Guns and Roses [8]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Feliz 3 de Febrero~!
: Koizuru fortune cookie
: Mi cama -3-!

Notas: HAHAHAHAHA ok, este capítulo está corto y lo sé D': pero es que sentía que ya no podía meterle más, iba a ser imposible ;_; He sufrido varios días para darle coherencia y sentido y creo que no me ha salido orz si lo leen, cada comentario es apreciado ;3;! Gracias y bueno, trataré de actualizar pronto el otro... -han sido dos meses desde el último XD prometo hacer más corto el tiempo de espera-. Está sin revisar así que no me odien si tiene muchas fallas ortográficas D': *sufre*

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----(FLASHBACK)----

-N-no quiero ir papá…

Su voz salió temblorosa, con temor propio del momento pero la única respuesta que obtuvo fue el tintineo de los anillos de su padre chocar entre sí. Las pulseras, de oro puro, le hacían un conjunto de coro a los pasos mientras ambos, caminaban detrás de su hermano mayor que tenía una sonrisa de lado a lado, como emocionado por lo que iba a pasar.

-Daiki, deberías agradecer que eres capaz de entrar acá, no cualquiera tiene ese privilegio
-Hermano, ¿por qué…? ¿Por qué te alegra?
-¿Crees que todos tienen el poder de acostarse con las modelos más cotizadas del mercado?

El menor de los Arioka pasó saliva una y otra vez con ademanes nerviosos y de asco, a sus 15 años él seguía siendo casto y no era porque no quisiera experimentar el sexo, sino porque con su edad y su educación –más religiosa y menos comprometida que la de su hermano- había pensado que momentos así se daban y lograban con la persona que uno amaba… ¿Por qué experimentarlo solo con el poder del dinero? Pero su padre había sido claro y era que ambos necesitaban ya volverse hombres con una mujer que supiera cómo guiarlos.
El mayor de los dos hermanos ya tenía su experiencia, ¿qué joven adolescente no querría involucrarse con un heredero? Y ahí, Daiki de pie miraba las paredes adornadas con buen gusto mientras seguían por el estrecho pasillo, miraba a su hermano y miraba a su padre, cada vez más se relegaba y temblaba de miedo, él no quería. No quería.

Giró sobre sus pies y bajo el grito de desaprobación de su padre, salió corriendo de aquel enorme edificio conocido como una compañía de talentos femeninos, huyendo de aquel maldito destino que querían marcarle. Nadie iba a decirle a quien entregarse, nadie le diría a quien amar, porque era un Arioka después de todo… Y él no era el heredero a aquel imperio.

----(FIN FLASHBACK)----

El castaño gimió en la cama, recordando el castigo recibido después de aquella “impertinencia”. Soñaba con el dolor que aquellos golpes y latigazos de la correa de su padre impactando contra la piel desnuda de su espalda, ovillándose en el suelo llorando por su madre para que lo protegiera pero la orden había sido clara y nadie podía interrumpir en su educación, nadie iba a interceder por él porque había humillado al líder de los Arioka, se había atrevido a desobedecer una orden directa y él era el ejemplo que nadie podía alzar la cabeza frente al jefe supremo, no importaba que fuera su propio hijo.

Daiki trataba de despertar, porque ya habían pasado muchos años de aquel evento y estaba seguro en su inconsciencia que era un sueño, pero sus ojos se negaban a abrirse y entre gemidos y jadeos, que sonaban tan reales incluso para sus oídos, pequeñas lágrimas se le escapaban, buscando como huir de aquel doloroso recuerdo.

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Okamoto Keito era un muy conocido gigoló del bajo mundo, no porque se involucrara con aquellos mafiosos o asesinos a sueldo, la gente de esa calaña pagaba por otro tipo de sexo que él no ofrecía ni pensaba ofrecer. La brusquedad de sus actos le podrían arruinar la delicada tez de su rostro y él vivía de ello. Sin embargo, a pesar de no involucrarse físicamente con ellos, siempre era muy buscado y requerido por estos altos mandos del bajo mundo, porque él a diferencia de muchos de aquellos espías y subalternos de los clanes que rondaban y disputaban dominios, tenía en su poder la más grande de las armas que ninguno de ellos había logrado obtener: información.
El recorrer las casas más lujosas, pasearse de cama en cama de hombres y mujeres de las familias más intachables de Japón –y otros países–, le dejaban en un pedestal por encima de un informante cualquiera; sus clientes –muy bien dicho amantes–, le comentaban y confiaban eventos únicos ocurridos en reuniones secretas, cláusulas de contratos escondidas, falsificaciones de firmas, traiciones y un sinfín de malversaciones que sólo era posible sonsacar en un orgasmo. En ese punto específico de relajación donde la mente no ha terminado de asimilar nada y las palabras solo fluyen como el viento. Keito no era idiota y sabía aprovechar aquellos chismes contados en confidencia, por eso poseía en su cartera de clientes los dos lados de la moneda porque no sabía cuándo debería usar el lado oscuro o cuando el claro requeriría de un favor turbio. Jugaba a dos puntas, alternándose de bando según le conviniera.

Yuto, estaba entre el medio mismo de todo ello y fue así como lo conoció, en una de aquellas aventuras de dinero y poder. Su existencia era algo ambiguo y sin significado completo, entre lo malo, lo bueno y lo estúpido.

Nakajima había sido una de las tres excepciones que apareció en su vida, ¿amor? No, jamás se había enamorado pero sí había gustado del pelinegro, lo sabía porque después del sexo no le había cobrado y algo como eso, era un evento excepcional que sólo había ocurrido con otras dos personas. El barman que siempre le atendía y un chiquillo de la escuela media con quien había sido su primera vez.
Entre sus reglas –que no eran pocas– estaba claramente el no involucrar sentimiento alguno con nadie sea del lado “malo” o del lado bueno” y firmar pactos de confidencialidad que le entregaban protección continua –y necesaria por la gran cantidad de problemas que provocaba con tan solo abrir la boca-. Sus actos no eran indiferentes para nadie que lo conociera, sus reglas y propuestas tampoco eran del todo desconocidas y todos sabían a qué se atenían con él. Aun así, esa era tal vez la primera vez que le iban a pagar por un trabajo fácil y “sucio”. No es que no hubiera salido con alguien por dinero, muchas madres le pagaban para que saliera con sus hijas o en su defecto, muchos hombres pagaban para que saliera con sus esposas y ellos pudieran poner la demanda del divorcio con todas las de ganar.

Pero era la primera vez que le pagaban por enamorar a alguien conocido como “El niño burbuja”.

Al igual que los yakuza, que los sicarios, que los secuestradores y cualquier otra banda de mala muerte que rondara la ciudad, los gigoló o conocidos más bien como “acompañantes de turno”, tenían su propio círculo social donde se clasificaban desde lo más bajo a los rangos élites donde sus cobros de comisión eran tan exuberantes como para pagar una penthouse en el mismo centro de Nueva York. Estos jóvenes y algunos hombres, se dedicaban a compartir información sobre los clientes, nada relacionado con los negocios ajenos o algo que pudieran vender, pero sí sobre su personalidad, residencia, gustos y fetiches que tuvieran y quisieran evitar.
Shoon, su amigo, prefería más que nada salir con mujeres mayores de 40 porque eran mucho más fáciles de tratar que las chiquillas.
Él en cambio, no tenía gusto o preferencia y era tan bueno en su trabajo que por eso era de lo más cotizado.

-Okamoto, ¿por acá de nuevo?

Sus monólogos mentales se vieron atravesados de repente con la voz del susodicho en el que justo estaba pensando, sus ojos pequeños y la piel firme le dieron la bienvenida y tan sólo se encogió de hombros para responderle. Shoon parecía mujer pero los músculos marcados debajo de su camiseta plasmaban tranquilamente su masculinidad sin algún esfuerzo.

-¿Qué hay? – sonrió de lado el menor, caminando dentro de aquel 11vo piso, un conocido club privado que tenía desde gimnasio a un bar. Se acercó al pelinegro y le palmeó el hombro, pidiéndole en silencio que lo siguiera - ¿Hasta cuándo vas a seguir ejercitándote tanto?
-¿Qué tiene de malo? ¿Acaso has intentado levantar a una mujer de 50 años? Mi clienta de la oficina 120 tiene extrañas fantasías, le encanta montarla en la ducha, que la cargue y haga cosas extrañas – Keito hizo una cara de asco, robándole una sincera sonrisa – Estás acostumbrado a cosas así, trabajas de lo mismo
-No vengo ahora a eso, Shoon
-¿Vienes a seguir averiguando del niño burbuja?
-Creo que eso es algo más que obvio… Cuéntame, ¿cómo es que conociste a su hermano?
-¿A Tatsuya? – rió entre dientes, el cabello negro cubriéndole ligeramente los ojos – Ese idiota, le gustaba el sexo duro y traficaba con drogas, no me sorprende que el clan Nakajima lo matara si es que debía tanto dinero al grupo MoriTake
-¿Hm? – contuvo su sorpresa, dejando que sus labios formaran una delgada línea por la tensión acumulada – ¿Qué, acaso no lo mataron porque no querían un heredero a la cabeza del grupo Arioka?
-Amigo mío… ¿Cuándo en éste mundo las noticias de la televisión son las noticias reales? A Tatsuya lo mataron por deudas y al padre lo amenazan con matar al niño burbuja, porque le ha robado a importantes clientes de la compra-venta de armas de oriente medio al grupo Kimura
-¿Y la muerte del líder MoriTake? ¿Eso tiene algo que ver?
-Keito, razona un poco – se acomodó el cabello, hacia atrás, riendo – Matando al líder de la asociación, no tenía ya a quién deberle nada, un poco menos de competencia también
-Mata a la cabeza y matarás al cuerpo – susurró, meditando
-Exactamente, ahora… ¿Me harás el favor de comentarme algo del chiquillo de los Arioka?

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Habían varias cosas que Yamashita agradecía a su maestro por haberle enseñado, estaban entre ellas las nociones de administración y negocio que le inculcó sin necesidad de ir a una escuela superior, también estaban esos consejos de líder que había optado por seguir para poder guiar bien al clan ahora que estaba él a la cabeza.
Su maestro, Goro, había fallecido de un derrame cerebral hace menos de dos años. Un incidente paradójico cuando había sido él quien acababa de asesinar al líder del clan Nakajima, ¿una coincidencia? El destino tenía maneras extrañas de actuar y ahora él y Nishikido eran los cabecillas de las redes de sicarios y malversaciones más cotizadas de casi todo Japón, parte de Corea y de China. Estaban ambos enlazados a los yakuza, aunque su línea de actuación era muy distante: ellos se encargaban de limpiar el camino para que los otros actuaran según sus deseos.

Aunque, no solo los de bajo mundo requerían los servicios de sus “compañías”.

Muchos políticos y empresarios los buscaban bajo seudónimos, los concertaban en citas privadas en ambientes a prueba de sonido y escondidos en los lugares más insospechados. Sus llamadas siempre eran desde teléfonos encriptados y había que tener una clave entregada por un mecanismo automático para poder marcar el número del receptor.
Todo estaba bien organizado, tanto el clan Yamashita -cambiado así, después del fallecimiento del Maestro-, como el clan Nakajima.

Salvo tal vez, un mísero detalle que acababa de pasarle factura.

Tomohisa jamás había sido ajeno de lo que ocurría o dejaba de ocurrir en su clan, de hecho, estaba empeñado a saber hasta las últimas noticias, había aprendido de sus rivales que un trato familiar, cálido y de confianza era lo que hacía que las misiones fueran mucho más cuidadosas. Poner en riesgo a uno ponía en riesgo a todos y eso hacía que se cuidaran las espaldas con mucho énfasis, así tal cual una familia. Un tontería si se pensaba, pues en ese mundo lo que debía ser primordial era la frialdad del corazón pero había aprendido a la mala que no era así. Una lección que recordaba a la perfección.

Hace algunos años, cuando él todavía tenía sus 21 recién cumplidos, tuvo frente a frente al discípulo preferido de Nakajima Yamato, el hijo de su mayordomo: Nishikido Ryo. Aún recordaba el vacío de esos ojos negros que le hicieron temblar la mano al empuñar su arma bajo esa expresión sin vida que le daba el otro. Un incordio que le helaba la sangre y le hacía pensar si ese mundo era realmente al que quería pertenecer, la única vez que dudó sobre su existir y su trabajo si se detenía a pensarlo.
La misión no constaba de matarlo, lo sabía, pero ya que estaban en esas deseaba terminar con su vida por el bienestar de su propio grupo, ¿quién le aseguraba que en unos años ese demonio no iba a ser un peligro para la misma humanidad? Se veía que era capaz de cualquier cosa, un alma en pena que solo manifestaba odio por todo su cuerpo. Su criterio se lo decía, le estaba haciendo un favor con matarlo, ¿cómo ponerlo en tela de juicio? Sus ojos fríos debían cerrarse ya. Disparó a los segundos y sin temor a represalias, el gatillo hizo una presión más fácil de lo que pudo haber pensado y la bala salió volando con un sonoro ruido, golpeando en la carne de alguien que acababa de aparecer.

Era un hombre no mucho mayor que ellos, tal vez en sus 25 años. Bajó la mano con la pistola aún empuñada y se quedó idiota viendo el cuerpo caer al suelo, él no reaccionó, no conocía a ese individuo pero no terminaba de salir de su asombro, uno que se multiplicó al ver cómo tan solo Nishikido miraba la sangre desparramarse sobre sus zapatos de cuero, preocupado tal vez de que se mancharan.

-¿Qué demonios has hecho, Inoo?
-Somos hermanos, Nishikido – el desconocido tosió con algunas gotas de sangre salpicando al pelinegro y YamaP frunció el ceño. No se movió, estaba esperando algún contraataque y dar la espalda podría ser mortal en su situación – Tú no debes morir, el jefe se enojaría
-¿Y tenías que dar tu vida a cambio? ¿A manos de alguien como él? – hizo un ademán sin interés y Tomohisa se tensó, era inhumano no inmutarse al ver que alguien “cercano” moría en tus manos - ¿Te puedes parar?
-No, Ryo… - volvió a toser, cogiéndose con una de las manos el vientre herido que segregaba sangre con una violencia irrefrenable, pronto moriría y los tres ahí presentes lo sabía – Olvídate de mí, pero necesito un favor… Vida con vida se paga, ¿verdad?
-¿Quieres que lo mate?

YamaP retrocedió al ver como de repente el hombre sacaba de su bolsillo una pistola con silenciador, un arma común si es que no pudiera notarse con claridad que el cañón estaba modificado para ser de un diámetro mayor, ¿Qué acaso usaba otra clase de bala? Pasó saliva, elevando su mano con la que sostenía su arma nuevamente, apuntando esta vez a la cabeza de Nishikido pero el tal Inoo, que reposaba en el suelo, le detuvo la dirección de la mano con movimientos torpes, evitando que apuntase.

-Mi sobrino, Kei… Sus padres… matarán a toda la familia… - otro tosido y la voz se volvió más débil, rasposa y sin textura. Ya casi nada se le entendía – Sálvalo
-Sólo te daré garantía por él – respondió tranquilo, cogiendo con dos dedos algo de sangre que se había encharcado entre ambos – Descansa en paz, Inoo

Lamió los dedos embarrados y le sonrió al fallecido, antes de cargarlo en brazos y marcharse de ahí sin mirar hacia atrás.

Ese día no resultó herido, Nishikido ni siquiera buscó venganza ni su clan tampoco, pero la situación, la manera en que ambos compañeros se trataban le dejó bien en claro que dar la vida por el otro era algo que sólo buenos camaradas podían hacer. Por eso es que trató por todos los medios de crear un tipo de cariño fraternal entre los integrantes de su grupo, siempre buscaba que Tegoshi fuera algo más que el juguete sexual de todos en la mansión, siempre quería que Takaki llegara a ver a Ryosuke como un hermano.

Pero nada de eso resultaba, y ahora pagaba las consecuencias de lo último.

Porque entre todos, entre toda esa miseria y mala sangre que había en el clan Yamashita, solo Ryosuke había demostrado algo de humanidad y piedad, cualidades que en su momento habían mostrado el brillo de un diamante en bruto pero que ahora no le eran útiles. El maltrato de Yuya lo había ahuyentado y para empeorarlo, se había largado al clan rival.

Exhaló con pesadez, tratando de encontrar un punto exiguo de paz en su interior.

En esos pocos años de trabajo de incógnito, había llegado a ver lo que aquel sentimiento cursi llamado “amistad” o “amor”, eran el detonante perfecto para sacar del interior de la persona el poder más fuerte, para que la rabia se multiplicara y el odio fuera mucho más intenso de lo normal. No dudaba que seguro en el momento dado, Yamada hubiera dado su vida por Takaki, pero al revés, ¿sería igual? Y ahora, sentado en su escritorio, no solo debía dar frente a esa baja –que todavía no había estudiado por qué había ocurrido– sino que ahora también debía enfrentar el tema de Arioka que estaba dentro de la residencia Nakajima haciendo quién sabe qué –aunque con suerte aún seguía vivo y si no, otra misión más al demonio.
Pero nada de eso podía ganar al problema número uno que ahora estaba enfrentando. En su oficina, ahí de pie, el estúpido de uno de sus aprendices estaba con un mocoso de perfil delicado. Nunca había dudado que Takaki era el eslabón débil de toda su “empresa”, era la debilidad interna que generaba amenazas externas, sabía que era lo que provocaba que no pudieran mejorar del todo pero el pelicastaño tenía algo que no todos tenían: Maldad. Un sentimiento que podría considerarse enfermo pero que en su ambiente de trabajo era útil… Solo que a veces deseaba que lo hubieran educado mejor, sino ahora no sería un rebelde idiota que en vez de avanzar hacía retroceder a todos.

-¿Qué deseas, Takaki? – preguntó serio, acomodando los papeles nada importantes sobre la mesa - ¿Dónde estabas ayer? ¿Qué son esos golpes? – miró al “niño” a su lado y enarcó una ceja - ¿Y él quién es?
-¿Qué acaso tus informantes no le han contado a Tegoshi para que te lo diga? – carraspeó incómodo, claramente humillado por todas las preguntas que el líder le hacía – Ryosuke se largó, me dejó así como último recuerdo, terminé visitando el hospital
-¿Por fin te dio una paliza? – rió, llevándose otra mueca de molestia del chico – Vale, ¿y el llavero que traes al lado?
-Chinen, me llamo Chinen Yuri

YamaP no era de prejuzgar a las personas, muy raramente lo hacía porque estaba entrenado a no confiar en nada ni nadie. Ni siquiera por un rostro bonito. Una de sus ex novias era una reconocida “viuda negra” y si se le veía el rostro, parecía una dulce niña de 16 años… No, él jamás confiaría de más. El niño daba mala espina.

-¿Y qué quieres acá? ¿Morir siendo la puta de este tipo?

Yuya rió de lado y el tal mencionado Chinen le golpeó por el vientre. El sonido hueco de un yeso con vendas se combinó con un jadeo de dolor puro, llevándolo a reaccionar al líder con los ojos bien abiertos de la sorpresa.

-Quiero unirme, ¿qué tengo que hacer?

YamaP sonrió de lado, una vacante estaba disponible, pero antes debía ejecutar el castigo correspondiente.

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Había sido una maldita noche, los sonidos extasiados de las dichosas rondas de sexo que Nakajima y Yamada se habían dispuesto a realizar no habían logrado acallar del todo los gemidos de Daiki y él, en su autocontrol se quedó encerrado en el baño de la habitación, golpeando la loza una y otra y otra vez con única justificación el mantenerse a raya en sus pensamientos, pero solo logró distraerse con ello hasta que sus nudillos destrozados le pidieron un respiro y la sangre ya era tan abundante que tuvo que usar una de las toallas como venda, deteniendo así la hemorragia. Si seguía haciendo eso, sus huesos en vez de fractura terminarían rotos y no podría ni siquiera disparar. Sus dardos serían una opción menos de autodefensa y su vida en aquel mundo dependía mucho de la fuerza de su defensa, aunque fuera frustrante era mejor quedarse con la herida y la fisura leve que se había ocasionado, divagando en cada una de sus víctimas o en sus padres a ver si de aquella forma, el pensamiento se alejaba de la cama y el castaño que estaban al lado.

Eso era realmente un fastidio.

Kei apretó con las manos la parte detrás de los brazos, un tipo de abrazo extraño que se daba a sí mismo para mantenerse entero y no sucumbir a la tentación que su cuerpo débil le estaba pidiendo a gritos. No es que Arioka siguiera gimiendo después de tantas horas, tal vez hace una o dos había quedado dormido, sucumbiendo al efecto de la drogada implantada en él, pero el recuerdo tan vivido de su voz era como si el castaño estuviera a su lado, gimiendo muy despacio junto a su oreja y él se erizaba. Temblaba de excitación contenida y hacía de todo para controlar su maldito cuerpo hormonal.
No era algo ya que pudiera negar, moría por deseo por el menor pero no estaba dispuesto a cruzar esa línea, su trabajo era el único camino para llegar a su objetivo y no iba a involucrarse con uno de los escalones en su ascendencia a la meta. No era tan idiota, aunque sus sentimientos lo fueran traicionando de a pocos.

Tenía los ojos fijados en la parte superior de sus rodillas, con la mente en blanco y era por eso obvia la mirada perdida que tenía en aquellos instantes, estaba sentado en el rincón derecho de aquella habitación, junto al inodoro y cerca de las ventanas de cristal esmerilado que daban al patio de tiro, no había vista por la cual se admirara el campo pero los modelos de aquellos vidrios dejaban filtrar la luz de la noche y del día. El cambio de color oscuro a claro fue algo imperceptible hasta después de muchos minutos, despertando sin percatarse de aquel sueño despierto en el que se había sumergido para escapar de la realidad por lo menos algunos momentos. Sus iris se dilataron y volvieron a la normalidad cuando enfocó la mirada, siendo ya consciente en sus cinco sentidos que había amanecido y eso significaba que pronto sería libre, ¿por qué demonios Ohkura se había atrevido a hacerle eso? Con pasos endebles se fue apoyando contra la pared, subiendo a rastras y con sumo esfuerzo, tal cual ebrio que hubiera tropezado y peleara por mantenerse erguido sobre sus torpes pies.
Respiró profundo cuando el dolor punzante de la mala postura atacó por sus caderas y caminó con lentitud a la habitación, el humor que cargaba estaba pasando de tétrico a rabioso y suavemente fue tomando de su bolsillo trasero, una daga fina que apenas se notaba al contrastarse con el sol. Arioka Daiki solo le causaba problemas y lo llenaba al límite de su propio abismo, ¿por qué tener que cargar con alguien que solo lo desviaba de su cometido final? Nishikido era lo único que su mente podía tener como altar –aunque fuera de manera negativa y sangrienta- Y no solo un niñato inútil que sufría graves problemas de identidad y autoestima.

Se sentó en una esquina de la cama, quitando con un movimiento sutil la única sábana que cubría ese cuerpo esbelto, su piel tostada se veía ligeramente pálida y Kei dudó, de si su salud estuviera estable o qué. Delineó con los ojos la curvatura de las nalgas y asomó algo más aquella daga, con sus dedos subiendo muy despacio por la pantorrilla, acariciando por primera vez la piel de aquel cuerpo exasperante.

Pero cuando estaba en ello, cuando se iba a dar el placer tocarlo como mejor quisiera porque apenas después de hacerlo lo mataría, sus ojos encontraron sin querer los rastros de lágrimas que habían caído, ¿Qué acaso el niñato había llorado en sueños? ¡Pero si él mismo había escuchado sus gemidos!
Estático, miró detenidamente como se veía el brillo del recorrido sobre su rostro infantil, ocultando la daga con la mano izquierda para luego apoyarse sobre esta misma y así, tener libertad con su mano diestra –y maltrecha- para acariciarle el rostro delicado. Sus dedos juguetearon un segundo en su mejilla regordeta, tentándose a asomarse hasta sus labios cuando el sonido de la cerradura lo llevó a ponerse en guardia.

“Estuvo cerca”

Kei recordó el besó que le había dado, sintiéndose enfermo rápidamente por lo absurdo que todo se estaba volviendo y en lo débil que se iba convirtiendo a causa de aquel maldito ser. Carraspeó con una tosquedad que dañó su garganta, levantándose de la cama para caminar hacia la puerta recién abierta.

-¿Todo bien?

El menor conocía lo suficientemente bien a Ohkura como para notar el sarcasmo combinado con doble significado que su pregunta le daba, sus ojos negros fueron los únicos que le respondieron porque esa confidencia que ambos tenían era un arma de doble filo. Tadayoshi lo conocía así de bien como él también lo hacía.
Prefirió escudarse en la nulidad de su voz y pasó de largo, su rostro demacrado y la mano herida fueron suficiente explicación para el mayor, sonriendo entre alivio y terror al ver a Daiki durmiendo en la cama, entero y sin ningún rastro de haber sido agredido… o violado.

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La casa oeste de la mansión era usada en su mayoría por el mayordomo, jardinero, el de mantenimiento y las mucamas varias de la residencia Nakajima; era verdad que después de la muerte del señor la cantidad de empleados había disminuido y casi la mitad de las muchachas jóvenes habían marchado fuera del país con la señora. Pero aún quedaban varios fieles que servían en esa extraña familia de desconocidos que no compartían sangre, sino más bien un lazo de camaradería.
No era el lugar más propicio para ocultarse por la cercanía a la mansión, pero Uchi dudaba que Arioka se asomase más allá de la puerta trasera que daba al patio, ¿para qué ir a husmear a la casa de los empleados si su vista podría verse cautivada por la decena de muñecos rellenos de algodón que servían para sus prácticas de tiro? Contuvo una sonrisa y miró al hombre de mala cara en frente suyo.

-Deja de quejarte Subaru
-No he dicho nada
-Basta con verte la cara, ¿Qué acaso Kei te golpeó muy fuerte?

Se burlaba con desdén de él, Inoo era el miembro más nuevo entre todos ellos y aun así les había dado una paliza. Le ayudó a colocarse el collarín a Shibutani, su cara volviéndose algo más roja a causa de la rabia y empezó a quitarle la venda de la cabeza para suplirla por una nueva que amablemente, le entregaba una de las jóvenes empleadas.

-¿Por qué Ohkura y tú lo protegen tanto?
-Órdenes de Ryo – contestó con simpleza a Maruyama, que por sí solo se estaba quitando la venda de la mano para sumergirla en agua helada – Debieron de haberse percatado del cambio de humor de Inoo desde que el trabajo le fue encomendado, el error fue de ustedes y no ha estado en falta
-¿Qué acaso no es una falta el agredir a sus superiores? Ese mocoso se está involucrando con el heredero de los Arioka, dudo que Nishikido apruebe eso
-Pero como nadie se lo va a decir, ¿verdad Subaru?

Los tres hombres dirigieron su atención en los recién llegados, Yuto, con las manos en los bolsillos de su pantalón negro pegado caminó pasivamente hasta alcanzar a sus subordinados. Las mujeres que había ahí presentes se inclinaron en un ángulo de casi 90°, mostrando su respeto al único Nakajima que seguía habitando aquel lugar.

Ryosuke observó en silencio, relegado a la parte pegada a la pared. Estaba inseguro y sorprendido, Yuto parecía alguien diferente frente a esas personas.

-¿Vas a proteger a Inoo? Pensé que lo odiabas, Yuto – Maruyama rió, sacando del hielo su mano y secándola con una pequeña tela  - ¿Qué te trae por acá?
-Ya he tomado cartas en el asunto con respecto a Daiki – cortó con desinterés – Sobre lo que me trae por acá – señaló al castaño que se irguió derecho tan pronto como esos tres pares de ojos fueron a posarse en su cuerpo, comparativamente más bajo – Ha abandonado el clan Yamashita después de darle una paliza a “Bloody” – su voz fue tornándose más seria y persuasiva. No cabía duda que el menor sabía en qué nivel de jerarquía se encontraba pero aun así, buscaba consentimiento de los otros y eso, Yamada no lo entendía - ¿Lo dejas unirse, Uchi?

Hiroki no era alguien que fuera ajeno a la crianza Nakajima, había llegado a aquel lugar casi junto con Ryo y ambos habían visto el crecimiento y educación del menor, sabían muchas de sus debilidades –algo que Yuto odiaba– y también sus fortalezas. También, por ello mismo era consciente que el menor nunca había pedido nada ni tampoco había buscado aprobación en alguno de sus actos. Yuto era muy independiente aunque respetara al clan, y aun así, esa era la primera vez que ejercía su poder como heredero alfa para influir en la aceptación o negación de un nuevo miembro.
Uchi se quedó de pie, alejándose de a pocos de Subaru para ir caminando hacia el otro joven que estaba en esa habitación.

-¿Una paliza a Bloody? ¿Qué no eras tú el muñequito especial de Takaki? – Yuto carraspeó y el mayor supo que su intimidación no resultaría, decidió cambiar de táctica – ¿Yamashita sabe que has desertado de su grupo?
-Sí, tenía sexo con Yuya – Ryosuke sonrió, mirando a Yuto que tenía un rostro impenetrable. No era débil y no era cualquier niño, ¿por qué debía de dejarse proteger? Se encogió de hombros – Estaba harto de trabajar ahí, acá parece que hay menos hostilidad ni que son capaces de matarse los unos a los otros

Maruyama se rió, encantado por la ironía que aquellas palabras significaban. No se mataban entre sí pero una buena paliza, claro que podían compartir.

-Silencio – Uchi se giró a ver a Yuto unos momentos y luego volvió a ver a Yamada, tranquilo y desanimado, como si todo careciera de sentido para él ya a esas alturas – Te dicen Ángel Negro, nosotros no necesitamos piedad en nuestro clan
-Necesitan ser humanos para perdonar impertinencias y en mi corta estadía acá, puedo enumerar unas veinte que en mi grupo, se hubiera castigado severamente
-Felizmente, no somos de tu grupo

Subaru miró a Uchi quien se veía contrariado por la respuesta, dándole un leve asentimiento del cual solo Yuto pudo darse cuenta. Maruyama hizo lo mismo y finalmente el hombre habló, alejándose del pelicastaño como si no hubiera habido alguna tensión de por medio momentos antes.

-Eres bienvenido, pero deberás asistir a terapia con la psiquiatra del clan
-¡¿Qué?!

El grito que se vociferó fue a doble voz, Yuto mirando a Uchi y Yamada mirando a Nakajima, el mayor de entre los jóvenes se quedó estupefacto, ¿Qué acaso ellos tenían psiquiatra? ¿Por qué?
Sus palabras se volvieron todo un caos en su pensamiento e imposibilitado de decir nada, tan solo los quedó observando, viendo como si fuera una película muda la discusión sin palabras que Yuto sostenía con el que parecía el líder entre esos tres.

-Melissa será feliz de atenderlo, con solo saber que es amigo tuyo lo hará encantada – Subaru dejó fluir el sarcasmo en su voz, mirando al alto con una sonrisa maliciosa y a Yamada, que sus ojos se veían más dispersos y confundidos que antes – Después de todo, tu prometida siempre ha deseado saber algo más de ti y estoy seguro, que verá esta como una muy buena oportunidad para hacerlo

Ryosuke se los quedó mirando, no terminando de comprender si el comentario era malintencionado o no, pero de algo estaba seguro, desde ya, quería matar a esa tal Melissa.

7 comentarios :

Hai☆ne dijo...

Te creerás muy chachi por dejarme así ¿verdad? Mala gente ;__; No puedes,esto es un sueño y no acaba aquí, yo lo sé(?)
Yo también quiero matarla(?) es lo primero que debe hacer Ryosuke cuando hable con ella, decirle de sus intenciones y de cuantas veces Yuto se lo ha tirado 1313 o han estado a punto
ejbdsakbdhksabdhasdhassakdbaskdbask o sea, cuando ya se decide a después de aguantar todo lo que le ha tocado, a 1313(?) le interrumpen XDDDDD OK, pobre Inoo, igualmente podrían haberle interrumpido una vez ya había hecho o había comenzado(?) así hubiese sido peor aún AHAHAHA vale no, en serio, pobrecito XD le tocará aliviarse a si mismo en la soledad y como tiene la mano herida ni siquiera podrá hacerlo bien -pokerface- (?) XDDDDD Jo es que me encanta, me encanta y te odio mucho ;_; -hace ultrasonidos- me encanta todo de principio a fin y te pego, quiero saber quiero sabeeeeeer, lo que le va a tocar a Chinen D: además que seguramente sea la persona que más subestiman/amos(?) y luego será de lo mejor, yo no lo subestimo, que quede clarinete pero dshbdhasbdhjas -ultrasonidos- quiero máaaaaaaas, no puedo decir nada coherente porque es que no se puede, te amoodio♥(?) Oficialmente soy del bando de Nishikido(?) solo puedo decir que de tal palo tal astilla(?)._.por eso todos los del bando sfdsfsdfs♥;_;y y y y y No nos hagas sufrir
Lo amo, en serio lo amo dbghdbshdbahbdhs

Anónimo dijo...

Oh genial, esta noche puedo dormir en paz *-* entré para curiosear y encontré el capítulo 8. Me encanta y el tiempo que te tomes para hacerlo pues ¡no importa! por mi parte seguiré esperando cada capítulo.

Natarashi dijo...

Kyaaaaaaa ese YamaJima *¬*
están sexy
poco apoco se revela el pasado y como es que llegaron a donde están ahora, Pi que le harás al pobre de Yamada, Chi sera uno de ellos, pobre Kei, se resistió lo mas que pudo, yo quiero a Okamoto para mi *¬*
pobre Melissa, espero que Yamada no la mate cuando la vea kyaaaaaaaaaa este fic cada día se pone mas bueno
conti onegaii

Paoo Inoue dijo...

Este capitulo definitivamente me encantó. Pobre Daiki ...yo pensando que gemia por la estimulación y él estaba gimiendon de dolor :( ay pobre todo ppr defender su castidad. ..ay que Inoo no lo mate por favor! ♥
Chinen de Matón? D: que horror! Se me hace como Freddie cruger (?) Y el Yamajima mmmm *-* Me encanta! Yutorin ya lo quiere 1313

Ayaa dijo...

¡Al fin lo pude leer! Aah con la maldita escuela no encontraba oportunidad para disfrutar de este capitulo a gusto xD
¿Que te puedo decir?
Con cada capitulo me dejas igual de intrigada y emocionada por poder leer otro capitulo *u* Siempre te lo he dicho, amo este fic con toda mi alma!!!
Las cosas se ponen más interesantes, para Kei es más divicil contener su deseo por Daiki y oh gosh! Ahora Chinen será parte del clan Yamashita!! OMG!!!!
Ojalá y puedas escribir pronto, pronto para que yo pueda ser feliz de nuevo OwO

Nina Segawa dijo...

B-bueno, acabo de leerme todo este fic y ... dios mio, estoy mas que enamorada *///////* es perfecto, y aaah me quede con ganas de mucho mas!!!! El yamajima hace que se me caiga la babilla son tan... tan asfadsafasfa *A* y lo de angel negro me ha llegado al kokoro ♥ Y Kei, Kei que se vuelve humano, y Daiki tan inocente, tan adorable... y luego el Chinen demonio qe me deja la piel de gallina! Y tengo muchas muchas ganas de ver que hace Keito *A*
Awwwwww tengo muchas ganas de leer continuación de verdad me enamoró!!!!!

Carol~ dijo...

vengo a leer el capitulo 8 para poder leer el 9 porque no me acuerdo de nada lol y me doy cuenta que, o no comenté o mi comentario no se publicó =w= y es que el estúpido internet sigue malo, no te imaginas lo que costó que la página de comentarios se cargara ;3;

dasfdasfasdfadsfa pobre Daiki :C
no me puedo imaginar a Shoon acostándose son mujeres cuarentonas o mayores ._.
amo a Keito en este fic ;3; <3
Recordé cuando me compartiste la parte de YamaP y la indecisión de colocarlo como parte de la historia o no XD que bueno que sí lo hiciste
hahahahahaha el llavero que traes de lado, me encantó esa parte :D
Qué te puedo decir de Inoo?
la última parte no me la esperaba: La psicóloga tiene nombre y está comprometida con Yuto .___.
El fic sigue dedicado a tu amiga??


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