Snowy Rainbow [Epílogo]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Uyyy es juerves, manguito!
: La Tortura - Shakira ft. Alejandro Sanz
: Mi cama♥♥

Notas: ¿A quién más le alucina dos actualizaciones en la madrugada? HAHAHA tengo excusa/razón, y es que bueno... Ya saben, me gusta salir mucho[?] y estos días se me viene la party hard[?] LOL #okno, pero algo así... No voy a tener tiempo, creo, porque voy a estar saliendo y haciendo trabajos estos días, además que viajaré la próxima semana a visitar a mi familia~ sé que no les importa pero quería contarles[?] X'D en todo caso, acá está el final finito, espero que se entienda algo y que no me odien más... Si quieren una 2° temporada comenten y díganmelo[?????]

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Fue Kyo el que tuvo el “valor” de decirle las cosas de Kei, su historia y detalles que el mismo Arioka no sabía. Aún en su mente confusa, dolida y bloqueada por voluntad propia, no terminaba de entender bien porque el guardia de seguridad de aquel bar había sido el puente de conexión con aquella memoria supuestamente dejada atrás.
Aún sentado ahí, esperando por sus compañeros de clase, divagaba en aquellas palabras que aún en su recuerdo palpitaban tan vivas y cercanas que era todo un mérito volver a enfocar sus pensamientos y es que, ¿cómo no sacar a flote ello?

“Inoo fue tu novio en una época, pero tuvieron problemas, durante mucho tiempo 
le escribiste cartas pero cuando tuviste el accidente, 
Keito las recogió y se las llevó para encararlo. 
Lo conocí yo en el hospital y después de una pelea que tuvimos, me contó que 
nunca te olvidó pero creyó que era lo más sano para ti alejarse, Yabu es su mejor amigo 
y fue el que lo acogió cuando lo botaron de su departamento, un tiempo después, 
cuando por casualidad habló con tu madre, terminó de mudarse 
más lejos de ti junto con ese amigo suyo a la casa  de Hikaru, al parecer otro joven. 
Una vez creemos que los viste juntos y que el tal  Yabu lo llamó ‘amor’, 
eso fue el detonante de toda tu depresión final.”

Cerró los ojos con fuerza. De todo lo dicho se sabía la mitad y la otra mitad hubiera preferido jamás saberla porque aún en ese tiempo lo perseguía.

Pero felizmente, ya no dolía.

Había pasado un largo año y dos meses desde el día que negó todo, desde que se forzó a sí mismo a olvidar limpio y sin penas. Un camino pesado y forzoso que recién ahora daba sus frutos, demostrándole que el esfuerzo no había sido en vano.

El primer paso que tomó fue el de dejar Japón, había hecho traslado de universidad a una en Corea, donde actualmente estudiaba la carrera que siempre había deseado; no estuvo libre de problemas pero ya había podido asentarse, aún tenía dificultades con el idioma pero lentamente había cogido el truco a la pronunciación de éste, sin embargo la escritura todavía era su tortura. Cuando pensaba en la Meiji le daba nostalgia pues amaba el campus universitario que siempre le brindó a sus ojos pero estudiando en la Konkuk University, la vida nuevamente le había sonreído no solo con sus profesores pues las clases eran amenas, sino porque gracias a las casualidades de su día a día, había ido conociendo uno a uno a los que ahora eran su grupo de amigos, los mejores y los que antes nunca había tenido.
Todos tenían rasgos delicados, mucho más de lo que él lo poseía, detalle que no los salvó de ser llamados de maneras graciosas por los otros chicos o de maneras vergonzosas por las mujeres, sólo uno entre todos ellos se salvaba de aquellos sobrenombres que nunca dejaban de llegar, el único que le había llamado la atención a su pobre corazón parchado y cosido que con muchas dudas había sacado a relucir pero, como Keito le había dicho al haberlo rechazado en el aeropuerto el día que marchó: “No sólo se ama una vez”, por ello, aún con tantas cosas encima, aún después de haber superado a duras penas un amor que lo llevó al borde de la muerte, estaba ahí, sonrojándose suavemente al pensar como se había enamorado sin pensarlo de alguien de nuevo, diferente.

Su amor por Kei había echado raíces pero después de muchos meses en el psicólogo, estudios, amigos, los sentimientos habían ido dispersándose hasta quedarse sólo en un recuerdo, molesto y perpetuo, era consciente que era una experiencia de vida que no podría marcharse nunca pero estaba feliz que sus sentimientos hubieran vuelto a renacer en medio del invierno. Cuando menos era que lo había esperado.

-¿Daiki?

Sus ojos se abrieron de pronto y se paró como si hubiera estado haciendo algo malo pero Choi Minho ya se sabía de memoria aquella reacción, sabía que nuevamente estaba recordando aquello que tanto se negaba a mencionar pero que se hacía una idea de qué era pero no le molestaba, los ojos pardos del castaño no podían mentirle y aunque a veces veía la tristeza reflejada en sus hermosos iris, el amor que salía brillando como una luz al verlo era la única prueba que necesitaba para saber que no era una relación unilateral. Que en verdad, ambos estaban enamorados.

-¿Saliste temprano de clases, Minho? – preguntó, a cercándose unos pasos a él
-No, Key y Jonghyun me hicieron volármela – rió, alborotando su cabello, haciendo un gesto con la cabeza hacia atrás del mayor
-¿Eh?

Se giró rápido para ver ahora dos sillas alrededor de su mesa ocupadas por los aludidos, ambos comiendo pastelillos –seguramente robados- mientras bromeaban de algo.

-¿No les he dicho que deben de estudiar? – bufó, mirando mal al pelinegro
-Oh vamos, Daiki! Es sólo una vez

Aun cuando Choi era menor que él por meses, parecía tener muchos más años que él, más cuando sus brazos lo cobijaban al abrazarlo por la cintura, besándolo en la mejilla y luego en los labios, haciéndolo descender la mirada bajo aquellas risas que sus amigos soltaban con descaro.

-Daiki… - Taemin llegó con una bandeja de comida – Deberías ser un poco más fuerte ante Minho, terminará abusando de tu nobleza
-Es verdad, después cuando te embarace te abandonará con los zapatitos recién comprados

Y todos rieron, incluso él.

Le dio un pequeño golpe en el hombro a Onew y terminó por sentarse a su lado, Minho se quedó de pie, abrazándolo por los hombros mientras todos escuchaban a Taemin contar una historia con la boca llena.

Arioka miró hacia arriba y sonrió, miró a su alrededor y su corazón, latió vivaz.

Vivir era hermoso, mucho más cuando tenías a quienes te ayudaban a sonreír y salir adelante, aún sin saberlo, llenando cada vacío que el interior del alma albergara. Tal vez, Kei seguiría siendo la espinita de su vida, pero en ese momento tenía tanto ahora por lo cual entregarse, tenía a quien amar tan desmedidamente que no le interesaba una molestia así ya, porque… Aunque aún no le dijera las dos palabras a Minho, estaba enamorado y pronto ese “Te amo”, saldría natural y sin miedo de sus labios.

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“Hoy terminamos de cerrar el contrato con la compañía Dai-chan, ¿puedes creerlo?
Tenemos nuestro primer gran contrato, el diseño lo haré yo y la edificación se llamará
como tu flor favorita, el narciso.
Ha pasado ya algún tiempo, no sé tú pero te extraño demasiado… 
¿Acaso ya has podido recordarme?
A diario pienso en lo cruel que ha sido el destino conmigo pero 
también creo, que lo merezco, es tal vez eso que llaman el karma, 
lo que me hace atravesar por esto, pero no me rendiré… No aún.
Tú me esperaste demasiado y ahora me toca a mí, pero lo haré,
sin quejarme ni sin llorar, porque Dai-chan…
Aunque ahora mismo estés rehaciendo tu vida, feliz y lejos de mí,
Aunque no haya nada de mi memoria en ti, estoy seguro que hemos
estado destinados a encontrar nuestros caminos para terminar juntos,
no simplemente para ser el pasado el uno del otro.
Daiki… No olvides que te amé, te amo y te amaré, y si tú ya no lo haces,
no importa, como te lo prometí alguna vez, te volveré a conquistar
todas las veces que sean necesarias. No me importa con quienes más salgas,
con tal que la última persona que se quede contigo, sea yo.
Regresa pronto, que este bobo espera por ti.


Inoo Kei.”

Al terminar de redactar, el joven tomó el papel y dobló cuidadosamente hasta meterlo dentro de un sobre. Lamió el contorno de la lengüeta superior y lo selló, escribiendo con la letra pulcra y hermosa el destinatario, un “Arioka Daiki” se leía tan hermoso que parecía impreso a máquina, un detalle que le llenó de orgullo propio.
Tomó sus llaves y la billetera, bajó de su departamento con un pequeño “Ya vuelvo” que alertaría a sus amigos y condujo hasta aquel bar que pronto abriría sus puertas al público.

-Kyo

Llamó con una sonrisa tranquila al hombre que alguna vez le dio una paliza y le tendió el sobre, encogiéndose de hombros ante su mirada de lástima y fatiga al saber que no iba a poder detenerlo de hacer eso cada noche como alguna vez, lo había hecho aquel castaño que conoció.

-Sabes que no está en el país, ¿por qué insistes?
-Algún día ha de volver
-¿Y si no lo hace, Inoo?
-Lo hará Kyo, yo sé que lo hará

Y así como llegó, se fue en su carro; él no buscaba placeres carnales, ni vicios que le nublaran la mente, él ya tenía su trabajo para ahogarlo; tampoco quería que algún alucinógeno jugara con sus preciados recuerdos, ellos que aún atesoraba en su interior.

Tal vez se había demorado, tal vez sus errores no tenían perdón, pero creía ciegamente en que algún día, en algún momento la historia de Inoo Kei y Arioka Daiki, se diera otra oportunidad.

[FIN]
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P.D.: Ignoren el hecho que he metido a SHINee X'DD ya sé que es random... demasiado, pero bueno ewe no se me ocurrió nadie más e.eUu

My Servant [4]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Calidez en tu alma♥
: Tu forma de ser - Auténticos Decadentes
: Mi rincón~

Notas: Uy XDD ahora que Snowy Rainbow está ya casi acabo 1313 me vengo a centrar en este fic mientras sigo entreteniéndome -acordándome- con mi lectura de GnR y ponerme el cerebro en orden... Aunque confieso que tengo como 6 fics en mente :'D ¿por qué no tengo más manos y más voluntad? Porque tiempo~ bleh X'D hay días que no duermo NADA por hacer tonterías así que, no es excusa hahaha uwu siempre y cuando ustedes me lean, yo seguiré escribiendo♥

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Había sido cuestión de suerte, tal vez del destino pero fue justo la misma semana que se había propuesto seguir al mayor que todo dio un giro violento a su favor.
Sus manos jugaban entretenidas en el móvil, leyendo noticias relacionadas a sus compañeros de clase cuando en grande se leyó el apellido Takaki, un titular informando de los grandes negocios que los señores acababan de hacer en Holanda y otro en Suecia, países tan estables económicamente hablando que tenían fortunas aseguradas de por vida. Aunque le sorprendió un poco pues eran tan conservadores y nacionalistas que era incluso una invasión el hacer tratos con empresas japonesas. Duda que quedó resulta a los segundos. Abrió la ampliación de la noticia y leyó con una sorpresa molesta –que además le comprimió el vientre- que aquellos tratados habían sido felizmente logrados con alianzas matrimoniales… Uno de los hijos mayores se iba a casar con una conocida heredera de Holanda y a “Takaki jr.”, lo estaban comprometiendo con alguien de Suecia.

Su sonrisa fue extraña, amplia pero contrariada.

En su posición de vigilancia –estar de pie cerca a la puerta del salón de clase del pelicastaño-, empezó a divagar entre las muchas cosas que ello quería decir, todo lo que significaba y no lo hacía. Para empezar, el que metieran a su querido hijo menor a un internado de su tierra natal –país conocido por ser muy recatados- tenía ahora todo el sentido del mundo, necesitaban hacerlo calmar, necesitaban ante todo, mantener el perfil bajo del joven para convencer a la familia de la joven que era un digno marido para ella y que los tratados internacionales que los unían, debían seguir en pie y que el comportamiento de un promiscuo sexual era completamente reformable.

Pero Yuri rió, no era así y él mismo era consciente de ello.

Soltó un suspiro pesado al darse cuenta que sus actividades diarias se habían reducido completamente, de vigilante y acosador, a novio y luego a estudiante. Extrañaba poder sentir el tacto humano en su cuerpo, más que por el placer, por el hecho que se sentía menos sólo en ese mundo de lo que en verdad lo estaba. Era divertido sí, jugar con ellos, alcanzar el orgasmo y luego sonsacarles regalos o mimos extras con detalles extremadamente costosos –que no se atrevía a mostrar en público y de preguntarle, él lo negaba-. Aun así, muy dentro suyo –en un lugar donde nadie podría saber su verdad- le gustaba la calidez que abrigaba a su cuerpo cada dos por tres en esos encuentros. Tal vez por ello es que sí quería a Ryosuke pues enamorado como estaba, le daba todo el amor del mundo, su culpa no era ser malo en la cama… ¿Quién diría que las necesidades humanas eran tan exquisitas? Tampoco era su culpa ser tan novio torpe, al no haber tomado a nadie en serio, no tenía ni idea de cómo comportarse.

Soltó un suspiro y apoyó toda la espalda contra la pared, guardando su móvil en el bolsillo derecho de su pantalón, observando con sus ojos negros vacíos al frente, ¿qué estaría haciendo ahora su mamá? ¿Habría comido? En su miseria personal e interna, recordó las pocas cosas buenas que tenía su vida, las contadas veces que comió helado con su madre en el parque cerca a su casa en uno de los pocos días libres que tenía o cuando en la escuela ganó un premio por su sonrisa… Esas cosas, eran simples pero le animaban el corazón resentido.

Y es que, aunque tratase de pensar de manera distinta, odiaba aquel lugar al igual que odiaba a todo ser egoísta que habitaba en él, cada uno más mente cerrada que el anterior. Le gustaba pensar, por sobre todo, que alguna vez ellos iban a vivir alguna miseria para así poder mirar la vida desde otra perspectiva, que así dejarían de desperdiciar dinero… Que por fin la idiotez se les curaría.

Entre tanta mezcla de emociones, recordó el flechazo e incomodidad que los ojos de Takaki le dieron el primer día que llegó al internado, como lo atravesó hasta hacerlo poner nervioso y la piel, chinita de la sensación que lo embargó.

-Yuri…

Alzó la mirada de repente, enfocándola al chico que ahora estaba delante suyo y que respondía al nombre de Ryosuke, ¿por qué tenía el don de aparecer cuando menos quería compañía? Como pudo le sonrió y se abrazó a él, besándolo con un delicado toque sobre los labios.

-¿Qué haces por acá Ryo-chan?
-Hm, estaba yendo a los dormitorios porque me siento mal
-¿Eh?
-Es cansancio… ¿y tú? Pensé que ahora tenías una clase avanzada
-Sí, la tengo pero tuve que salir un rato porque me maree

Yamada lo tomó por las mejillas para inspeccionarlo, queriendo cerciorarse que su pequeño novio se encontraba sano, que no había nada de malo en él –y aunque no era médico-, suspiró de alivio al notar su semblante rosáceo y animado, tal vez sólo había sido un pequeño cambio de presión.

-Espero no sea nada
-Verás que no – sonrió, la mueca que dibujaba ya hasta le dolía tenerla plasmada

Fue un respiro a su cuerpo cuando el timbre sonó, mirando hacia la puerta de la clase de Yuya para ver si es que salía o no, pero no fueron más que segundos antes que Ryosuke volviera a tomarlo en brazos, haciéndolo desesperar pues la cabellera naranja justo pasaba por encima del resto, dirigiéndose hacia otro camino lejano.

-Hm, Ryo-chan… si estás mal, deberías ir ya a tu habitación
-¿Qué? Pero es que hace tanto que no nos vemos…
-Han sido solo unos días, y han sido por las clases – mintió, usando la mejor cara de inocencia que podía – Prometo que al finalizar la clase iré… ¿sí? Espérame en tu cuarto

Y como si la excusa fuera suficiente, besó sus labios y salió corriendo hacia la dirección en la que era su clase, haciéndolo así tan sólo para distraer a su novio y que no sospechara nada.

Le tomó alrededor de 5 minutos bordear el edificio hasta que logró encontrar nuevamente el cabello de Takaki resplandeciendo entre todas las otras cabelleras, disimuladamente observó, como el mayor de a pocos se alejaba de la afluencia de alumnos…

Era curioso, el mayor parecía nervioso.

No necesitaba ser del todo un genio para poder entender que algo se traía el mayor entre manos o que quería ocultar algo que podría acarrearle problemas.
De a pocos la multitud de alumnos fue volviendo a sus respectivos salones y en un abrir y cerrar de ojos, otra vez el chico zanahoria había desaparecido de su radio de visión, ¿qué acaso era algún tipo de ninja? Con un bufido caminó en la dirección por donde lo había visto pasar una última vez, llegando a la misma esquina y mirando hacia la izquierda como el letrero de “Enfermería” brillaba con sus doradas letras.

Un golpeteo contra una mesa le hizo fruncir el ceño y sin refrenar su curiosidad, caminó los pocos pasos que lo distanciaban de la puerta entreabierta –descuidadamente a su parecer- del pequeño salón de atención médica. Contuvo la respiración en cuanto vio sin querer –o queriendo- lo que sucedía ahí dentro.
Takaki tenía tomada de la cintura a la mujer esa de siquiera sus 30 años, besándola como si no hubiera mañana, sus manos recorriendo por aquellos rincones que su falda escondía con tanto recelo, mordiendo y jalando su labio como el mejor dulce a probar, abriendo de un tirón su blusa –así como le abrió a él la camisa- para llegar a sus pechos con facilidad.

¿Qué no era eso lo que estaba buscando?

Sus manos salieron disparadas a su bolsillo para buscar su maldito móvil, desbloqueándolo para colocarlo en videograbadora y así tener como evidencia lo único que necesitaba para tener al pobre idiota ese a sus pies.

Y aunque quiso vomitar, cada que escuchaba un gemido; aunque quiso interrumpir, cada que la descarada –perra- enfermera pedía por más; se mantuvo firme y con la mano completamente estática hasta que todo terminó.

¿Era posible sentirse tan enfermo?

Asqueado como estaba, se arrimó al otro lado del pasillo, esperando a que saliera de ahí dentro su tan preciada víctima. Deseaba con todas sus fuerzas ir a darse una ducha para quitarse el mal sabor de la boca pero necesitaba poner sus cartas sobre la mesa de una vez por todas, Takaki le caía mal, al borde de decir que lo odiaba y esta era la cereza que coronaba su fastidio hacia el mayor.

En verdad necesitaba una lección de decencia.

Escuchó los sonidos de pisadas aproximarse y pulsó play, tan fácil que el sonido lentamente fue llenando el ambiente de aquel lugar en silencio, alejado de todo el alumnado que seguía metido en sus clases mientras ellos estaban ahora mirándose el uno al otro, fijamente a los ojos.

-Yuyan – canturreó con una confidencialidad única en él - ¿No crees que tenemos que hablar?

Sonrió tan amplio al verlo palidecer que ya se sentía victorioso, esperó, tal cual niño por su premio, a que hiciera un puchero y así lo hizo. Fue en ese momento que el zanahoria tenía su rostro de desprotección total que apagó su celular y empezó a caminar hacia el campus, unas pisadas más pesadas siguiéndolo de cerca por detrás.

Snowy Rainbow [7]


http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: La cabeza me va a reventar *sigh*
: Love Forever - Shimizu Shota ft. Miliyah Kato
: Habitación de mis padres~


Notas: A decir verdad~ he estado en unas muy feas semanas debido a mis exámenes X'D que digamos, no lo he hecho como debería y ha sido decepcionante, pero no hay forma uwu mejoraré mis notas. En otras noticias[?????], me siguen leyendo :'D? ¿O ya puedo mandar al blog a hiatus indefinido? #OKNO Broma~ acá les traigo el último capítulo de Snowy Rainbow~ el que viene ya sólo será el epílogo... No me odien[?]

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Se le erizó la piel en el mismo instante que sus ojos se abrieron, mirando el techo blanco y plano que se ampliaba bajo su mirada. Simple y vacío. Como él mismo se sentía en esos momentos por dentro. No pasó ni dos segundos en su consciencia cuando el dolor hizo aparición con crueldad por su abdomen, recordándole prontamente qué hacía y dónde estaba.

Ese gorilón sí que se había lucido con el golpe.

Tendido ahí en la cama dejaba que los pocos jadeos de dolor salieran disparados albergándose entre esas cuatro paredes sin emoción alguna de color, aunque no del todo seguro si en su totalidad era de aquella manera pues no podía girarse ni hacer absolutamente nada que implicara moverse, sólo tomar pastillas para el dolor y quedarse tendido con toallas humedecidas con agua tibia para mantener al margen el malestar que estaba seguro, no se iría con tanta facilidad y tendría que soportar durante esas semanas ¿ese era realmente su karma? El gorila que lo había golpeado no le había roto ninguna costilla pero sí se las había fracturado, con la suficiente suerte –como había dicho el doctor, aunque dudaba de que no fuera sarcasmo lo que decía- de no haber astillado sus huesos pues de ser el caso, podría incluso temer que se le perforara un pulmón.
El sonido de las hojas de un libro pasar le llamó la atención a su lado de la cama, encontrándose a Kota que leía a un lado de su cama, riéndose entre dientes por lo que fuera que esa novela tuviera dentro, ¿Qué acaso era lo mejor que podía hacer su mejor amigo?
Hizo una mueca de fastidio, había desperdiciado horas a que lo atendieran y dejaran descansando, el gusto de la venganza había consumido valioso tiempo que él quería invertir en algo más pero ya eran casi las 10 y él no podía moverse de ahí hasta que le dieran el permiso médico.

-¿Inoo Kei? – la voz del doctor lo llevó a sentarse rápidamente, algo tan idiota que gritó de dolor al instante – Tendrá que evitar hacer eso de ahora en adelante – habló tan impasible que Inoo supuso que para él ello no era nada – Puede retirarse, sólo cuide de no hacer movimientos bruscos, ande en reposo y tome estas pastillas cada 8 horas por un mes – le entregó el papel al mayor que había dejado de leer para escucharlo
-¿Es todo? – cuestionó Kota, mirando de reojo a Kei - ¿Podremos irnos?
-Sí, es todo

El tipo con bata blanca deslizó elegantemente la mano con el lapicero por encima de una hoja de papel, entregándoselo a Yabu antes de marcharse. Unos minutos, ambos jóvenes se quedaron callados con la respiración un tanto calma para las ideas que tenían cruzando por sus mentes.

-¿Irás a verlo?
-Sí… ¿por qué?
-No sé qué tan conveniente sea, Kei – el pelicastaño no se giró a verlo, sus ojos aún posados en la puerta evitaban que viera la lástima que le tenía. Inoo no necesitaba observarlo, el tono de su voz bastaba – Pasé por su habitación hace un rato cuando fui a comprar una botella de agua, sus padres y algunos amigos estaban con él

Kei ensombreció sus facciones, pero no podía abstenerse, no quería hacerlo. Aun cuando dar algún paso le fuera un dolor insoportable, necesitaba ver a Daiki despierto, necesitaba ver que estaba bien aunque ya le hubieran informado de su recuperación con tanta rapidez.

----(FLASHBACK)----

Habían pasado ya algo de cuatro meses después de la ruptura. Cuatro meses en los que había tenido que salir de su departamento porque no había podido seguir pagándolo, cuatro meses en los que sus calificaciones se habían ido al demonio por falta de concentración. Cuatro meses en los que la soledad era tan dolorosa que había momentos en los que su cuerpo sólo caminaba por inercia.
Para él y sus amigos, toda esa etapa era deprimente, no podían hacer absolutamente nada cuando Inoo no se dejaba ayudar, Yabu lo obligaba a veces a salir pero terminaba tan ebrio que luego se lo encontraban tirado contra la pared de algún callejón, durmiendo en el esplendor de toda su miseria. Hikaru lo obligó a viajar, pagando él todos los gastos que pudieran tener pero cada mínima acción tenía un recuerdo y la depresión se acentuó sin ganas de marcharse, era como si ya no hubiera una solución a tanto dolor.

Hasta que los vio.

A lo lejos, la señora Arioka jamás le había parecido tan deslumbrante, la observó detenidamente y deseó internamente tener el valor suficiente para acercarse a preguntar cómo estaba, para ver si de alguna manera se le filtraba alguna información sobre el joven de cara infantil que aún amaba. Caminó unos pasos y vio que, sus plegarias cumplidas con creces, le entregaban al castaño junto a su madre, comiendo entretenido un helado con una pequeña sonrisa que se fue ensanchando hasta reír. De seguro la señora había bromeado.
Se quedó de pie admirando a madre e hijo, varias veces habían sido él y Daiki quienes habían estado con su madre, compartiendo los mismos momentos con risas y comentarios mal intencionados de la que había sido su suegra. Sumido como estaba en su divagación, no se percató cuando la mujer a lo lejos percibió su presencia, apretando las manos con fuerza hasta volverlas blancas y sus labios tensos en una fina línea que borraba toda dulce expresión de hace unos momentos. Con una disculpa que el pelinegro tampoco observó al bajar el rostro al resignarse y marcharse de ahí, la mujer caminó con disimulo, cuidando que su hijo menor no viera hacia dónde se dirigiera pues de ser así, el poco progreso que había obtenido levantándole el ánimo, se vería perjudicado.

-¿Inoo-kun? – la mujer lo llamó amablemente y posó la palma de la mano sobre su hombro, con un pequeño apretón que pareció hacer reaccionar al joven, lo llevó lejos de las miradas y lejos del alma rota de Daiki - ¿Qué haces acá?
-Señora… - tragó saliva, esos ojos pardos idénticos a los del menor lo miraban acusadoramente, no había alguna duda que la señora sabía de todo lo ocurrido – Ha sido tan sólo una casualidad…
-Por favor, ya no te vuelvas a acercar

Inoo jamás lo admitiría, pero aquellas palabras dichas en un ruego maternal que impostaba la mujer, le habían herido en el alma. Una madre protegiendo a su retoño de lo peor que pudiera haberse cruzado en su camino. Sus ojos se fueron cerrando lentamente hasta que dejó escapar lágrimas furtivas, humedeciendo sus mejillas con tanta impotencia e humillación. Hubiera querido incluso recibir una cachetada de parte de la mujer, pero la señora Arioka lo cobijó entre sus brazos, acariciándole el cabello tal cual fuera su propia madre, consolándolo en la calle por el corazón roto que el mismo había dañado. No pudo abstenerse y lloró con mucha más fuerza.

-Jamás he interferido con ustedes – su voz fue más conciliadora, pero aun así se percataba de a donde se dirigía la conversación – No lo haría, pero Inoo-kun, debes de saber que es la primera vez después de muchos meses en que Daiki… está sonriendo – tomó aire y separó al menor de ella, con una elegancia digna de una reina, buscó en su bolsillo por su pañuelo y tiró del cuadrado de seda para luego deslizarlo por su rostro, limpiando cualquier rastro de lágrimas – No va a ir a la Meiji, habló con su padre y conmigo para tomarse un año sabático, dice que trabajará para su tío pero que se dará un tiempo antes de entrar a la universidad

Los ojos de Kei se abrieron de par en par, se había olvidado por completo incluso de los motivos iniciales por los que había conocido a Daiki. La universidad, su primer año, su futuro… ¿Eso también había arruinado? No se había acordado ni siquiera que iban a asistir al mismo centro de estudios, aunque ahora ello estuviera más lejano que nunca.
¿Ya no lo volvería a ver?

-Por favor Inoo-kun… Deja que Daiki pueda olvidarse de ti

Asintió muy despacio, inseguro de hacerlo pues las Después de aquella vez, buscó un nuevo departamento al otro lado de la ciudad, de todo lugar conocido por él y el menor, lejos de cualquier sitio que ya hubieran recorrido o que pudiera estar en su ruta. Después de eso, había borrado todas sus huellas para no volver a ser encontrado. Era lo menos que le debía.

----(FIN FLASHBACK)----

Aunque él fuera un cobarde, aunque no tuviera el valor para enfrentar a esa familia, para verlo a él a los ojos y poder rectificar todo lo que había estado sucediendo en ese extenso periodo de tiempo. Tenía que hacerlo.
Bajo la mirada desaprobatoria de Yabu, fue moviendo su cuerpo hasta que logró sacar los pies fuera de la camilla, el dolor que estaba por su vientre se hizo presente otra vez con una punzada tan extensa que el aire se le escapó de los pulmones y hasta náuseas le dieron, queriendo vomitar por el malestar que de pronto su cuerpo experimentaba. Pero respiró profundo, respiró como si el aire se le fuera a acabar y controlando todo, se bajó de ahí, descalzo y medio desnudo por las toallas que había tenido encima de su cuerpo. Sintió frío, la presión se le caía en picada, pero fue Kota el que ahora lo ayudó a pararse y mantener el equilibrio, ¿Qué buen amigo te dejaría caer? Y así, con pasos calmos, pequeños pero firmes, se dirigió a aquella habitación que lo resguardaba… Daiki, ¿Daiki aún querría verlo?

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Kyo estaba fuera de esa habitación, apoyado contra la pared con los brazos cruzados, Okamoto sentado a su lado respiraba con profundidad mientras esperaba a que pudiera entrar nuevamente junto al mayor. Los padres de este junto a un compañero del trabajo habían pasado ahora para hacerle compañía, apenas y unos minutos estuvieron los cinco adentro antes que la enfermera dijera que no podían estar todos adentro, que debían de turnarse.
El guardia de seguridad miró a su compañero de trabajo, ese joven que tanto miraba al castaño pero que jamás había sido correspondido y sintió hasta lástima por él. Sus años de vida le dejaban más que en claro que el tipo de amor que el par aquel se profesaba era de esos que nunca se podían olvidar por más tiempo que pasara. Era así aunque esperaba que no. Tal vez, en la situación en la que el mismo Arioka se había sumergido, podría tomar consciencia de qué hacer con respecto a sus sentimientos, no era tan difícil proponerse la meta de olvidar.

-Es todo un problema

Keito le dedicó una sonrisa, pero pronto se irguió a la defensiva en su lugar al ver hacia las espaldas del hombre, el otro por instinto se giró a ver quién se acercaba y no le sorprendió nada ver al chico de la mañana caminando a duras penas hacia ellos acompañado de algún amigo. Sin evitarlo, sonrió orgulloso de ver lo mucho que le dolía el caminar, un buen castigo físico como ese le haría ser más consciente de ahora en adelante.

-¿Qué haces acá? Lárgate

Kyo tomó del borde del cuello al menor, sujetándolo tan fuerte que el otro trastabilló hacia atrás, equilibrándose a las justas y girando violentamente a verlo. Furioso como estaba se sacudió, pero eso sólo logró que lo sujetara más fuerte. Se sintió humillado y como si de un niño haciendo un berrinche, empezó a mover las manos para liberarse, intentos inútiles ante alguien que trabajaba controlando personas con actitudes parecidas a la suya en ese momento.

-¿Qué no lo ves? Está herido, no seas cobarde y te metas con un convaleciente
-¡Pero si él es…!
-¿Por qué tanto escándalo? No olviden que éste es un hospital

La voz suave y cantarina de una mujer calmó la tempestad naciente entre los presentes, Inoo miraba a Keito con recelo y fastidio, no era difícil de leer esa expresión de protección y posesividad que sólo un enamorado podía poseer, ¿por qué Daiki tenía aquel poder sobre las personas? Soltó un suspiro de molestia de tan sólo recordar sus inseguridades pasadas y siguió caminando bajo la mirada de los dos varones que habían ya cambiado sus posturas por una más respetuosa y sin embargo, la señora seguía sin girarse a verlo pero estaba seguro que sabía de su presencia, era consciente que estaba acercándose hacia la habitación de su hijo.

-Señora…

El sonido plano de una palma golpeando contra algo sobresaltó a todos, mas fue Yabu el que se interpuso al medio de su amigo y la mujer que ahora sobaba su muñeca junto con la palma de su mano con una expresión de culpa y arrepentimiento. Estaba claro que ella no había querido hacer eso. Kei empujó con cuidado a Kota hasta que se puso atrás suyo y con la silueta de los dedos dibujados sobre su rostro, caminó nuevamente frente a la mujer, haciendo la mejor inclinación que sus costillas fracturadas podían dejarle hacer.

-Te lo pedí por favor
-Desaparecí de su vida… Créame…
-¡¿Entonces qué haces acá?! ¡Mi hijo está internado Inoo! Casi… muere

Kei apretó los ojos, ¿acaso había estado a punto de morir? ¿Había sido tan grave? Giró disimuladamente la mirada hacia Keito pero el desvió los ojos hasta enfocarlos en un punto distante… Esquivo ante el tema, ¿es que acaso ocultaba algo? Miró a la madre de Daiki con mucho cuidado, sus ojos no mostraban decepción ni miedo, tan sólo preocupación pura por su hijo… Y él la conocía, conocía tan bien a aquella mujer que estaba seguro que si hubiera sabido del por qué se encontraba ahí el chico, no hubiera dudado ni un segundo en hacerle algún tipo de limpieza interna.

Le dolió pensar, lo mucho que Keito quería a su ex novio para llegar al extremo de limpiarle el historial clínico.

Hizo otra inclinación, tartamudeando un poco a la hora de comenzar a hablar.

-Q-Quiero verlo… por favor… Necesito saber si está bien…

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Su cabeza tenía una pequeña venda que le cubría la frente, no es que se hubiera hecho algo pero por seguridad que jamás logró entender por departe de las enfermeras, la tenía ahí. Estaba con sus padres y Ryosuke en la habitación, conversando de varias incoherencias y amenidades cuando la voz exaltada de Keito le hizo girar con curiosidad, su madre, frunciendo el ceño con ligereza se levantó para regañar a sus amigos que esperaban por él afuera. La vio alejarse y giró nuevamente para conversar con su padre sobre su negocio y con Ryosuke sobre el trabajo en la empresa de su tío, jamás habían sido amigos cercanos o algo pero era lo más parecido a un amigo que tenía después de haberse alejado por tanto tiempo de la sociedad.

Y así, en ese entorno calmo después de tiempo, un reclamo de su madre a alguien rompió su paz.

No necesitaba ser un genio para saber de quién se trataba o por qué su mamá reaccionaba así, no necesitaba tampoco tener pruebas para comprobar sus suposiciones sacadas en un santiamén pero en aquel momento, ¿realmente importaba si estuviera o no él ahí? Su corazón traicionero e idiota palpitó con fuerza como restregándole en la cara la emoción que aún le provocaba el saberlo cerca, el saber que quería buscarlo y estar a su lado. Pero no, ya no. Eso era antes.

“Yo me quiero”

Arioka cerró los ojos un segundo, meditando a velocidad de la luz el siguiente movimiento que haría, las palabras que le diría para de una vez dejar todo ir. Se mordió la lengua por dentro y esperó paciente, mirando a su papá y a Ryosuke con una pequeña sonrisa relajada. Se moría por dentro, la ansiedad y el miedo de volver a verlo, pero ya estaba decidido, esa iba a ser la última vez que le fuera a hablar a Inoo Kei.

Sonó tres veces la puerta, un eco que le hizo par a los tacones de su madre que seguían de cerca los pasos de quienes querían entrar. Su padre se levantó para abrir la puerta y en ese momento lo vio, sus ojos negros llenándose de unas pequeñas lágrimas que nunca cayeron, sosteniéndose de aquel chico que por la calle le había dicho “amor”.

“Amor…”

Arioka sintió el corazón partírsele otra vez, ¿Qué acaso ya no iban ser retazos? ¿Iba a ser polvo de lo tanto que lo destrozaban? Todas sus palabras, todas sus ideas se fueron por el drenaje. Él definitivamente no podría enfrentarlo ahí, con tantos presentes. No podría verlo sin echarse a llorar y reclamarle por qué lo había cambiado por alguien como él si es que lo había estado esperando, amándolo a cada segundo, amándolo con toda entrega.
Vio a Inoo acercarse pero ni siquiera se inmutó, sólo lo miró, sus ojos no enfocándolo del todo, observándolo sin darle mucha atención.

-Daiki…

Y su voz salió, mencionando su nombre con aquel tono que tantas veces había escuchado cuando enfermaba y se preocupaba, cuando se quemaba cocinando o cuando tropezaba por ahí. Cuantas veces… ¿Con qué derecho aparecía para hacerle ahora eso?

-¿Disculpa?

Fue ahí donde la idea apareció, fue ahí donde todo tomó sentido en alguna forma y se reubicó donde debía. Con una pequeña sonrisa, la misma que le había dedicado a su padre y a Yamada, lo miró y negó despacio, sus ojos pardos desafiando vacíos a los negros llorosos del alto.

-¿Eh…? – Inoo se confundió, cojeando se acercó un poco más – Daiki, sé que debes estar molesto conmigo pero…
-¿Me conoces? Lo siento… Es que yo no te recuerdo de ningún lado

El silencio se hizo sepulcral y las rodillas de Inoo flaquearon, Yabu lo tuvo que sujetar antes que cayese al suelo, mirando con pánico palpable en las facciones al castaño que le robaba el alma cada noche, ¿por qué decía eso? ¿Por qué no lo recordaba?

-¿Daiki? ¿Cariño? – su madre se acercó a él, acariciándole el cabello y luego tomando su mano en un gesto reparador - ¿No te acuerdas de él?
-No mamá… ¿Quién es?

Todos mantuvieron silencio nuevamente, Kyo y Keito apoyados en el marco de la puerta miraban atónitos al castaño, Ryosuke se debatía entre decirle o no pues no creía que fuera un caso de amnesia tan grave si es que no recordaba a una sola persona y sus padres, sólo fruncían el ceño al pensar bien en qué hacer.

El único que podía decir que la vida era cruel, estaba ahí de pie tan sólo porque lo tenían cargado, hace mucho que la fuerza del cuerpo ya se le había ido.

-Llamen a un médico… Kota – Kei lo miró, llorando en silencio pero el mayor solo lo apretó un poco más, sin saber qué hacer tampoco – Que llamen a un médico…

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[Una semana después]

Le habían dado ya de alta y esa mañana, Daiki estaba guardando sus pocas posesiones en el pequeño bolso que su madre le había hecho el favor de llevar. Había guardado dentro las cartas de recuperación y algunos peluches que también le hubieran llevado. Sus ropas de cambio y sus recetas médicas también ya estaban colocadas dentro de la maleta.
Había pasado una semana entera desde que había comenzado a mentir sobre su amnesia selectiva, según lo explicado por el médico era porque en la caída y el tiempo en coma que pasó lo llevaron de pronto a bloquear de manera mental a Inoo por algún evento que tal vez no era capaz de revivir. Una tontería o algo por el estilo. En algún lugar de internet, o en algún cuento de ficción o novela había visto aquello, que se olvidaba justo de la persona más importante o se olvidaba sólo de una fracción de su vida. Eso era lo más conveniente del mundo y aunque él no hubiera olvidado en verdad, le servía de mucho, pues así sus padres no lo molestaban, sus amigos ya no se preocupaban e Inoo… Inoo ya no se acercaba.

Así él también tenía una excusa para por fin dejar todo atrás, para por fin dar vuelta a la página y seguir con su día a día.

Estaba oficialmente limpio de cualquier sustancia tóxica y esperaba seguir así por un buen tiempo. Colocándose el bolso con la cinta por el pecho de manera cruzada, caminó hacia la puerta del hospital, ahí justo estacionándose estaban sus padres en su camioneta, esperándolo para subir y marchar. A lo lejos elevó la mirada y observó el rostro demacrado de Kei, sólo hizo una inclinación con la cabeza y se marchó.
Era tonto, había hecho muchas cosas para estar con él de nuevo, había esperado demasiado para volver a verlo. Y ahora simplemente, ignoraba su existencia.
No era venganza o algo, era tan solo una decisión, su decisión de por fin ser feliz por encima de todos… Porque él era lo más importante, él era el único que en esos momentos, debía ser feliz… Había mandado al demonio ya un año de su vida, era joven, merecía más que lágrimas, sexo y drogas.
El merecía mucho más allá que un corazón roto, por eso lo había decidido y por eso sería él ahora quien siguiera con su vida sin mirar atrás. Él ahora sería quien se desapareciera de la vida del mayor.

“Un día de abril te conocí… Ya hace mucho de eso, ¿verdad Kei?
Han sido días difíciles ocultando a todos el conocerte, incluso mintiéndome a mí mismo pero confío en que en algún momento, la mentira se haga realidad…
De a pocos tal vez, consiga que aquel recuerdo mancillado vuele lejos de ti, de mi…
Gracias Kei, por enseñarme tantas cosas, por haberte preocupado incluso en estos días
y lo lamento, Kei… Lo lamento mucho por fingir que eres nada en mi vida pero si no lo hago así,
no confío que logre a mucho en un mañana cercano.
Eras, eres y tal vez serás lo que más recuerde en mi vida, serás siempre mi primer y gran amor,
serás el primero de muchas experiencias, el único en otras tantas,
pero será un recuerdo Kei…
Ya no quiero llorar, yo no merezco sufrir.
Te amé Kei, te amé como nadie más lo hará y lo sé, lo sabes.

Espero que seas feliz,

Arioka Daiki”

Inconditional [Drabble]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Que cool soy[???] X'D
: Until I forget about you - Big Time Rush
: Mi cama uwu~


Título: Inconditional
Autor: Satommy
Pareja: Hikato
Género: Slice of life
Extensión: Drabble
Notas: No sé ._. caminaba por la calle y solito vino a mi cabeza X'D super fail, super simple, super sin sentido u3u perdón, mi cerebro sigue en colapso después de mi examen de hoy :'D


No era la primera vez que Keito lo veía llorar, en realidad, estaba muy acostumbrado a que cada cierto tiempo Hikaru derramara esas tediosas lágrimas por aquella persona que amaba y no lograba superar. Era cansino, agotador y hasta un punto, masoquista. Porque le dolía verlo así, por que no toleraba observar como fiel testigo al mayor desmoronarse y hacer pedazos esa alma que él tanto añoraba cuidar. Pero no estaba en su derecho.

Sacó con cuidado un pañuelo del bolsillo, en silencio alargando la mano para que él la tomara y se limpiase el rostro para no tener más lágrimas manchando el recorrido hasta su mentón, dejando por el suelo su dignidad y el poco orgullo que le quedaba.

-¿Por qué… Yabu es así? – Keito se tensó en su sitio a la mención de la persona amada del mayor, encogiéndose de hombros al no modular ninguna sílaba de respuesta – Yo lo amo, y él… si me amaba, ¿por qué tan rápido se olvida de mi?

Okamoto suspiró, esta vez alternó sus acciones al darle pequeñas palmadas sobre los hombros al castaño que se abrazó a las rodillas con el ceño fruncido. Esa era la segunda etapa de su ensimismamiento al llorar, al inicio se lamentaba y al momento, estaba maldiciendo a su ex.
Se quedó pensando en sí mismo, en aquel momento nunca se atrevería a llorar delante de Yaotome, prefería enfocar la vista en aquellas rieles hasta que el sonido de los trenes pasando absorbían el ruido de todos sus pensamientos chocando entre sí.
Que agradable era, sumergirse en sus pensamientos de tanto en tanto.

-Ánimo Hikaru… Todo saldrá bien

Keito le regaló una sonrisa pacífica, logrando que el otro chico a su lado soltara un suspiro más relajado. Siempre era así, desde hace unos meses que era así y era algo que apreciaba del menor pues aun sabiendo sus sentimientos, podía contar con ese apoyo incondicional que su amistad tenía para darle.

My Servant [3]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Mi lengua ;3;!
: Fireworks - Katy Perry
: Rincón u3u

Notas: Holi u3u como les dije, publicaría esto antes de que iniciara exámenes parciales en la universidad y hurra! Lo hice XD en realidad ni me tomó media hora redactarlo pero bueeeeeeeeeeno e3e! Ahí ya veo, saliendo de exámenes subiré la continuación -con suerte- ¿quieren que alargue un poco los capítulos? Hahaha uwu espero que les guste... Este capítulo lo dedico a alguien muy especial para mi que pasa un momento muy feo, no es alguien que frecuente aún éste blog pero realmente, espero que todo salga bien y que sepa que le mando mis vibras...♥

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Chinen Yuri miró hacia el techo de la biblioteca, el libro que tenía en las manos realmente no le interesaba y ya hace varios días que no tenía ánimo alguno para estudiar. Ni siquiera quería ver a Ryosuke -y no lo había hecho desde lo que lo hubieron atrapado con Kota- había un fastidio incomprensible dentro suyo, como si todo sentido y meta en su vida hubiera perdido brillo o importancia a causa de ese maldito ser recién transferido a su escuela. Como si cada ladrillo que se había esmerado en colocar en el lugar exacto se hubiera desplomado junto a los otros a causa de esa estúpida y pesada sonrisa, con ese desquiciante heterosexual que lo molestaba cada que lo veía en los pasillos. Le había hecho falta una columna al medio de su construcción y de un solo toque, el peliteñido lo había acabado.

Odiaba a Takaki y odiaba su estúpida personalidad tan hipócrita.
Lo reconocía con tan sólo verlo porque era casi como él, solo que a diferencia del mayor, él tenía una justificación. Aunque tampoco necesitaba explicarle nada a nadie, él hacía lo que quería sin ninguna oposición.

Soltó un largo quejido, era un berrinche tan impropio de él, ¿hace cuánto que no tenía esa sensación de quebrarse ante cualquier testigo sin realmente importarle el ser observado? ¿Que no era eso lo peor? ¿No significaba que ya se estaba perdiendo a sí mismo? Por un momento, negado a querer afrontarse a ello, se odió por haber perdido los estribos frente a un tonto cabeza hueca zanahoria como lo era aquel alto mimado.

Los que eran de cuna de oro jamás podría entenderlo, jamás sabrían lo que era sufrir o llorar por dinero. Y recordó en ese momento sus principales bases, aquellas que no se habían movido ni un poco desde la aparición de ese sujeto.

Él no estaba en esa escuela para tontear.

Su último pensamiento le chocó de golpe, había luchado por la maldita posición de becado y de ser el novio del chico más popular -aunque sonase tonto- Él no era alguien con quien meterse y si ya le había prometido a Yuya que su vida ahí iba a ser una miseria, ¿por qué no hacerla tal?
Una sonrisa nada inocente asomó por sus labios, apoyó el brazo en la mesa y la mejilla sobre su palma... ¿Cuál sería la manera más dulce de hacerlo sufrir? Y oh~ realmente ya no importaba si quería chantajearlo con Yabu, a esas alturas le había comentado a Ryosuke ya su versión de los hechos como "buen novio fiel", ¿quién habría de creerle a un recién llegado que incluso había querido violarlo en pleno salón de clase?

Chinen no era una mala persona, en realidad se consideraba demasiado bueno para estar con personas tan acostumbradas al poder, quienes nacían con él se creían amos y señores del mundo. Incluso su “novio” le daba órdenes, no le pedía nada amablemente, algo con lo que peleó hasta enseñarle como ser un humano decente. Había sido todo un reto pero el progreso había valido la pena. Entre esas personas que cada uno ostentaba más poder económico que el otro, regían quién merecía respeto y quien no, ninguno de ellos sabía pedir perdón –eso debía recalcarlo- Y las disculpas que nunca obtuvo de Takaki, junto con ese chantaje no explícito que le hizo llegar, le dejaban en bandeja de plata exactamente lo que ya sabía. Ese niño rico era diferente a los demás.
Los chicos de aquel lugar, jamás hacían las cosas sucias con sus manos, mandaban a alguien más, diciéndolo de otra manera, contrataban un “service” encargado de aquellos manejos que luego callaban y no había forma de crear culpables.

Los ricos eran cobardes.

Pero el tal Yuya no, jamás intentó ocultarle que él mismo podía dejarlo en la ruina, un punto que Chinen pudo anotar mentalmente, pensando sin problemas en que alguien como aquel sujeto, debía pensarlo bien antes de decir o hacer algo, engañarlo o ponerle una trampa era sencillo.

Tal vez, demasiado sencillo y fue ahí que Chinen sonrió, ¿cuánto tiempo resistiría un maniático sexual como él sin sexo? Buscó su agenda y escribió un “1” en la esquina de uno de los cuadros de las fechas, debajo anotando algo con simpleza.

“Averiguar salones”

Una letra pulcra y ordenada. Con ello establecido, Yuri no tardó en volver tranquilo a sus estudios, después de varios días por fin se sentía tranquilo internamente porque por fin ya sabía qué demonios hacer para vengarse de alguien tan irrespetuoso e imbécil como Takaki.

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Takaki Yuya se quedó pensativo mirando por la ventana, nunca había creído en maldiciones o en embrujos, ¿la magia negra existía acaso? El vudú siempre le fue un mito a pesar de haber viajado a Haití en vacaciones familiares donde les contaron toda la tradición y mitos –cuentos a turistas solamente-, no era muy afanado de las lecturas de cartas aun cuando salió con una gitana que le decía lo que se venía en su vida –aunque algunas se cumplieron, jamás lo creyó-. Así que por eso no entendía porque un hueco en el estómago era la sensación que últimamente tenía cada que caminaba por los pasillos. Había días en los que se sentía fuertemente vigilado, una mirada penetrándole la espalda hasta causarle un malestar que le hacía girarse de golpe para encontrarse con la nada misma.

Había incluso pensado que era el novio del niño-niña infiel, a fin de cuentas tenía a todo el instituto a sus pies.

Yuya detuvo sus pensamientos en el chico ese con rasgos finos. E l día que había llegado a aquel internado en medio de la nada, había observado el delicado rostro infantil de aquel, su corazón dio un vuelco, estúpidamente esperanzado que fuera una mujer en aquel rincón del planeta, la primera impresión lo había anonado porque era “bonita”, con un rostro angelical y delicado. Pensó que era una muñeca de porcelana y por ello apresuró sus pasos apenas sus padres se retiraron, tal vez el impulso que tuvo no tuvo grandes resultados pues se atrevió a romperle la camisa en medio del salón de clases… ¿Qué hubiera pasado si de verdad era una chica?
Sus manos pasaron azoradamente sobre su cabello, despeinándolo hasta crear una forma difusa encima. Era incomprensible.

Pero la carita de ternura, sólo la poseía.

No tardó en encontrarlo a nada de revolcarse con otro que no era su novio, era incluso un profesor –o algo así- Pero no era ningún soplón por mucho que lo hubiera amenazado, en realidad, lo hizo por molestarlo un poco más.

A Takaki no le importaba realmente ese mocoso.

Pero aún así, la sensación de que algo iba mal se le metía en la piel hasta hacerlo estremecer. Sus uñas rascaban sus brazos para quitarse la sensación pero aun así lo sentía, ¿qué era eso? Volvió a suspirar con malestar. Sus padres habían sido crueles al mandarlo ahí.

-¿Otra vez con pucheros? ¡Takaki! Ya estás en el último año, deja de actuar como un niño

El chico miró a su amigo de la infancia recién re-encontrado, Hikaru Yaotome, sentarse sobre su escritorio con una malteada en la mano derecha y su móvil en el izquierdo, tecleando quién sabe qué cosa en él.

-¿Qué tiene de malo hacerlo? A nadie le interesa lo que haga o deje de hacer
-No digas eso…

De repente miró su expresión seria, observando a todos sus compañeros que en esa hora de refrigerio, quedaban ahí dentro del salón de clase.

-Algún día, todos ellos serán tu competencia… Serán los que lideren las empresas que estarán en contra de la de tu familia, ¿realmente consideras oportuno que te vean comportar así? Piensa un poco más en tus padres

La sensación esta vez fue peor. Hace mucho no se sentía tan sólo en cuanto a mentalidades, ¿o era que acaso Canadá le había cambiado la perspectiva? Su instituto allá era distinto, eran también gente pudiente quienes lo rodeaban pero no tenían esa sensación de querer trabajar en la familia.

Ellos aspiraban a más.

Él no quería cargar con ello, no le importaba pero iba a hacerlo de todas porque era lo que correspondía, porque era lo que sus padres esperaban…

Porque él no podía vivir sin lujos.

La frustración le provocó un vuelco de bilis en el estómago y con una risa a medias que le demostró al castaño en su escritorio, se levantó.

-Debo retirarme, me siento mal… Iré a la enfermería

Sin mediar palabra alguna de más, salió de ese lugar asfixiante, no se sentía tan estancado o acorralado desde la última vez que le quisieron imponer la responsabilidad de uno de los negocios de los Takaki, ¡Por dios que tenía 14 años! ¡¿Qué un chico a esa edad no se divierte?!
Pisó fuerte por los pasillos, sonriendo un poco.

El sexo servía para casos así y ya había encontrado una posible alternativa para desfogarse.

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