My Servant [6]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Ya no siento que sea miniserial orz
: Tsunagu te to te - Hey! Say! JUMP
: Escritorio~

Notas: La verdad, me había olvidado del fic -lol- y ayer que alguien me hizo acordar terminé el capítulo, acá realmente siento que lo he hecho relleno pero necesitaba un punto débil entre todo al demonio de hielo X'D así que, salió así y quedó así, ya luego se verá el por qué... Ahora, más que nada quería decir ._. siento que ya no será un minific porque ya son 6 capítulos y faltan muchos para que suceda lo que quiero que suceda XD pero no cambiaré los tags, me da weba y que además, los capítulos siguen siendo bien cortos -3- así que ahí queda e3e me dicen qué les pareció y... ya saben, cada comentario es apreciado y querido uwu♥


En su familia le habían enseñado que jamás debía dejarse doblegar, que su linaje y su apellido valían más que la vida de muchas personas y que nunca, debía bajar la cabeza ante nadie. Claro estaba, que ninguno de ellos conocía ni a Chinen Yuri, ni a Arioka Daiki. Había aprendido en pocos días que si de verdad apreciaba su estilo de vida –o lo que quedaba de ella– debía de poner todo de su parte y contentar al príncipe del hielo, siempre bajo la atenta mirada de su súbdito, aquel bufón de cabello castaño.
Aunque a él, su personalidad y crianza no le dejaban en paz en cuestión de dejarse pasar por encima, su padre le había enseñado a siempre darse su lugar y aunque él viviera renegado de sus responsabilidades, eso no cambiaba en que fuera algo ya arraigado en su persona. No soportaba y le era extraño obedecer órdenes sin chistar, mucho menos toleraba que fueran solo el capricho de un niñato cara de niña. Era frustrante estar atado de pies y manos con respecto a algo que parecía tan simple pero apenas habían sido unos días y no conocía nada del pelinegro. Era consciente de sus limitaciones y por ello, se había dicho a sí mismo que, de querer declararle la guerra, primero tendría que conocerlo mejor.

Sus ojos estaban con marcas oscuras por debajo y sus labios resecos, a causa de la mala alimentación que había estado llevando por moverse de un lado a otro como el plebeyo en el que se había convertido, apenas con un respiro para poder hacer lo que pudiera con sus estudios o robar algo de comida de la cocina, tenía tantos quehaceres sobre sus hombros que no entendía como en su casa las mucamas eran capaces de hacerlo a diario. El limpiar la habitación, lavar la ropa, traer y llevar libros como mensajero, era un trabajo tan arduo que sus manos ya estaban enrojecidas por el maltrato que les daba al trabajar en cosas tan… manuales. Era un fastidio y sus dientes se estaban ya desgastando por la cantidad de veces que los chascaba. Con su pequeño cuerpo, el sadismo que emanaba ese ser le erizaba la piel de miedo –aunque odiara admitirlo–.

Era miércoles por la tarde ya, casi una semana después del funesto día en el que había cerrado el pacto con el demonio, entregando su alma sin devolución a causa de un video que le podría costar su reputación y su herencia. Era miércoles ya, y era la quinta vez en la semana que ingresaba a la biblioteca, sólo que esta vez por voluntad propia y no por alguna “suprema” orden de su “emperador”. No terminaba de entender todo lo que era forzado a hacer –aunque felizmente no había nada sexual en sus acciones, aún- pero sabía que había algo detrás de todo, sólo que no llega a difuminar el qué. Primero que nada, su primera tarea había sido la de recolectar información financiera y familiar de los de tercer año y después de ello, junto con Daiki, lo evaluaron con exámenes de conocimiento que terminó por fallar vergonzosamente. Un cero enorme que le escribió con rojo el más bajo de los tres hizo reír al otro castaño y sintió, como se hundía un poco más en la impotencia de no darle un buen golpe en la cara.
Otra cosa curiosa, que no terminaba de entender era el cuestionario que le hicieron –a profundidad– sobre su vida en Canadá y sobre su familia, pero eran preguntas muy distintas a las que averiguó sobre sus compañeros, las de él era de un matiz… ¿más social? No lograba darle un nombre, sólo sabía que le daba escalofríos por las noches cada que recordaba cómo estaba siendo chantajeado y que no tenía una salida aparente.

Pero había algo por sobre todo que no lograba entender de todo aquel circo que había montado Chinen en el internado, algo que no le cabía en la cabeza porque él lo veía y jamás se acercaría de buenas a primeras, ¿por qué aquel demonio tenía tantos fans?

-¿Estás buscando esto?

La voz de Daiki lo hizo ponerse a la defensiva, pero el menor sólo le entregó el libro que –estúpidamente- había estado buscando: “El Arte de la Guerra”. Miró al castaño alejarse y lo siguió dudando, tal vez era con él donde debía empezar para conocer mejor a su oponente, aunque su rostro infantil y tranquilo sólo le hacían tener una muy mala espina, ¿acaso Yuri no tenía esas mismas características a “su favor”?

-¿Por qué alguien como tú es amigo de alguien como él?

El castaño miró por su hombro y tan sólo cogió un diccionario que estaba a su lado en uno de los estantes, una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios pero no respondió. Su mente divagaba sola en miles de pensamientos ajenos a la realidad, en recuerdos sepultados y oscuros de los cuales, Yuri hace mucho lo había salvado.

----(FLASHBACK)----

No era alguien problemático, sus padres lo sabían y por ello no llegaban a comprender por qué su menor hijo había sido suspendido de clases por décimo tercera vez en tres meses y eso que tan sólo llevaba cuatro en aquel internado nuevo. Cada suspensión tenía que cumplir su castigo en las oficinas del lugar pero el castaño siempre pedía que por favor lo llevaran a casa.

Y su madre sabía, notaba aquel tono extraño que tenía el menor cada que le decía ello, cada que rogaba entre sílabas que si lo podían dejar en casa y que mejor, estudiaba con un tutor permanente. Que aquel internado no era para él. Sabía que algo andaba mal pero no llegaba a vislumbrar el qué, cada que preguntaba una respuesta de negación relucía y desestimaba sus problemas, ocultando en un aura negra la crisis del castaño.

Arioka no era débil realmente, había afrontado muchas cosas en muy poco tiempo debido a su familia y su condición social, ¿amigos? Eso para él no existía, ¿amor? Solo platónico y muy de lejos. Quería y apreciaba a su mayordomo como un tío porque era alguien fuera de su hermano y sus padres que habían logrado demostrar que su cariño y aprecio eran reales y no sólo un medio de conveniencia para sacarle algo o pedirle un favor, pero de ahí en más, cada ser vivo estaba manchado de codicia y su egoísmo reinaba muy por encima de sus otros valores. Lo peor, lo que más odiaba, es que tenían el descaro de ocultarlo, fingiendo ser buenos cuando eran lo más bajo de lo bajo.

“Ladrones vestidos de Armani”.

Aún recordaba la frase que una vez le dijo su hermano cuando casi les embargan la compañía de su abuelo. A causa de una malversación de un socio y de un contrato falsificado, ellos se vieron envueltos en muchos conflictos, se quedaron por poco en la calle y todas esas personas que se supone lo apoyaban, desaparecieron de la noche a la mañana. En un solo parpadeo. El golpe vino directo al medio de su vientre, en un cuerpo adolescente donde la seguridad es apremiante para pelear contra todo lo que te aqueja en una mente desequilibrada y cambiante, donde las amistades eran el refugio principal y el amor es lo que te hace ser vivaz.

Lo perdió todo, con sus 12 años y jamás había vuelto a creer en nadie más que en su familia y él mismo, hasta que conoció el descaro en persona.

Malhablado, mal pensado, lujurioso, codicioso, vengativo, desconfiado, fingido y cruel.

Todo lo que odiaba en una sola persona, con rostro angelical y voz amable, sólo que éste ser no se vestía de Armani y se notaba, que sólo jugaba con aquellos que estaban con la cabeza muy en alto. Sólo jugaba con los que se creían dioses y los ponía bajo sus pies de mortal. Yuri le causaba curiosidad, era un chico de primer año recién llegado, becado pero con una confianza en sí mismo que le llegaba a dar envidia. Él, siendo quien era, tenía miedo de ser un alumno nuevo en aquella institución en su segundo año y aun así, él que era un novato de clase media se había hecho su espacio y tenía a todo el alumnado en su bolsillo.

Era… brillante.

Jamás había sentido admiración por alguien de mente macabra, pero tampoco es que pensara hablarle. Simplemente de lejos lo veía y reía al notar cuando un nombre más de los de la más “limpia” élite terminaba enredado en sus redes, sucumbiendo a sus instintos más bajos.
En su soledad autoimpuesta, admiraba a cada uno de sus compañeros de clase, siempre pensando quién sería la próxima víctima del pelinegro y reía, disfrutando de pensar cuando mal la pasaran. Cuando esa burbuja creada con el dinero, se reventara a deseo de alguien que no tenía la sangre teñida de oro.

-¿Te gusto?

Esa pregunta fue el inicio de sus conversaciones burlescas, una amistad que tenía todos los rasgos de ser desconfiada, en la que los dos se ponían una máscara encima para contarse estupideces… Para hablar trivialidades, pero de un momento a otro, para Daiki, el menor dejó de ser tan oscuro y pasó solo a ser lo mismo que él era, una persona insegura a quien la vida había tratado mal y que ahora sólo buscaba tomarle la revancha.
Nunca le había dicho que confiaba en él, pero de lo que sus conversaciones sólo hablaban de cómo vengarse y hacerla pasar mal a aquellos niños ricos y detestables, pasaron a hablar de sus familias, de sus problemas. De lo solitarios que eran por ser quienes eran, por ser bonito o por tener dinero y fue en ello, en esa soledad que ambos compartían que se pudieron unir como mejores amigos.

Un amigo real, sin deseo de conveniencia porque no tenía nada que ofrecerle que no pudiera conseguir de alguien más. Y Yuri ya se lo había dicho y le creía, que con él no intentaría nada ni buscaría nada porque al igual que él, jamás traicionaría a la única persona que no fue un maldito hijo de puta con su persona, sólo por ser de clase media.

----(FIN FLASHBACK)----

-¿Me vas a ignorar?
-No tengo qué responderte, Takaki – contestó tranquilo y mirando a su cuaderno. Acababa de sentarse y estaba hojeando la tarea que tenía pendiente para mañana – No me gusta hablar mal de mis amigos
-¿Amigos? – el mayor enarcó una ceja – Siempre estás solo
-Entonces, deberías tenerlo más claro aún – lo miró de reojo, cogiendo el diccionario de hace unos momentos para revisarlo – Yo jamás, hablaré nada de Yuri, menos con alguien como tú
-Eres como yo, Daiki – enfatizó el tono en su nombre, inclinándose hacia él para obligarlo a captar su mirada a cómo de lugar. Lo tomó del mentón y forzó a que se irguiera – Y él sólo busca algo de ti, si no es sexo ¿qué es?
-Lo mismo que yo busco en él – el más bajo sonrió y empujó de un golpe su mano – Su amistad, con todas las verdades puestas en la mesa…

Yuya se quedó de pie, observando como el otro chico metía cada una de sus cosas en la mochila que tenía a un lado, apoyada en una silla y lentamente fue frunciendo el ceño en incomprensión, ¿de cuándo acá aquel enano tenía un amigo o buscaba amistad? Un ser despreciable y frío que no dependía ni quería nada de nadie más que hacerse su espacio a busca de poder.

Chinen Yuri no tenía sentimientos o emociones, ¿por qué querría, la amistad de alguien más?

2 comentarios :

Ayaa dijo...

Anoche lo leí pero desde el celular no pude comentar, y no sé porqué LOL

En fin, yo salgo a defender este fic que me tiene con la piel chinita~ para que no lo dejes en stand by ;3;

Yo considero que esto de relleno no tiene nada! Ahora entiendo porque Daiki puede ser amigo de alguien como Chinen y la forma en que dice que no hablará mal de él es tan asdasd *^*
Ahora solo resta saber que tanto le hada Chinen a Takaki, porque no creo que se quede siendo un simple mandadero jejejeje *Q*

Yojhannah Tomatito dijo...

Y yo sigo esperando la conti de este fic uou para el 2018 ya estara? Waaaa quiero conti


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