en aquella época dónde eran chiquillos y nada más que sus escapadas importaban. Su lengua, siendo su más fiel compañera se asomó y recorrió el borde de sus labios, humedeciéndolos bajo la atención del otro, que no pudo contenerse y ahogó un jadeo que llegó hasta sus oídos. Aún era un escandaloso de primera.

-¡¿QUÉ?!

Le gritó en burla clara, sabiendo que Arioka podía sentir las miradas a su alrededor, penetrando su espalda por aquel peculiar ruido que había llenado el barullo de la ciudad y de la estación de trenes, el castaño negó ofendido y en un segundo dejó de verlo. Malditos trenes. Había pasado casi un año que no lo veía y un maldito medio de transporte se lo había arrebatado.
Esperó paciente los minutos que tardaba el tren en moverse para volver a vislumbrarlo, esperando ansioso que estuviera aún de pie a él, ¿o debería acercarse a saludar? Sus pensamientos lo consumieron como un cigarro prendido avivado por el viento, escuchando la partida de la estación por los altavoces 15 minutos después.

Demasiado tiempo.

Alzó la cabeza como pudo pero se topó con la nada misma, su pequeño castaño había desaparecido, ¿por qué? Se arrebató y alteró, sus manos despeinando su cabello tan rápido que se le esponjó y lleno de estática a los segundos. Era un idiota, debía haber aprovechado aquellos momentos que el destino, apiadándose de él le había regalado.

-Maldición…
-¿Aún maldiciendo al viento?
-¿Eh?

Su cabello negro se agitó ante el rápido movimiento que ejecutó para encararlo, viendo de pie a aquel ser tan hermoso y perfecto que aún, llenaba sus pensamientos.

-Maldiciéndote a ti, Arioka… ¿Hm? Sal de mis pensamientos
-Podría pedir lo mismo…

La voz del menor tenía un dejo de tristeza pero qué más daba, tal vez era porque aún le dolía su rompimiento… ¿Por qué habían llegado a ese punto?

Bah, no importaba ya.

Sus brazos rodearon la cintura del pequeño castaño ante la atenta mirada de su público, ojos acusadores y avergonzados de que dos hombres se amaran. Y qué demonios, les daba igual. Lo estrechó más fuerte y lo sintió encajarse centímetro a centímetro, el hueso de sus caderas chocando el uno contra el otro en un roce tan sensual que apretó la pelvis hacia la de él. Una mala manía, si mal no recordaba, para dejarle en claro el deseo que le profesaba.

-Vamos

Le susurró Inoo y el menor sólo asintió, enlazando ambos sus manos para dirigirse a alguno de los lugares que tanto habían frecuentado en su época de noviazgo, ¿Qué acaso lo Love Hotel no eran un gran beneficio para los jóvenes? Unos cuantos pasos, corriendo a momentos, caricias escondidas y besos robados mientras ambos sonreían en su reencuentro, abrazándose, tocándose indebidamente hasta que alcanzaron su pequeño nido de amor, aquel lugar mancillado con cada una de sus escapadas del colegio, ¿cómo olvidarlo? Llegaron al extremo de pasearse habitación por habitación para hacer de aquel lugar como “suyo”, sólo suyo…
Daiki se acercó como siempre a la recepción, sonriendo y pagando con el dinero que Kei le había dado en la puerta antes de entrar. Era mejor así, cada que el menor lo hacía las preguntas sobraban y sólo lo dejaban pasar, su carisma engatusaba al dependiente aunque su corazón posesivo muriera de celos, pero su castaño era de él, nada lo cambiaría y ambos lo sabían, contando con ello y sabiendo que si él con sus ojos negros se asomaban, era casi una realidad que le negarían el alquiler de una habitación, una desgracia pero daba igual.

Ambos corrieron por las escaleras al ya tener en su posesión una de esas tarjetas que hacían de llave electrónica, antes de llegar al segundo nivel, Kei ya lo había tomado por la cintura y lo había elevado con facilidad para que el otro rodeara sus caderas con las piernas, apretándolo con aquel único deseo que tanto le fascinaba y que no tenía comparación. Ambos ya tenían una erección palpable friccionando bajo sus pantalones.
El pelinegro deslizó sus manos dentro del pantalón del más bajo, apretando con los dedos y uñas sus nalgas hasta dejarle pequeñas marcas rojizas que seguro, luego podrían dejar en claro que ya tenía dueño ese delicioso y pequeño cuerpo. Lo apretó con deseo y un gemido de vuelta le regaló de sus labios sonrosados, un poco húmedos pero completamente anhelantes.
Subieron dando empujones contra la pared, apoyándose en una, en otra, en puertas de otras habitaciones, gimiendo a viva voz uno tras otro el nombre de su acompañante, sacándole celos a cada una de las personas que el hotel poseía porque, en sus gemidos no sólo había ese deseo asfixiante del sexo, sino que ese rasgo de amor que cada movimiento podía dejar en claro a quien los viera. Lo suyo no era una escapada, lo suyo era entregar sus almas.

No supo cómo entraron, no supo ni siquiera cómo su ropa fue a parar al suelo, sólo supo que ya estaba a su merced el castaño con sus caderas contorneándose para él, su mirada apenas visible porque sus ojos estaban entrecerrados, con sus mejillas brillando de un hermoso rojo escarlata que le adornaba hasta el límite con sus sienes. Era terriblemente tentador y sus dedos no dudaron en embestirlo con mayor sadismo. Cuatro dígitos dilatándolo, penetrándolo hasta que su estrecho ano cedía para darle paso. Exquisito, podía saber por ese diámetro tan pequeño que nadie lo había tocado después de él. Lo veía gemir, encorvar la espalda casi en una “c” por el placer que lo llenaba pero no quería hacerlo correr tan pronto, no sin él estar dentro. Sus manos acariciaron su cintura hasta lograr tomarlo por las caderas, girándolo para posicionarse debajo suyo, el menor tomando su posición favorita sobre el pelinegro, admirándolo con sus ojos brillando por esa necesidad de ser suyo y de tenerlo para él, ¿la envidia era sana? Los celos, la posesividad, sólo eran una muestra más de su amor. Su trasero se empinó perfectamente para luego dejarse caer de un solo movimiento, clavándose de un tirón el pene de su amado, sintiéndolo en cada rincón, en cada parte, en cada rugosidad que su interior poseía y con sadismo, sabiendo quién era su invasor, se contrajo hasta poder apretarlo tan deliciosamente que Kei gimió para él, proclamando su nombre con antojo, con aquella premisa de “mío” en cada tono que su garganta era capaz de vocalizar.

Era suyo y el mayor, lo era de él.

Sus caderas empezaron con movimientos circulares, frotando esas perfectas gónadas contra sus nalgas desnudas y un tanto rojizas, ambos acostumbrándose, ambos saboreando la felicidad de poder unirse nuevamente. Un pequeño momento, un preludio a su entrega. Posó las palmas sobre el pecho del más alto y con saltos sádicos, ruidosos y totalmente frenéticos, empezó a moverse sobre él para hacerlo entrar todo como fuera, hasta dentro, hasta que pudiera sentir que se partía bajo el poder de su falo, una espada atravesándole el interior haciéndolo gritar sin vergüenza, sin ningún impedimento que lo detuviera.

-¡KEI!
-¡DAIKI!

Ambos, al unísono se proclamaban, disfrutando hasta que su límite llegó a ellos, tan rápido y tan descarado que ni siquiera lo notaron hasta después de unos segundos cuando la calidez del semen del menor manchó el vientre del pelinegro y la semilla del mayor, llenó hasta el esfínter el ano del menor. Sus miradas volvieron a tomarse en un abrazo que iba más allá del físico, más allá de lo que las palabras pudieran expresar. Sus sentimientos eran más profundos que unas sílabas pronunciadas.
Arioka se recostó sobre el pecho del mayor, dejando que su interior goteara de ese semen que con los labios tantas veces había tomado, dejando que su miembro perdiera tamaño y resbalara fuera con sus residuos blanquecinos. Kei lo tomó y lo abrazó estrechamente, ambos de aquella manera era su momento favorito de la vida, el aroma de dos orgasmos mezclados, simbolizando el amor perfecto que se profesaban, ¿por qué no podían seguir así el resto de sus vidas?

Unas lágrimas cálidas lo volvieron en sí, ladeando su rostro unos pocos centímetros hasta que sus pestañas largas chocaron contra las mejillas del menor, humedeciéndose a su vez por esas gotitas saldas que rebalsaban de sus ojos.

-Daiki…
-No puedo… Kei, no puedo… te lo dije… - decía quebrado, decía con aquel tono de dolor imposible de contener, de impotencia y rabia – Te amo… pero no puedo hacer esto
-¿P-por qué? Regresa conmigo, sabes que juntos…
-No puedo, mi hija ya nació Kei, mi hija… No puede tener un padre gay…

El recuerdo le golpeó como un balazo en el pecho.
Cuando empezó a salir con Daiki, él había acabo de terminar una relación con una joven, con una de esas chicas que las madres no quieren porque saben lo malas que son, que sólo buscan amarrar a un hombre a su lado como fuera. Y su pequeño no fue la excepción. A los tres meses de empezar a salir, después de aquel molesto rompimiento que incluso le costó arañazos por parte de la mujer y muchas denuncias falsas hechas por ella, volvió a aparecer. Un vestido amarillo delicado y con estampado de flores blancas que le daban elegancia. Un vientre asomando curioso como un pequeño bulto por debajo de la cinta que separaba el pecho de su cintura.

“Estoy embarazada, Daiki… Es tuyo”

Ambos se quedaron estupefactos, Arioka negando hasta el cansancio que no podía ser de él porque se cuidaba, usaba preservativos justamente para evitarlo. Pero la sonrisa tan tranquila de esa chica le heló el cuerpo, jamás lo olvidaría.

“Sí… bueno, digamos que los arreglé con unas agujas para que no pasara esto”

Soportaron un mes con ello, soportaron un mes e incluso él había deseado ser el otro padre de la criatura pero Daiki finalmente se quebró y decidió por ambos que no podía hacerlo así, que no podía darle aquel castigo de la sociedad a su bebé.

Por eso habían terminado y ahora, era más real que nunca. No es que ellos no se amaran, no es que ellos no quisieran estar juntos, es que no podían. No debían.

Sus manos lo abrazaron entre amargura y tristeza, sus lágrimas ya habían estado cayendo sin darse cuenta mientras recordaba uno a uno los sucesos tan crueles por los que habían atravesado.

-No puedo dejarte ir… No puedo – confesó Kei, apretándolo más contra su pecho, dejando que esas lágrimas que su castaño liberaba – No voy a dejarte ir…
-¡Soy padre! Soy… soy padre… Yo…
-Escapemos, vayámonos los tres… Podemos, podemos armar un negocio, podemos hacer lo que queramos… ¡Siempre hemos podido!
-Kei – ahogó un gemido de dolor, no pudiendo negarse pero no pudiendo aceptar – Lo siento…
-Te esperaré, te esperaré en la estación de hoy, en el tren de media noche, aquel que se va hasta el extremo de Japón… Estaré ahí, estaré esperándote…. Trae a la bebé contigo, podremos hacerlo, es nuestro destino estar juntos y yo - rió con el llanto prologándose en cada sílaba – Yo sólo seré padre contigo, ¿me oíste?

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Eran las 11:55 p.m. tenía la cabeza gacha, las manos apretándose sobre su pantalón mientras yacía sentado sobre las bancas de la estación. Había sacado todos sus ahorros que les bastaría para vivir unos cuatro meses, trabajar desde los 15 años había servido de algo. Sus padres no entendieron nada pero aceptaron que quisiera independizarse y metió toda la ropa que pudo en una sola maleta, saliendo de esa casa con bendiciones y buen augurio. Ellos no sabían, ellos no entenderían.
Miró su reloj, ya eran las 11:58 p.m. y el tres estaba por llegar, ya estaba oyendo el ruido que hacía el shinkansen por la velocidad que ejercía para moverse, ¿vendría? ¿lo haría?
Empezó a llorar, había sido un completo idiota, ¿cómo podía haberle pedido algo así a Daiki? El jamás lo haría porque si en primer lugar habían terminado fue por la razón que quería hacer bien las cosas. Él no estaba dentro de ese “bien”.
Se levantó con pesar al escuchar al tren arribar, recordaba perfectamente por qué se había olvidado sin querer todo lo que había sucedido. Su subconsciente no podía vivir con ello. Caminó a paso lento hasta que las puertas se abrieron, entrando sólo y con su corazón destrozado para dejar atrás a aquel hermoso ser que tanto amaba, a aquel perfecto ser que acababa de poseer hace tan poco.

Las puertas se cerraron y se desplomó con sollozos en el asiento, no había nadie a su alrededor así que su dolor tuvo la libertad de ser expresado como mejor desease.

Pero otro llanto le acompañó.

Alzó la mirada y se encontró con un padre preocupado porque su bebé no dejaba de llorar. Daiki se veía nervioso, cogiendo con una mano la maleta más grande que podría haber visto jamás y con la otra, meciendo a ese pequeño bultito cobijado entre mantas rosas. Se levantó de un salto y corrió hacia él, tomando con cuidado a la bebé para luego abrazar al menor, ocultando su rostro en el hombro de su castaño para volver a llorar pero ésta vez de felicidad.

-Gracias… - dijo, tratando de encontrar su voz
-Yo… tampoco quiero ser papá sin ti…

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