10 agosto 2014

Guns and Roses [10]

http://i89.photobucket.com/albums/k220/Satommy14/pensamiento1.jpg: Una semana y contando uwu
: It's time - Imagine Dragons
: SF Resident Club♥

Notas: Uhhh~~ XD ya sé, es raro que yo actualice tan seguido ewe no, no estoy planeando nada malvado[?] sólo quiero actualizar y ser libre de este fic para enfocarme en los otros y... LA CULPA orz ugh, no sabía que ya lo tenía tanto tiempo... :'D Los comentario se aprecian, las palabras de ánimo también... No está editado, así que si ven algo :'D perdón, su escritora está colapsando porque su puta laptop no quiere correr rápido, creo que se me va a morir ;_; así que iré salvando todos mis archivos now ;3;


Después de despertar, no pasó mucho tiempo hasta que Daiki estuviera de nuevo solo en aquella habitación, Ohkura partió de ahí tan sólo diciendo que debía hacer algunos mandados para Nakajima, que después de todo era uno de los “señores” de la casa y debía atenderlo de igual forma como hacía con Inoo.

El castaño no entendía aún como es que eran familia y por mucho que Yuto dijera que no hablaban porque se odiaban, ni siquiera era algo que hubiera podido pensar, pero si estudiaban en el mismo lugar, tal vez era sólo por su torpeza nata que no supiera en realidad sobre su relación sanguínea. Tal vez sólo era él quien no lo tenía presente pues Yamada no parecía sorprendido.

Si lo pensaba, tampoco sabía que Yamada era tan amigo de Yuto.

Con sus pensamientos haciéndose un ovillo enorme en su cerebro, apretó los ojos y respiró profundo para disolver alguna duda que nacía a raíz de las palabras de Takaki, siendo casi lo único que recordaba del día anterior. Lo demás, estaba como en una nebulosa y no distinguía lo real de un sueño o creaciones de su propia paranoia, algo que le daba mala espina pero que no terminaba de cuadrar en la situación, ¿qué había pasado apenas llegaron a la mansión? ¿De verdad conoció al hermano de Inoo? ¿Inoo tenía acaso un hermano? Sus dedos jugaron nerviosos entre ellos, apretando a su vez las sábanas al querer enfocarse pero todo viéndose tan lejano en su mente que no lograba saber qué era qué. Lo único que recordaba, era lo había ocurrido en la universidad, las palabras de amenaza y las últimas de advertencia, pero no le cuadraba… en verdad, no le cuadraba ¿cómo es que Inoo, su amigo, podía ser un sicario? Habían estado muchas veces solos en el último tiempo como para que no pudiera aprovechar en matarlo, así que carecía de sentido lo que el otro castaño había dicho, aun así… Sentía que algo se le estaba escapando de las manos y no le estaba prestando la suficiente atención.

Se estremeció de pensarlo, de imaginar al otro con una pistola en mano y apuntándole a la cabeza, pero luego también recordó lo vergonzoso del día anterior. Un beso, su primer beso, ¿cómo era posible que su supuesto asesino, lo besara?

Oh, dios… Lo besó, se besaron… Su primer beso.

Daiki se sentía idiota, siempre había sido el chico que se quedaba retrasado en ese tipo de experiencias, el mojigato que vivía en una burbuja y que no quería experimentar sólo porque sí. No sabía si era por los traumas de su padre forzándolo a vivir más de la cuenta desde que estaba en la secundaria, o si era porque simplemente, su personalidad era todavía muy inmadura. A veces, tan sólo creía que era porque su sexualidad no estaba definida.

Toda su vida estudió en un internado para hombres, ¿cómo iba a saber si estaba atraído por una mujer? Sus mejillas se sonrojaron y luego se dio cuenta que hasta el momento, sólo le habían atraído personas de su mismo sexo y se lamentó, admitiendo algo que ya sabía pero que siempre era mejor vivir negando.

Era un Arioka, él no podía ser gay.

Si él fuese como cualquier joven de su edad, la situación sería ya lo suficientemente complicada, admitir que eres gay y besar a tu amigo, fijarte en hombres y sentir que los ojos de todos se vuelven hacia ti, juzgándote. La situación se tornaba peor, cuando tu familia era tan rica y los paparazzis te seguían y perseguían tal cuál fueras un famoso músico o un famoso actor. Él no tenía libertad ni por su familia ni por la prensa… ¿Cómo se supone que podía vivir en paz? ¿Cómo aceptar abiertamente que podía salir con un hombre? Jamás se había planteado en serio el salir con alguien de su género, su ideal era ir a Estados Unidos, viajar y conocer personas… enamorarse. Siempre creyó que de una mujer, pero nunca se prohibió del todo que fuera también un varón; siempre pensó que tendría una novia en algún futuro pero sus ojos siempre iban a parar en jóvenes rostros de chicos, no de chicas. La suficiente prueba que necesitaba para saber que su bando, era otro y no el tradicional.

-¡Arghhhhhhhh!

Sus manos alborotaron su cabello con fuerza, haciéndose otro mundo dentro de otro más. Que si Takaki, que si Inoo, que si su familia o su sexualidad. La gente esperaba tanto de él y él, sentía que no tenía nada para ofrecer, ¿cómo llenar expectativas?

Él no era hábil, no era inteligente…

Él estaba defectuoso.

La rabia en sus ojos era clara, las lágrimas amenazando con salir y él forzándose a parpadear hasta que la sensación de humedad se desvaneció lentamente, respirando tranquilo después de unos segundos. Tomó aire por segunda vez, ahora sí cerciorándose de que su cabeza quedara vacía y no con dudas existenciales ni tratando de darle sentido a su vida. Por el momento sólo debía llenar las expectativas de la universidad y sobrevivir hasta tomar el poder del imperio Arioka.

Fácil… comparado a pelear por sus derechos o pelear porque quería novio y no novia…
O pensar por qué demonios besó a otro hombre que sólo consideraba su amigo.

Sí, mucho más fácil, definitivamente.

Universidad, imperio, fin.

Entornó la mirada, recordando de pronto en dónde es que se encontraba sentado y admiró la habitación del pelinegro sólo que con mayor detenimiento que antes. La desazón en el vientre que de repente sintió le hizo cerrar los ojos otra vez, sólo que con mayor fuerza y en un intento de calmarse, se cubrió el rostro con las palmas, bufando con molestia y frustración.

El espacio tan amplio que lo rodeaba le hacía recordar a su pasado y a su propia vida, a la misma soledad a la que estaba confinado desde que había nacido bajo el apellido Arioka. La incomodidad de sentirse tan vulnerable que lo había descompensado, no tardó mucho en hacerlo salir de ahí, huyendo de los recuerdos ingratos y los momentos tristes de su niñez. No quería eso, suficiente tenía con su presente como ahora sumergirse en el pasado.

Bajó de la cama de un salto, pisando cuidadoso en el suelo alfombrado y buscando por algunas pantuflas que pudiera usar. Seguía vestido con aquel cómodo pijama de seda que le quedaba un poco grande, mirándola confundido porque apenas tenía lapsos donde entendía que era de Inoo y no de alguien más. Agradeció en su fuero intento, que las ropas le quedaran remotamente bien y no tan sueltas.
Sintió una palpitación en la sien apenas quiso avanzar, su cabeza le dolía como los mil demonios, como si tuviera una resaca o por lo menos, como pensaba que debía sentirse una porque jamás en su vida había tomado hasta perder la consciencia.

Si apenas una copa de vino, porque su apariencia y su imagen era lo que más debía pelear por mantener.

Sus pasos temblorosos y sus manos desconfiadas, giraron la manija de la puerta, saliendo casi más rápido que inmediatamente al sentir de pronto el aire intolerable en esa habitación. Odiaba las mansiones, las odiaba con todo su ser. Tuvo un deja vú de haber caminado por ahí ya antes, sólo que más oscuro y sin nada de ruido, como si por la noche se hubiera desplazado por esos pasillos pero era imposible, porque no era sonámbulo y no se había movido de la cama, lo sabía… Trató de pensar en el mayor y si es que lo había visto en la mañana, pero cuando despertó, lo único que observó fue al mayordomo dándole los buenos días y sirviéndole el desayuno, excusándose de no tener uno en el comedor porque ya la mayoría de los residentes habían marchado, o sabiendo si incluía o no a Inoo.

El peso en su pecho se acentuó cuando pensó que tal vez el mayor se había arrepentido de lo que había ocurrido entre ambos, inconscientemente, deslizando sus dedos por sus labios y apurando el paso, queriendo encontrar a alguien para poder preguntar por él.

Los nervios le dejaban el cuerpo erizado, mirando por los pasadizos algún ser vivo y sólo encontrándose con nada, recordando más y más, su propio “hogar”.

Extrañaba a Shige y su estúpido minidepartamento.

Cuando estaba por rendirse y gritar para llamar la atención de cualquier persona en el edificio, el sonido de unas teclas le hizo agudizar el oído, acercándose con recelo a la puerta entreabierta de lo que parecía un estudio. Sus ojos escudriñaron por la abertura y se llevó la sorpresa que había alguien que no había visto ahí hasta el momento, entrando sin cortesía o aviso alguno para observarlo con detenimiento. No pudo evitarlo, aquel hombre era… llamativo.

-Eh… ¿disculpe? – Daiki se quedó de hielo, arrepintiéndose de pronto de haber entrado cuando el sujeto alzó la mirada y sólo se quedó observándolo. Sin decir nada de nada – S-soy amigo de Inoo-chan y… y… bueno… ¿lo ha vi-?
-¿Arioka-kun? – el menor asintió, nervioso de pronto – No sabía que Inoo tenía de amigo al heredero Arioka

“Heredero Arioka”.

El castaño sintió sus manos temblar de pura rabia y las apretó en puños, mirando hacia otro lado para no faltarle el respeto a aquel desconocido. Ganas no le faltaban, pero definitivamente, no podía tampoco dejar mal a su familia. Lo habían educado, para ser un caballero en toda situación.

-¿Me conoce?
-Sería difícil no conocerte… Aunque definitivamente, tu hermano me interesaba más – el hombre sonrió con tranquilidad, ganándose la mirada confusa del otro - ¿Kei no te ha hablado de su familia, pequeño?
-No soy pequeño – carraspeó, aclarándose la garganta y mirando a sus pies, con incomodidad – Inoo-chan no habla mucho de sus familiares, habla más de…

De nada.

El castaño parpadeó sorprendido, pues recién se daba cuenta que no sabía absolutamente nada del pelinegro, salían y conversaban mucho pero si se quedaba pensando con detenimiento en todas esas conversaciones, sólo había sido él quien intervenía y decía algo al respecto. Sólo eran él y sus opiniones y Kei diciendo algo más, nunca… opinando, nunca desvelando quién era en realidad.

Las palabras de Takaki volvieron a resonar en su cabeza y se estremeció, negando rápidamente para volver a ver al hombre.

-¿Quién es usted? – cortó su respuesta anterior, tratando de pasar desapercibido - ¿Es su primo… su hermano?

Uchi sonrió con amabilidad, sin forzar absolutamente nada pues estaba curioso por conocer a la persona que podía doblegar el alma del Demonio de Hielo, no cualquiera podía ganarse la confianza de Inoo y mucho menos su afecto. Si Arioka tenía algo especial, él lo iba a saber. Tenía completa consciencia que su comportamiento estaba saliendo de lo permitido, que Ohkura le recriminaría por entrometerse en los asuntos de su protegido pero le era inevitable, además, con su rango como otro al mando, tenía todo el poder y el derecho de hacer y deshacer como le diera en gana.

Él actuaría como si fuera un dueño de casa, no como un simple empleado.

Suavemente se levantó del escritorio en el que estaba sentado, tomando de repente un portafolio de color rojo vivo y caminó despacio al castaño que lo veía sin comprender. El mayor notaba con tranquilidad como es que la vena de su cuello empezaba a palpitar con fuerza por su miedo, por sus nervios de no saber en dónde se estaba metiendo.

-Soy tío de Inoo, hermano de su fallecida madre – mintió a medias, caminando hacia el otro joven sorprendido – Soy su tutor legal, pero más que nada, soy reportero
-¿T-tutor legal? ¿Y su papá? ¿Él… también falleció?

De repente tenía la garganta seca y una parte de él se sintió fatal. Llevaba algún tiempo conociendo al mayor y aun así… No tenía ni idea, apretó las manos y bajó la cabeza, se sentía la peor persona del mundo, ¿qué clase de amigo se creía? Había sido él quien había forzado al mayor a ser cercanos, mas él no se había esforzado ni un poco en conocerlo.

-No te preocupes, no suele hablar de eso a menos que sea estrictamente necesario

El mayor se encogió de hombros y Daiki lo miró con ojos grandes y tristes, de un color marrón oscuro profundo, emanando una brillantez extraña en sus orbes. Era peculiar, no podía negarlo y mientras Uchi lo observaba pues el otro se negaba a desviar sus ojos, en su mente algo encajó, entendiendo por qué era que Arioka atraía tanto al dotado Inoo, y es que si uno se fijaba en esos pardos iris, se podía ver claramente la pureza de estos…

¡Por dios! Si hasta el niño quería llorar con tan solo la información recibida.

Kei no había tenido nunca la oportunidad de conocer a alguien que no tuviera maldad en su corazón, era obvia la razón de por qué este diminuto ser despertaba en él emociones.

Pero él, no lo dejaría. Rompería con esa pureza.

Destrozaría aquella pureza que derretía las capas que hacían fuerte al Demonio de Hielo, al siguiente al mando del Clan Nakajima.

-Arioka-kun, acabo de comentarte que soy reportero… ¿Te molestaría si te hago una entrevista? Quiero confirmar algunos datos con respecto a tu hermano. No te preocupes, todo será “off the record”

Daiki observó el folio rojo vivo y se encogió de hombros, su mente seguía pensando en Inoo y en su familia, en que tal vez si se quedaba algo más de tiempo con aquel sujeto, podría obtener más información personal del su “amigo”. No perdía nada, ello era mejor que estar solo y además, ¿qué otra cosa podrían preguntarle de lo que ya habían hecho los otros reporteros?

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Chinen no era malo, por lo menos no se consideraba una mala persona porque jamás le había hecho daño a nadie, simplemente… Estaba aburrido.

Aburrido de una vida monótona, de una vida donde ya sabía qué debía hacer y cómo hacerlo, que a donde quería llegar y de qué forma. Tenía todo planeado por sí mismo, no porque se lo impusieran pero era tan fácil y tan simple que sentía que no podía disfrutar de nada en realidad. Odiaba su vida normal, esa era su única verdad. Por lo que cuando Takaki llegó herido a su casa y después de confesarle todo en el camino al hospital, pudo ver delante de sí como las puertas a una nueva libertad se abrían para darle paso a otra más oscura pero que se veía de lejos, muchísimo más interesante de lo que era su actual camino. El menor no dudó en tomar su oportunidad, no dudó ni un segundo porque no dejaría que esa libertad negra se diluyera junto con el arrepentimiento del hombre que tenía delante.

Tal vez estaba usando a Takaki para su propio beneficio, pero ciertamente el otro, no tenía nada que perder.

Con sus pasos cortos a comparación del otro par que iba delante suyo, siguió directo por aquel pasillo silencioso, observando simplemente a una persona asomada en uno de los marcos de una de las tantas puertas el lugar, con una bata de vino tinto de seda puesta y sin nada más debajo. Podía ver su hombro desnudo y como con un abanico se echaba aire con simpleza.

La sonrisa de sus labios, era enfermiza.

Observó como Takaki lo miraba con repulsión y Chinen se preguntó, ¿qué se supone que pasaba en ese lugar como para que hubiera tanto rencor y tanta apatía entre sus habitantes? Quería preguntar, tenía muchas dudas sobre absolutamente todo pero sabía que si lo hacía podría estar cometiendo uno de los peores errores de su vida.

Posiblemente, podría morir…

“Morir”

La palabra le sonó tan emocionante, sintiendo como un viento revitalizador chocaba contra su cuerpo pequeño, llenándolo de una emoción sádica que jamás había experimentado. Él, Chinen Yuri, estaba por fin jugando en un rango digno de él. Por fin, jugaba con la realidad y no sólo con expectativas de perfección… Esto era distinto, era mejor.

YamaP se detuvo delante de ellos, captando de inmediato su atención y abrió una puerta diferente al resto, una puerta plana y de metal que dirigía al sótano de la residencia, escuchó un carraspeó y observó a Yuya, como movía las palmas contra su ropa, incómodo.

Tal vez algo nervioso.

Frunció el ceño, sus pies siguiendo el camino marcado por los mayores que conocían bien a dónde se dirigían y pronto entró a una sala oscura donde sólo había una silla y al otro lado, un enorme armario, las paredes eran blancas y se notaba que encima tenían una capa de barniz muy gruesa, tan gruesa que se volvía impermeable y de ensuciar, sólo bastaba echarle agua para limpiarla.

Yuri no era idiota, por algo tenía un nivel coeficiente superior y no por nada, era becado. Era básicamente, un genio entre todos esos tontos mortales que lo rodeaban así que la simpleza del lugar con su decorado le bastaban para hacerse una idea de lo que era: una sala de torturas, con una facilidad de limpieza digna de un asesino serial.

Sus ojos negros observaron atento como Yamashita indicaba al alto a sentarse en la silla con una sola mueca, siendo obedecido en el acto y sin algún signo de rebelión, ¿Qué tan fuerte era ese tipo como para que Yuya ni siquiera se atreviera a retarlo?
En silencio y con cuidado, el jefe del Clan fue rodeando con correas de cuero los antebrazos del castaño, inmovilizándolo de inmediato pero con una parsimonia digna de un profesional.

Yuri sintió su cuerpo helarse en anticipación a la sangre, sus ojos abriéndose aún más cuando las puertas del armario fueron abiertas, esperando con fanatismo insaciable alguna arma letal y sanguinaria pero nada de eso fue lo que obtuvo. El hombre había sacado algo, sí, pero más parecía un pequeño instrumento para romper nueces que algo letal.

De hecho, si lo veía atento, podía asegurar que sí era un cascanueces de metal y simple.

-Estira los dedos
-¿Sólo vas a hacer eso?

Takaki le lanzó una mirada asesina cuando no supo controlar su curiosidad morbosa pero le gustó la respuesta de su nuevo “líder”. Una carcajada limpia y letal, que hasta a él le erizaban los vellos de los brazos al darse cuenta lo mucho que disfrutaba el hacerle eso al castaño.

-Es un castigo simple – admitió Yamashita, encogiéndose de hombros mientras veía a Yuri que disfrutaba su espectáculo desde la primera fila. Por una vez, pensó el mayor, Takaki no se había confundido seleccionando a un candidato para pertenecer al clan - ¿Quisieras hacerlo tú?

Chinen se estremeció y miró a Yuya, definitivamente quería hacerlo pero no podía arriesgarse a ganarse su enemistad desde ya tan pronto. No era idiota, simplemente quería vivir más y vivir de la forma más divertida posible, no ser asesinado por un sociópata como lo era él. Con el fastidio de no poder hacer lo que quisiera, aún, negó despacio para declinar la oferta mas no obtuvo decepción de parte del mayor, su sonrisa ladina le decía que ya le estaba dando su aprobación y eso que tan sólo había pasado una hora desde que había pisado ese lugar.

Tal vez, después de todo, él había nacido para ser sicario.

Yuya carraspeó de manera brusca para borrarle la sonrisa y Yuri tan sólo se rió para sus adentros, no porque quisiera que le pasara algo malo sino porque imaginaba claramente cómo debía estarse sintiendo con todo el show que presenciaba. El orgullo del cuál tanto alarde hacía, estaba terminando de ser destrozado.
Yamashita miró al par con curiosidad vivida pero no se tomó la molestia de evaluarlo más allá de la cuenta, él simplemente tomó el cascanueces que tenía en la mano y se acercó al joven que yacía sentado, con labios casi hechos una línea de lo tensos que estaban y sus ojos, ardiendo de rabia.

-¿Zurdo o diestro?
-Sabes que diestro
-Correcto – el líder sólo sonrió, mirando al pelinegro que se había acercado unos pasos – Piensas que es simple, pero para romper los huesos es mejor pensar y no sólo actuar. Cuando rompes los dedos de una persona puedes hacerlo con la mano porque es más fácil pero en realidad, no le “rompes” el hueso, simplemente lo llegas a dislocar de una manera más sádica…– Tomohisa tomó el meñique de la mano izquierda de Takaki, este tan solo reaccionó desviando la mirada y apretando más los labios – En cambio si utilizas una herramienta, no estás separando los huesos de sus intersecciones… Estás rompiendo el hueso, justo por la mitad

La explicación fue técnica y el menor pudo entender el porqué de su accionar mas no llegó a razonar del todo, no cuando un sonido de algo rompiéndose le heló la sangre y su estómago reaccionó de tal forma que tuvo que ponerse las manos sobre la boca y evitar vomitar. Casi, se estaba atragantando cuando el jefe tomaba el siguiente dedo de la mano y repetía la acción. El sonido sonando más fuerte entre esas paredes pero jamás, escuchando un grito de Takaki, salvo por pequeños quejidos que podían pasar desapercibidos.

Chinen lo miró, completamente admirado de su inhumanidad y deseó con todas sus fuerzas ser como él. No sentir nada, no importarle nada… Disfrutar de lo que hacía, demostrando a todos que él era lo mejor de lo mejor.

Se relamió los labios una vez recobró la compostura, siguiendo el trayecto de la sangre que corría por la comisura de los labios del castaño, suponía que se había causado alguna herida interior al tratar de contener los gritos mordiéndose a sí mismo y ahora, la herida le pasaba factura con una pequeña hemorragia que se desbordaba hacia el exterior. El pelinegro no entendía, pero la sola imagen del otro siendo torturado, era extremadamente deliciosa, era… excitante y si a eso le sumaba la sangre…

Podría dejar que Takaki, follara ahí mismo.

Su sonrisa se hizo más sádica según los dedos se siguieron rompiendo hasta que toda la mano izquierda, quedó de una forma peculiar. El silencio fue cayendo lentamente y a medida que la respiración de Yuya se iba agitando, el mayor entre los tres guardó el cascanueces y se marchó con paso tranquilo, no diciendo nada con respecto al menor pero tampoco poniendo alguna objeción. Con sus pasos cortos, se fue acercando al joven que mantenía los ojos cerrados ahora, como concentrado en no gritar de dolor. Estaba embelesado admirando su mano destrozada, tentándose a tocar pero apenas pasando los dedos por el antebrazo y llegando a la muñeca antes de volver al codo, no del todo seguro de si quería o no quería tocar la piel rasgada y los huesos dañados… No sabía si se iba a abstener de hacer presión para ver algún gesto de dolor del otro.
La cabeza del castaño se movió y él se quedó viendo sus ojos negros, tan oscuros que sentía que su maldad y rabia lo podían absorber y Yuri supo con certeza, que él quería tener esa mirada… No había duda, jamás la hubo, él pertenecía ahí.

-Enano, por una puta vez, libérame!
-No quiero – sonrió ante la mirada cargada de odio del mayor – Siempre vienes con ganas de sexo a mí, ahora que somos compañeros…

Yuya no lo dejó seguir, en su arrebato de cólera le escupió al menor al rostro y quiso patearlo, mas Yuri retrocedió sin algún problema y con suavidad, se limpió la mejilla afectada.

-No me tientes Yuya… Que puede que no sepa manejar un arma, ni pueda pelear… Pero hay más formas de matar a alguien cuando tienes la suficiente inteligencia, como para pensar en un plan. ¿Pretendes acaso no dormir por el resto de tu vida? ¿O no comer? Porque créeme, si quiero puedo matar tantas personas como tú lo has hecho, en menos tiempo

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Su cabello castaño y ondeado caía graciosamente sobre sus hombros, ella no era del todo japonesa pues en su sangre corrían genes británicos pero sólo se hacían presentes en su cabellera y en sus ojos más grandes de lo normal y con un dulce color chocolate en estos. Su personalidad era calma, relajada casi y disfrutaba mucho de su profesión, no por nada la había elegido desde que era pequeña y siempre había tenido la seguridad de ser psicóloga el resto de su vida.

No sabía en qué momento fue que sus planes se combinaron con otros y ahora sentía como la felicidad tenía más perfiles, muchos más colores que los de un arcoiris y ella resbalaba feliz por ese tobogán, alborotando sus sentimientos y su sensatez.

Melissa no tenía nada personal en contra de Yuto, pero ciertamente tenía rabia contenida contra los Nakajima, ¿cómo perdonar a las personas que le habían arrebatado la vida? Cuando era pequeña jugaba en aquella mansión con alegría pura e inocente, Yuto era agradable, era su amigo y le gustaba demasiado. Desde pequeño el joven había sido apuesto, por lo que cuando los propusieron como prometidos para que en un futuro se casaran, no tuvo alguna queja… Por ella, se casaban ahí mismo y cuanto antes porque aquel chico pelinegro tenía toda su atención y quería que siguiera siendo así.

Pero pasaron los años, unos 6 tal vez y fue cuando la adolescencia los atrapó, Melissa sabía que Yuto no la quería y el niño que alguna vez conoció, fue convirtiéndose poco a poco en un ser detestable como lo era su padre, ¿cómo? Jamás lo supo, solamente veía de lejos como el muchacho se iba transformando… Cada vez más distante, más ausente, como si su mente fuera volando hacia otros lados y no se quedara con ella. Era obligatorio para ellos pasar un día a la semana juntos, era como el trato que sus padres habían hecho con los Nakajima para que pudieran irse acostumbrando el uno al otro para cuando se casaran, era tonto y lo sabía pero el solo pensar que lo vería un sábado o un domingo, su semana se volvía buena y daba todo de sí para que no tuviera algún percance y todo marchara perfecto.

Solo que lo último que era, era perfecto.

Yuto siempre aparecía, de eso no había duda pero llegaba oliendo a alguien más… A veces olía a alcohol y a tabaco de manera grotesca pero camuflado estaba el perfume ajeno de o una mujer o un hombre, siempre impregnado a su piel más que a su ropa y ella, no entendía… No entendía porque si la tenía a ella, ¿por qué prefería a alguien más? Yuto fue cambiando más con el tiempo, llegando al punto que sólo era un desconocido del cuál se sabía el nombre y sus caricaturas favoritas de los 5 años y más nada. No sabía qué hacía en la semana, no sabía dónde estudiaba. Sus guardaespaldas nunca la dejaban entrar ya a su habitación y cuando lo llamaba, siempre le decían que estaba ocupado, ¿ocupado con qué?

La respuesta llegó no poco después cuando ella terminaba el instituto, su diferencia de edades con el menor eran tan sólo de 3 años por lo que no había gran problema al momento de organizar la boda pero todo se vio en picada cuando el señor Nakajima murió.

El saber que había sido asesinado, le cambió la vida.

No es que no supiera que su futuro suegro estaba inmiscuido en mil cosas de mal vivir, pero tampoco había sabido que estaba educando a su hijo para ser un asesino a sueldo o que lo sometía a entrenamientos para poder aprender a manejar un arma de fuego o cómo actuar para no dejar huellas dactilares en la escena del crimen. Ella sabía que había sido ese hombre quien había arruinado a su prometido y era algo que no lo podía perdonar.
Sus deseos de poder estudiar psicología radicaban en su noble corazón de querer ayudar a los niños, siempre le habían gustado y era su punto débil imaginarse de madre, pero si quería poder llegar más lejos y poder ser de la “familia” para así lograr sus objetivos, debía de hacer algo para que la reconocieran y recordaran su nombre, no sólo como aquella niña prometida al heredero. Melissa decidió estudiar y trabajar para la familia a la que pronto pertenecería, al terminar su carrera de manera básica y adelantando todos los cursos posibles para acortarla, abrió su propio despacho con ayuda de su fideicomiso, teniendo dos líneas de trabajo: la normal, con pacientes aburridos y estúpidos y la de extra oficial, donde servía de equilibrio mental a asesinos para que pudieran hacer bien su trabajo.

Su idea principal era poder tener el despacho y así hacer que Yuto fuera a ella, que se abriera y le contara todos sus problemas, que pudiera así entenderlo un poco más y no sólo tuviera la sombra de su pasado que a estas alturas, ya nada quedaba.

Lo único que la joven quería, era poder estar cerca de su prometido.

Los ideales que cargaba en su alma fueron diluyéndose según los meses pasaban, porque nunca jamás se aparecía Yuto y porque sus otros subordinados, sí lo hacían. Inoo entró a trabajar poco después que ella también lo hiciera y fue de los pocos pacientes de la mansión que le cayó bien. El joven no le ocultaba nada y era agradable, tener un asesino con valores entre todo aquel saco pútrido de almas, mas no le ayudaba a su corazón cada que le escuchaba decir algo con respecto a las salidas de Yuto, que no entendía como el joven se podía dar el lujo de involucrarse en la cama de tantas personas cuando su trabajo trataba de mantenerse anónimo con todo quien te rodeaba, que así era lo mejor.

Nadie sabía, salvo los más antiguos de la mansión, que ella era su prometida… Una prometida que sólo tenía el título y nada más.

Era estúpido cómo le dolía que en aquella casa le dejaran hacer lo que quisiera, que los que trabajaban en el Clan Nakajima no le daban algún límite al menor porque simple y llanamente, era el que tenía en su sangre la herencia del líder anterior y debían darle toda la libertad que quisiera, porque nadie podía ni debía controlarlo. Él era uno más de esos estúpidos sicarios que se supone sabían lo que hacían.

Y lo odió, odió a todos pero más odió a su padre que fue quien había convertido al dulce niño de su infancia en un ogro y un asco de humano. Lo detestaba.
Mas nada de eso fue lo que influyó en su última decisión, la gota que rebalsó el vaso de paciencia tenía nombre y apellido, pero ninguno que comenzara con N.

Yamada Ryosuke, había sido una muy desagradable sorpresa para su persona.

No culpaba a su “ex” prometido –porque después de lo presenciado, oficialmente cortaría relación con él–, por estar prendido de él, ella también lo hubiera estado de no haber presenciado el acto morboso de su beso descarado, con las manos recorriéndose el uno al otro por el placer de hacerlo. De sólo recordarlo, le daban ganas de vomitar.
Su intención de colocar cámaras de seguridad en el ascensor era para poder vigilar a sus pacientes. Para saber de qué ánimos iban a la consulta y así, y sólo así, es que sabía cuándo Inoo llegaba de pocas pulgas o cuando Maruyama tenía ganas de acosarla. Podía así protegerse por si alguno de esos locos llegaba armado o podía escuchar conversaciones que luego le ayudarían en sus sesiones, era un recurso más en su trabajo. Nunca pensó, que con estas cámaras iba a ver de primera mano cómo era que su "ex" se la montaba sin importarle el lugar.

Yuto no iba nunca a su consultorio, el que acompañara a aquel nuevo miembro del clan era tan inusual que no pudo evitar que la sangre le hirviera de celos. Eso significa algo, no sabía si mucho o poco pero significa algo… Y ella, ya estaba harta. Cansada de ser siempre la última de la fila en aquel maldito grupo, la supuesta futura cabeza que se quedaba aislada porque a nadie le importaba, cogió la tarjeta que llevaba guardada ya algunos varios meses.

La tarjeta de un hombre que le asustó, pero que repentinamente en ese momento tenía mucho sentido llamarlo para ponerse en contacto. Recordaba sus palabras tal cual fuera ayer que se las dijo, contándole que trabaja para un servicio de inteligencia privado que investigaba al Clan Nakajima con el objetivo de estar al tanto de sus procedimientos para ver en un futuro la manera de detenerlos y disolverlos, terminando así con la profesión de sus integrantes.

Melissa marcó sin dudarlo y siguió al pie de la letra lo que el hombre le decía a la otra línea. Era simple lo que debía hacer, sólo mandar un email a una dirección en específico, detallando la información que tenía de sus sesiones privadas con Inoo y demás compañeros, además de los videos que tenía grabados de cada cita con ellos y alguna anotación que pudiera ser útil para su destinatario. Ella no sabía para quien iba dirigido el mensaje pero si de algo tenia certeza en su vida, es que a pesar de todo, Yuto amaba su profesión.

¿Por qué no arrebatarle y destruir lo que más le apasionaba?

Yamada ya se las había pagado en aquella sesión introductoria con preguntas hirientes y acusaciones disimuladas en pequeños comentarios que habían terminado con hacerlo llorar. La satisfacción de hacerle morder polvo a un pobre demonio era cautivante, aunque patético porque se supone que los de su categoría hace mucho habían borrado los sentimientos, ¿qué de bueno tenía alguien débil? Era un fastidio y le enervaba los nervios, por eso tenía decidido que lo torturaría en cada futura reunión que tuvieran, que lo haría sufrir cada poco que estuviera en el mullido sillón de su despacho, y mientras estaba en ello, terminaría con el último Nakajima y todo su basto legado, filtrando toda la información del Clan a sus peores enemigos.

“No hay nada peor que una mujer despechada”.

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Su cuerpo estaba temblando de manera sádica, sus manos frotaban sus antebrazos tratando de darse calor a sí mismo pero no había nada que hacer, sus pies también estaban en la misma situación y su cabeza estaba partiéndose en dos por la cantidad de información que había recibido.

No podía ser cierto, todo eso era mentira.

Sus lágrimas corrían rápidas y fieras por sus mejillas, derramando las gotas según daba los pasos torpes por aquella mansión, buscando la habitación de la que había salido hace lo que le parecía una eternidad para buscar su ropa. Necesitaba salir de ahí, necesitaba huir.

Tenía como una aguja clavada en el pecho que le decía que buscara a Inoo, que le contara lo que había pasado con aquel que decía ser su tutor legal y lo que le había contado sobre su hermano. Sentía como que debía de desquitarse todo con el mayor porque no tenía algún amigo más en quien pudiera recurrir y todo ello era demasiado para sus débiles hombros.

Él no quería eso, él no quería desconfiar.

Pero Daiki no tenía ya otra salida, ya no había algo que pudiera reparar la imagen de su hermano mayor y no es que hubieran sido unidos, jamás lo fueron y no se conocían pero no podía terminar de aceptar que Tatsuya fuera… tan mala persona…

Las fotografías se fueron deslizando en su mente como si una mano las mostrara una a una. El mayor de los Arioka en una fiesta, en otra imagen lamiendo algo que parecía “sal”, sólo que mucho más fina… En otra jugando con el polvo blanco, inhalándolo.

No sólo eran las drogas… Había fotos de orgías, fotos de cuerpos en posiciones extrañas, habían a momentos unas imágenes de hombres con una cadena ahorcando al mayor mientras…

Su hermano no podía, ¡No podía! Era un Arioka, el heredero al gran imperio. Respetado por todos los que lo conocían, admirado por quienes estudiaron con él. El que rompía corazones, el hijo pródigo y perfecto.

Simplemente, su hermano no podía… Él no podía haber sido así.

Apretó los ojos y volvió a llorar con más rabia, si no sabía ni siquiera quién era su hermano… ¿A quién podía decir que conocía de verdad? ¿Qué demonios era o no real en su vida? ¿Quién era real y quién no? ¿Takaki mentía, decía la verdad ¿Ayer lo atacaron dentro de esa mansión o era su imaginación? ¿Yuto era primo de Inoo? ¿Vivían juntos? ¿Por qué todos sabían todo suyo y él no sabía nada de ellos? ¿Por qué sentía que la confianza que había otorgado no era más que una mentira?

Con pasos torpes entró a aquella habitación tan amplia que le hacía ahogarse con más facilidad en su miseria y buscó sus prendas tiradas en el cesto de ropa sucia. Agradeció que ningún empleado pasara a recogerla y él tuviera que esperar a que estuvieran limpias, quería irse cuanto antes de ahí, quería huir como el lastimero cobarde que era y siempre sería. Con manos temblorosas marcó el número de su chofer privado una vez se hubo cambiado y le dio las indicaciones del caso para que lo fuera a recoger, con los pies pateó el pijama que momentos antes había estado usando y justo cuando estaba preparándose para salir de ahí, un cuerpo delgado se asomó en la habitación con las manos vendadas.

Daiki se preguntó, por qué Kei tenía el rostro de cansancio y por qué de pronto, aparecía tan herido delante de él.

-¿Te marchas ya? – preguntó el mayor, acercándose unos pasos hacia él. No supo por qué, pero su cuerpo le impulsó a retroceder - ¿Daiki?
-Aléjate… Aléjate de mi…

El castaño volvió a liberar nuevas lágrimas, dejando anonado al pelinegro que no entendía que de repente había cambiado entre ellos, ¿acaso era por lo de ayer? ¿Acaso había recordado? Pero era imposible, Ohkura le había dicho que el otro estaba tan aturdido que creía que todo había sido un sueño así que no había lógica. Kei se acercó con pasos rápidos al menor, ahuyentándolo cada que avanzaba pero logró capturarlo en sus brazos, apretándolo con fuerza cuando empezó a patalear y a dar golpes a su pecho, desesperado y con miedo.

-¡Suéltame, maldita sea! ¡SUÉLTAME!
-¡¿Qué te pasa?! ¡Yo no te he hecho nada!

Faltaba un “aún” a su defensa, pero el chico de rostro infantil logró liberarse en un segundo que bajó la guardia, estático y sin comprender, se quedó mirando como salía corriendo de su habitación, seguro con intención de salir de la mansión cuanto antes.

Kei quería ir tras él, quería preguntarle por qué de repente actuaba como si lo odiara y le tuviera miedo pero no lo hizo. Su orgullo le podía y era mejor así, cuanto más lejos el menor estuviera de su persona, más libre él sería para poder efectuar su trabajo.

Y aun sabiendo eso, aun siendo consciente de ello… ¿Por qué dolía tanto, pensar en eso bonitos ojos pardos viéndolo con tanto dolor?

9 comentarios:

Ageha Chihara dijo...

Mierdaaaaa Daiki cosita no te vayas asii ;3; Inoo so menso ewe xq no fuiste tras el asdasdadasd

Me avisaste q ya lo tenias y vine asd hace un ratito ;3;
No puedo creer como esta yendo asddasd

Melissa...... me haces odiarla mas y mas a lasdaddf y que se llame asi me ayuda xD ... a seguir odiandola!!!! ... pero es que una mujer despechada... xD ella vio como ryosuke fue casi devorado x yuti xDy la muy... sr venga en la consulta ewe

Chii... es tan sadico q lo amoooo <3 se q mi enano es un terron de azucar(?) Pero que tenga este tipo de personalidad..asdasd mis debilidades TUT .

Es muy tarde, no razono bien como para comentar mas pero estoy segura de algo
QUIERO LEER MAAAAAAS TOT
Te esperare todo lo qur quieras <3

Nina Segawa dijo...

Awwwwwww siempre siempre me enamora este fic!!!!
Daiki es tan tiernito...me da penita tan rodeado de tantos locos TAT
Chinen es tan genial que hasta me dio miedo! Ahahaha creo que es demasiado propio...quiero presenciar sus perversiones!!!
Y la señorita Melissa...que mal rollo!!! Seguro que da mas de un problema...

Espero la contiiiii *A* este fic me tiene enamorada ~

Ryusei Matsuda dijo...

Soy Shin(???) xD
Aww, lo ame, siempre he amado este fanfic, gracias por continuar.. me dejaste con ganas de 1313(????)
Chinen es tan dasfgh sádico xDDD
Tienes que seguir actualizando o te iré a picar a tu casa ;AAAAAAAAA; (?) <3

Ayaa dijo...

Ya lo había leido pero desde el celular no pude comentar xD
Asdasdasd me encanta Chinen!! Estoy esperando por que haga a Takaki pedacitos *u*
Y luego esa tal Melissa LOL me intriga saber que le hará a Ryosuke!!! Y como responderá Yuto!! Y aaaah!!! En general amo este fic *O* Estaré esperando feliz por la continuación <3

Nessie *Elva dijo...

woooo~ *-*
La actitud de Chinen hasta un poco de miedo me hizo sentir xD
Melissa, sabía que iba a terminar odiándola jaja resultó ser super mala, siento que la voy a odiar aun más. Pero quiero saber que es lo que va a hacer.
Pobre Daiki de lo que se fue a enterar ;________;
Me gustó muchísimo~ estaré esperando la continuación.
Gracias por escribir tan genial sahfchjcsd <3

Laura dijo...

Para cuando La continuación

~AlejandraPark~ dijo...

Onegaaaaaiii continualooo T////T

yojhannah Patt Robpse dijo...

Yo quiero continuación u.u ya hace mucho que no ;-;

ちゃんうさぎ dijo...

Para cuando la continuación..