Guns and Roses [7]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Final de IMA y no sé nada!! -lol-
: Te quiero así - TINTO
: En la cama con mi gata 1313 uwu


Nota 1: Hace más de un año que no actualizo este fanfic uwu ¿aún se acuerdan de qué trata? Aasdsad pues yo no me acordaba bien XD tuve que releerlo... Quiero decir que, este capítulo está dedicado especialmente a alguien que quiero mucho y que es una trucha muy bonita, que siempre me lee en quejas o lloriqueos o cosas random. Querida Lidia, Hainicienta, Hainiken♥~ Te dedico este capítulo porque eres la más grande fan de Guns and Roses uwu y que, gracias a ese empeño que siempre haces para que yo le siga, me animas a seguir siendo escritora, gracias♥
Nota 2: Cada escritor tiene su editor, Aya al igual que yo, tenemos una amiga especial que hace de ese trabajo aunque por ésta vez, no me ha ayudado pero eso ya es por cuestiones de horario y de más, aún así... Muchas veces ha sido mi ojo crítico y la que me ha corregido fallas ortográficas que según yo, no existían. Gracias Carol♥ por leerme cosas inconclusas, tragándote el spoiler y haciendo que todo lo que escriba, sea decente.
Nota 3: Aya asdasdasddasasdads ;3; gracias por mi banner, será la imagen oficial para el facebook :'D♥ y Yuuki, sí tú, con la que juego Osu![?] gracias por información[?] X'D♥
Nota 4: No se olviden de la encuesta que está al ladito :c de qué fic sigo[?] -o trato- y asdasads comenten esta cosa X'D éste fic sí quiero que lo comenten que me ha costado mucho ;_; así que quiero amor[?]

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Yuto miraba molesto como es que Ryosuke tenía la oreja pegada a la puerta y de ahí, volvía a saltearse a la pared contraria que daba al pasillo del cuarto de Inoo, pegándose otra vez en algún sitio aleatorio para escuchar. Se movía de un lado hacia otro como buscando la mejor posición y el mejor lugar para oír conversaciones ajenas, algo que a él le exasperaba ya que la curiosidad del mayor lo tenía esperando casi una media hora y él quería otra cosa más que verlo hacer el tonto, ¿Qué acaso no se sobreentendía que si lo hacía dormir en su cuarto no era para una pijamada? Y aunque a momentos le picara las ansias de hacer lo mismo y tener una prueba contundente de lo mal que estaba Inoo por su “trabajo”, él no se iba a quedar con las ganas, Yamada tenía que pagar por su estadía y él determinaba el cómo.

Lo dejó seguir en ese ritmo por veinte minutos más, tiempo que aprovechó para ir quitándose la playera, que lanzó al sillón al lado de su cama, y el pantalón, que cayó desparramado sobre el suelo alfombrado. Elevó los pies y uno a uno se liberó de la prenda, pateándola debajo de la cama para que no estorbara en su camino al pretender pasar por ahí unas cuantas veces más, deteniéndose en el ir y venir para observar por el rabillo del ojo al mayor; apreció con satisfacción que el otro chico ni siquiera se había percatado de sus intenciones y lo prefirió así, le gustaba más cuando peleaba para que no lo tocase. Siguió a lo suyo, cuidando que sus acciones no fueran reveladas hasta el momento propicio.

-No escucho nada – se quejó de repente el castaño, Yuto había abierto su mesita de noche y estaba hurgando en esta. El mayor seguía pegado a la pared - ¿Crees que lo haya ya matado? O… ¿Qué tal si se acuestan?
-Daiki no se acostaría con Inoo – cortó el alto, abriendo el tubo de lubricante con brusquedad para hacer ruido – Aunque podríamos provocarlo para que sí
-¿Y por qué no lo haría? – miró la pared por varios segundos a ver si podía lograr a fuerza de fe lograr algún sonido de los otros chicos - ¿Provocarlo? ¿Cómo pretendes…?

Yamada apretó las manos, había girado el rostro para poder ver al menor después de tanto rato de ignorarlo y darse por enterado qué era lo que tanto había estado haciendo.

Pero se encontró con algo que tal vez hubiese preferido que no se cruzara jamás por su vista.

El menor estaba recostado en la cama con una bata de seda color vino, sus piernas estiradas a lo largo mientras sus espalda reposaba contra el respaldar acolchonado, en sus manos tenía una pequeña botella plateada que su instinto le dijo su contenido, erizándosele hasta el vello más chiquito de la nuca. Respiró hondo y trató de pasar tranquilo de eso, no es que Yuto fuera a forzarlo. No, error mentalizado en un santiamén, el menor sí lo iba a forzar como la vez anterior y no era algo a lo que tuviese opción de negarse pero aun así, aunque no tuviera algún tipo de deseo en ese momento sabía que terminaría disfrutándolo y era eso lo que más turbaba sus pensamientos, lo que hacía que se pusiera en un tipo de jaque mate donde tenía todas las de perder.

Irónico, Yamada Ryosuke junto a la palabra “perder”.

Él era uno de los mejores asesinos de su clan pero a diferencia de Inoo, de Nakajima, hasta del mismo Takaki, su apodo no se caracterizaba por algún adjetivo que era sinónimo del sadismo o la muerte; a él a diferencia de todos le decían “Ángel negro”, por ser el único que mataba sin odio y sin hacer sufrir a sus víctimas, siendo compasivo al momento de arrebatarles la vida.

Jamás le había agradado aquel maldito apelativo.

Se negó rotundamente a ser reconocido por algo así, no por el hecho que se le hiciera malo, en realidad hasta agradecía que le caracterizara su misericordia al momento de matar sin embargo, ¿era necesario? ¿Cómo podían los demás cargar con orgullo tal sobrenombre como si fuera una corona de oro? Le daba un no-sé-qué en el vientre cada que lo contrataban diciendo “que el Ángel Negro se encargue”, porque suponía que lo poco de humanidad e integridad que le quedaba como Yamada Ryosuke quedaba detrás de su trabajo de sicario. Y él, no era sólo un asesino. Su negativa a aceptar encargos cada que lo llamaban así o las peleas que armaba por la sola mención del apodo, llevó que poco a poco se fueran olvidando de él, todos salvo el mismo Ryosuke y es que había algo entre todo que jamás lo dejaba de mortificar.

La denominación de ángel se la dieron por tener piedad, en otras palabras, se la dieron porque tenía sentimientos.

La realidad superaba a la ficción y a su maldito orgullo, Yuto tenía razón al decir que era débil porque él podía sentir, él podía albergar cariño o protección por otras personas y tener sentimientos y eso lamentablemente, lo hacía un blanco fácil en ese mundo.
Ryosuke suspiró, ignorando el hecho que un silencio incómodo se hubiera acoplado entre ambos y trató de seguir en lo suyo como si aquella interrupción nunca hubiese ocurrido, apoyando la oreja contra la pared para simular escuchar o hacer algo más de tiempo antes que el pelinegro perdiera los papeles. Él era consiente que no debía involucrarse más de la cuenta con Nakajima, no debía involucrarse con él cuando todo le daba señal a ser un-no-permitido-amor y a un jamás-nunca-posible-correspondido-amor.

“Amor”, esa palabra jamás había calzado en su vocabulario. No era tiempo aún para que lo hiciera.

-¿Qué? ¿Vas a ignorarme?
-No molestes Nakajima, no tengo humor – escuchó nuevamente el sonido del lubricante que cargaba en sus manos y se exasperó, maquinando rápidamente como liberarse de su impulsividad - ¿Por qué no puedes pensar en nada más que en sexo?
-¿Por qué habría de? – Yuto enarcó una ceja, irguiéndose en la cama repentinamente interesado en hablar y no en hacerlo gemir
-Porque no todo es tan superficial en esta vida
-Vale, ¿sigues con tu resentimiento existencial por la vida que te tocó? – se rió con burla del castaño, notando como de repente sus hombros se tensaban ahí dónde estaba – Apresúrate en superarlo, Yamada. Eres un asesino en serie al igual que todos los que habitan en esta casa y al igual que todos los de tu clan
-Ser asesino en serie significa que matas por placer… - susurró, lentamente sacando de su bolsillo una navaja, cuidando que el otro no se diera cuenta de sus acciones – No soy Takaki, no soy tú… Tal vez soy como Inoo que no siente nada al matar personas – sonrió de medio lado – Sicario, Nakajima, soy sicario y es mi trabajo, yo soy no un maldito enfermo mental como lo son todos ustedes

Yuto sintió por un momento la piel de su cuerpo erizarse, la primera vez en toda su vida que había sentido ¿miedo? Y le ocurría por ser tan estúpidamente confiado. Había olvidado su propia regla de oro que significaba y planteaba jamás tener la guardia baja pero no, creyendo en ese castaño que lo veía con rabia se recordó que era imposible confiar en el resto de las personas, que uno se valía por sí mismo y no tenía que valerse de nadie más, en ningún momento. Jamás.
Sintió la sangre caer lentamente de su mejilla, se había girado en el momento preciso para que el arma no se estampara en medio de su rostro pero el filo que tenía había dejado su rastro en el pómulo derecho, sentía que tenía un corte de aproximadamente 5 cm, que aunque no necesitaría de puntos, definitivamente había marcado más allá.

Sus ojos enfocaron al mayor de pie, su mirada inicialmente enojada se había transformado en una de horror y podía identificar el arrepentimiento que de repente tenía sobre sus acciones, sus iris se lo decían a gritos y esas lágrimas que de repente se asomaban lo probaban. Pero eso no significaba ya nada. Su cuerpo se levantó con brusquedad de la cama pero Yamada fue más rápido y lo empujó contra esta, casi acorralándolo contra el colchón al tener sus piernas a cada lado de sus caderas, imposibilitándolo de cualquier intento de zafarse. Notó como se mordía el labio inferior con desesperación y posaba el dorso de la manga de su polera encima de su mejilla, evitando que siguiera sangrando o que manchara más su bata.

Una lágrima cayó encima de su frente, otra en su mejilla y otra en sus labios.

Y su enojo se esfumó, su odio repentino de nuevo se había transformado en ese extraño sentimiento de querer tan sólo molestarlo y luego hacerlo suyo como mejor quisiera. No pudo asimilarlo así que tan sólo hizo una mueca y a empujones bajó al castaño de su cuerpo, sus manos tocándose ahí donde estaban las pequeñas gotas saladas y chasqueó la lengua, jodidamente incómodo por lo que ahora estaba experimentando y no le gustaba nada.

Maldito Ryosuke y maldita su forma de ser.

Otra vez su sangre hervía, su cuerpo tomó al del mayor y lo tiró con brusquedad a la cama, escuchó sus quejas combinadas con sus sollozos, lo veía arrepentido y con temor ahora, sus ojos suplicando que se calmara pero él no deseaba calmarse, él deseaba bloquear todo pensamiento débil, diciéndose una y otra vez mentalmente que no se dejaría vencer como el estúpido de Inoo.
Tomó el pantalón del mayor y fue tirando de él hasta lograr sacarlo, sus manos recorriendo sus piernas expuestas bajo su tacto forzado, obligándolas a separarse para adentrar su rostro por en medio de la raja, lamiendo por encima de su bóxer la entrada del mayor, aquella que volvería a hacer suya y que penetraría hasta que se recordara que el sexo, sólo sexo, era tan bueno como el sufrimiento ajeno.

Nada más estaba ya permitido.

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Si se debía mencionar una de las cosas que más detestaba Kota de sí mismo, era el de sufrir insomnio. Aunque tal vez la palabra “detestar” distara mucho de lo que en verdad sentía. Él odiaba no poder dormir a causa de las preocupaciones que se volvían más reales por la noche, aquellas que podían hasta convertirse en pesadillas porque no sabía cómo manejarlas o controlarlas y era enervante saber que no tenía la capacidad mental de poder ocultarlas en lo más profundo de su consciente. Sólo que ahí, en aquel pensamiento de cómo poder olvidar sus preocupaciones para entregar su cuerpo a Morfeo, un dilema se tiraba sobre su espalda como si pesara una tonelada ¿Qué pasaba si por dormir, alguien los encontraba? Si sufrieran un ataque sorpresa, dudaba de poder reaccionar como quisiera y defender a aquel niño que tenía ahora acurrucado en sus brazos.

Ryutaro, pequeño Ryutaro.

Y era eso lo que más odiaba del insomnio. Pues en una combinación contradictoria sobre lo que dormir le implicaba, tanto como si lo hacía o dejaba de hacerlo, ambas opciones le quitaban toda la energía y concentración que su persona debía emplear para el cuidado y protección de aquel ser que se le había encomendado y ahora dormía plácidamente a su lado, con esa vulnerabilidad que jamás se atrevería a aceptar en público pero que él tan bien conocía. Él y sólo él.

Kota acomodó con suavidad el cabello negro del menor, aprovechando el gesto para sacudirle uno que otro mechón para hacerlo despertar. Si él no estaba en todas sus facultades, ayudaría que Ryutaro le hiciera compañía en la consciencia, ¿Qué mejor incentivo en mantenerse atento que esos ojos que le reprochaban a veces el ser como era? Además, debía hacerlo despabilar cuanto antes pues eran ya las 9 a.m. y tenían que partir de ese hotel de inmediato, se habían quedado mucho tiempo y la facilidad que eso daba a sus enemigos de rastrearlos era demasiada como para pasarla por alto y arriesgarse más de la cuenta, no podía tenerlo entre sus planes.

Sopló contra su mejilla delicadamente, acariciándole con el dorso de la mano la frente.

-Despierta – susurró
-Un rato…
-Sabes que no se puede - el tono de berrinche que empleó le robó una sonrisa, pero siguió intentando
-Kota… - un bufido infantil en queja y protesta, quería seguir durmiendo y lo haría – Adiós

Se hizo un ovillo con las mantas que estaban sobre la cama, casi hasta estar hecho una momia con tanta tela que llevaba encima y que había logrado enredar alrededor suyo. Al final del asunto, Morimoto seguía siendo un adolescente casi aún en su niñez y nadie podía decir lo contrario.

Mucho menos nadie, tenía el derecho de arrebatarle aquellos gloriosos años de encima.

Los ojos de Yabu se quedaron mirándolo por unos segundos, un momento privado que se regaló para admirarlo así de desprotegido y recordarse su misión en la vida; un suspiro se liberó de sus labios y sonrió de lado, lo consentiría al igual que siempre y le daría media hora más para que siguiera durmiendo –tan hermosamente- como hasta ese momento lo había hecho, pero su persona ya no podía darse más lujos de tiempo, debía de levantarse de una buena vez y hacer los preparativos para ese día. Depositó un beso en la mata de cabello negro que asomaba por entre el cobertor y se levantó, desperezándose con movimientos certeros y entrenados, flexionando los músculos y preparándolos para cualquier tipo de emergencia o requerimiento físico que se viera en la necesidad de emplear para cuidar al menor. Con pasos lentos, entre lo que se ponía el pantalón, unas medias y los zapatos, se acercó a la mesa donde el día anterior había dejado conectada su portátil. La prendió con tan sólo presionar un botón y al igual que el procedimiento de siempre (click en videojuegos – política – servicio - misión - tercer guion del quinto párrafo), abrió el correo electrónico que le había asignado la Asociación y empezó a revisar su correspondencia acumulada en la noche anterior.

La MTS jamás descansaba y en esos días donde el jefe estaba muerto, el prevalecer la inmunidad de los herederos era primordial, los espías debían de estar dos semanas ya siquiera sin dormir.

Entre las pestañitas coloreadas de azul por no haber sido leídos, había dos emails. El primero y tal vez el único que le importaba, era un reporte para todos los del equipo de seguridad que incluía información de Inoo Kei, mencionando vagamente como se le había encomendado el trabajo de matar al heredero de los Arioka y, a detalle, cómo es que se le había designado el asesinato del heredero mayor de MoriTake.

El calosfrío caló por su espina dorsal y de repente, Yabu sintió más de cien ojos posados en su espalda, esperando atentos a su caída.

Sabía que esa sensación de ser vigilado y evaluado a todo momento por sus camaradas, esperando a que fallara, no era por que quisieran que muriera el heredero. Eso era algo muy lejos de la realidad; lo que en verdad deseaba cada uno de esos espías que ahora recaudaba información o que manejaba los negocios de la familia por lo bajo, era que muriera el guardaespaldas. Querían que muriera él.
Cuidar de Ryutaro era considerado un puesto casi sagrado para ellos, así los habían educado y así sentían que debía ser, cada uno en su corazón de guerrero creía que cuidar y proteger a un Morimoto era y sería el más grande honor que se pudiera otorgar. Si Yabu moría, el puesto más importante del servicio quedaría disponible.

La rabia lo abrazó con sus brazos de fuego, quemándole el vientre del coraje que ese egoísmo le estaba provocando. Apretó los puños y cerró los ojos, en un vago intento de mantener la calma ¿Qué sabían ellos? ¿Cómo hacerles entender? ¡Ellos jamás podrían protegerlo! Nadie más que él debía hacerse cargo de cuidarlo.

Nadie.

Porque nadie más que él podía entregar su vida con tanta facilidad, nadie más que él se sacrificaría sin dudarlo por ese niño. Nadie salvo él, podía entender sus sentimientos y protegerlos, porque sabía que eran de cristal.

-¿Otra vez jugando al espía?

Morimoto ya estaba sentado en la cama y aunque no estuviera destapado, dejaba que sus ojos se vislumbraran por la pequeña rendija que las mantas dejaban entre sí, su mano estaba apretando hacia abajo las telas para que le fuera más fácil observar la espalda del castaño alto encorvado sobre el escritorio, nuevamente cuidando que no fuera posible el ver la pantalla desde algún ángulo que no fuera el suyo.

-No es un juego
-Lo es, uno de vida o muerte, pregúntale a mi papá… Ah verdad, no puedes, él perdió

Yabu cerró con parsimonia el email con la foto de Inoo Kei junto al otro heredero que tenía su nombre en la lista de pendientes y que era particularmente importante esos días. Fue sólo un parpadeo en el que todo hizo conexión y sin pensarlo, de repente una idea empezó a maquinarse en su cabeza con mucha agilidad al notar la cercanía del par que esa foto dejaba al descubierto.
¿Qué tan buena opción sería usar al heredero de los Arioka a su favor?

Se tomó unos minutos para encajar cabos aunque eso significó ignorar un momento al menor que seguía hablando, balbuceos que apenas lograba distinguir entre sus pensamientos. Sabía que Ryutaro odiaba que lo dejaran hablando sólo pero valía la pena un poco de descuido de su parte si con ello se estaba asegurando el no perder en “ese juego”. Ese maldito juego de vida.

-¿Ya estás listo? – dijo de pronto, ladeando el cuerpo unos 5 grados para aún interponerse a su mirada
-No, mamá – bufó con tanto énfasis que Kota dudó que no se hiciera daño en la garganta - ¿A dónde se supone que iremos ésta vez?
-A Kyoto por el momento – sonrió tranquilo, divertido de pronto por ese tono que empleaba otra vez con él. Un niño que sólo gustaba de quejarse.
-¡¿Tan lejos?! – quiso tirarle la almohada en la cabeza cuando lo vio sonreír aún más, haciendo más pequeños sus ojos - ¡¿Por qué?!
-¿Qué? ¿Prefieres ir a China a buscar los secretos de tu padre?

Fue un claro sarcasmo que lo tomó desprevenido, más por cómo se lo había dicho y cómo lo había hecho sentir. Simples palabras que podían dejarlo descolocado y sin un rumbo fijo qué seguir. El hermano mayor de los Morimoto sabía que no podía salir del país durante el proceso de investigación del asesinato de su progenitor; estaba prohibido y penado, de hacerlo podían considerarlo a él como sospechoso por “huir” de la justicia. Estaba nuevamente atrapado por la culpa del apellido que llevaba.

Una completa estupidez.

Maldita sea su padre, toda su maldita empresa y todas sus malversaciones ¿Qué responsabilidad tenía él más que tener su sangre? Él jamás deseó nacer ahí y sin embargo, ahora recaía sobre sus hombros esa maldición de los ricos y mafiosos.

Un paso en falso y moriría.

Kota observó a Morimoto quitarse las mantas de encima y bajar de la cama con mucha brusquedad, estaba claro la mala gana que le daba el salir de la ciudad pero él no podía arriesgarse, no podía poner en peligro la vida de su heredero. Los recientes hechos le dejaban en claro al mayor que no era seguro estar más tiempo en Tokyo, conocía a la perfección la fama del clan de los Nakajima y ese asesino prodigio que tenían, había sido designado como el agradable responsable de la futura muerte de su pequeño. Entrecerró los ojos mientras veía al menor coger ropa limpia antes de meterse a bañar, sintiendo otra vez ese frío molesto hincarle en el medio mismo del estómago. Si se ponía a analizarlo, el heredero directo de la firma Nakajima no era alguien para pasar desapercibido, de hecho, entre sus contactos Nakajima Yuto era muy conocido por la perfección que tenía al ejecutar sus trabajos, equilibrando bien la crueldad y simpleza de sus ataques, junto con lo impecable que era para no dejar rastros; pero era obvio el destrono que había sufrido a causa de Inoo. Entre todo, eso era algo que no podía ignorar, menos cuando se notaba en el rostro del “demonio de hielo” Kei, que no le importaba el tomar la vida ajena de alguien más. Tenía que llevar extremo cuidado, no por nada Inoo estaba a cargo de esa misión.

El mejor sicario había sido contratado para cazar sus cabezas, ¿quién los deseaba muertos con tanto apuro?

Escuchó nuevamente al menor bufar con toda sus fuerzas al no contar con su atención y con pasos pesados, presionando uno a uno sus pies contra la loseta para hacerla sonar, se metió al baño y abrió la ducha de una buena vez. Yabu sonrió enternecido al saber que esa reacción era tan solo porque lo quería dentro, bañándose a su lado pero no podía dejarse llevar por ahora, no hasta que estuviera seguro y su vida no corriese peligro. Miró el reloj de la pantalla de su portátil y calculó, el pelinegro se demoraría una media hora ahí dentro, tiempo suficiente que debía aprovechar para hacer unas cuantas llamadas; Yabu se levantó cerrando la laptop después de encriptar la información descargada sobre Inoo y que aún no terminaba de leer con atención, para luego bloquearla con unas cuantas contraseñas.

Se quedó de pie, frunciendo el ceño al recordar las fotos que habían adjuntas en el archivo. Esa mirada de demonio que tenía Inoo en la base de datos había desaparecido frente al chico de los Arioka.

¿Acaso ese pelicastaño sería un hilo firme del cual tirar?

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El cuerpo de Arioka era un pequeño bulto en la cama, un bulto que no dejaba de moverse y que emanaba bajo las mantas sonidos que nadie debería poder escuchar. Que nadie debería tener el derecho de poder escuchar. Eran inocentes pero perturbadores, cada uno que seguía al anterior se hacía más patente y no dejaba a dudas lo que le estaba ocurriendo.

Pero ahí entre los tres presentes, ninguno le prestaba atención.

La respiración de Inoo estaba alterada, siendo tan pesada que su pecho se inflaba y desinflaba a medidas extraordinarias en un afán de buscar su calma. Sus ojos negros como la noche, tan profundos y albergados de rabia, no habían dejado de observar ni un segundo a Yokoyama; lo tenía en la mira, así como cazador tenía a su presa, lleno de esa furia latente que dejaba en claro la desconfianza que le profesaba y las ganas de asesinarlo se hacían presentes con mucha más brusquedad de lo que a los otros dos presentes les hubiera apetecido.

Sus iris se lo decían, Kei quería sangre.

Ohkura chascó los dientes en un intento de romper con esa tensión tan cargada que estaba inundando la habitación, buscando con aquel único gesto que Inoo se calmara y saliera de una buena vez de ahí para que ellos también pudieran salir y cerrar las puertas dobles con llave. Eso era lo más seguro desde su punto de vista pero Kei se negaba rotundamente a dejarlo sólo. Quería ser el quien siguiera cuidando de Daiki, ¿cómo es que pretendían el par de “adultos” que se marchara a dormir a una habitación al otro extremo de la mansión? ¿Lo creían idiota o qué? Entendía y conocía a la perfección los problemas que podía suponer el uso prolongado de aquella maldita droga que usaban para dormir a sus víctimas y que Tadayoshi había vuelto a suministrar en el pelicastaño sin reparo alguno, llevándolo a ese aislamiento dónde sus vasos sanguíneos se dilataban y dejaban que las partes más íntimas del menor cobrasen “vida”. Un jadeo y apretó las manos, mirando con ferocidad ahora al joven que siempre le hacía de chofer.

¿Cómo demonios creía que podía dejarlo ahí, así?

-Kei – Inoo sintió las palabras de su compañero retumbar entre las paredes de su cerebro, afilando mucho más la mirada para retarlo a que siguiera hablando a costa de su vida. Ohkura sintió los vellos de su nuca erizarse por el aura demoniaca que ahora cargaba el menor – Tienes que salir
-No

Simple y sencillo, en un tono seseante no buscado pero obtenido que sólo causó que la tensión se multiplicara entre todos, pero llegó al límite de lo extremo cuando Yoko deslizó la mano por su retaguardia en busca del arma que siempre guardaba en la espalda, sostenida tan sólo por el cinturón del pantalón

Grave error.

No pasó un sólo segundo para que los otros dos también cogieran sus herramientas de ataque, en mucho menos tiempo de lo que el pelinegro mayor había intentado, no por nada sus rangos se determinaban por habilidad y grado de experiencia. Ohkura tenía tomada y cargada su pistola, apuntando directamente al hombro de Yuu para que no intentase moverse más e Inoo deslizaba entre los dedos sus tres preciadas agujas rociadas en veneno, jugando con ellas con esa sonrisa de autosuficiencia y sadismo que empleaba al degollar personas que él consideraba, merecían morir.

Oh, tonto pero tonto Yokoyama. Él sólo había estado buscando una excusa para matarlo por tanto atrevimiento y se la había dado en bandeja de plata.

Hizo tintinear el metal para darles un recordatorio de que sus armas no tenían absolutamente nada que envidiarle a las de fuego que ellos tenían, ¿por qué hacerlo? Las suyas eran mucho más letales pues de fallar y no caer en algún punto mortal, el veneno de las puntas se encargaría de tenerlos agonizando en 2 minutos, si no era menos. Eso era algo que todos sabían, todos en el clan habían sido testigos de cómo Inoo había elaborado el veneno, asegurándose de que fuera lo suficientemente tóxico para que el receptor del ataque muriera sí o sí, aunque fuera de tan sólo un raspón que el filo hiciera en su piel.

-¿Eres tan estúpido como lo demuestras, Yuu?

Ohkura bajó el arma, escuchando hablar por primera vez a Inoo de esa manera tan fría y cruel, ¿acaso había sacado a flote el demonio de su tan afamada reputación con alguien de su clan? Aunque quisiera negarse, el aura que transmitía le decía que sí y que el peligro asomaba por cada milímetro de su cuerpo.
Se quedó tieso en su lugar, evitando incluso que su respiración se notara para no alterar más nada de lo que ahí ocurría, dándose tiempo para pensar en la manera de cómo abordar el problema sin causar ninguna muerte que, analizando con mente fría, estaba muy pronto de ocurrir.

-¿Me lo dices tú, Inoo? ¿El niño inútil que requiere de una psiquiatra para poder vivir? – Yoko le quitó el seguro a su 48 mm, acercándose un paso para demostrar que iba en serio
-¿Una bala, Yuu? ¿Me vas a matar con una bala? – se rió con tal descaro y tan falto de emociones que los otros dos mayores sintieron su sangre helar – No me hagas reír, una bala no me va a matar

El disparo estuvo a nada de efectuarse ante su insolencia y las agujas por poco salieron volando a su destino si es que el cuerpo de Daiki, tan torpe como era, no hubiera rodado y caído al suelo con un sonoro golpe hueco que fue preludio a los quejidos que pronto empezó a dar el menor.

Y Tadayoshi observó con total incredulidad cómo la posición de ataque desaparecía, como esos ojos de rabia y odio habían cambiado a ser unos pacientes y casi, cálidos. El iris negro del menor demostraba vida, piedad.

-Idiota, ni dormir sabes

Las palabras salieron sólo como un mínimo susurro pero que fue tan alto para el otro par que sólo se dedicaron a ver atentos lo que hacía, no creyendo ni un poco de lo que estaban siendo testigos. Kei guardó con cuidado sus armas en aquel pequeño espacio especialmente confeccionado en cada una de sus prendas, asegurándose que no pudiera herirse a sí mismo de ninguna forma y por un momento, recordó que no estaba solo.
Sus ojos enfocaron hacia los mayores, leyendo sin problemas aquellas expresiones que cada uno a su manera tenía y que eran un libro abierto para su análisis corporal, jamás aprenderían. No era tan difícil el emplear la manipulación cuando entendía a la perfección el cómo pensaba o qué sentía su adversario y aunque en ese momento sabía que era él quien estaba quedando en un punto ciego donde todo lo que le importaba se ponía en juego, pero más tarde podría aprovechar aquellos pensamientos a su favor.

Acababa de pensarlo, si lo creían débil, las personas bajarían la guardia ante él.

Se rió entre dientes y los ignoró, caminando con tranquilidad hasta alcanzar al menor que yacía dando pequeños golpes a las mantas que se habían enredado entre sus piernas y lo cargaba con suma facilidad entre sus brazos, sonriendo un poco al sentirlo tan liviano a pesar que debían pesar lo mismo.

Tadayoshi fue guardando lentamente su pistola sin dejar de seguir con los ojos al menor y no era para menos, la imagen era inverosímil y no era algo de lo que jamás hubiera esperado ser testigo; era casi tan irreal como lo que había presenciado hace unos segundos, sólo que eso había sido totalmente el antónimo de lo que ahora Inoo representaba. El chico era un vaivén de personalidades, irregulares e irrefrenables que estaba seguro, no sabía cómo controlar y tan sólo había un “por qué” que lo tenía así de cambiante.
Un nombre y un apellido que decidió en ese momento no discutir, pero no sabía por cuánto tiempo todos podrían pasar por alto aquella conducta tan fuera de lugar que desplegaba el menor al “juntarse” con Arioka, ¿seguía acaso en su fase investigadora donde quería encontrar aquel punto sensible para destruirlo en su totalidad?
Cuando sus ojos se encontraron nuevamente con los de Kei, recapacitó en un instante y tomó a Yokoyama del brazo que al parecer, estaba también en su propio mundo de divagaciones con respecto a ese tema.

Sería todo un problema ahora manejar eso.

Las puertas hicieron un sonido extraño al cerrarse, escuchando un pequeño “click” de la llave al girarse por fuera para dejarlos a ambos ahí dentro, resguardados de la mirada curiosa de los que pudieran quedar en la mansión e Inoo sabía, que aquel detalle de su compañero de siempre era tan sólo porque quería cuidar de él y quería regalarle algo de privacidad por ese “descubrimiento de humanidad” que había encontrado a causa de Arioka. Verdaderamente de haber tenido un hermano mayor hubiera deseado que fuera como Ohkura. Soltó un suspiro pesado, no queriendo pensar más allá de la cuenta y con los dedos jugó con el mechón de su flequillo que caía sin cuidado sobre sus ojos, meditando qué hacer ahí las restantes horas que tenía hasta el amanecer mientras se quedaba de pie al lado de la cama, observando a Daiki y cómo las gotas de sudor que perlaban su frente se hacían cada vez más grandes hasta que terminaban por resbalar hacia sus sienes y mejillas, pareciendo que tuviera algo de fiebre.

Aunque “calentura” sería un mejor término para usar en esa situación.

Sabía que esa noche no iba a poder dormir, los jadeos y movimientos bruscos que el cuerpo del castaño daba contra el colchón eran la clara prueba que los efectos secundarios de la droga ya estaban haciendo estragos con sus hormonas, ¿Quién lo pensaría? Un narcótico que se utiliza para secuestros o violaciones, el mismo nombre químico, la misma composición, pero dependiendo las dosis podía volverse un afrodisíaco, felizmente no tan potente.
Bostezó con cansancio repentino, la tensión que había cargado en sus hombros una media hora antes estaba pasando ya factura así que trataría de saldarla y buscaría nuevamente tirarse a dormir a su futón aún con el coro de gemidos de Arioka tan cerca suyo. Hizo una mueca al ver otra pequeña gota rodar ahora por su cuello, pensando seriamente si es que tenía o no fiebre el pelicastaño, ¿qué demonios pasaba con él? Definitivamente no le daría medicación alguna, no quería sentir que se preocupaba más de la cuenta de lo que podía darse el lujo de hacer, pero a nadie hacía en falta que le pusiera una toalla húmeda en la cabeza para aliviarle el malestar. Es más, podía tomarse su acción como algo en busca de beneficio propio porque si por tan poca cosa el menor se acallaba o dejaba de moverse tanto, esa molestia en su interior también menguaría y podría descansar sin fastidio. Sonrió de lado, satisfecho por encontrar una respuesta los suficientemente buena para su accionar y buscó entre sus cosas uno de los pequeños tazones que estaban por ahí, esos que utilizaban los chicos del clan para poner pegamento y hacer las maquetas que sus profesores le exigían, después se paseó por su habitación buscando una toalla pequeña, de esas que se utilizan para secarse las manos y al encontrarla, se dirigió al baño para llenar el pote con agua tibia. Alguna vez en algún lado había oído que la mejor manera de bajar la fiebre era con calor y no con frío, una paradoja que estaba meditando pues él deseaba que los vasos sanguíneos de la entrepierna de Daiki se cerraran para que no hubiera un “bulto” entre ellas.

“¡YUTO!”

El grito proveniente de la otra habitación le puso la piel de gallina, ¿había escuchado bien? Pero no fue necesario el cerciorarse de ninguna manera, pues otro grito y gemidos seguidos, ahogados y tan… agudos, fueron toda la respuesta que necesitó.

-Genial, Nakajima se está follando a Yamada

Su cuerpo empezó a temblar, entre rabia e indignación, ¡¿qué pasaba esa noche, maldición?! Apretó los nudillos y golpeó la pared una y otra y otra vez, buscando calmarse aquellos bajos instintos ante los cuáles su cuerpo estaba empezando a reaccionar. Había sido fácil ignorarlos en un principio al tan sólo pensar en como matar a Yoko o cómo liberarse de Ohkura, pero al estar él sólo con Daiki, no había nada ni nadie que pudiera detenerlo, menos cuando el castaño estaba tan dispuesto en su cama.

-Maldición…

La viscosidad de su sangre que empezaba a fluir desde sus nudillos por tantos golpes que había dado a la pared sin darse cuenta, estaba manchando el dorso de su mano y parte de su pijama. Hizo otra mueca, definitivamente esa sería una muy mala noche.

11 comentarios :

Haine dijo...

¡SFDSFNSDKJDW! 1 ¡Lo conseguí♥!;3; a pesar de todas las adversidades(?) XD
;_; gracias por seguirlo, por dedicármelo♥ y por hacerme feliz y por todo uwu sfsdfsds me alegra saber que al menos que sea tan cansina no te resulta molesto(?) D': tenía mis dudas y y y y y yo te quiero♥ eres mi trucho uwu ya sabes 1313(?) y y y ;_;♥

sjdhjahdjsndsnjs Me encanta,me todo, me todos(?) ya lo sabes pero tengo perdición por Yuto y Ryosuke y... XDDD fuck, maldita y sensual imagen la de Yuto ahí con su bata y su todo AHAHAHA he muerto, es que es geniaaaaaal~!! Punto segundo, no me esperaba NADA lo que hizo Yama-chan, ha sido como un "nooooo -eco-" interno pero bueno, ahí está su castigo... "castigo" 1313 que eso es más una recompensa que castigo... Yo sé que su amor es posible ;_; que sse den mandanga de la buena y sean felices poryparasiemprevivitosycoleando e.e♥a mí sí me gusta *_____* el apodo de Ryosuke
Me parece tan bonico y "especial" Ryutaro XD me recuerda a un perrito de esos chiquititos(?)y Yabu tan mono... tan protector y todo, ya fuera de que sea o no su trabajo, aunque lo que trama a ver si no se vuelve en su contra... D:
Pensé que se lo cargaba, pensé que Inoo se lo cargaba de verdad D: y ahora llega el momento en que todos pensamos "claro, Inoo se va a aguantar las ganas y no lo va a violar ;3;♥" Sí claro... XD y más escuchando a los otros dos♥ AHAHAHA pero al menos Daiki lo disfrutará~! D: (?) A inoo le pierde Daiki y lo malo es que TODOS lo están sabiendo ya casi D: pero mejor uwu
sfsdfsdsfsdfsdsf me encanta,jo♥ ;_; Maldita droga, necesito más! (?) XD Esto es tan... tan♥djkjasdjabd no sé explicarlo pero yo sé que tú me entiendes >.< (?) y además, como siempre, una más que perfecta redacción~ *__* con tu toque y ya sabes uxu

Yui Julissa Ch dijo...

AJGHALFHSDLGKDJHSFLGKDJFGLSKDFJHGÑSKDJFALSKFJGHLDKZJGHLSDKFJHGLSDKHALKDFJHKD -explota en colores gays- Me encantó ;_; y y y gracias por avisar skdfgdjhglsdfkghk volví a quedarme con cara de WTF -ya sabes el motivo- pero esperaré. CON FE capitulo 8 en 2014 xD. Ganbare *-*

PD: No te olvides del songfic de Pelo de Ambrosio skjfdyghsjadfhgldfkg xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD -okno-

Te stalkeo lueguito e3e -inserta corazón- -la lap de mi hermana no tiene los signos menor ni mayor Q_Q-

Ayaa dijo...

Oh por Dios!!
Estuve tan metida en la lectura que estoy segura de que casi no respire de la intriga!!!
Me mantuviste al filo de la vida y la muerte, esperando saber más!! Amo esto!!
Me encanta ese Kei tan sanguinario y que poco a poco despierta su lado humano al estar con Daiki, es lo más hermoso!!
No hubo necesidad de releer los capítulos anteriores, recordaba bien la escénica de la historia y eso me hizo disfrutar este capitulo como ningún otro!!
Gracias por seguir este fic, me encanta y lo sabes!! *--* Espero que la inspiración no vuelva a abandonarte porque todo esto que haces es magia pura!!

Anónimo dijo...

Todavía no lo leo ;-; es por la emoción (?) no puedo creer que lo continuaras creo que esperé tanto por eso que ya ahora parece increíble dsadasdasdasd bueno me pondré a leerlo ahorita pero sé que estará tan bueno como lo estuvo desde el primer capítulo u.u

Natarashi dijo...

*o* o por dios pobre Kei, si sera una larga noche, yo se que tiene ganas de hacer suyo a Dai pero como el es bueno, sanguinario pero bueno, no le ara nada mientras el otro no lo apruebe, ese Yamajima, son tan endemoniada-mente perturbadora-mente sexys y el lindo de Ryutaro y Yabu tan inocentes en cierto punto de vista

YuukiNii dijo...

Oye ._. yo quiero leer ese lemon yamajima...
se me hizo corto ;_; aunque me demoré en leerlo porque me quedé dormida y desperté hace poco :v
estoy desesperada y no sé como expresarme que no sea poniendo asdasdasd
esta tan bueno ;_; ya pue, publique el capítulo 8

Demi♥ dijo...

OH, THIS.
Nunca pensé que quedaría tan satisfecha, es decir, cuesta retomar una historia después de haber pasado mucho, y creí que quizás iba a querer un capítulo tremendamente largo para quedar satisfecha, pero no, me encantó. Eso sí, quiero leer el lemon YamaJima. Ya, de por sí, me enamoré de ellos cuando estaban en el cuarto, y Ryosuke es tan lindo. Q_Q Haces que me enamore. Yuto también me gusta, pero quisiera que se dejase llevar, al fin, por la lindura que Yamada emana. Y como me quedé con ganas de lemon, ahora me iré a leer el primero que subiste de ellos dos, del capítulo seis, creo. xD
Espero pronto puedas subir otro más, y ojalá no pase otro año. :c

Carol~ dijo...

Primero que nada: Perdón por no ayudarte con este capi ;3;!!

ya lo había leído, pero no tenía internet para comentar hasta hoy

Felicidades por retomar la historia, sé que no fue fácil, pero lograste continuar con la integridad del relato y en este cap no has podido revelar un poco más del comportamiento de cada personaje.

Me encantaron los sobrenombres "Ángel negro" y "Demonio de Hielo"

pobre de Kei, por qué te encanta desequilibrarlo tanto emocionalmente XD? qué te ha hecho??

Algo me dice que Yabu le tocará duro protegiendo a Ryutaro

y el yamajima pues... es yamajima XD aunque Yamada diga "no" Yuto sabe cómo convertirlo a "si"

becky soriano dijo...

bybaskarbsmabcskakskcfckeamlosnacbakabksffkadca!!!! lo amo me quede asi o.o como cuando lo vi casi me vomito y corri al baño a leerlo o.o continualo porfiiiiiis q no pase un año e.e lo esperare pacientemente y voto x este serial punto. bye bye becky desuu

Giulliana Garrido Vélez dijo...

wahhhhh, me encanta, este fic es uno de los mejores q he llegado a leer, me encanta, espero q lo sigas pronto *^*

ButterMilk dijo...

Quiero más ;____; -va por el capítulo siguiente-


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